Te dejamos, Mileto, patria amada, por no haber consentido el impío desafuero de los gálatas sin ley, tres ciudadanas en plena juventud, a quienes el violento Ares de los celtas abocó a esta suerte. Y es que no toleramos su sangre impía ni la unión con ellos, sino que en Hades hallamos novio y protector.
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