Él sonrió ante mi sorpresa; no, no sabía nada de los últimos tiempos. Y luego lo soltó, como si fuera una evidencia que yo debía asumir: que llevaba muerto muchos años. Y supe que decía la verdad. Mi primera reacción fue de profunda tristeza, de angustia por el instante en el que volvería a alejarse de mí, porque yo lo amaba y no me sentía sola a su lado. En ese caso, tendremos que volver a separarnos, dije. Pero él, con una sonrisa apacible, me explicó que no importaba, porque nos amábamos, y no es la muerte lo que separa a las personas. Y que, cuando lo necesitara de nuevo, lo evocase con toda mi alma, porque el amor es más fuerte que la muerte.
De "Andrei"
En "Detrás del armario, el hacha"