18.6.26

Małgorzata Nocuń. El amor ha sido mi única culpa

De no ser por ellas, aquí no habría nada


–Siéntese, por favor. –Svetlana Kalínkina me señala una silla al otro lado de la mesa.
La redacción ocupaba varias estancias en los sótanos de una antigua casa de vecindad situada en el 34 de la calle Engels en el centro de Minsk. A través de un cristal sucio penetraba el sol. El invierno, excepcionalmente severo aquel año, se alejaba a pasos agigantados. Cerca de la calle Engels se encuentra la sede de la administración del presidente Aleksandr Lukashenko. Así que Luka siempre tiene a la vista a los periodistas de la Naródnaya.
–Sobre él? –soltó Kalínkina como si me adivinaba el pensamiento–. Vamos a hablar sobre Lukashenko?
Asentí. Kalínkina es biógrafa de Lukashenko, y ya estaba cansada de contestar a las mismas preguntas.
Dijo:
–Sabe usted qué? Hay que escribir sobre otras cosas! –El tono de su voz se volvió más firme. Tal vez incluso un poco profesoral–. Hay que escribir un libro sobre las mujeres del territorio postsoviético. Es imprescindible! De no ser por ellas, aquí no habría nada. Los hombres lo alcanzaron todo subidos a sus espaldas.
–Lo sé –respondí. 


Principio de "El amor ha sido mi única culpa"
    

17.6.26

Alice Rivaz. Lanza tu pan

Llega ya el momento de esta noche de diciembre en el que, desvelada en apariencia sin motivo, puesto que su oído entrenado e inquieto, siempre vigilante, no percibe al otro lado del fino tabique ni quejidos ni sospechosos arrastramientos de pies descalzos por las alfombras del estudio grande -ruidos que no puede oír sin que su corazón empiece a latir más deprisa, sin saltar de la cama con ansiedad para pegar la oreja a la pared (dios mío, qué imprudencia, qué locura estará cometiendo ahora? Su obstinación de siempre, su senilidad de hoy)-, Christine piensa que seguramente serán las seis de la mañana, quizá incluso más tarde. Pero cómo saberlo?


Principio de "Lanza tu pan"
    

16.6.26

María Encarnación Carrillo. Y dices que ahora...

I am alone-oh, how alone! [...]
Well, then, now I am reduced to these white pages,
Wich I am to blot with dark imagery.

2nd Octuber 1822,
Mary Shelley's Journal

Y dices que ahora
estás sola, Mary Shelley.
Y yo te comprendo.
Que la única compañía 
es la página en blanco,
la página a la que yo
voy cada día
y que es blanca
como una sábana blanca
con la que me envuelvo.
  
Y siento que voy a llorar
porque la página en blanco
vive en mí. 
Y converso 
y es un diálogo blanco
como la página en blanco
que es el diálogo
que tengo cuando me hablo.
  
Yo también sé 
que con nadie con-verso.
Es el monólogo del ave
que canta en la rama
del árbol del bosque.
Solitaria canta
aunque no la escuchen.
Y en la libreta
de blancas páginas 
intercambio impresiones
con ello,
con lo blanco,
y el ave que canta
en la rama del árbol del bosque
no la oigo porque no estoy allí,
como nadie me oye a mí 
pues nadie hay aquí.
  
Quiero compartir, 
quiero hablar,
quiero expresarme 
dentro de otra persona;
pero la página en blanco
se impone,
y comprendo 
que no puedo escribir
en el lienzo
del alma
que no está presente.
  
Y me repliego
a la página en blanco, 
y busco aquello
de lo que estaba hablando
antes de escribir estas palabras,
y me visto de lino blanco,
y converso conmigo, blanco,
y te digo, Mary Shelley, blancamente, 
que mi corazón es blanco 
y mi cara es blanca
y mis manos son blancas,
también;
y soy tan blanca,
tan blanca toda, entera,
como esta página blanca 
con la que converso
monólogo blanco y solitario
de sábana que envuelve
y ave que canta. 


Atentamente,
M. E. C. G.



De "Carta a Mary Shelley"
    

15.6.26

Elena Garro. Y Matarazo no llamó...

Hacía varios días que, de noche, la casa de Eugenio cambiaba de lugar. De día estaba a espaldas de la avenida de los Insurgentes; de noche, no se sabía adónde la llevaban. Antes, la casa había sido sedentaria; ahora se había convertido en andariega y vagabunda. Vías férreas enormes y temibles se instalaban bajo sus ventanas y los trenes pasaban silbando, peligrosos.  Relojes inexistentes durante el día daban las horas con insistencia. En cuanto oscurecía, la casa se poblaba de huéspedes inesperados. Pájaros misántropos visitaban los muebles para golpearlos con sus picos destructores. Animales misteriosos gruñían adentro de los cojines verdes de la salita y por el caño del lavadero de la cocina salían ajolotes enormes a hacer gorgoritos. Eugenio escuchaba esos ruidos con asombro.


Principio de "Y Matarazo no llamó..."
En "Novelas breves"
   

14.6.26

Saleha Imekraz. Heroínas del pueblo valiente

Se acuerdan
De nuestras madres viudas valientes?
En su orgullosa frente
La caligrafía del juramento 
  
Se acuerdan 
De nuestras madres viudas valientes?
Desafiando el sanguinario huracán 
Su matriz a modo de ofrenda
   
Se acuerdan 
De nuestras madres viudas valientes?
Sus palabras manando de sus heridas
La palabra que sangra
  
Se acuerdan 
De nuestras madres viudas valientes?
Se acuerdan, se acuerdan
para siempre, para siempre 


En "Más allá de Sherezade. Poesía contemporánea de Mujeres del Magreb. Volumen I. Memoria, exilio e inmigración"
    

13.6.26

Nelly Sachs. El ángel petrificado

El ángel petrificado
goteando aún recuerdo
de un universo anterior
sin tiempo
en la estancia de mujeres paseando
en la luz de ámbar
encerrado con la visita de una voz
anterior al mundo sin bocado de manzana
cantando de verdad
en la aurora -
   
Y los otros peinan de desgracia los cabellos
y lloran
cuando los cuervos fuera
su negrura despliegan hacia la medianoche.


De "Aún celebra la muerte a la vida"
En "Viaje a la transparencia. Poesía completa"
   

12.6.26

Gabriela Mistral. Volverlo a ver

Y nunca, nunca más, ni en noches llenas
de temblor de astros, ni en las alboradas 
vírgenes, ni en las tardes inmoladas?
  
Al margen de ningún sendero pálido,
que ciñe el campo, al margen de ninguna
fontana trémula, blanca de luna?
  
Bajo las trenzaduras de la selva,
donde llamándolo me ha anochecido, 
ni en la gruta que vuelve mi alarido?
   
Oh, no! Volverlo a ver, no importa dónde, 
en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
bajo unas lunas plácidas o en un cárdeno horror!
  
Y ser con él todas las primaveras
y los inviernos, en un angustiado 
nudo, en torno a su cuello ensangrentado!


En "Material de lectura"
   

11.6.26

Pat Barker. El regreso a casa

Ella tenía los ojos amarillos. A veces, sobre todo a la luz de las velas, no parecían siquiera unos ojos humanos. Calcas, el sacerdote, dijo una vez que le recordaban a los de una cabra: que tenían la misma mirada insensible propia del sacrificio. Yo nunca la vi así. A mí me recordaba a un pigargo, un ave muy común en la costa donde crecí; los marineros lo llaman «el águila de los ojos iluminados por el sol». Y sus ojos son bellos, pero no hacen olvidar ni su pico brutal ni sus garras, tan afiladas como para arrancar la carne aún viva del hueso. No, yo nunca la vi como una víctima, pero es que la conocía mejor que la mayoría de la gente. Yo era su esclava personal o, para usar el vulgar término que se emplea entre los propios esclavos, su recogepedos. Y odiaba serlo.


Principio de "El regreso a casa"
    

10.6.26

Rachida Madani. XIII

Callarse no es justo
Hasta dónde hundirme en el desierto
para escribir más desnudo
más sencillo
más lejano
Cuando deje de ver mis caravanas 
cuando todo arda en llamas tras mis huellas
cuando esté liberada 
colmada de tormentas
cuando el desierto todo lo venza,
volveré a desentrañarme sobre una duna
y volveré a escribir las mil y una noches 
para restablecer a Shahrazade.


En "Más allá de Sherezade.
Poesía contemporánea de Mujeres del Magreb. Volumen I.
Memoria, exilio e inmigración"
    

9.6.26

Noelia Pena. La vida de las estrellas

El cielo es una habitación de tres por cuatro metros cuya ventana da a un patio interior. A principios de otoño es necesario encender la bombilla a partir de las cinco de la tarde. Aparte de una pequeña lámpara de techo hay otro punto de luz: un flexo cuya tulipa puede girarse casi trescientos sesenta grados para iluminar, por la tarde, la mesa de estudios a la que está anclado; y por la noche, antes de dormir, si se gira aproximadamente sesenta grados hacia la derecha, la pared en la que están pegadas las fotografías en blanco y negro.


De "La vida de las estrellas"