20.9.26

Gabriela Mistral. Canto que amabas

  Yo canto lo que tú amabas, vida mía, 
por si te acercas y escuchas, vida mía, 
por si te acuerdas del mundo que viviste, 
al atardecer yo canto, sombra mía. 
  
  Yo no quiero enmudecer, vida mía. 
Cómo sin mi grifo fiel me hallarías?
Cuál señal, cuál me declara, vida mía?
  
  Soy la misma que fue tuya, vida mía. 
Ni lenta ni trascordada ni perdida. 
Acude al anochecer, vida mía;
ven recordando un canto, vida mía, 
si la canción reconoces de aprendida
y si mi nombre recuerdas todavía. 
  
  Te espero sin plazo y sin tiempo. 
No temas noche, neblina ni aguacero. 
Acude con sendero o sin sendero. 
Llámame adonde tú eres, alma mía, 
y marcha recto hacia mí, compañero. 


En"Las modernistas. Seis poetas latinoamericanas"
    

19.9.26

Nathalie Léger. Es difícil...

Es difícil. Cuando anochece, dondequiera que estemos, el recuerdo avanza tímidamente, listo para recular si alguna imagen cobra demasiada nitidez. Sin embargo, se diría que solo queremos una cosa: que las imágenes sean lo más nítidas posible, que la forma nos haga sentir que estamos ahí, que la carne se reproduzca a la perfección, quisiéramos que el peso, el aliento y el alma otra vez tomaran cuerpo, vuelve, vuelve


De "En busca del cielo"

18.9.26

Clarice Lispector. Dificultad de expresión

La dificultad de encontrar, para poder expresarlo, aquello que sin embargo está allí, da una impresión de ceguera. Entonces se pide un café. No es que el café ayude a encontrar la palabra pero representa un acto histérico-liberador, es decir, un acto gratuito que libera. 


En "Aprendiendo a vivir"
    

17.9.26

Grela Bravo. Recuérdame

«Recuérdame,
aunque sea en un rincón y a escondidas».
Carlos Ruiz Zafón

Dicen que aquellos que se leen se pertenecen indefectible 
y secretamente.
Que aquello que se recuerda vive, 
de uno u otro modo, indefinidamente.
Que lo que no se dice nunca se pierde. 
Que aquello que se abraza en silencio
siempre se protege. 
Que quienes se piensan de ningún modo
se separan. 
Que lo que no se cuenta nunca termina. 
Que lo que no empezó tampoco acaba. 
Que lo que no dejas ir nunca se olvida. 
   
Y quien no se olvida...
jamás muere. 



[... aunque sea a escondidas]
No me dejes ir.


De "Maneras de decirlo"
   

16.9.26

Judite Canha Fernandes. cosas más o menos aceptadas

todas las naciones están gobernadas por gusanos.
las escuelas tienen forma de cárcel. 
las pulgas. 
los asesinos. 
la extinción de las abejas. 
los cracks de la bolsa. 
las mujeres que son asesinadas en casa. 
la miseria del sur. 
pagar para trabajar. 
la corrupción de los millonarios. 
la guerra al sur.
el fin de la nieve del kilimanjaro. 
las fronteras. 
el trabajo de los niños. 
lo inevitable. 


De "Lo más difícil del capitalismo es encontrar dónde poner las bombas"
    

15.9.26

Paz López. Pánico y ternura

Entramos a la vida como entra un niño a la escuela: mirando hacia atrás, con los ojos llorosos buscando la mano de quien hace un rato nos había acariciado el pelo, la nariz, las rodillas heridas, los diminutos labios. Si el mundo fuera una piscina, nuestros cuerpos parecerían pesar más que el agua al que fueron arrojados, y tenderían a hundirse. Acaso no somos eso, criaturas lanzadas a las mareas de la vida? Será cierto que cada vez que tomamos la mano de alguien y entrecruzamos firmemente los dedos para agarrarnos a ella se despierta de golpe, sin advertencia, la memoria antigua de aquello que nos aferró por primera vez a la vida? Natalia Ginzburg decía que eso de hundirse les pasa sobre todo a las mujeres, pero ella habla de un pozo oscuro, no de una piscina. «Las mujeres tienen la mala costumbre de caer en un pozo de vez en cuando, de dejarse embargar por una terrible melancolía, ahogarse en ella y bracear para mantenerse a flote».


Principio de "Pánico y ternura"
   

14.9.26

Elisabeth de Waal. El regreso de los exiliados

A mediados de los años cincuenta, poco antes de la firma del llamado Tratado de Estado austriaco, que desembocó en la retirada de las potencias ocupantes aliadas y restableció la independencia de Austria, en la sección de sucesos locales de los periódicos apareció una noticia breve. Se refería a un accidente mortal ocurrido en la casa de campo de un millonario estadounidense. Una joven de la alta sociedad de aquel país, que se encontraba visitando a sus parientes austriacos, había muerto por heridas de bala al manipular un arma de forma inexperta. El arma de había disparado y había acabado con su vida. Hubo un único testigo presencial del fatídico hecho, el sacerdote jesuita Ignatius Jahoda, que pudo testificar que no hubo nadie más implicado en el episodio y que fue completamente accidental. 


Principio de "El regreso de los exiliados"
   

13.9.26

Delmira Agustini. Amor

Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rondando por la vida como un eterno riego.
  
Luego soñelo triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
sonaba sus cristale el alma de la fuente.
  
Y hoy sueño que es vibrante, y sueve, y riente, y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris visita;
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
  
sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiente a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos.


En "Las modernistas. Seis poetas latinoamericanas"
    

12.9.26

María Lorenzo. Animales

De pie, volando, a rastras, reptando, de día cual
canto de pájaro, de noche boca abajo de un
árbol colgando, desplegando las alas, subiendo
montañas, a cuatro patas, sobre tu hombro o
cargada a tu espalda; dejándome caer para
beber, para cazarte en tu mar de miel.
Ser tu alondra, tu perra, tu koala, tu gaviota, un
canguro bajo tu ombligo, tu cisne, tu cobra
envolvente,
cualquier tipi de reptil desde tus pies;
deslizándome por el cráter de tu nariz como
una raya de cocaína merodeando tu mente,
como heroína en vena paseando
por tu frente;
como un lince ibérico; como presa devorada,
candente, urgente...
Quiero ser tu gata bajo tus alas cuando hay
tormenta, tu hembra siempre en celo, tu abrigo,
tu consuelo.
Quiero ser todo lo nuevo, la membrana de tus
dedos, romper la bolsa amniótica para nacer de 
ti
y ser tú lo primero que vean mis ojos y lo
último
antes de morir.


De "Instintos"
    

11.9.26

Elisabeth Mulder. Exaltación

Como santa Teresa, la divina doctora, 
también siento que muero por no poder morir. 
En mi alma hay una voz que eternamente llora, 
y que es como un lamento desgarrador que implora
piedad para un ser triste cansado de sufrir. 
  
Cansado y vacilante por este derrotero
del mundo, la mirada perdida
en el inmenso azul, muero porque no muero, 
que es la noche muy lóbrega y muy duro el sendero, 
y yo tan solo un náufrago que acobardó la vida. 
  
La Esperanza se ha hundido en un sombrío abismo;
la Caridad se niega a presentarme su luz, 
más la fe vive en mí, en un compañerismo
que ha sostenido firme sobre este cataclismo
de mi Gólgota negro, la insignia de la Cruz.
  
Dulce santa Teresa, la divina doctora, 
como a ti me consume un fuego traicionero
que al alma hecha pavesas y llamas la devora,
y la voz implorante que eternamente llora, 
una vez más exclama: muero porque no muero!


De "Embrujamiento"