Brownfield se quedó junto a su madre en el patio, sin despegar los ojos de la parte trasera del automóvil que se alejaba. Su tío Silas frenó cuando se acercó al lugar en el que una roca puntiaguda sobresalía en el camino: una semana antes había roto el cárter en ese mismo sitio. Una vez superado ese punto, que había maldecido cada vez que pasaba para entrar y salir durante el fin de semana, sacó el brazo y se despidió de ellos con una mano airosa. Brownfield se despidió con tristeza, con los ojos nublados por las lágrimas.
Principio de "La tercera vida de Grange Copeland"