Mostrando entradas con la etiqueta Colette.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colette.... Mostrar todas las entradas

20.1.26

Colette. Flores

Que de una pintura fiel, respetuosa de su modelo, y donde la imaginación no se reserva la menor parte, brote la poesía, es una aventura bastante rara, y maravillosa. Suele recompensar al pintor con mayor frecuencia que al escritor, para quien el éxito es menos cuestión de pensamiento que de hallazgo de palabras. En ocasiones, las palabras, llamadas, signos errantes en el aire, se dignan descender, reunirse, fijarse. Así es como parece formarse el pequeño milagro que suele llamar el huevo de oro, la pompa, la flor: una frase digna de lo que pretendió describir.


De "Flores"
En "Miscelánea"
   

19.1.26

Eve Babitz cita a Colette

«Mírame ahora tal y como soy», dijo Colette en una ocasión en un hermoso texto sobre cómo era ella a los treinta y pocos años (mi edad), sola, viviendo en un apartamento de una habitación en una primera planta, una habitación parisina cerca del Bois de Boulogne, contemplándose en el espejo, tal y como era.


De "Un domingo en aquella piscina azul venice, California"
En "Yo era un encanto"
    

22.3.25

Colette. Hermosas estaciones

He recibido del Midi un pequeño haz de «cortes» de almendro, sacrificados anualmente a la subida de la savia. Cada rama blande aún sus botones todavía cerrados; mañana, en un jarrón lleno de agua tibia, se abrirán las flores como estrellas que parecen de cera rosada, al mismo tiempo que exhalarán su perfume alado, melado, reconocible entre todos los perfumes. Dichoso Midi! Desde el mes de enero tiene junquillos, almendros, mimosa en grandes nubes amarillas, el clavel rústico, las anémonas, mientras el resto de Francia sigue envarado de frío.


Principio de "Hermosas estaciones"
    

28.1.25

Rosa Montero cita a Colette...

"Me llamo Claudine y vivo en Montigny, donde nací en 1884 y donde, probablemente no moriré." Así empieza Claudine en la escuela, una novela que fue publicada en Francia en el redondo año de 1900, y que se convirtió en un escándalo, una moda, una fiebre fatal.


De "Indigna. Claudine en la escuela, de Colette"
En el libro "El amor de mi vida"
    

1.1.25

Colette. Un año más...

Un año más... de qué sirve contarlos? Este día del año parisino no me recuerda nada más primeros días de enero de mi juventud, pero quién podría devolverme la solemnidad pueril de aquellos días de Año Nuevo de entonces? Los años han ido cambiando, y yo con ellos. El año ya no es ese camino sinuoso, esa cinta desenrollada que, después de enero, se dirige hacia la primavera, asciende y asciende hasta llegar al verano para desenrollarse completamente en una tranquila llanura, en un prado abrasador atravesado por sombras azules, manchado por deslumbrantes geranios; posteriormente, desciende hacia un otoño maloliente y nublado que hiede a pantano, a fruta madura y a caza y, finalmente, se adentra en un invierno seco, sonoro, reluciente en los estanques helados y en la nieve rosácea bajo el cielo... Al final, la cinta sinuosa se precipita vertiginosamente hasta romperse de manera definitiva ante una maravillosa y aislada fecha, suspendida como una flor de escarcha entre dos años: el día de Año Nuevo.


De "Fantasía de Año Nuevo"
En "Regalos de invierno"

31.10.24

Colette. Si me vuelvo...

Si me vuelvo, volveré a ver -el tiempo de una mirada, el tiempo de un latir de mis pestañas húmedas- volveré a ver todo eso? Una mano toca mi hombro, pero no quiero volverme. Y nada importa que alguien me grite en la oreja, entre risas:
-En qué estás pensando al abrir esa ventana para pillar una pulmonía? Ven, nos largamos!
...No importa absolutamente nada, puesto que oigo, de todas maneras, como antes, la juvenil voz maternal:
-Preciosa! Mi sol deslumbrante! Mi joya de oro puro! Es tarde, vete enseguida a la camita...


De "Reveillons"
En "Entre la multitud"
   

9.7.24

Colette. La casa junto al bosque

Todo lo que se dice de un bosque es cierto, o llega a serlo. Pero es necesario que se trate de un bosque muy grande, lo suficiente vasto para reabsorver, al amanecer, sus secretos nocturnos así como la franja de animales salvajes que durante la noche rebasan sus límites. Es necesario que pueda ocultar sus lagunas, tranquilizar sus manadas, renovar las sorpresas de sus cazadores furtivos, afirmar la realidad de sus propios fantasmas. Y así sucede con el bosque que rodea Rambouillet. Recorrido en todas direcciones, mordisqueado, sembrado de rótulos indicadores y encrucijadas, es, con todo, capaz de hacernos extraviar, si lo quieren el tiempo y la estación. 


De "La casa junto al bosque"
En "En tierra conocida"
    

17.1.24

Colette. Desnudez

Cuando empieza a caer la nieve sobre el decorado que representaba un bosque de invierno, bien guarnecido de nieve, y generosamente escarchado hasta en la ramita más pequeña, el público ríe. Una risa de connivencia, a media voz, una risa llena de fina alusión, pues fuera nevaba con sofocante abundancia, con un viento de noroeste y cinco grados bajo cero.


Principio de "Desnudez"
    

17.10.23

Colette. Al alcance de la mano

Cuando yo sea rica...
-Ah! Usted también?
-Yo también. Cuando sea rica, tendré una victoria. O quizás un coche con un borriquito. Ahora que para tener el coche con un borriquito, he de ganar un premio mayor que para la victoria.
-Anda! Por qué?
-Porque el asno camina más lentamente. Mis días tendrían que ser más largos, es decir más ociosos, para el asno que para el caballo.


De "Yo soy golosa"
En "Al alcance de la mano"
    

25.7.23

Colette. Calor

Al hombre de la ciudad y al huésped de los desiertos está reservado lo trágico del calor; ningún lugar presta carácter tan implacable al furor solar como el reino mineral. 


De "Calor"
En "Aventuras cotidianas"
    

27.5.23

Colette. Para un herbario

La rosa

No es la primera de la estación, si bien le falta poco. Antes de ella nuestro clima friolero produce la violeta, la primavera de Pascua, los narcisos, la potentilla de flores de fresa, la hepática, el iris amarillo de las orillas del agua: "Somos energúmenos, o el trópico, o la loca Provece, para esperar que la Rosa florezca entre nosotros desde el mes de enero?


Principio de "Para un herbario"
    

6.1.23

Colette. Es necesario envejecer

"Es necesario envejecer. No llores, no juntes las manos suplicando ni tampoco te indignes: es necesario envejecer. Repite estas palabras, no como un grito de desesperación, sino como un amado refrán que tú te cantas a ti misma como recuerdo de un necesario partir... Mírate, mira tus párpados, tus labios, aparta de tu sien los rizos de tu cabello: ya comienzas a alejarte de tu juventud; te alejarás de tu vida, no lo olvides, es necesario envejecer!
Lentamente, aléjate, lentamente, sin lágrimas; no olvides nada! Llévate contigo tu salud, tu alegría, tu coquetería, la poca bondad y la poca justicia que hizo la vida menos amarga; no lo olvides! Ve engalanada, ve tranquila y no te detengas a lo largo de la irresistible ruta, sería en vano, porque hay que envejecer! Sigue el camino y acuéstate sólo para morir. Si no has ido perdiendo poco a poco tus rizos, tus dientes, ni tus extremidades baqueteadas; si, antes de la última hora, el polvo eterno no ha cerrado tus ojos a la maravillosa luz -si, hasta el final, no has soltado la mano amiga que te guía-, cuando te tumbes en medio del vertiginoso camino sinuoso, acuéstate sonriente, duerme feliz, duerme sintiéndote privilegiada".


De "Fantasía de Año Nuevo"
En "Regalos de invierno"

28.6.21

Colette. Y mi madre, de luto, se reía...

Y mi madre, de luto, se reía, se reía con su aguda risa de muchacha, palmoteando ante el gatito... el fulgurante recuerdo paró en seco la brillante cascada, secó de pronto las lágrimas de la risa en los ojos de mi madre. sin embargo, no pidió disculpas por haberse reído, ni aquel día ni los que siguieron, ya que nos hizo la merced, tras haber perdido a quien tanto había amado, de seguir siendo para nosotros la misma de siempre, de aceptar su dolor como hubiese aceptado la llegada de una estación lúgrubre e interminable, y recibiendo sin embargo, por todas partes, la pasajera bendición de la alegría... y así vivió, entre sombras y luces, encorvada bajo los temporales, resignada, cambiante y generosa, ornada de hijos, de flores y de animales, como un patrimonio nutricio.


Fragmento de "La casa de Claudine"
    

10.6.21

Colette. Ligeros, viajeros, lúcidos, consolados...

Ligeros, viajeros, lúcidos, consolados, separados de nosotros, no tutelares, sino atentos, me daría satisfacción que semejante estado fuera el de mis difuntos preferidos y que, dotados de otro idioma, la palabra "venganza" no existiera para ellos, ni tampoco el temor ni la añoranza.


De "Mis cuadernos"
    

19.4.21

May Sarton cita a Colette

Soy feliz cuando escribo. Los demonios vuelven en cuanto me detengo a considerar lo que he escrito, cuando el crítico se apodera del creador. Colette pregunta en alguna parte: "Qué puedo enseñar, a menos que no sea a autodudar, a los que desde temprana edad están obsesionados secretamente con autoquererse en lugar de autotorturarse?".
Los demonios de la duda pueden torturar, pero se trata de un buen fin, un fin necesario. Son los demonios que tenían a Colette corrigiendo unas cuantas líneas toda una mañana, y espero que nunca me dejen en paz!


De "Anhelo de raíces"
   

7.1.21

Colette. Tres... seis... nueve...

Solamente pueden hablar de mudanza los que, como yo, son propensos al sedentarismo. Y aún así conviene que hayan adquirido, a pesar de un gran apego al sitio de residencia, la costumbre de abandonarlo. Un fatalismo tranquilo, la experiencia de la fortuna y de su contrario, son los mejores y más recomendables agentes de expulsión.
Cuando un alojamiento ha prestado todo su servicio, la prudencia más elemental aconseja abandonarlo.


Principio de "Tres... seis... nueve..."
    

8.9.20

Colette. Nunca he sabido llorar con decencia...

Nunca he sabido llorar con decencia, facilidad y ternura. Las lágrimas me resultan tan crueles como la náusea, me hinchan la nariz, me estiran la boca en cuadrado, me queda, por añadidura, dolor de costado y unos horribles ojos hinchados y ensombrecidos.


De "Mis aprendizajes"
    

31.7.20

Colette. La estrella vespertina

-Te encuentras bien?
-Muy bien. 
-Qué estás pensando?
-Oh! nada. Emborrono papel, y lo rompo. Cuando no puedo hacer, deshago.
Esta tarde, el cielo se cierra, una brisa, por los hiatus de las ventanas, canta el deshielo. Es hora de correr las cortinas descoloridas por el sol.
Mi solicito compañero va a pensar una vez más que me aburro. Las personas ágiles creen siempre que de la inmovilidad forzada nace el aburrimiento. Es un gran error, en que que sin duda también caería yo, si en vez de sufrir por una pierna careciera de brazos.


Principio de "La estrella vespertina"
    

11.6.20

Colette sobre Renée Vivien

En este último grupo deslumbrante, letrado, afortunado, que cubría con insolencia su graciosa debilidad de camarilla, ya brillaba la extranjera cuyo verdadero nombre olvidamos, pero que nos dejó sus versos y el recuerdo de su seudónimo muy francés: Renée Vivien.


De "Lo puro y lo impuro"

9.4.20

Colette. Nupcias

Bajé sola al jardín, con mi cola blanca echada encima del brazo. La fatiga de una jornada que empezó temprano, tras una noche sacrificada a la ensoñación despierta, empezaba a apoderarse de mí. 
Mi matrimonio había sido una boda muy modesta. Un comerciante de madera de la región, M. N...., su mujer y su hija; los dos testigos del novio, Adolphe Houdard y Pierre Veber. No hubo misa: una sencilla bendición a las cuatro de la tarde. A las cinco, Sido descansaba en momento, envarada en su traje de faya con racimos de azabache. Tenía la tez encendida, como cuando le sucedía cada vez que se sentía desgraciada e intentaba ocultarlo. Mi padre, en su butaca, leía La revue beue, y Pierre Veber y Houdard, con mi hermanito, se fueron a jugar a billar en las profundidades de una pequeña taberna vecina, oscura y fresca.


Principio de "Nupcias"