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30.1.25

Marilynne Robinson. La mente ausente

Estos ensayos examinan un lado de la venerable controversia conocida como el conflicto entre ciencia y religión con el propósito tanto de cuestionar la legitimidad de la pretensión que formulan sus exponentes de hablar con la autoridad de la ciencia como de platear dudas sobre la calidad del pensamiento que subyace a esta pretensión. Propongo que el modelo del que parten estos escritores es la ciencia tal como entendieron esa palabra ciertos pensadores influyentes en la temprana edad moderna, a fines del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Si bien es cierto que en el mismo período y la misma cultura estaban emergiendo una física y una cosmología nuevas y modernas de verdad, ambas están conspicuamente ausentes, ayer como hoy, de los argumentos de estos autoproclamados defensores de la ciencia, la razón y la ilustración. Los términos muy estrechos que consideran adecuados para abordar el asunto en torno al cual ha girado siempre la controversia, el origen y la naturaleza de nuestra especie, arrojan inevitablemente una concepción de la humanidad que es ella misma muy estrecha, puesto que excluye por fuerza virtualmente toda la observación y especulación que sobre este tema han aportado a lo largo del tiempo aquellos que están fuera de ese círculo cerrado llamado pensamiento moderno.


Principio de "La mente ausente"
    

26.11.22

Irene Vallejo cita a Marilynne Robinson

"Me gusta imaginar lo
pasmado que se
quedaría
el bueno de Homero,
quienquiera que fuese,
al ver sus epopeyas en
las estanterías
de un ser tan
inimaginable para él
como yo,
en medio de un
continente del que no
se tenía noticia".

MARILYNNE ROBINSON, Cuando era una niña me gustaba leer


Una de las citas al principio de "El infinito en un junco"
    

29.5.21

Marilynne Robinson. Tengo algo para usted...

Cuando por fin volvió andando a la pensión vio la luz encendida, pese a lo tarde que era, y al recepcionista jugando a las damas con aquel otro tipo, su amigo. Los saludó con la cabeza al pasar y se encaminaba a las escaleras cuando el recepcinista dijo:
-Eh, Boughton, tengo algo para usted. -Así que Jack retrocedió y el otro le dio un pequeño libro, Tribute to the Angels, de Hilda Doolittle-. Lo dejó una chica de color.
Los dos le miraban. Él no podía fiarse de su propia voz. El recepcionista dijo:
-Le dije que estaría de vuelta bastante pronto. Que podía esperarle arriba. Por lo que sé, arriba sigue. Seguramente un poco harta de esperarle.


De "Jack"
   

25.3.21

Marilynne Robinson. Jack

Caminaba casi a su lado, dos pasos por detrás. Ella no volvía la mirada. Dijo:
-No voy a hablar con usted.
-Lo entiendo perfectamente.
-Si lo entendiera perfectamente no andaría siguiéndome.
-Cuando un hombre lleva a una chica a cenar fuera, tiene que acompañarla de vuelta a casa.
-No, no tiene por qué. No si ella le dice que se vaya y la deje tranquila.
-No puedo evitarlo, así me educaron -dijo él. Pero cruzó la calle y caminó a su lado a lo largo de la otra acera. Cuando estaban a una manzana de donde ella vivía, él volvió a cruzar. Dijo:
-Quiero disculparme.
-No quiero oírlo. Y no se moleste en intentar explicarlo.
-Gracias. Me refiero a que prefiero no tener que explicarlo. Si le parece bien.
-Nada me parece bien. Lo que está bien no cabe en esta conversación -pese a todo, lo dijo en voz baja.
-Lo entiendo, claro. Pero no puedo resignarme.
-Nunca me he sentido tan avergonzada. En toda mi vida -dijo ella.
-Bueno, tampoco es que me conozca desde hace mucho -dijo él. 
Ella se detuvo.
-Y ahora me viene con un chiste. Qué gracioso.
-Tengo un problema. Me hacen reír las cosas que no deberían. Me parece que ya le he hablado de eso.


Principio de "Jack"
    

26.11.20

Marilynne Robinson. Humanismo

De maneras silenciosas, extendidas y ajustadas, estas pasiones renacentistas perviven entre nosotros todavía en el estudio de unas humanidades que, se nos dice, ahora se ven amenazadas y mermadas. Su utilidad está en entredicho, parece, pese a haber ocupado el centro de la enseñanza a lo largo del periodo del espectacular florecimiento material e intelectual de la civilización Occidental. Ahora nos interesa menos formar y afinar el pensamiento y más crear y dominar las tecnologías que producirán mejoras mensurables en el bienestar material... al menos, para aquellos que las crean y las dominan. Ahora nos interesa menos la exploración de nuestra esplendorosa mente, y estamos cada vez más absortos en el drama de mantenernos por delante de lo que sea que creamos que nos persigue. O tal vez estemos empeñados en eludir el espectro de la entropía. En cualquier caso, el espíritu de la época es el de una urgencia sin alegría, con muchos de nosotros preparándonos y preparando a nuestros hijos para ser medios de fines insondables que nos son absolutamente ajenos. En tal entorno, no parece quedar mucho margen para las humanidades. Son una mala preparación para la servidumbre económica. Este espíritu no es la consecuencia sino la causa del estado actual de las cosas.


De "Humanismo"
uno de los ensayos del libro "Cuando era niña me gustaba leer"
    

26.11.18

Marilynne Robinson. A mí nunca me ha molestado la tristeza...

-Pero si Dios posee en verdad todo ese poder, por qué permite que se trate tan mal a los niños? Porque a veces pasa. Ésa es la verdad.
-Lo sé. Lo he visto. Yo también me lo he preguntado mil veces. La gente siempre me hace esa pregunta. O versiones de ella. Por lo general se me ocurre algo que decirles. Pero contigo quiero hacerlo mejor, así que tendrás que concederme un poco más de tiempo. Unos días. A decir verdad, no sé por qué creo que eso servirá de algo, pero es posible. -Le tocó la mano-. «Porque te amo más de lo que puedo expresar, si pudiera decírtelo, te lo haría saber.» Eso es poesía, pero también es verdad. Sí, verdad.
-Es un bonito poema.
-«Los vientos deben de venir de alguna parte cuando soplan, tienen que haber razones por las que las hojas se marchitan.» Es algo triste, ciertamente.
-A mí nunca me ha molestado la tristeza.


De "Lila"


*Los versos son del poema If I Could Tell You de W. H. Auden

    

23.4.18

Marilynne Robinson. Imaginación y comunidad

A lo largo de los años he reunido tantos libros que, en conjunto, bien podría considerarse que forman una biblioteca. No sabría decir qué porcentaje de ellos he leído. Cada vez con más frecuencia, me pregunto cuántos de ellos llegaré a leer. Eso no ha enfriado en lo más mínimo mi pasión por adquirir más libros. Pero me ha llevado a reflexionar sobre el significado que tienen para mí, y sobre el hecho de que encarnen en buena medida las bondades de la bondad de la vida.


De "Imaginación y comunidad"
uno de los ensayos del libro "Cuando era niña me gustaba leer"
    

28.11.17

Marilynne Robinson. Recuerdo que una vez, de niña, entré en una biblioteca...

Recuerdo que una vez, de niña, entré en una biblioteca y miré los libros que me rodeaban pensando: yo podría hacerlo. En realidad, no lo hice hasta bien entrada la treintena, pero la afinidad que sentía con los libros preservó en mí el secreto convencimiento de que era una escritora, pese a que cualquier valoración desapasionada de mi vida habría descartado la idea por completo. Así que pertenezco a la comunidad de la palabra escrita en varios sentidos. En primer lugar, los libros me han enseñado casi todo lo que sé y han educado mi atención y mi imaginación. En segundo, me dieron una idea de lo posible, lo que es el gran servicio -y, con mucha frecuencia, cuando es poco generosa, el más flaco de ellos- que una comunidad hace a sus miembros. En tercero, ellos encarnaban la riqueza y el refinamiento del lenguaje, y la destreza y el ingenio en el uso del lenguaje al servicio de la imaginación. En cuarto, me dieron, y todavía me dan, valor. 


De "Imaginación y comunidad"
uno de los ensayos del libro "Cuando era niña me gustaba leer"
    

26.11.16

Marilynne Robinson. Debajo de la superficie...

Debajo de la superficie de la vida hay muchas cosas. Mucha malicia y temor y culpa y mucha soledad, también, donde en realidad no esperarías encontrarla.


De "Gilead"

24.9.16

Marilynne Robinson. Sea lo que sea, espera a que pase...

Doll siempre decía: Calla, sólo calla. Sea lo que sea, espera a que pase. Todo acaba alguna vez. Lila pensó: Si sabes que acabará tarde o temprano, puede que desees que acabe cuanto antes.


De "Lila"

26.1.16

Marilynne Robinson. Lila

La niña estaba fuera, en las escaleras del porche, a oscuras, abrazándose para protegerse del frío, casi dormida tras haberse quedado sin lágrimas. Ya no podía desgañitarse más y ellos tampoco la oían, o a lo mejor sí, pero eso sólo empeoraría las cosas. Alguien había gritado: Haced callar a ese bicho o lo callaré yo!, y entonces una mujer la había sacado de debajo de la mesa tirándole del brazo, la había empujado hasta el porche y había cerrado la puerta; los gatos corrieron a refugiarse debajo de la casa.


Principio de "Lila"

26.11.15

Marilynne Robinson. Sobre los anhelos

Y aquí de nuevo hay un presagio: el mundo será uno, una totalidad. Porque anhelar una mano sobre el cabello es casi sentirla. Así que, sea lo que sea lo que perdamos, el anhelo nos lo devuelve. Aunque soñemos y raramente seamos conscientes de ello, el anhelo, como un ángel, nos acoge, nos alisa el pelo y nos trae fresas silvestres.


De "Vida hogareña"

7.10.15

Marilynne Robinson. En casa

-En casa para quedarte, Glory! Sí! -dijo su padre, y a ella se le cayó el alma a los pies. Él intentó acompañar sus palabras con un brillo de alegría en la mirada, pero tenía los ojos húmedos de conmiseración-. Para quedarte una temporada, esta vez! -rectificó y le cogió la bolsa, cambiando antes el bastón a su mano más débil. Dios bendito, pensó ella. Dios bendito que estás en los cielos. Últimamente así empezaban y terminaban todas sus plegarias, que eran en realidad exclamaciones de asombro. Cómo podía estar tan frágil su padre? Y cómo podía mostrar una obstinación tan imprudente por cumplir con lo que entendía que era su deber de caballero, hasta el punto de dejar el bastón colgado del pasamanos de la escalera para subirle la bolsa a la habitación? Dios bendito. Pero así lo hizo, y luego se quedó junto a la puerta, recuperándose.


Principio de "En casa"

9.4.15

Marilynne Robinson. Gilead

Te lo dije anoche, que quizás me marche algún día, y tú preguntaste adónde y yo dije, a la casa del Señor, y tú dijiste, por qué, y yo dije, porque soy viejo, y tú dijiste, a mí no me pareces viejo. Y pusiste tu mano en mi mano y dijiste, no eres muy viejo, como si con eso quedase zanjada la cuestión.


Principio de "Gilead"

16.10.14

Marilynne Robinson‏. Vida hogareña

Me llamo Ruth. Me crié con mi hermana pequeña, Lucille, al cuidado de mi abuela, la señora Sylvia Foster y, cuando ella murió, al de sus cuñadas, las señoritas Lily y Nona Foster, y cuando ellas se marcharon, al de su hija, la señora Sylvia Fisher. A lo largo de las sucesivas generaciones de todos estos mayores vivimos siempre en la misma casa, la de mi abuela, que habían construido ella y su marido Edmund Foster, un ferroviario, que dejó este mundo años antes de que yo llegara a él.


Principio de "Vida hogareña"