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20.6.21

Lillian Hellman. No obstante...

Pero no quiero terminar este libro en un tono de elegía. Es cierto que echo de menos a Hammett y así es como debe ser. Era el hombre más interesante que he conocido en mi vida. Me río pensando en lo que decía, me divierte pensar en lo que podría decir e incluso después de tantos años sigo hablando con él, con frecuencia enfadada de que todavía se interponga en mi camino, de que siga dictando las normas.
Pero todavía no tengo edad suficiente para tenerle más apego al pasado que al presente, aunque hay noches en que siento una pasajera tristeza por los dolores innecesarios, las tonterías de mi propia creación que han sido, son y serán. Lamento haber pasado una parte demasiado grande de mi vida intentando encontrar lo que yo llamaba la "verdad", intentando descubrir lo que llamaba un "sentido". Nunca supe qué quería decir cuando hablaba de la verdad, nunca logré encontrar el sentido que anhelaba. Sólo quiero decir con esto que una parte demasiado grande de mí quedó inacabada porque perdí el tiempo en demasía. No obstante.


De "Mujer inacabada"
     

20.6.20

Germaine Greer cita a Lillian Hellman

Lillian Hellman amó a Dashiel Hammett durante toda su vida y sigue amándole, aunque ya murió. Su amor por él no le impidió amar a otras personas, no se lo impuso cuando él no lo pedía, no le denigró ni le destruyó, ni siquera a través de elogios mendaces. Cuando se estaba muriendo, ella estuvo a su lado para ayudarle. Esta extraña y distante relación de amor es tan solo un ejemplo de las formas que podría adoptar el amor si tuviéramos la previsión y la imaginación para rescatarlo de los estereotipos de nuestra agonizante cultura de consumo.

   (Sé tan poco sobre la naturaleza del amor romántico como cuando tenía dieciocho años, pero ahora conozco, en cambio, el profundo placer del interés continuado, la excitación de querer saber qué piensa otra persona, qué hará, qué no hará, las estratagemas que ha usado y las que no, el corto cordón que los años convierten en una cuerda y que, en mi caso, todavía sigue ahí suspendida, con el cabo suelto, mucho después de la muerte.) 
    Y así fue como vivió conmigo durante los cuatro últimos años de su vida. No todos los momentos fueron fáciles, algunos fueron en realidad muy malos, pero el hecho de haber resistido, después de habernos encontrado tantos años atrás, y de haber destruido tantas cosas y reparado unas pocas, era un motivo de tácito placer. A veces me dolía la parte silenciada o raras veces explicitada de nuestra relación e, intuyendo que la muerte no estaba demasiado lejos, intentaba conseguir algo para conservarlo después. Un día le dije:     
  -Nos ha ido muy bien, no crees?     
  -Muy bien es una expresión demasiado grande para mí -respondió-. Por qué no decimos simplemente que nos ha ido mejor que a la mayoría?*

 *Del libro "Mujer inacabada" de Lillian Hellman.


Del libro "La mujer eunuco"
    

20.6.15

Lillian Hellman. Si se está dispuesta a aceptar el castigo

Descubrí algo más útil y más peligroso: si se está dispuesta a aceptar el castigo, ya se tiene medio ganada la batalla. Que la cuestión tal vez sea trivial y la batalla desagradable es ya otra cosa.


De "Mujer inacabada"

21.11.13

Lillian Hellman. Sobre el hombre delgado

(...) fue un día feliz cuando me dio a leer el manuscrito y me hizo saber que yo era Nora. Era bonito ser Nora, casada con Nick Charles, tal vez uno de los pocos matrimonios de la literatura moderna en el que un hombre y una mujer se gustan y lo pasan bien juntos. Pero pronto me cortó las alas; Hammett dijo que yo era también la muchachita tonta del libro y la mala. No sé si estaba bromeando.
   
De "Mujer inacabada"

4.7.13

Lillian Hellman. Sobre Hammett

Nos conocimos en un restaurante de Hollywood cuando yo tenía veinticuatro años y él treinta y seis. La borrachera de cinco días había dejado bastante ajada la esplendida cara y la figura muy alta y delgada tenía un aspecto fatigado y decaído. Hablamos de T. S. Eliot, aunque ya no recuerdo lo que dijimos, y luego salimos y nos sentamos en su coche y estuvimos hablando el uno al otro y uno sobre las palabras del otro hasta que llegó el día. Volveríamos a vernos algunas semanas más tarde y después seguiríamos viéndonos continua, y a veces discontinuamente, durante el resto de su vida y treinta años de la mía.

De "Mujer inacabada"

2.7.13

Lillian Hellman. Mujer inacabada

Nací en Nueva Orleans; mi madre, Julia Newhouse, de Demopolis, Alabama, se había enamorado, y continuó enamorada, de Max Hellman, cuyos padres habían llegado a Nueva Orleans con las emigraciones alemanas de los años 1845-1848 y allí tuvieron sus hijos: mi padre y sus dos hermanas. Mucho antes de nacer yo, la familia de mi madre se había trasladado de Demopolis a Cincinnati y luego a Nueva Orleans, ambas ciudades deseables, supongo, para tres muchachas casaderas.
Principio de "Mujer inacabada"

7.7.07

Lillian Hellman

Lillian Florence Hellman (20 de junio de 1905, Nueva Orleans - 30 de junio de 1984, Martha's Vineyard) fue una dramaturga estadounidense.




Obras citadas en este blog: