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23.12.16

Anne Sexton. La menstruación a los cuarenta

Yo estaba pensando en un hijo.
El útero no es un reloj
ni una campana que suena,
pero en el undécimo mes de su vida
siento el noviembre
del cuerpo tan bien como el del calendario.
Dentro de dos días será mi cumpleaños
y como siempre la tierra ha terminado su cosecha.
Esta vez quiero cazar a la muerte,
la noche a la que me inclino,
la noche que quiero.
Pues bien -
habla de eso!
Estaba extendido en el útero.

Yo estaba pensando en un hijo...
Tú! El nunca adquirido,
nunca germinado ni desabrochado,
tú el de los genitales que temía,
el tallo y el aliento de cachorro.
Te daré mis ojos o los suyos?
Serás David o Susan?
(Esos dos nombres que elegí escuchando.)
Puedes ser el hombre que sin tus padres -
los músculos de las piernas de Miguel Ángel,
las manos de Yugoslavia,
el campesino eslavo y decidido,
el superviviente, repleto de vida? -
y podría ser todavía posible
todo esto con los ojos de Susan?

Todo esto sin ti -
dos días perdidos en sangre.
Yo misma moriré sin bautizar,
la tercera hija ignorada.
Mi muerte vendrá el día de mi santo.
Qué tiene de malo el día del santo?
Es sólo un ángel del sol.
Mujer,
tejiendo una red sobre ti,
un veneno fino y enmarañado.
Escorpión,
araña mala -
muere!

Desde las muñecas mi muerte,
dos etiquetas con nombre,
sangre llevada como un adorno floral
para que brote
en la izquierda y en la derecha -
Es una habitación cálida
el lugar de la sangre.
Dejad la puerta abierta de par en par!

Dos días para tu muerte
y dos días hasta la mía.

Amor! Esa enfermedad roja -
año tras año, David, me volverías loca!
David! Susan! David! David!
plena y desgreñada, silbando en la noche,
nunca envejeciendo,
esperándote siempre en el porche...
año tras año,
mi zanahoria, mi col,
te habría poseído antes que todas las mujeres,
llamándote por tu nombre,
llamándote mío.


7 de noviembre de 1963




De "Vive o muere"
   

11.2.13

Anne Sexton. La muerte de Sylvia

dedicado a Sylvia Plath.


Oh, Sylvia, Sylvia,
con una caja muerta de cucharas y piedras,

con dos hijos, dos estrellas fugaces
errantes en el pequeño cuarto de juegos,

con tu boca en la sábana,
en la viga del techo, en la necia oración,

(Sylvia, Sylvia,
¿dónde fuiste
tras escribirme
desde Devonshire
sobre el cultivo de patatas
y la apicultura?)

¿a qué fuiste leal?
¿cómo pudiste meterte dentro?

¡Ladrona!-
¿Cómo te arrastraste dentro,

bajaste arrastrándote sola
al interior de la muerte que yo deseé tanto y durante tanto tiempo,

la muerte que las dos dijimos que estaba superada,
la que llevabamos en nuestros pechos flacos,

de la que hablabamos tanto cada vez
que nos metíamos tres martinis de más en Boston,

la muerte que hablaba de psicoanalistas y remedios,
la muerte que hablaba como novias conspiradoras,

la muerte por la que bebíamos,
¿las razones y luego el acto tranquilo?

(En Boston
los moribundos
viajan en taxi,
sí la muerte de nuevo,
esa vuelta a casa
con nuestro chico.)

Oh, Sylvia, recuerdo al batería somnoliento
que golpeaba tus ojos con una vieja historia,

cómo deseábamos dejarle venir
como a un sádico o un mariquita de Nueva York

para hacer su trabajo,
una necesidad, una ventana en una pared o una cuna,

y desde ese momento él esperó
bajo nuestro corazón, nuestro armario,

y ahora veo que lo almacenamos
año tras año, viejos suicidios

y sé de tu muerte por las noticias,
un gusto espantoso, como sal.

(Y yo,
yo también.
Y ahora, Sylvia,
tú otra vez
con la muerte otra vez,
aquella vuelta a casa
con nuestro chico.)

Y digo solamente
con mis brazos extendidos en ese lugar de piedra,

¿qué es tu muerte
sino una vieja pertenencia,

un lunar que cayó
de uno de tus poemas?

(Oh amiga,
mientras la luna es mala,
y el rey se ha ido,
y la reina no sabe qué hacer
¡el borracho debería cantar!)

¡Oh pequeña madre,
tú también!
¡Oh duquesa divertida!
¡Oh cosita rubia!

(17 de Febrero de 1963)


De "Vive o muere"

5.7.12

Anne Sexton. Querer morir

Me preguntas pero casi nunca puedo recordar.
Yo camino con mi ropa, impoluta de ese viaje.
Luego el deseo casi innombrable vuelve.

Incluso entonces nada tengo contra esta vida.
Conozco bien las briznas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como carpinteros, quieren conocer con que herramientas.
No preguntarán porqué construir.

Me he afirmado dos veces con facilidad,
he poseido al enemigo, he comido al enemigo,
he aprendido su arte y magia.

De esta forma, densa y reflexiva,
más caliente que el aceite o el agua,
he descansado, baboseando por la boca de la máscara.

No pensaba en mi cuerpo ante la aguja.
Incluso había olvidado la córnea y aquellos restos de orina.
Los suicidas ya han traicionado al cuerpo.

Nacidos muertos, no se matan siempre,
pero deslumbrados, no olvidan una droga dulce,
tan dulce que hasta los chiquillos mirarían y sonreirían.

¡Toda esa vida escondida en tu lengua!-
eso se convierte en pasión.
La muerte es un triste hueso; magullado, me diríais

y, no obstante, ella me espera, año a año,
para deshacer con sutileza una vieja herida,
para extraer mi aliento de su horrible cárcel.

Allí, en equilibrio, los suicidas se encuentran,
arrasando fruta, una luna hinchada,
dejando el pan que aquivocaron por un beso,

dejando abierto el libro por descuido,
algo no hablado, el teléfono descolgado
y el amor, no importa lo que fuera, una infección.

3 de Febrero de 1964


De "Vive o muere"

14.6.12

Anne Sexton. Madre, Jack y la lluvia


Tengo una habitación para mí, una habitación aluvial.
La lluvia cae dentro. La lluvia cae como gusanos
de los árboles sobre mi hueso frontal.
Hechizada, siempre hechizada por la lluvia, el cuarto
[afirma
las palabras que crearé sola y larval
Llego como el ciego palpando los estantes,
palpando una madera tan dura como una manzana,
palpando la pluma ligeramente, mi filo, mi llaga.
Con esta pluma cojo en mi mano mis yoes recitantes
y con estos discípulos muertos lucharé como una espartana.
Aunque la lluvia maldiga la ventana,
que el poema se haga.


La lluvia es un dedo en mi ojo, un venablo.
La lluvia deja surcos con sus viejas e innecesarias
[historias...
Me fui a la cama como un caballo a su establo.
En mi húmeda cama de verano mecía mis rodillas saladas
y escuchaba a padre besarme a través de la pared como un
[diablo
y escuchaba el corazón de mi madre palpitar como una marea
[brava.
El avisador de nieblas aplanaba el mar hasta hacerlo cuero.
No viajé, no tenía pasaporte.
Yo era la hija. El güisqui fortificaba
a mi padre en la habitación de al lado. Él sobrevivió al
[clima fiero,
contó su botín y condujo
a puerto su buque y consorte.


Lluvia, lluvia, a los dieciséis, sin estreno,
estaba acostada toda la noche con JAck al lado de pequeños
[lagos
y no hice nada en absoluto, yacía más recta que el heno.
Jugamos al bridge y a juegos de magos,
llenamos la lámpara de queroseno,
nos cepillamos los dientes, hice bocadillos y té para el
[amanecer
y me acosté en el camastro a dormir.
Me tendí, un lago ciego, fingiendo dormir contenta
mientras Jack retiraba las mantas de lana para ver
mi cuerpo, ese cuerpo invisible que las chicas evitan
[lucir.
Aquella dulce noche sobrevivimos espalda contra espalda, a
[la tormenta.


Ahora Jack da misa
y madre murió usando sus propios huesos como muletas.
Hay lluvia en la madera, lluvia sobre la cornisa y estoy
[en una habitación para mí. Pienso demasiado.
Los peces salen nadando de los ojos de Dios. Que pasen sin
[prisa.
Madre y Jack llenan el cielo; aprueban
mi femineidad. Cerca de tierra mi barco cambia de rumbo.
Vengo a esta tierra para montar mi caballo,
para probar mi propia guitarra, para copiar
sus dos nombres como girasoles, para evocar
mi pan de cada día, para soportar,
de alguna manera para soportar.

(Octubre 1962)


De "Vive o muere"

9.6.12

Anne Sexton. Canción de amor


Yo era
la chica de la carta que circula en cadena,
la chica que no paraba de hablar de ataúdes y ojos de cerradura,
la de las facturas de teléfono,
la foto arrugada y la pérdida de relaciones,
la que seguía diciendo-
¡Escuchad! ¡Escuchad!
¡Nunca debemos! ¡Nunca debemos!
y todas esas cosas...

esa
con los ojos medio metidos bajo su abrigo,
con sus enormes ojos de azul metálico de arma,
con la vena delgada en la curva de su cuello
que zumbaba como un diapasón,
con sus hombros tan desnudos como un edificio,
con su pie delgado y sus delgados dedos,
con un viejo anzuelo rojo en su boca,
la boca que seguía sangrando
en los terribles campos de su alma...

esa
que seguía cayéndose dormida,
tan vieja como una piedra era,
cada mano como un trozo de cemento,
durante horas y horas
y luego se despertaba,
después de la pequeña muerte,
y luego era tan suave como,
tan delicada como...

tan sueve y delicada como
un exceso de luz,
con nada peligroso en absoluto,
como un mendigo que come
o un ratón sobre una azotea
sin trampilla,
con nada más honesto
que tu mano en su mano-
¡con nadie, nadie sino tú!
y todas esas cosas.
¡nadie, nadie sino tú!
¡Oh! No hay forma de traducir
aquel oceano,
aquella música,
aquel teatro,
aquel campo de ponis.

(19 de Abril de 1963)


De "Vive o muere"


6.6.12

Anne Sexton. Yo en 1958


¿Qué es la realidad?
Soy una muñeca de yeso: poso
con ojos que se abren sin necesidad de día o tarde
sobre alguna persona lacada y sonriente,
ojos que se abren, azules, metálicos, y se cierran.
¿Soy casi un trasplante de gran almacén?
Tengo pelo, ángel negro,
relleno de ángel negro para peinar,
piernas de nylon, brazos luminosos
y algo de ropa de anuncio.

Vivo en una casa de muñecas
con cuatro sillas,
una mesa de imitación, un tejado plano
y una gran puerta de entrada.
Muchos han venido a esta pequeña encrucijada.
Hay una cama de hierro,
(La vida se expande, la vida apunta)
un suelo de cartón,
ventanas que se abren a la ciudad de alguien,
y poca mas acción.

Alguien juega conmigo,
me mete en la cocina donde todo es eléctrico,
¿Esto es lo que la señora Rombauer dijo y sigo?
Alguien simula conmigo-
estoy emparedada, inmóvil por su ruido-
o me deja sobre su cama como castigo.
¡Creen que yo soy yo!
¿Su calor? ¡Su calor no es un amigo!
Registran mi boca buscando sus copas de ginebra
y su pan rancio de mendigo.

¿Qué es la realidad
para esta muñeca sintética
que debería sonreír, que debería cambiar marchas con
                                           [denuedo,
debería abrir de golpe las puertas en sano desorden,
y no ha conocido la ruina o el miedo?
Pero lloraría,
enraizada en la pared
que una vez fue mi madre,
si pudiera recordar cómo
y si tuviera las lágrimas que anhelo.

Junio de 1958 - Junio de 1965


De "Vive o muere"