también siento que muero por no poder morir.
En mi alma hay una voz que eternamente llora,
y que es como un lamento desgarrador que implora
piedad para un ser triste cansado de sufrir.
Cansado y vacilante por este derrotero
del mundo, la mirada perdida
en el inmenso azul, muero porque no muero,
que es la noche muy lóbrega y muy duro el sendero,
y yo tan solo un náufrago que acobardó la vida.
La Esperanza se ha hundido en un sombrío abismo;
la Caridad se niega a presentarme su luz,
más la fe vive en mí, en un compañerismo
que ha sostenido firme sobre este cataclismo
de mi Gólgota negro, la insignia de la Cruz.
Dulce santa Teresa, la divina doctora,
como a ti me consume un fuego traicionero
que al alma hecha pavesas y llamas la devora,
y la voz implorante que eternamente llora,
una vez más exclama: muero porque no muero!
De "Embrujamiento"