Petit Palais du Vocabulaire
2.10.26
María Negroni. Colección permanente
1.10.26
Wisława Szymborska. Ausencia
30.9.26
Stephanie Burt. No leas poesía
29.9.26
Yauheniya Yaníshchyts. Quizás algún día envejezca...
28.9.26
María Casares. Lunes por la noche [26 de febrero de 1951]
27.9.26
Alfonsina Storni. Ojo
26.9.26
Manon Garcia. Vivir con los hombres
Aquella mañana, lo que más me llamó la atención al llegar a las 7:15 al exterior del Palacio de Justicia de Aviñón fueron las mujeres que esperaban pacientemente a las puertas. Junto a mí en la cola, mientras me reunía con un colega inglés que me estaba esperando allí, había dos jóvenes veinteañeras, a las que pronto se unió una tercera que les traía café y curasanes. Al otro lado de la calle, una enorme pancarta flotaba sobre las murallas de la ciudad. «Una violación es una violación», clamaba en respuesta a las palabras de De Palma, uno de los abogados de la defensa, que había explicado durante los primeros días del juicio que «hay violaciones y violaciones», dando a entender que, después de todo, las violaciones masivas a las que fue sometida Gisèle Pelicot no eran tan graves, no eran «verdaderas violaciones». Los carteles feministas llevaron el juicio a las calles de Aviñón inscribiendo mensajes en sus paredes, sobre todo a lo largo del camino que recorría Gisèle. Los mensajes están en varios idiomas; según las fases del juicio, apoyan a Gisèle o repiten las escandalosas palabras de los acusados o de sus abogados.
Principio de "Vivir con los hombres"