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25.2.23

Vittoria Colonna. De mi sol claro, con la muerte ciego...

De mi sol claro, con la muerte ciego,
aquí miro doquier las dulces huellas;
ciego no; más allá de las estrellas
arde con luz más clara y vivo fuego.
   
Aquí vencido de mi amante ruego,
él me mostró sus cicatrices bellas,
y yo mis labios estampaba en ellas,
y las bañaba de mi llanto el riesgo.
   
Sus brillantes victorias me contaba
y el modo y la ocasión con la serena
faz con que abría la contienda brava.
   
De llanto rompo en dolorosa vena,
pues lo mismo que un tiempo en alegraba
me causa ahora inconsolable pena.


En la antología "El canto de la décima Musa.
Poesías del Renacimiento y el Barroco"
    

27.1.22

Vittoria Colonna. Este nudo gentil que a mi alma aprieta...

Este nudo gentil que a mi alma aprieta,
desde que es ya inmortal tan alta causa,
libra a mi corazón de aquellos males
que a los amantes mueven a enfurecerse;
   
pues no pinta la imagen falsa ahora
el Amor en mi mente, ni me asalta
el temor, ni la flecha áurea o de plomo
entre el freno o la espuela, ata o empuja.
   
Con firme fe en aquel estado inmóvil, 
un bello y fiel pensar me lo presenta,
por encima de estrellas, hado o suerte.
   
Ni un día menos desdeñoso ni otro
más altivo, mas siempre estable y santo:
este amor que es el bueno, el firme, el cierto.


En la antología "El canto de la décima Musa.
Poesías del Renacimiento y el Barroco"
    

25.2.18

Vittoria Colonna. Al desatar la muerte el nudo amado...

Al desatar la muerte el nudo amado
que ataron cielo, amor, naturaleza,
me robó mi aliento y mi deleite,
mas ató el alma en forma aún más estrecha.

Este es el lazo aquel que alabo y precio,
que de cualquier mundano error me aparta:
y me mantiene en el camino honesto
donde me gozo en mi querer mudado.

Yermos los cuerpos, mas fecunda el alma,
pues su valor dejó tan claro rayo
que ha de ser siempre luz del nombre mío.

Si me fue el cielo avaro en otras gracias,
y si mi amado bien me hurta la muerte,
vivo con él: esto es cuanto deseo.


En "Tres poetisas italianas del renacimiento"
     

25.2.17

Vittoria Colonna. Tan sólo escribo para ahogar el llanto...

Tan sólo escribo para ahogar el llanto
que a mi pecho alimenta únicamente,
y no por añadir luz a mi sol,
que dejó en tierra tan preciados restos.

Justa razón a lamentar me empuja;
mucho me duele el relucir su gloria;
con palabras más sabias y otra pluma
quitarán a la muerte otros su fama.

Mi fe pura, mi ardor, mi intensa pena
ante todos me excuse, que es tan grave
que no la enfrenan la razón ni el tiempo.

Un amargo llorar, no un dulce canto,
no voz serena, lúgubres suspiros,
no en estilo, en dolor me dan ventaja.


En "Tres poetisas italianas del renacimiento"
     

25.2.16

Vittoria Colonna. Cuando el gran resplandor por el oriente...

Cuando el gran resplandor por el oriente
levanta el negro manto de la noche,
y al hielo y sombra fría de la tierra
los disuelve y ahuyenta con sus rayos:

con las primeras cuitas, que mi sueño
mitigó dulcemente, ahora me oprime:
arroja sombra en todos mis placeres
cuando en todos los otros la levanta.

Así me fuerza la enemiga estrella
a escapar de la luz y amar lo oscuro,
a odiar la vida y desear la muerte.

Luce en los míos si a otros ojos ciega,
porque se abren las puertas, sí los cierro,
a la ocasión que hasta mi sol conduce.

17.1.14

Vittoria Colonna. Si para conservar de noche el fuego...

Si para conservar de noche el fuego
de las brasas prendidas en la tarde
en el tronco encendido, es necesario
cubrirlas y que no se manifiesten;

cuánto más es preciso, hora tras hora,
cerrar a todo entorno los sentidos,
para que guarden vivos los hermosos
espíritus divinos en el pecho.

Si abrimos en la oscura y fría noche
la puerta al enemigo viento, poco
del corazón han de durar las brasas.

Hay que ordenar con un sutil cuidado
los sentidos, no apaguen en nuestra alma
las insidias de afuera el fuego interno.

28.7.07

Vittoria Colonna

Vittoria Colonna (Marino, abril de 1490 – Roma, 25 de febrero de 1547) fue una poetisa e intelectual del renacimiento italiano.

***

Vittoria Colonna, que según a quien preguntes dicen que nació en el año 1490 (o en el 1492) en Marino, en la provicia de Roma, en la noble familia de los Colonna (noble ya que su padre, que se llamaba Fabrizio era sobrino del Papa Martino V, y su madre, que se llamaba Agnese di Montefeltro, era hija del duque de Urbino... y ella misma ostentó el título de marquesa de Pescara).

Dicen que siendo niña, sus padres pactaron con la familia D’Avalos su matrimonio con Ferdinando Francesco, y que se casaron (o los casaron) en diciembre del año 1509.

Dicen que su matrimonio, si bien había sido una alianza política entre las dos familias, fue también afortunado, aunque los esposos no pasaron mucho tiempo juntos, porque en el año 1511 su marido tuvo que partir para la guerra entre España y Francia, y en Ravenna fue hecho prisionero y deportado a Francia (y dicen que durante el tiempo que él estuvo prisionero mantuvieron una romántica correspondencia); y mas tarde, convertido en oficial del ejercito de Carlos V, fue gravemente herido durante la batalla de Pavia (en el año 1525). Dicen que ella partió hacia allí en cuanto supo que estaba herido, pero que la noticia de su muerte la pilló a mitad camino.

Cayó en una depresión, e incluso dicen que intentó suicidarse, y que tras aquello pasó su viudez casi siempre en distintos monasterios... primero en Roma, después en Montecasino y también en Orvieto, debiendose este peregrinar en gran parte a que su hermano tuvo algunos conflictos con la iglesia (con el Papa Clemente VII, primero; y con Pablo III después, para ser concretos).

Volvió a Roma en el año 1531.

Dicen que en 1534 (aunque también hay quien lo data entre 1536 y 1538) se produjo su primer encuentro con Michelangelo Buonarroti con quien tuvo una amistad muy especial, prueba de ello fue su larga correspondencia... además él le dedicó varios de sus sonetos y la retrató más de una vez, llegando a inspirarse en ella para una María Magdalena.

 Publicó sus Rimas en el año 1538, que tuvieron numerosas reediciones; y en el año 1546, sus Rimas espirituales.

Murió en Roma en el año 1547 en el convento de las Benedictinas. Y a puntito estuvo de ser investigada por la inquisición.




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