25.8.26

Sara Teasdale. Para E.

He recordado la belleza en la noche;
contra silencios negros me desperté para ver
una lluvia de sol caer sobre Italia
y al verde Ravello soñando en su cumbre;
he recordado la belleza en la oscuridad,
el brillo rápido y puro de una fuga de Bach,
el fluir del agua cantando entre las rocas,
el sonido de una alondra en los bosques ingleses.
  
Pero esta evocada belleza no es más 
que un vago preludio al pensar en ti;
eres el alma más extraña que jamás he conocido,
amante de la belleza, caballeroso, excepcional;
mis pensamientos te buscan como las olas a la orilla,
y cuando pienso en ti me siento en paz.


De "Canciones de amor"
   

24.8.26

Greta García. Solo quería bailar

Tener el poder de leer el pensamiento es agotador. Yo no lo tengo, pero con solo imaginar que alguien oye lo que a mí me retumba me canso. Me consume mi propio sistema. La mentalista que se tope conmigo muere. 


Principio de "Solo quería bailar"
   

23.8.26

Oriana Fallaci. Penelope alla guerra*

Había sido un diálogo ridículo. 
«Algo moderno, Gió, e conmovedor. Una historia de amor, es inútil decirlo, pero con algo más que amor. El público, de otra manera, se aburre. Y recuerde que la protagonista debe de ser italiana, y el protagonista americano: conoce los problemas de las coproducciones. Le bastan dos meses, Gió?»


Principio de "Penelope alla guerra"
   

22.8.26

Fred Vargas. El hombre del revés

El martes aparecieron cuatro ovejas degolladas en Ventebrune, en los Alpes. Y el jueves, nueve en Pierrefort.
-Lobos -dijo un viejo-. Bajan hasta nosotros.
El otro vació su vaso, levantó la mano.
-Un lobo, Pierrot, un lobo. Una bestia como nunca has visto. Que baja hasta nosotros.


Principio de "El hombre del revés"
   

21.8.26

Miriam Toews. Ellas hablan

UN APUNTE SOBRE ESTA NOVELA

Entre 2005 y 2009, en una remota colonia menonita de Bolivia llamada Manitoba, como la provincia canadiense, muchas mujeres y niñas se levantaban por la mañana doloridas y con sensación de modorra, sus cuerpos amoratados y sangrando, como consecuencia de haber sido agredidas por la noche. Estas agresiones se atribuyeron a fantasmas y demonios. Ciertos miembros de la comunidad eran de la opinión de que o Dios o Satán estaban castigando a las mujeres por sus pecados; un grupo muy numeroso las acusaron de mentir para llamar la atención o encubrir sus adulterios; hubo incluso quienes creyeron que era todo fruto de una imaginación femenina desbocada.
Con el tiempo se descubrió que ocho hombres de la colonia habían administrado anestésico para animales a sus víctimas para dejarlas inconscientes y así poder violarlas. En 2011 un tribunal boliviano halló culpables a estos hombres y los condenó a largas penas de prisión. En 2013, con los condenados aún en prisión, se denunciaron en la colonia nuevas agresiones y abusos sexuales del mismo tipo.
Ellas hablan es tanto una reacción a través de la ficción a estos hechos reales como un acto de imaginación femenina.


Principio de "Ellas hablan"
   

20.8.26

Anne Mette Overgaard Jensen. Prólogo

No todo viaje se mide en kilómetros.
Hay desplazamientos que ocurren en la piel,
en la manera de sostener el silencio,
en la forma en que una voz aprende a no esconderse.
  
Este libro nació de un cruce.
Un lugar sin coordenadas,
donde el viento todavía empuja 
y la luz ya empieza a quedarse.
  
El viento enseñó la forma:
cómo mantenerse en pie,
cómo no desbordar,
cómo doblar la emoción como un abrigo
y guardarla para después.
La luz llegó sin pedir permiso.
No explicó: ardió. 
Mostró que el cuerpo también piensa,
que el deseo no es una falta,
que existir puede ser una afirmación. 
  
Entre ambas fuerzas se abre esta escritura.
No como una batalla,
sino como una conversación lenta,
una respiración que aprende a no elegir bando.
  
Aquí la infancia es un clima,
el idioma una casa que a veces se rompe,
los trenes un pulso que no sabe quedarse,
el sur una llamarada que enseña a ocupar espacio,
el espejo una puerta,
el cuerpo un territorio que deja de pedir disculpas.
  
Nada de lo que se dice ocurrió exactamente así. 
Pero todo ocurrió. 
La memoria no repite: transforma para poder decir.
Hace de la herida metáfora, 
del temblor lenguaje, 
del paso una forma de permanencia.
  
Cada poema es una habitación abierta.
Entre la niña del horizonte blanco,
la joven de líneas rectas, 
la mujer que aprende a no apagar su luz.
Se sientan juntas.
Respiran.
Por primera vez, no tienen que justificarse.
  
Este no es un libro de llegadas.
Es un libro de sostener.
De aprender a habitar la contradicción 
sin romperse, 
de aceptar que la casa no siempre tiene muros,
de reconocer que el hogar puede ser un cuerpo
que por fin se queda en sí mismo.
  
Si algo desean estas páginas 
no es ser entendidas, 
sino acompañar.
Que quien lea encuentre su propio cruce,
su propio viento,
su propia luz
y ese lugar secreto donde ambas fuerzas 
dejan de empujarse 
y empiezan a conversar.


De "Entre el viento y la luz"
    

19.8.26

Edna St Vincent Millay. Soneto II

El tiempo no supone consuelo; me mentisteis
todos al decirme que el tiempo aliviaría el dolor!
Le echo de menos bajo el llanto de la lluvia;
le deseo cuando empieza a retirarse la marea;
todos los viejos neveros se fundieron en los montes
y las hojas del año pasado son humo en los caminos;
pero el amargo amor del año pasado ha de seguir
apilado en mi corazón y persistir mis razones de antaño.
Existen cientos de lugares a los que no me atrevo 
a ir: así de rebosantes están de su recuerdo.
Y al entrar con alivio en algún lugar tranquilo
donde nunca se posara su pie o brillara su rostro
me digo: «No hay memoria de él en este sitio!».
Y entonces me quedo atribulada al recordarle.


De "Un palacio en la arena"
    

18.8.26

Teresa Wilms Montt. Páginas de diario

Este es mi diario.
En sus páginas se esponja la ancha flor de la muerte diluyéndose en savia ultraterrena y abre el loto del amor, con la magia de una extraña pupila clara frente a los horizontes.
Es mi diario. Soy yo desconcertadamente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande entre lo pequeño, pequeña ante lo infinito...
Soy yo...


"Páginas de diario"
En el libro "Lo que no se ha dicho"
   

17.8.26

Cristina Rivera Garza. El mal de la taiga

Que habían vivido ahí, me dijeron. Que ésa era la casa. Y la señalaban con una especie de timidez que bien podía confundirse con el respeto o con el terror. Sus dedos apenas lograron asomarse por las bocamangas de unos abrigos pesados y negros. El olor a carbón bajo sus brazos. Las uñas sucias. Esos labios tan resecos. Sus pupilas, que se movían con discreción hacia el objeto señalado, no tardaban en regresar a su punto de partida: la mirada frontal. Qué buscaba ahí en realidad? Eso era lo que me preguntaban sin atreverse a preguntar. Y yo, que tampoco lo sabía con exactitud, acoplaba mis pasos a los suyos. Y los seguía de regreso a la comarca entre la nieve.


Principio de "El mal de la taiga"
    

16.8.26

Cristina Sandu. El equipo de natación sincronizada

Cuando llegó la primavera, las chicas fueron las primeras en ir al río. Dejaron su ropa en la orilla, amontonada, hicieron estiramientos en la arena y corrieron al agua. Hacía un frío cortante. Fumaron dejando únicamente las cabezas fuera del agua; echaron el humo al cielo y se rieron con el cuello hacia atrás. La ceniza se esparció en el agua, que resguardada sus pechos blancos como palomas. 


Principio de "El equipo de natación sincronizada"