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10.11.19

Renée Vivien. Profesión de fe

Amo abril, amo el agua, la luna, el arco iris.
Adoro lo que cambia, engaña y huye.
Mi risa es inconstante como lo es la fortuna
y miento porque soy la hija de la noche.
 
La noche reconoce en mí a su tierna hija.
Me hace entrar en los bosques soñolientos,
me concede un oído sutil para escuchar,
como en un sueño claro, los pasos enemigos.
 
Me fue la noche siempre magnánima y clemente.
De ella aprendí los negros caminos de la huida
y el ruido de mis pasos amortiguó en la menta
cuya sombra es tan suave como un recuerdo leve.
 
Obtuve de ella un dulce desprecio a lo apremiante,
la mirada que esquiva, el sacro horror al ruido.
Así saciada adoro yo a mi diosa,
perfecta, incognoscible y negra Noche.
 
     
De "Estelas"
    

11.6.19

Renée Vivien. Los solitarios

Aquellos cuyo abrigo se pliega en un sudario
saborean, glorioso, el placer de estar solos.
  
Su lucidez se apiada de los ebrios abrazos,
de la unión de las manos, del paso a ritmos suaves.
  
Aquellos cuya frente se oculta en los sudarios
saben del estar solos la voluptuosidad.
  
El semblante del mundo y la aurora contemplan
sin horror. Les envidia más de uno que los llora.
  
Quienes buscan la paz de noches y mortajas
saben de la embriaguez terrible de estar solos.
  
Los favoritos son del misterio y la noche,
y oyen cómo germinan las rosas bajo tierra.
  
Perciben sólo el eco del color, el reflejo
del sonido... Su atmósfera es de un violeta gris.
  
Saborean el gusto del viento y las tinieblas.
Sus ojos son más bellos que las antorchas fúnebres.

   
 De "Evocaciones"
      

11.6.17

Renée Vivien. Aurora sobre el mar

   Y mi sollozo, que lo arrastren los vientos de tormenta
junto a los sufrimientos!
Safo

Te desprecio por fin, tormento pasajero!
Ya levanté mi frente. Ya acabé de llorar.
Se liberó mi alma, y tu sombra liviana
no viene ya de rozarla en noches sin descanso.

Hoy sonrío a la aurora que nos hiere. Oh viento
de los mares inmensos que -sin auras florales-
con acre olor de sal reanimas mis desmayos!
Viento de alta mar, llévate para siempre el dolor!

Llévate los dolores en tus alas, muy lejos,
para que el gozo estalle, victorioso, en las almas
nuestras donde renace el orgullo divino,
vueltas hacia los cantos, el sol y el ideal!




De "Estudios y preludios"
    

11.6.16

Renée Vivien. Sonetos

I

Se remansa en la sombra el ritmo de las cosas.
Entre el arrobamiento de perfumes y flores,
han llorado tus labios su dolor cadencioso
en un canto quebrado con sollozos y pausas.

La languidez del lecho, la paz de los cerrojos,
dan cobijo al deseo y a los espasmos acres.
Desdeñando la luz y su arrebol ficticio,
engarzamos con besos las luces del ocaso.

Tus ojos acerados como azules cristales
se entreabren heladores, con temple de metal,
en tanto un velo pálido de bruma empaña el cielo.

Y al roce de tu sueño, tras los abrumadores
goces, un rayo verde de luna se demora
entre las ruinas de oro de tu pelo revuelto.


De "Estudios y preludios"

31.3.15

Renée Vivien. Los colores de la noche

Contempla los colores que guardan las tinieblas
y aprenderán tus ojos a interpretar los cielos.

Yo contemplé el violeta de ondas y dulces noches,
el verde en noches plácidas, la llama en noches rojas.

Vi cómo se esparcía, rosa como una flor,
la luna que sonríe en sueños indoloros.

He visto, hipnotizado, a millares de leguas,
el sutil pensamiento de las noches azules.

Y al escuchar un llanto de búhos en un vuelo
misterioso, yo he visto centellear noches de oro.


De "Canciones a mi sombra"

10.11.14

Renée Vivien. A la bienamada

Eres tú mi palacio, mis noches y mi otoño,
y mi velo de seda y mi jardín de lises,
mi pebetero de oro y mi columna blanca,
mi jardín y mi estanque de juncos y de lirios.

Eres tú mis perfumes de ámbar y de miel,
mi palmera, mi fronda, mis cantos de cigarras,
mi nieve que se muere de plácida y altiva,
eres mis algas y eres mi paisaje del mar.

Y mi campana tú de sollozo monótono,
eres mi fresca isla, mi acogedor oasis.
Eres tú mi palacio, mis noches y mi otoño,
y mi velo de seda y mi jardín de lises.

De "A la hora de unir las manos"

20.8.14

Renée Vivien. El cohete

Vertiginosamente, subía hacia las Estrellas...
Mi orgullo saboreaba el triunfo de los dioses
y mi vuelo rasgaba, nupcial y jubiloso,
los velos de tinieblas de una noche de estío.

Y un fugitivo beso de amor selló mi enlace
con la Noche: violetas adornaban su pelo,
y flores de tabaco me abrían sus corolas
de marfil, donde alientan los recuerdos dormidos.

Ante mí se extendía la Pléyade divina...
Entraba en los dominios del Eterno Silencio
cuando estalle, como un deslumbrante arco iris
que esparciera fulgores de oro, ónice y jade.

Era el sueño truncado, el rayo que se apaga...
Tras conocer el ímpetu y el ardor del combate,
la victoria y el crudo horror de la caída,
Fui el astro abatido que se abisma en la noche.

De "Evasiones"

11.6.14

Renée Vivien. Canción

Cómo habré de olvidar el terso pliegue
de tus caderas en reposo,
el marfil de la carne recorrida
por un temblor de venas azuladas?

No sentiste siquiera que un instante,
ebria de sus estériles angustias,
mi alma perdidamente se acercaba
a tus labios alados y lejanos?

Y cómo volveré a encontrar de nuevo
un éxtasis idéntico, salvaje,
olvidarte y soñar, vivir de nuevo
como alcancé a soñar sobre tu boca?
 

De "Estudios y preludios"

27.5.14

Renée Vivien. Lasitud

Me dormiré esa noche con dulce y largo sueño.
Cerrad los cortinajes, que no se abran las puertas.
No dejéis, ante todo, que entre el sol. Y poned
en torno a mí una noche saturada de rosas.

Posad en la blancura mullida de la almohada
esas flores mortuorias de perfume obsesivo.
Ponerlas en mis manos, la frente, el corazón.
Esas pálidas flores como de cera tibia.

Y yo diré muy bajo: "Nada mío perdura.
Mi alma reposa al fin. Tened piedad de ella.
Respetad su descanso por toda eternidad".
Me dormiré esa noche con la más bella muerte.

Que se deshoje flores -blancos nardos y lirios.
Que calle, en el umbral de las puertas cerradas,
el eco persistente de los viejos sollozos.
Ah, la noche infinita, empapada de rosas!

De "Cenizas y polvo"

1.11.13

Renée Vivien. Let the dead bury their dead

Llega la noche. Voy a sepultar mis muertos:
ensueños y deseos, dolor, remordimientos.
Todo el pasado. Voy a sepultar mis muertos.

Sepultaré esta noche, entre oscuras violetas,
tus ojos, manos, frente, tu labio enmudecido,
oh tú que reposas entre oscuras violetas.

Llevo aún el relámpago postrero de tus ojos.
En los golpes de azar y embates de la vida,
así llevo la paz postrera de tus ojos.

Recubriré de incienso, de rosas y de rosas,
los pálidos cabellos y los cerrados párpados
de un amor cuyo ardor muriera entre las rosas.

Que se alcen hasta mí las almas de los muertos,
heladas, aboliendo miedo y remordimiento,
y dándome la paz sonriente de los muertos!

Y obtenga yo en un lecho inmenso de violetas
esa paz inmutable de eternidades mudas
donde muere el aroma de las dulces violetas.

Que se refleje, al fondo de mi calma mirada,
un crepúsculo vasto, detenido y muy pálido,
y disminuya al fin el fuego en mi mirada

Mas que pueda llevarme un recuerdo de rosas,
cuando vengan y dejen, en mis cerrados párpados,
los lotos y los lirios, las rosas y las rosas.
   
De "Cenizas y polvo"

25.8.13

Renée Vivien. Canción

Vierte la tarde sus medias tintas
y favorece los himeneos
de las verónicas y de los lirios

Mi mortecina gravedad hechizas
con tus helados besos livianos,
mezclas mis sueños con tu ligero
y blanco y leve roce de dedos.

De "Estudios y preludios"

7.6.13

Renée Vivien. Espera

En esta alcoba llena de promesas marchitas
desgranan sus aromas jazmines del ayer...
Para ti sola lucen mi vestido y mis joyas,
y sólo para ti desaté mis cabellos.

Escogí estas alhajas... Sabrán encandilarte?
En mi corazón ávido hay un algo que calla...
Cómo me encontrarás y qué diras al verme,
amiga, cuando cruces el umbral de mi ocaso?

Nos besará una lluvia de algas y violetas
a través del esmalte tenue de los cristales...
Saboreo la angustia sublime de aguardar
la dicha que se acerca cuando la tarde muere.

Calladamente acecho la tan soñada hora...
Cae la noche, arrastrando su manto claroscuro...
Mi alma ilimitada se disgrega en la estancia
y al fin se templa el aire: amanece la luna.

De "A l'Heure des Mais jointes"

30.3.13

Renée Vivien. Prolonga la noche

Prolónganos la noche, Diosa que nos enciendes.
Aleja el alba de sandalias de oro.
Ya en la línea del mar los primeros crepúsculos
han alzado su vuelo.

Resguardándonos a salvo, durmientes en tus velos,
dejando en el olvido las crueldades del día.
Que el vino de la sombra y el vino de los astros
nos colmen de su amor.

Porque nadie conoce qué aurora se levanta
trayendo el gris futuro entre sus manos,
temblamos ante el sol, y nuestro sueño
teme al día venidero.

Reposando la mano en los cerrados párpados
recordamos en vano la dulzura que huye.
Diosa, a ti que te place la ruina de las rosas,
prolónganos la noche.

De "Evocaciones"

9.3.13

Renée Vivien. Bacante triste

El día ya no clava sus flechas arrogantes
Los bosques se embriagan de nocturna belleza.
Es la hora que turban con danzas las Bacantes
en una extenuación que alarga ritmos languidos.

Sus cabellos revueltos lloran sangre de viñas,
como alas de los vientos son sus vividos pies.
La rosa de su carne, sus contornos elásticos,
han poblado la fronda de animadas sonrisas.

La más joven evoca con su canto estertores:
de tanto amor se adensa su garganta en sollozos.
Muy distinta es en todo a las demás: es pálida.
En su frente hay tormenta y amargura de olas.

El vino que retiene el sol de las vendimias
no le concede el don del generoso olvido.
A medias ebria, es triste su ebriedad sin embargo
guirnaldas de hojas negras ciñen su frente pálida.

Hay en ella un hastío de los júbilos falsos.
Un presentir de frías, durísimas mañanas
corrompe los ardores, la miel de las caricias,
y, en medio de las rosas de los festines, sueña.

Le llega la memoria de besos que se olvidan.
No habrá de conocer sin tormento el deseo
la que mira sin tregua agonizar las flores
melancólica, al fondo de las noches de orgía.

De "Estudios y preludios"

28.2.13

Renée Vivien. Canción a mi sombra

Larga y derecha como un ciprés
sigue mi sombra, a paso de loba,
los pasos míos que el alba odia.
Marcha mi sombra a paso de loba
larga y derecha como un ciprés.

Ella me sigue como un reproche
bajo las luces de la mañana.
A mi destino yo veo en ella
que me acorrala, que se me acerca.
Cruzando campos por las mañanas
mi sombra sigue como un reproche.

Mi sombra, como remordimiento
sigue mis huellas sobre la hierba.
Y al ir con ramos por la avenida
donde se albergan todos los muertos,
sigue mi sombra sobre la hierba
como implacable remordimiento.

De "La venus de los ciegos"

21.6.07

Renée Vivien

Renée Vivien, nacida con el nombre de Pauline Mary Tarn (11 de junio de 1877 - 10 de noviembre de 1909) fue una poetisa británica que escribió sus obras en francés.




Obras citadas en este blog: