Llega ya el momento de esta noche de diciembre en el que, desvelada en apariencia sin motivo, puesto que su oído entrenado e inquieto, siempre vigilante, no percibe al otro lado del fino tabique ni quejidos ni sospechosos arrastramientos de pies descalzos por las alfombras del estudio grande -ruidos que no puede oír sin que su corazón empiece a latir más deprisa, sin saltar de la cama con ansiedad para pegar la oreja a la pared (dios mío, qué imprudencia, qué locura estará cometiendo ahora? Su obstinación de siempre, su senilidad de hoy)-, Christine piensa que seguramente serán las seis de la mañana, quizá incluso más tarde. Pero cómo saberlo?
Principio de "Lanza tu pan"