22.10.26

Sharon Olds. Cuando nuestra primogénita dormía

Mis pechos duros con leche. Pequeños rezumaderos 
goteando sobre los pañuelos de mi
marido doblados en las curvas frontales
del arnés de lactancia. Yo deambulaba por
el apartamento cuando su siesta duraba algo más
de lo habitual. Cuando estaba despierta, yo era
propósito, un acecho blando y
doméstico de bondad. Sólo cuando ella dormía 
yo era libre para pensar en lo que piensa
el cautivo. Quería ser alguien, no ser únicamente
la madre de alguien, ser alguien, ser una.
Sin embargo sé que el trabajo que hice con ella
era la razón de todo lo que era importante para mí;
ese corazón. Y aun así había una parte de mí 
ajena a ello, como expuesta en una montaña
por la maternidad. Y cuando ella dormía un poco más, 
yo olía la piel de la aceituna
en la ladera, oía el golpe azul 
de la nuez de eucalipto, probaba
el aliento de la loba en busca de
carne para enriquecer su leche, veía
el cedro doblarse bajo un mar
de viento. Mientras ella dormía, parecía que
mis tobillos perforados se iban soltando
y caminaba como un cazador entre el gozo y el horror
de lo que no está atado. Niña de una madre, 
madre de una niña. A veces me paseaba, escuchando, 
temiendo a medias que hubiera dejado de respirar, 
sabiendo que nada podía ser cualquier cosa, para mí,
al lado de los pequeños movimientos
al despertarse; luz y viento sobre la superficie del agua. 
Y tras ello, ese llanto suave, como un pájaro
pelágico que duerme en vuelo. Yo me daba
la vuelta, como girando sobre un talón mortero,
y me acercaba a su puerta. 


De "Una cosa secreta"
   

21.10.26

Carmen Martín Gaite. De su ventana a la mía

Nueva York, 21 de enero de 1982

Anoche soñé que le estaba escribiendo una carta muy larga a mi madre para contarle cosas de Nueva York, pero era una forma muy peculiar de escritura. Estaba sentada en esta misma habitación, desde cuyos ventanales se ve el East River, y lo que hacía no era propiamente escribir, sino mover los dedos con gestos muy precisos para que la luz incidiera de forma determinada en un espejito como de juguete que tenía en la mano y cuyos reflejos ella recogía desde una ventana que había enfrente, al otro lado del río. Se trataba de una especie de código secreto, de un juego que ella había estado mucho tiempo tratándome de enseñar. (Como cuando me quería enseñar a coser y me decía que era cuestión de paciencia. 
«Ves como si te pones te sale bien? Mira, el secreto está en no tener prisa y en atender a cada puntada como si esa fuera la cosa más importante de tu vida»).
Y la felicidad que me invadía en el sueño no radicaba solo en poderle contar cosas de Nueva York a mi madre y en tener la certeza de que ella, aun después de muerta, me oía, sino también el la complacencia que me proporcionaba mi destreza, es decir, en haber aprendido a mandarle el mensaje de aquella forma tan divertida y tan rara, que además era un juego secretamente enseñado por ella y que nadie más que nosotras dos podía compartir. 


Principio de "De su ventana a la mía"
En "De hija a madre, de madre a hija"
   

20.10.26

Gloria Portugal. Luna Azul

Nos reunimos al extinguirse la claridad solar, gorgojos afiebrados, descontrolados animales que no caben en sus pieles y tratan de arrancárselas. 
  
«Es la luna», dice uno. «Afecta a locos y poetas». «También a músicos y asesinos seriales». Dice otro. De pronto, suena una homérica carcajada. El dueño de dirige a una mujer de calvicie creciente que solloza sin descanso. Le increpa:
  
«Lloras demasiado para estar loca».


De "La vida es bella"
   

19.10.26

Tamara Kamenszain. Sola

Ahora que por fin estoy desvelada 
como para comprobar que algo crecí 
sé que no sólo la sonrisa de aquel hombre
sino también sus gestos
y que no sólo esos gestos
sino también sus palabras
todo me alcanza puedo caminar 
acróbata tambaleante pero segura 
por la cuerda floja de mi propia casa. 


En "Material de lectura"
   

18.10.26

Isabel de Vega. Soneto de la misma señora a la muerte del emperador Carlos V

Oh, muerte!, cuánta gloria has alcanzado
triunfando del que triunfos par' no tiene;
que triunfes más que nadie no conviene, 
pues no hay plus ultra adonde has llegado. 
  
Sosiéguese de hoy más tu pecho airado, 
qu' el daño que por ti cruel nos viene
ni el nombre del que en tal dolor nos tiene, 
no temas que jamás será olvidado. 
  
Oh, César y Alejandro!, que ganaste
tan clara fama por los hechos raros
y con ellos triunfáis en el abismo. 
  
Oh, Carlos!, clara luz, que vos volaste 
al sumo cielo con triunfos claros
después de haber triunfado de vos mismo. 


En "Las primeras poetisas en lengua castellana"
   

17.10.26

Mary Jo Bang. Prototipo de una máquina

Comenzaré diciendo que los objetos pueden ser involuntariamente bellos. Consideremos la simplicidad de tres o cuatro rodamientos de bolas, la economía de un compás. Brillante, verdad? Así pensábamos. Confiábamos en la arquitectura y el diseño más allá de su base comercial. Escenarios, muebles, tipografía, todo venía con un imperativo moral. La máquina era importante, por supuesto. A las cuatro de la mañana las ideas llevaban fácilmente, casi de la nada, del modo en que una tetera o una sartén salen de la alacena. En el espacio vacío entre el día siguiente y la noche anterior, ves la belleza de una hélice, por ejemplo, y piensas, sí, quiero que ese metal plateado signifique algo más que simplemente volar. 


De "Una muñeca para tirar"
   

16.10.26

Elena Garro. Inés

-No temas ir a un país extranjero. Vas a un lugar impecable, al cuidado de tu primo Jesús, y el propio señor se encargará de arreglarte los papeles de trabajo. Confía en Dios, hija mía! Has tenido mucha suerte en haber encontrado tan excelente trabajo. 
En el pequeño andén, las palabras de la madre superiora se confundieron con la llovizna que caía sobre los rieles y sobre su propio rostro. Inés guardó silencio. Miró su modesta maleta que contenía un traje gris, alguna ropa interior, un peine, un cepillo de dientes y un jabón de tocador. Inés contuvo las lágrimas y trató de no mirar al cielo, ni a las pocas personas que desde lejos contemplaban su partida con gesto mudo y sorprendido. 


Principio de "Inés"
en "Novelas breves"
   

15.10.26

Teresa de Cepeda y Ahumada. Villancico

Oh, hermosura que excedéis 
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis 
y sin dolor deshacéis 
el amor de las criaturas.
  
Oh, ñudo, que ansí juntáis 
dos cosas tan desiguales!
No sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais 
a tener por bien los males.
  
Quien no tiene ser juntáis
con el ser que no se acaba;
sin acabar, acabáis;
sin tener que amar, amáis;
engrandecéis vuestra nada.


De "Las primeras poetisas en lengua castellana"
   

14.10.26

Ryoko Sekiguchi. La llamada de los olores

Desde cuándo llevaba un diario de olores? No lo recordaba con exactitud. De lo que sí estaba segura era de que las páginas que garabateaba, como en aquella época hacían todas las niñas, contenían ya descripciones o listas de cuanto había olido a lo largo del día. Al principio anotaba únicamente olores desconocidos o extraños, o que le hubieran agradado. A veces copiaba palabras fragantes que encontraba en libros o pasajes dedicados a los olores. 


Principio de "La llamada de los olores"
   

13.10.26

Jo Ann Beard. Días de fiesta

Nota de la autora

Me convertí en ensayista de rebote. Mi primer amor fue la poesía; el segundo la ficción, y el tercero y definitivo, el ensayo. Es como un tercer matrimonio: sabes que es aquí donde te quedarás, donde vas a resolver los conflictos que arrastras, para bien o para mal. Y, sin embargo, como todos somos humanos, este libro contiene un par de relatos -«La tumba de la lucha libre» y «Lo que buscas te busca a ti»-; o, cuando menos, así fue como se publicaron originalmente. Son también ensayos, cada uno a su (secreta) manera, y los ensayos son también relatos. 


Principio de "Días de fiesta"