25.6.26

Tanja Stupar-Trifunović. Relojes en la habitación de mi madre

Alguien más vive dentro de mí; una mujer joven que llega tarde a consolar a la niña asustada que tiende la colada en el balcón por el que gotean sus lágrimas invisibles. La niña se esconde entre las superficies blancas de algodón. La mujer le acaricia el pelo; ninguna de las dos sabe si es un contacto real o solo la calidez del sol.
Ellas tienen ventanas a través de las que me habitan. Tienen sus propias puertas dentro de mí, que se abren de repente y me llenan como una marca que crece.
Hay demasiado poco de mi en mí cuando ellas se apoderan del espacio. Llegan olas subterráneas. Llegan huracanes de la infancia. Llega la niña asustada que llama a su madre para que la abrace.


Principio de "Relojes en la habitación de mi madre"
    

24.6.26

Violaine Bérot. Caída de las nubes

1.

y eso que nosotras somos las más indicadas para saber que en nuestra profesión existen casos como el suyo, todas hemos conocido o hemos oído hablar de alguno, pero cuando esa noche me di cuenta de lo que había ocurrido me puse a temblar como una principiante, llevo décadas de oficio a mis espaldas y aun así no pude evitar pasar un mal trago, unos instantes de vértigo antes de recuperar el control de lo que estaba haciendo


Principio (o primer capítulo) de "Caída de las nubes"
    

23.6.26

Rosa Mascarell Dauder. Un paisaje de postal para unos ojos velados...

Un paisaje de postal para unos ojos velados 
Una senda que no lleva a ningún café
Una cicuta que no mata
Unos gatos ajenos 
Maleza
  
Un claro en el bosque para no tropezar.


De "Variaciones sobre un mismo exilio"
    

22.6.26

Mariana Salomão Carrara. Si no fuera por las sílabas del sábado

No habría cambiado nada. Pero es importante que las tragedias se descubran inmediatamente.
La primera vez que reparé en Madalena fue en la sala de espera del Instituto de Medicina Legal y toda ella era una desfiguración. Una mujer en ruinas, y quise saber si yo también era eso, si en apenas unas horas ya me había convertido en ese espantajo desencarnado y esculpido, el semblante retorcido en pliegues de un dolor que forzaba las expresiones de dentro hacia fuera hasta transformar la cara entera en un grito atascado, y por eso buscaba en ella una boca desencajada que no llegaba, una boca tan abierta que justificara la mueca de todo lo demás, pero la boca seguía inmóvil, casi pacífica, y de nuevo quise saber si yo ya estaba así, pero no, mi cara todavía no era del todo consciente de mi catástrofe. Madalena había iniciado su duelo mucho antes.


Principio de "Si no fuera por las sílabas del sábado"
     

21.6.26

Lamiae El Amrani. El dorado ennegrecido

Acabaron con los restos de lo que fuimos
y truncaron nuestras vidas
a fuerza de balas,
con explosivos negros
que machacaban a cada paso
las tiernas ilusiones abandonas.
Nos separaron 
con arabescos de hierro forjado 
con mares que nos ahogan 
con desiertos que nos entierran.
Y descubrimos en silencio,
que nos arrebataron 
la tranquilidad de contemplar
la belleza de la noche
a través de los versículos del Corán. 
Que ya no podemos soñar
sin oír que los latidos 
de nuestras casas se apagan.
Que ya no podemos llorar
porque nuestras lágrimas 
las reservamos 
para acontecimientos importantes.
Y caminamos en silencio
intentando no molestar 
mientras el cielo
aun nos caía una lluvia de fuego,
que logra iluminar, por un instante,
nuestra mirada
y somos conscientes
de que seguimos atrapados 
entre la desgracia 
oscura y dorada 
que nos rodea.


En "Más allá de Sherezade. Poesía contemporánea de Mujeres del Magreb. Volumen I. Memoria, exilio e inmigración"
   

20.6.26

Juana Castro. Y todo será igual

Y todos me veréis, y volverán las tardes
a llenar como cántaros mansamente el vacío, 
y todo será igual,
al silencio del mundo se morirán los pájaros
y cada madrugada alumbrará una historia 
radicalmente triste, sin que nadie la sepa.
Podré reír, y tal vez las palabras
me sigan cautivando con su música mágica
y otra vez en los dedos se me enrede la urgencia...
Pero mis ojos
vendimiarán la luz como un milagro,
porque habré renacido desde las hondas llagas.
Serán largas mis manos, como el afán del álamo
que finalmente madura sus raíces 
y se queda testigo de la aurora.
Floreceré en ternura, en mazapán forjado
de fuego y de vigilias.
Mi materia no es ya
aquella que me dieron cuando al abrir los ojos,
ni un cabello me queda sin el dolor más puro,
ni una célula en pie que no avive la llama.
Serenamente 
convocaré mi lengua en los humildes
y tendré la alegría como un pámpano mudo.
Y todo será igual.
Pero en mitad de todas las retinas
mi granada tal vez aliente como un brazo...


De "Del dolor y las alas"
En "He cantado en la noche. Poesía reunida"
   

19.6.26

Adrienne Monnier. Carta de despedida

Mayo de 1955

Pongo fin a mis días al no poder soportar más los ruidos que me martirizan desde hace ocho meses, por no hablar de los sufrimientos y fatigas que he padecido en los últimos años. 
Me encamino a la muerte sin miedo, sabiendo que aquí me encontré una madre al nacer y que me encontraré una madre en la otra vida. 


En "Rue de l'Odéon"
    

18.6.26

Małgorzata Nocuń. El amor ha sido mi única culpa

De no ser por ellas, aquí no habría nada


–Siéntese, por favor. –Svetlana Kalínkina me señala una silla al otro lado de la mesa.
La redacción ocupaba varias estancias en los sótanos de una antigua casa de vecindad situada en el 34 de la calle Engels en el centro de Minsk. A través de un cristal sucio penetraba el sol. El invierno, excepcionalmente severo aquel año, se alejaba a pasos agigantados. Cerca de la calle Engels se encuentra la sede de la administración del presidente Aleksandr Lukashenko. Así que Luka siempre tiene a la vista a los periodistas de la Naródnaya.
–Sobre él? –soltó Kalínkina como si me adivinaba el pensamiento–. Vamos a hablar sobre Lukashenko?
Asentí. Kalínkina es biógrafa de Lukashenko, y ya estaba cansada de contestar a las mismas preguntas.
Dijo:
–Sabe usted qué? Hay que escribir sobre otras cosas! –El tono de su voz se volvió más firme. Tal vez incluso un poco profesoral–. Hay que escribir un libro sobre las mujeres del territorio postsoviético. Es imprescindible! De no ser por ellas, aquí no habría nada. Los hombres lo alcanzaron todo subidos a sus espaldas.
–Lo sé –respondí. 


Principio de "El amor ha sido mi única culpa"
    

17.6.26

Alice Rivaz. Lanza tu pan

Llega ya el momento de esta noche de diciembre en el que, desvelada en apariencia sin motivo, puesto que su oído entrenado e inquieto, siempre vigilante, no percibe al otro lado del fino tabique ni quejidos ni sospechosos arrastramientos de pies descalzos por las alfombras del estudio grande -ruidos que no puede oír sin que su corazón empiece a latir más deprisa, sin saltar de la cama con ansiedad para pegar la oreja a la pared (dios mío, qué imprudencia, qué locura estará cometiendo ahora? Su obstinación de siempre, su senilidad de hoy)-, Christine piensa que seguramente serán las seis de la mañana, quizá incluso más tarde. Pero cómo saberlo?


Principio de "Lanza tu pan"
    

16.6.26

María Encarnación Carrillo. Y dices que ahora...

I am alone-oh, how alone! [...]
Well, then, now I am reduced to these white pages,
Wich I am to blot with dark imagery.

2nd Octuber 1822,
Mary Shelley's Journal

Y dices que ahora
estás sola, Mary Shelley.
Y yo te comprendo.
Que la única compañía 
es la página en blanco,
la página a la que yo
voy cada día
y que es blanca
como una sábana blanca
con la que me envuelvo.
  
Y siento que voy a llorar
porque la página en blanco
vive en mí. 
Y converso 
y es un diálogo blanco
como la página en blanco
que es el diálogo
que tengo cuando me hablo.
  
Yo también sé 
que con nadie con-verso.
Es el monólogo del ave
que canta en la rama
del árbol del bosque.
Solitaria canta
aunque no la escuchen.
Y en la libreta
de blancas páginas 
intercambio impresiones
con ello,
con lo blanco,
y el ave que canta
en la rama del árbol del bosque
no la oigo porque no estoy allí,
como nadie me oye a mí 
pues nadie hay aquí.
  
Quiero compartir, 
quiero hablar,
quiero expresarme 
dentro de otra persona;
pero la página en blanco
se impone,
y comprendo 
que no puedo escribir
en el lienzo
del alma
que no está presente.
  
Y me repliego
a la página en blanco, 
y busco aquello
de lo que estaba hablando
antes de escribir estas palabras,
y me visto de lino blanco,
y converso conmigo, blanco,
y te digo, Mary Shelley, blancamente, 
que mi corazón es blanco 
y mi cara es blanca
y mis manos son blancas,
también;
y soy tan blanca,
tan blanca toda, entera,
como esta página blanca 
con la que converso
monólogo blanco y solitario
de sábana que envuelve
y ave que canta. 


Atentamente,
M. E. C. G.



De "Carta a Mary Shelley"