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30.8.17

Esther Tusquets. Debo escribir...

(...) y se repetía «debo escribir, he podido siempre, estaré perdida si ahora no consigo escribir», pero sabe muy bien que nada de lo que haya padecido en el pasado tiene nada que ver con lo que ocurre ahora


De "Varada tras el último naufragio"
    

23.2.15

Esther Tusquets. Y se pregunta Eva...

Y se pregunta Eva si en efecto no sabría vivir de otra manera, y concluye que ella no busca nada ni provoca nada, que no ha creído nunca demasiado en su papel de mujer fuerte (papel que otros inventaron para ella y en el que la encerraron como en una coraza, como en una mortaja), sólo que en algún día de hace ya mucho tiempo la situaron ahí, en mitad del puente levadizo, en lo alto de las almenas, y hay a su alrededor mil cosas que hacer -que no hace nadie-, mil problemas que resolver -que no resuelve nadie-, mil personas de las que ocuparse - y de las que no se quiere ocupar nadie-, mil palabras por decir -y no se anima a decirlas nadie (...)- y entonces Eva asume resignada, eficaz, algo que acaso nunca quiso asumir, pero que parece le ha sido asignado de modo inevitable desde siempre.


De "Varada tras el último naufragio"

30.8.14

Esther Tusquets. La luna se tiene o no se tiene

(...) hay envites en los que no se concibe el regateo hay apuestas que no admiten tope ni rebaja y la luna se tiene o no se tiene y si alguien ha ido a buscarla para ti a lo alto del cielo o al último círculo de los infiernos y te la ha puesto entera entre los brazos hermosa luna pálida del más radiante plenilunio y luego viene y te la quita no podemos negociar déjame por favor un pedazo hay que abrir los brazos y dejar que la luna escape resbaladiza rauda vertiginosa de nuevo hasta lo más alto del cielo


De "Varada tras el último naufragio"

23.7.14

Esther Tusquets. Varada tras el último naufragio

Apoya la cabeza de lado sobre la toalla, y el sol le llega tamizado a través de su cabello oscuro, como filtrado por los tallos sombríos de una selva en miniatura, la tupida enramada de una jungla minúscula, tan oscuros ahora -un castaño denso, con mechones canos- los tallos y el ramaje, en los que pone el sol leves motitas de oro, y antes fueron sus cabellos de un caoba cálido con reflejos de miel, y antes de un rubio evanescente, líquido, y antes aún, todavía en el túnel del tiempo, de un amarillo que se ponía en verano con el sol casi albino, tan claro que era inevitable el comentario de quienes la veían por primera vez -a quién habrá salido esta niña?, parece alemana, inglesa o sueca-, porque ya entonces no parecía de ninguna parte


Principio de "Varada tras el último naufragio"