2.10.26

María Negroni. Colección permanente

Nota de la autora

Hace unos años abrí el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires con un discurso que titulé "Seis fragmentos a favor de lo indócil".
Pasó un tiempo. El texto seguía resonando en mí como si me pidiera que lo ampliara, que cosiera en un libro, como un fruto maduro, aquello que mi prosa había vencido y mi poesía cultivado y odiado. 
Una vida dedicada a la escritura está llena de hallazgos y también de obstáculos. Como dijo la poeta Louise Glück en una entrevista, "la mayoría de los escritores se pasan la vida sometidos a diversas torturas (querer escribir, no poder escribir; querer escribir de manera diferente, no poder escribir de manera diferente; esperar ser reclamados por una idea y que esa idea no surja). Y, sin embargo -agregó-, dentro de esa frustración, es posible encontrar una vida dignificada por el deseo insatisfecho, no dulcificada por la sensación de logro".
Esta sola frase me convenció. 


Nota al principio de "Colección permanente"
   

1.10.26

Wisława Szymborska. Ausencia

Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbignieb B. de Zduńska Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo. 
Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres y las caras, 
y para cualquier melodía oída una sola vez. 
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido unas notas fantásticas en Física y en Química
y peores en Lengua, 
aunque habría escrito a escondidas poemas
desde el primer momento mucho más interesantes que los míos. 
  
Faltó poco
y mi padre podría haberse casado al mismo tiempo
con la señorita Jadwiga R. de Zakopane.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo. 
Quizá habría sido más terca en lo de salirse con la suya. 
Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas. 
Con tendencia a abandonarse a emociones gregarias.
Vista permanentemente en varios lugares a la vez, 
pero en raras ocasiones entre libros, más a menudo en la calle, 
jugando a la pelota con los chicos.
  
Quizá incluso se hubieran encontrado ambas
en la misma escuela, en la misma clase. 
Pero no habrían sido amigas, 
no habrían tenido ningún parentesco, 
y en las fotos grupales estarían lejos una de otra. 
  
Niñas, poneos ahí
-habría dicho el fotógrafo-.
Las más bajas delante, las más altas detrás. 
Y sonreíd cuando os de la señal. 
Pero contad antes
si estáis todas. 
  
-Sí, señor, estamos todas. 


De "Dos puntos"
En "Poesía completa"
   

30.9.26

Stephanie Burt. No leas poesía

De todos los tipos de arte que se ejercen, los poemas son, o deberían ser, los más fáciles de compartir, acaso los más fáciles de encontrar. No hace falta leerlos en directo, ni sobre un escenario, ni que los lean sus autores, ni siquiera en voz alta (aunque eso ayude); no requieren de instrumentos musicales ni de dispositivos de playback. Algunos se pueden memorizar; la mayoría se pueden compilar, reproducir, copiar a mano o compartir por correo electrónico; y muchos de ellos se leen con rapidez.
Entonces, por qué no hay más personas que lean poemas? Por qué algunas se interesan tanto por los poemas que desconciertan a las demás?


Principio de "No leas poesía"
    

29.9.26

Yauheniya Yaníshchyts. Quizás algún día envejezca...

Quizás algún día envejezca,
y se apague mi voz clara después. 
Pero voy a través de viento helado y la tormenta, 
y bajo mis pies sigue girando la tierra. 
  
Mi mediodía es alto y caliente, 
y solo mi ánimo se oscurece al atardecer. 
En mi alma no puede ser de otra manera:
Te he buscado tanto, querido mío!
  
Con una confusión infantil e ilusionada
no he perdido tu imagen soñada. 
En mi silencio no puede ser de otra manera:
Te he esperado tanto, querido mío!
  
Y ahora, como una niña, hago tonterías, 
mientras los días pasan inexorables y diferentes. 
Quizás algún día envejezca, 
pero nunca lo haré, querido mío, contigo!


En "Un ave indómita"
    

28.9.26

María Casares. Lunes por la noche [26 de febrero de 1951]

Me hacen feliz, feliz, feliz quererte, haber tenido esa suerte milagrosa de conocerte, de reconocerte y de conservarte; y me asfixia el orgullo al pensar en que te pertenezco.


Fragmento de una carta a Albert Camus
En "Correspondencia 1944-1959"
   

27.9.26

Alfonsina Storni. Ojo

Reposa.
El crepúsculo
muere más
allí, donde, pájaro quieto,
aguarda.
  
Mares tristes,
apretados,
mueven
en él
sus olas.
  
Los paisajes
del día
lo navegan
lentos.
  
Tímidas,
las primeras estrellas
lloran
su luz insabora
en la pupila fija.
  
En el fondo oscuro
largas hileras humanas
se le desplazan
incesantemente:
parten
en distintas
direcciones;
retroceden;
retroceden;
tocan
los primeros
hombres:
  
gimen porque nace el sol.
Gimen porque muere el sol...
  
Todo está allí,
apretado en la cuenca,
donde,
pájaro quieto,
aguarda.


En "Las modernistas. Seis poetas latinoamericanas"
    

26.9.26

Manon Garcia. Vivir con los hombres

Aquella mañana, lo que más me llamó la atención al llegar a las 7:15 al exterior del Palacio de Justicia de Aviñón fueron las mujeres que esperaban pacientemente a las puertas. Junto a mí en la cola, mientras me reunía con un colega inglés que me estaba esperando allí, había dos jóvenes veinteañeras, a las que pronto se unió una tercera que les traía café y curasanes. Al otro lado de la calle, una enorme pancarta flotaba sobre las murallas de la ciudad. «Una violación es una violación», clamaba en respuesta a las palabras de De Palma, uno de los abogados de la defensa, que había explicado durante los primeros días del juicio que «hay violaciones y violaciones», dando a entender que, después de todo, las violaciones masivas a las que fue sometida Gisèle Pelicot no eran tan graves, no eran «verdaderas violaciones». Los carteles feministas llevaron el juicio a las calles de Aviñón inscribiendo mensajes en sus paredes, sobre todo a lo largo del camino que recorría Gisèle. Los mensajes están en varios idiomas; según las fases del juicio, apoyan a Gisèle o repiten las escandalosas palabras de los acusados o de sus abogados.



Principio de "Vivir con los hombres"

    

25.9.26

Clara Muschietti. Desde acá se ve el mar...

Desde acá se ve el mar, camino un poco más y lo huelo. Camino un poco más y lo toco. Camino un poco más y me sumerjo. Camino un poco más y me muero. 


De "La vida normal"
   

24.9.26

Alexandra David-Néel. Inmortalidad y reencarnación

El vocabulario no queda fuera del alcance de los caprichos de la moda. Algunas de sus palabras envejecen, dejan de aparecer en el lenguaje escrito y de escucharse en el lenguaje hablado; caen en el olvido. Otras, por el contrario, se ponen de moda súbitamente. Los escritores y los oradores se sirven de ellas continuamente. Actualmente, el término «problema» forma parte de estas últimas. Debemos creer que este responde a preocupaciones especialmente intensas de las que seríamos presa?
Un problema es una cuestión que debe resolverse aportándole una solución. Es también un hecho que contraría nuestros deseos y la búsqueda de los medios apropiados para vencer ese obstáculo molesto y alcanzar el objetivo deseado. 


Principio de "Inmortalidad y reencarnación"
   

23.9.26

Egeria. Viaje de Egeria

[...] Reanudando nuestra expedición, llegamos a un paraje en el que las montañas por entre las cuales discurríamos se abrían y configuraban un valle dilatado, completamente alisado y sumamente placentero. Al fondo de la vaguada se erguía el monte santo de Dios, el Sinaí. El lugar donde los montes de apartaban se halla contiguo al enclave en que se encuentran las «Tumbas de la Concupiscencia». Cuando se llega a este punto, es costumbre, según nos previnieron los venerables guías que nos acompañaban, que quienes lo alcanzan, y divisan desde allí por vez primera el monte santo de Dios, se recojan en oración. Eso es lo que nosotros hicimos. Habría desde ese lugar hasta el monte de Dios unas cuatro millas, pues ya dije que se trata de un valle espacioso. 


Principio de el "Viaje de Egeria"