21.5.26

Mary Shelley. Mathilda

No son más que las cuatro, pero es invierno y el sol ya se ha puesto. Ninguna nube refleja ya sus rayos oblicuos en el cielo claro y helado, pero el aire se tiñe de un ligero color rosado que todavía brilla sobre el suelo cubierto de nieve. Vivo sola en una casita perdida en un paraje inmenso y solitario. No me llega ningún eco de vida. ante mis ojos, la llanura desolada está cubierta de blanco, y encima de las pequeñas colinas abruptas desde donde se desliza la nieve, más escasa aquí que en terreno llano, se advierten solamente unas cuantas manchas negras que ha aparecido bajo el efecto del sol del mediodía. Algunos pájaros atacan con su pico el duro hielo que cubre los estanques; ha helado sin cesar.


Principio de "Mathilda"
    

20.5.26

Sara Mesa. Silencio administrativo

Nota inicial

Este libro surge de un encuentro. Del día en que mi amiga Nuria y yo nos paramos a hablar con una mujer que mendigaba en una calle de Sevilla, y de todo lo que vino después. Es, ante todo, una crónica personal que relata un viaje hacia un mundo que yo desconocía: el de la extrema pobreza y el endemoniado laberinto burocrático por el que se hace pasar a los más necesitados.


Nota inicial del libro "Silencio administrativo"

19.5.26

Akiko Yosano. 270

durante cinco años
no he soñado nada,
dónde están 
las flores de primavera?,
todo está ausente en mí 


De "La chica del pelo revuelto"
    

18.5.26

Karin Boye. Nunca ha estado el bosque tan feliz como ahora...

Nunca ha estado el bosque tan feliz como ahora bajo el sol y la lluvia,
nunca tan desbordante de delicados perfumes y de irisaciones,
nunca tan juguetón y confortador; pero no me afecta, 
aunque busco y rezo. Mi dolor es demasiado amargo.
  
Bebed, ojos míos, la luz dorada que yo misma no veo.
Respirad hondo, pulmones míos, los efluvios del musgo mojado.
Soy una piedra muerta. Olvidadme, vivid para vosotros mismos,
reunid en habitaciones ocultas todo lo que consigáis recoger.
  
Inaccesible es ese lugar donde la cosecha del día madurará 
blanda de fulgores y aromas y susurro. Cuando llegue el momento
su escondite estallará en un denso esplendor. Sobre mí se precipita,
frío y salvaje como una cascada, el recuerdo de un dolor.


De "Los siete pecados capitales"
En "Poesía"
   

17.5.26

María Casares. Carta del sabado, 11 de febrero de 1950 (2 y media de la madrugada)

Te quiero más que nunca. Ay, no sabes cuánto! Lo que daría por tenerte a mi lado esta noche! Amor mío, cariño mío, estoy ardiendo, me duelen las sienes, me queman las palmas de las manos y tengo la garganta seca. Ya no volveré a salir: te añoro demasiado en todas partes y al volver a casa tu ausencia me resulta insoportable.
Ay, esta primavera! Cariño mío, te beso con fuerza, te beso mucho rato, como deseo besarte esta noche.
M
V


En "Correspondencia [con Albert Camus] 1944-1959"
   

16.5.26

Ali Smith. Una Woolf propia

Pero venid primero conmigo a dar un paseo, una excursión propia, por la primera palabra de Una habitación propia de Virginia Woolf, esa palabrita que la inicia y hace que todo cambie de rumbo.
Pero.
Pero, me diréis, le hemos pedido que nos hable de mujeres y literatura. Qué tiene que ver eso con una habitación propia?


Principio de "Una Woolf propia"
    

15.5.26

Jenny Erpenbeck. Kairós

PRÓLOGO 


  Vendrás a mi entierro?
  Baja la vista hasta la taza de café que tiene delante y no dice nada.
  Vendrás a mi entierro?, pregunta otra vez él. 
  Pero si todavía estás muy vivo, dice ella.
  Pero él pregunta una tercera vez: Vendrás a mi entierro?
  Sí, dice ella, claro que iré a tu entierro.
  Junto al lugar que elegí hay un abedul.
  Qué bien, dice ella.
  Cuatro meses más tarde está en Pittsburg cuando le llega la noticia de que ha muerto.
  Es su cumpleaños, pero antes incluso de recibir la primera felicitación desde Europa, la llama Ludwig, el hijo de él, y dice: Padre ha muerto hoy.


Principio de "Kairós"
    

14.5.26

Laura Fernán. Regalos

 Lo notáis? Ya huele a primavera.
 Hay regalos a los que no consideramos regalos y no entiendo por qué. 
 El olor a primavera, por ejemplo.
 Los atardeceres.
 El café que alguien te trae sin habérselo pedido.
 Los abrazos cuando se necesitan (que, a mí parecer, es casi siempre).
 Respirar... Regalazo!
 Poder contar estrellas y pensar que la gente que ya no está aquí brilla con ellas.
 Tener con quien brindar, con quien llorar, con quien sincerarse, abrirse, reír, bailar, celebrar, viajar...
 Saber estar sola y disfrutarlo.
 El amor. Recibirlo y darlo. Ambos son regalos.
 Escuchar de una bonita voz un bello poema.
 Que a la gente que te importa le pasen cosas buenas.
 Que alguien te mande una foto o una canción porque sabe que te gustará.
 Poder dormir tranquila.
 Agradecer.


De "El año en que hibernamos"
    

13.5.26

Mary Oliver. Luna rosa en el estanque

Crees que nunca volverá a ocurrir.
Luego, una noche de abril,
las tribus se despiertan trinando.
Bajas hasta la orilla.
Tu proximidad las calma,
pero poco a poco el silencio sube
hasta que la canción está en todas partes
y tu alma se levanta de tus huesos
y avanza a zancadas sobre el agua.
Es una locura hacerlo;
pues nadie puede vivir así,
flotando por ahí en la oscuridad
sobre el agua cristalina.
Abandonados en la orilla tus huesos
siguen gritando regresa!
pero tu alma no escucha;
a lo lejos se está desplegando 
como un par de alas, chisporroteando
como un puente de cables. Así que,
como una buena amiga,
decides seguir.
Te adentras en la orilla
y te hincas de rodillas,
te vences hacia tus muslos
y te hundes hasta los pómulos, 
y ahora te ves atrapada 
por las frías cadenas del agua,
te estás desvaneciendo mientras alrededor
las ranas siguen cantando, elevando
su música hacia tu propia garganta,
sin tan siquiera darse cuenta 
de que tú eres otra cosa.
Y ahí es cuando ocurre;
tú lo ves todo
a través de sus ojos,
su júbilo, su necesidad;
llevas sus dedos, palmeados, 
tu garganta se hincha.
Y entonces es cuando sabes
que vivirás te guste o no,
de un modo u otro,
porque todo es todo lo demás, 
un largo músculo. 
No es más misterioso que eso.
Así que te relajas, no lo combates más, 
la oscuridad descendiendo 
llamada agua, 
llamada primavera,
llamada la verde hoja, llamada 
un cuerpo de mujer 
cuando se vuelve fango y hojas,
cuando late en su jaula de agua,
cuando gira como un solitario huso
a la luz de la luna, cuando dice
sí. 


De "Doce lunas"
En "Devociones"
    

12.5.26

Piedad Bonnett. El prestigio de la belleza

La niña de la foto es realmente fea. Debajo de la enorme capota se ve una carita grumosa, de enormes cachetes y diminutos ojos de zarigüeya, vivos y sonrientes. Sobre el labio superior, como un oprobio, la huella mínima, pero inocultable, del dedo torpe del dios que sopló sobre el barro aún fresco para darle vida.
Esa niña soy yo y este relato es, entre otras cosas, el de mis tratos con la belleza.


Principio de "El prestigio de la belleza"