Tras haber resistido muchos meses, tras haber hecho caso omiso, día tras día, de los asaltos de los promotores que me apremiaban para que les dejase el sitio libre, he acabado por rendir las armas.
Hoy he firmado la venta de la casa.
Cuando digo «la casa», me refiero a la casa que compré con Claude hace veinte años y en la que él nunca vivió.
Por culpa del accidente, por culpa de aquel día de junio en que aceleró con una moto que no era suya en un bulevar de la ciudad. Quizá por inspiración de Lou Reed, que había escrito: «Vivir deprisa, morir joven», cosas por el estilo, en el libro que estaba leyendo entonces Claude y que encontré en el parqué, al pie de la cama. Y que empecé a hojear la noche siguiente. «Hacerse el malo. Joderlo todo».
He vendido mi alma y quizá la suya.
Principio de "Vivir deprisa"
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