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17.8.13

Herta Müller. El río y las piedras de la orilla...

El río y las piedras de la orilla. El lugar donde terminaba el sendero. Ahí tenías que dar media vuelta si querías regresar a la ciudad. Por lo general, todos daban media vuelta allí, pues no querían sentir las piedras puntiagudas a través de la suela de los zapatos.
De vez en cuando, alguien no daba la vuelta porque quería sumergirse en el agua. La razón, según decían la gente, no era el río, porque el río era igual para todos. La razón, según decía la gente, era la persona que no quería dar media vuelta. Y esa persona era una excepción.
Como no quería dar media vuelta, me adentre en el mar de piedras puntiagudas. Era un objetivo. No un objetivo que llega con los bolsillos vacíos. Me llené los bolsillos con dos pedruscos. Mi objetivo estaba invertido.
De "La bestia del corazón"

22.6.13

Herta Müller. Debería haber gritado todos los juramentos que no domino...

Debería haber gritado todos los juramentos que no domino,
A quien ama y abandona
que Dios lo castigue
que Dios lo castigue
con el paso del escarabajo
con el susurro del viento
con el polvo de la tierra.
Los juramentos gritan, pero en qué oído.

De "La bestia del corazón"

29.5.13

Herta Müller. La bestia del corazón...

Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar. Cuando hablamos, nos tornamos ridículos.
Llevabamos demasiado rato en el suelo, delante de las fotos. Se me habían dormido las piernas de estar sentada.
Con las palabras en la boca aplastamos tantas cosas como con los pies sobre la hierba. Pero también con el silencio.
Principio de "La bestia del corazón"