De no ser por ellas, aquí no habría nada
–Siéntese, por favor. –Svetlana Kalínkina me señala una silla al otro lado de la mesa.
La redacción ocupaba varias estancias en los sótanos de una antigua casa de vecindad situada en el 34 de la calle Engels en el centro de Minsk. A través de un cristal sucio penetraba el sol. El invierno, excepcionalmente severo aquel año, se alejaba a pasos agigantados. Cerca de la calle Engels se encuentra la sede de la administración del presidente Aleksandr Lukashenko. Así que Luka siempre tiene a la vista a los periodistas de la Naródnaya.
–Sobre él? –soltó Kalínkina como si me adivinaba el pensamiento–. Vamos a hablar sobre Lukashenko?
Asentí. Kalínkina es biógrafa de Lukashenko, y ya estaba cansada de contestar a las mismas preguntas.
Dijo:
–Sabe usted qué? Hay que escribir sobre otras cosas! –El tono de su voz se volvió más firme. Tal vez incluso un poco profesoral–. Hay que escribir un libro sobre las mujeres del territorio postsoviético. Es imprescindible! De no ser por ellas, aquí no habría nada. Los hombres lo alcanzaron todo subidos a sus espaldas.
–Lo sé –respondí.
Principio de "El amor ha sido mi única culpa"