Me veo obligada a detenerme un momento cada vez que estoy a punto de tener un ataque de nervios y pensar en la objeción más evidente: no puedo permitírmelo.
«Mírame ahora tal y como soy», dijo Colette en una ocasión en un hermoso texto sobre cómo era ella a los treinta y pocos años (mi edad), sola, viviendo en un apartamento de una habitación en una primera planta, una habitación parisina cerca del Bois de Boulogne, contemplándose en el espejo, tal y como era.
De "Un domingo en aquella piscina azul venice, California"