No habría cambiado nada. Pero es importante que las tragedias se descubran inmediatamente.
La primera vez que reparé en Madalena fue en la sala de espera del Instituto de Medicina Legal y toda ella era una desfiguración. Una mujer en ruinas, y quise saber si yo también era eso, si en apenas unas horas ya me había convertido en ese espantajo desencarnado y esculpido, el semblante retorcido en pliegues de un dolor que forzaba las expresiones de dentro hacia fuera hasta transformar la cara entera en un grito atascado, y por eso buscaba en ella una boca desencajada que no llegaba, una boca tan abierta que justificara la mueca de todo lo demás, pero la boca seguía inmóvil, casi pacífica, y de nuevo quise saber si yo ya estaba así, pero no, mi cara todavía no era del todo consciente de mi catástrofe. Madalena había iniciado su duelo mucho antes.
Principio de "Si no fuera por las sílabas del sábado"