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9.7.18

Amélie Nothomb. Los máximos culpables son los espectadores

-Opino que los máximos culpables son los espectadores -respondió.
-No está siendo un poco injusta? -preguntó el hombre-. La gente vuelve de una dura jornada de trabajo, cansada, de mal humor, vacía.
-Hay otras cadenas -dijo Pannonique.
-Sabe muy bien que los programas de televisión son a menudo el único tema de conversación de la gente. Ésa es la razón por la cual todo el mundo ve lo mismo: para no quedar marginado y tener algo que compartir.
-Pues que todos vean otra cosa -dijo la joven.
-Eso es lo que debería ocurrir, claro.
-Lo dice usted como si se tratara de un ideal utópico -retomó Pannonique-. Sólo se trata de cambiar de cadena, no es difícil.
-No estoy de acuerdo -dijo MDA 802-. El público se equivoca, es cierto. Pero de ahí a decir que es el culpable! Su nulidad es pasiva. Los organizadores y los políticos son mil veces más criminales.
-Su perversidad está tolerada y creada por los espectadores -dijo Pannonique-. Los políticos son una emanación del público. En cuanto los organizadores, son tiburones que se limitan a acudir allí donde se manifiestan los fallos del sistema, o sea donde existe un mercado susceptible de proporcionarles beneficios. Los espectadores son culpables de formar un mercado que se los proporciona.
-No cree que son los organizadores quienes crean el mercado, como un publicitario crea una nueva necesidad?
-No. La responsabilidad final recae en quien acepta ver un espectáculo tan sencillo de rechazar.


De "Ácido sulfúrico"
      

8.6.18

Amélie Nothomb. Ácido sulfúrico

Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo.

No era necesaria ninguna cualificación para ser detenido. Las redadas se producían en cualquier lugar: se llevaban a todo el mundo, sin derogación posible. El único criterio era ser humano.
Aquella mañana, Pannonique había salido a pasear por el Jardín Botánico. Los organizadores llegaron y peinaron minuciosamente el parque. De pronto, la joven se encontró dentro de un camión.
Eso ocurrió antes del primer programa: la gente todavía no sabía qué les iba a ocurrir. Se indignaban. En la estación, les amontonaron en vagones de ganado. Pannonique vio que les estaban filmando: varias cámaras los escoltaban, sin perder ni el más mínimo detalle de su angustia.
Entonces comprendió que rebelarse no sólo no serviría de nada sino que resultaría telegénico. Así pues, durante todo el viaje se mantuvo fría e inmóvil como el mármol. A su alrededor, lloraban niños, gruñían adultos y se sofocaban ancianos.
Les desembarcaron en un campo parecido a los no tan lejanos campos de deportación nazis, con una diferencia nada baladí: había instalado cámaras por todas partes.


Principio de "Ácido sulfúrico"