Mostrando entradas con la etiqueta Lucía Sánchez Saornil.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lucía Sánchez Saornil.... Mostrar todas las entradas

16.7.25

Lucía Sánchez Saornil. Vitela

El abanico de hueso
tiene en la clara vitela 
la infantilidad del beso
sutil de una pastorela.
   
El verde rincón florido
de un romántico jardín 
donde con gesto atrevido
ríe, traidor, Arlequín. 
   
Una bella Colombina
da su risa cristalina
al verdor de la glorieta
y un Pierrot, blanco de yeso,
le da el regalo de un beso
dibujando una pirueta.



En "Mujeres del 27. Antología poética"
    

23.7.24

Lucía Sánchez Saornil. Soñar, soñar siempre

Has jugado y perdiste: eso es la vida.
El ganar o perder no importa nada;
lo que importa es poner en la jugada
una fe jubilosa y encendida.
Todo lo amaste y todo sin medida.
Cómo puedes sentirte defraudada
si fuiste por amor crucificada 
con un clavo de luz por cada herida?
Sobre urdimbres de olvido van tejiendo
lanzaderas de ensueño otra esperanza
de un morir cotidiano renaciendo. 
Porque un nuevo entusiasmo nos transporta
a otro ensueño entevisto en lontananza
y en otra vida, el soñar, es lo que importa.


En "Las Sinsombrero y un nuevo 27"
    

13.12.22

Lucía Sánchez Saornil. Nieve

En la tarde silenciosa
está dormida la nieve...
Hay una paz melancólica 
en el día que se muere.
   
Todo es blanco; todo es puro
y hay un azul que florece
como un pálido reflejo
en la tarde que se pierde.
   
Todo es blanco, todo es blanco
igual que almas de mujeres.
Todo tiene la blancura
de un idilio sonriente.
   
Está la llanura inmensa
toda cubierta de nieve,
y bajo su manto añoso
todas las praderas verdes.
   
Qué silencio!, qué quietud!
Enmudecieron las fuentes...
...Nada hiere los oídos
qué lenta la noche viene!
   
El paisaje está dormido,
los árboles no se mueven.
No hay risas ni melodías
todo es dulce... todo duerme.
   
Hay una nube violeta,
en la tarde que se muere
un silencio melancólico
y unas huellas en la nieve!


Avante n.⁰ 199
31 de enero de 1914


De "Corcel de fuego"
    

28.2.21

Lucía Sánchez Saornil. Elegía interior

Qué viento, de repente,
ha secado tu alma?
          ~
Oh, si pudiéramos
hundir las manos en el fondo del tiempo,
y traerlas colmadas
de las emociones antiguas!
Si pudiéramos, de nuevo,
leer las páginas que hemos dejado atrás
en las estanterías del pasado
entre el polvo de nuestra vida.
Minutos! Estampas inefables
que colgamos en nuestra galería
interior; galería encantada
donde había una brisa
que abría de repente las ventanas
a un eco de canciones
y de besos...
Quién ha cerrado nuestra galería?
Quién puso luto al sol?
Quién ha cerrado el libro
de nuestros maritales?
Qué te ha dejado fría?
Qué viento, de repente
ha secado tu alma
que no la encuentro?
          ~
El tiempo 
sigue apagando lámparas;
alma loca, alma mía...
   

Grecia n⁰ 24
10 de agosto de 1919


De "Corcel de fuego"
    

26.1.19

Lucía Sánchez Saornil. Cines

   La ventana pantalla cinemática 
reproduce su película inmortal
en los espejos.

   La cinta se fragmenta a cada paso
y se barajan los episodios
Los actores son siempre distintos.

   Tú y yo actores anónimos 
un día pasaremos ante el objetivo

      La calle llena el cuarto
      Los espejos acuarios 
      fluyen sus aguas turbias.

      Encendemos las baterías.
      El cuarto se va por los espejos

A toda luz mis palabras-reflectores
proyectan en tus ojos
un film sentimental.

En la antología "Poesía soy yo.
Poetas en español del siglo XX (1886-1960)"
     

26.8.18

Lucía Sánchez Saornil. Es en vano

Detrás de nosotros
dejamos un rastro de cadáveres.

A cuántos los quisiéramos resucitar
y darles su sol y su cantar y su sonrisa.
   Nada hay que pueda ponerlos en pie.

De algunos nos hemos traído el perfume
pero ellos van en sus cajas negras
río abajo.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
   

2.6.18

Lucía Sánchez Saornil. Margarita

En las amplias estancias, al placer penumbrosas,
tu desnudo triunfaba como un mármol egregio,
y tu carne divina, sobre un tálamo regio,
deshojaba el encanto de sus líricas rosas.

De la lira sonora bajo el lánguido arpegio
al amor se encendieron tus pupilas radiosas,
y en silencio alumbraron -lamparitas gloriosas-
el ensueño sin nombre de tu azul sacrilegio.

Fuiste toda una hoguera de placeres paganos;
los gusanos del vicio -los terribles gusanos-
incansables tejieron el telar de tu suerte.

Y en la trágica hora de tu horrible agonía,
aun sentiste el deseo que tu carne encendía,
bajo el bárbaro abrazo con que asalta la muerte.


En "Safo en Castilla"
    

2.6.13

Lucía Sánchez Saornil. Nocturno de cristal

Los cisnes
cobijan la luna bajo sus alas.
Quién ha sembrado el fondo negro
de anzuelos de oro?
Las hojas de los árboles
sobre el estanque sueñan
con un viaje a ultramar.
Me ha tentando el suicidio
y al mirarme en el espejo
me ha espantado mi doble
ahogándose en el fondo.

De la antología "Peces en la tierra"

13.12.12

Lucía Sánchez Saornil. Libro

   Tren melodioso
que cruza mil paisajes
Forma    color    música
El tren perfora el tiempo
       agujero de luz
con las aristas de sus hojas claras
Forma    color   música
El alma viaja
En el reloj
       las horas golondrinas
han plegado las alas.

De la antología "Peces en la tierra"

2.6.12

Lucía Sánchez Saornil. Libro

   Tren melodioso
que cruza mil paisajes
Forma    color    música
El tren perfora el tiempo
      agujero de luz
con las aristas de sus hojas claras
Forma   color   música
El alma viaja
En el reloj
         las horas golondrinas
han plegado las alas

De la antología "Peces en la tierra"

3.6.11

Lucía Sánchez Saornil. Hora

La tarde
pegaba su cara a las vidrieras
Vivíamos un verso antiguo
Desde el fondo del cuarto
el espejo dialogaba con nosotros
Tus palabras se troncharon alas
contra los cristales
Cambiábamos las manos
como bandejas colmadas
de los frutos nuevos de todas las promesas
Los labios tímidos
apretaban su horca
mientras la tarde
nos volvía la espalda
arrastrando su pena.

De la antología "Peces el la tierra"
    

18.2.11

Lucía Sánchez Saornil. Poema en el agua

Íbamos trillando estrellas...
Tus manos iban a una caza
de estrellas partidas
pero ellas te burlaban
escurriéndose entre tus dedos abiertos.
Las palabras, como pájaros,
se ahogaban en el agua.
Pasaba la brisa
-Adioses de abanico en nuestras frentes-
Tenías un aire desmayado
que te iba bien.
Músicas colgaban de tus labios.
¿Y por qué no había de ser
esta noche
nuestro viaje a la luna?
¡Oh! ¡No tendríamos más que dejarnos caer!


De la antología Peces en la tierra