22.9.26

Marianne Moore. La comadreja del bosque

asoma con delicadeza, la mofeta
-no se rían- con el ropaje boscoso, blanco y negro, 
de la ardilla listada. La criatura tintada, 
blanqueada por el mimetismo con una reluciente
piel de cabra, es la guardiana del bosque. Con su
capa de armiño bien tintada de sepia, es
el tótem de la audacia. Una
forajida? si dulce rostro y sus fuertes pies van por ahí
con manto de cacique de paño de Chilcat.
Ella es su propia protección contra la polilla,
  
la pequeña y noble guerrera. Esa 
piel de nutria que la cubre, el turón viviente, 
detiene cualquier aguijón. Pues bien,
esta misma comadreja es juguetona, 
y, como ella, sus colegas. Solo 
las comadreja de bosque serán mis colegas. 


De "Sin embargo"
En "Poesía completa"
   

21.9.26

Marina Tsvietáieva. Hay dichosos y dichosas

Hay dichosos y dichosas
que no pueden cantar, las lágrimas
fluyen! Qué dulce fluye la pena, 
cual aguacero torrencial!
  
Para que bajo las piedras algo tiemble. 
Para mí - la vocación es como un látigo -
entre el sollozo fúnebre, 
el deber me ordena - cantar. 
   
David le cantó a su amigo. 
Aunque dividió la pena por la mitad!
Si Orfeo no hubiera descendido al Hades
y únicamente su voz hubiera enviado, 
  
si hubiera enviado únicamente su voz a las tinieblas, 
y él hubiera permanecido como prescindible en el umbral, 
Eurídice caminando como por una cuerda
hubiera llegado hasta él...
   
Como por una cuerda y hacia la claridad, 
a ciegas y sin retorno. 
Pues se te otorgó la voz, poeta, 
todo lo demás te fue arrebatado. 


En "Es ligera mi marcha"
   

20.9.26

Gabriela Mistral. Canto que amabas

  Yo canto lo que tú amabas, vida mía, 
por si te acercas y escuchas, vida mía, 
por si te acuerdas del mundo que viviste, 
al atardecer yo canto, sombra mía. 
  
  Yo no quiero enmudecer, vida mía. 
Cómo sin mi grifo fiel me hallarías?
Cuál señal, cuál me declara, vida mía?
  
  Soy la misma que fue tuya, vida mía. 
Ni lenta ni trascordada ni perdida. 
Acude al anochecer, vida mía;
ven recordando un canto, vida mía, 
si la canción reconoces de aprendida
y si mi nombre recuerdas todavía. 
  
  Te espero sin plazo y sin tiempo. 
No temas noche, neblina ni aguacero. 
Acude con sendero o sin sendero. 
Llámame adonde tú eres, alma mía, 
y marcha recto hacia mí, compañero. 


En"Las modernistas. Seis poetas latinoamericanas"
    

19.9.26

Nathalie Léger. Es difícil...

Es difícil. Cuando anochece, dondequiera que estemos, el recuerdo avanza tímidamente, listo para recular si alguna imagen cobra demasiada nitidez. Sin embargo, se diría que solo queremos una cosa: que las imágenes sean lo más nítidas posible, que la forma nos haga sentir que estamos ahí, que la carne se reproduzca a la perfección, quisiéramos que el peso, el aliento y el alma otra vez tomaran cuerpo, vuelve, vuelve


De "En busca del cielo"

18.9.26

Clarice Lispector. Dificultad de expresión

La dificultad de encontrar, para poder expresarlo, aquello que sin embargo está allí, da una impresión de ceguera. Entonces se pide un café. No es que el café ayude a encontrar la palabra pero representa un acto histérico-liberador, es decir, un acto gratuito que libera. 


En "Aprendiendo a vivir"
    

17.9.26

Grela Bravo. Recuérdame

«Recuérdame,
aunque sea en un rincón y a escondidas».
Carlos Ruiz Zafón

Dicen que aquellos que se leen se pertenecen indefectible 
y secretamente.
Que aquello que se recuerda vive, 
de uno u otro modo, indefinidamente.
Que lo que no se dice nunca se pierde. 
Que aquello que se abraza en silencio
siempre se protege. 
Que quienes se piensan de ningún modo
se separan. 
Que lo que no se cuenta nunca termina. 
Que lo que no empezó tampoco acaba. 
Que lo que no dejas ir nunca se olvida. 
   
Y quien no se olvida...
jamás muere. 



[... aunque sea a escondidas]
No me dejes ir.


De "Maneras de decirlo"
   

16.9.26

Judite Canha Fernandes. cosas más o menos aceptadas

todas las naciones están gobernadas por gusanos.
las escuelas tienen forma de cárcel. 
las pulgas. 
los asesinos. 
la extinción de las abejas. 
los cracks de la bolsa. 
las mujeres que son asesinadas en casa. 
la miseria del sur. 
pagar para trabajar. 
la corrupción de los millonarios. 
la guerra al sur.
el fin de la nieve del kilimanjaro. 
las fronteras. 
el trabajo de los niños. 
lo inevitable. 


De "Lo más difícil del capitalismo es encontrar dónde poner las bombas"
    

15.9.26

Paz López. Pánico y ternura

Entramos a la vida como entra un niño a la escuela: mirando hacia atrás, con los ojos llorosos buscando la mano de quien hace un rato nos había acariciado el pelo, la nariz, las rodillas heridas, los diminutos labios. Si el mundo fuera una piscina, nuestros cuerpos parecerían pesar más que el agua al que fueron arrojados, y tenderían a hundirse. Acaso no somos eso, criaturas lanzadas a las mareas de la vida? Será cierto que cada vez que tomamos la mano de alguien y entrecruzamos firmemente los dedos para agarrarnos a ella se despierta de golpe, sin advertencia, la memoria antigua de aquello que nos aferró por primera vez a la vida? Natalia Ginzburg decía que eso de hundirse les pasa sobre todo a las mujeres, pero ella habla de un pozo oscuro, no de una piscina. «Las mujeres tienen la mala costumbre de caer en un pozo de vez en cuando, de dejarse embargar por una terrible melancolía, ahogarse en ella y bracear para mantenerse a flote».


Principio de "Pánico y ternura"
   

14.9.26

Elisabeth de Waal. El regreso de los exiliados

A mediados de los años cincuenta, poco antes de la firma del llamado Tratado de Estado austriaco, que desembocó en la retirada de las potencias ocupantes aliadas y restableció la independencia de Austria, en la sección de sucesos locales de los periódicos apareció una noticia breve. Se refería a un accidente mortal ocurrido en la casa de campo de un millonario estadounidense. Una joven de la alta sociedad de aquel país, que se encontraba visitando a sus parientes austriacos, había muerto por heridas de bala al manipular un arma de forma inexperta. El arma de había disparado y había acabado con su vida. Hubo un único testigo presencial del fatídico hecho, el sacerdote jesuita Ignatius Jahoda, que pudo testificar que no hubo nadie más implicado en el episodio y que fue completamente accidental. 


Principio de "El regreso de los exiliados"
   

13.9.26

Delmira Agustini. Amor

Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rondando por la vida como un eterno riego.
  
Luego soñelo triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
sonaba sus cristale el alma de la fuente.
  
Y hoy sueño que es vibrante, y sueve, y riente, y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris visita;
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
  
sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiente a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos.


En "Las modernistas. Seis poetas latinoamericanas"