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30.8.26

Isak Dinesen. La temporada en Copenhague

Así era el mundo: no había lugar en él para quien quisiera llorar. Los que quisieran comer o beber encontrarían, no lejos de allí, un lugar en el que comer y beber. Los que desearan bailar encontrarían, ella lo sabía, un lugar no muy lejano donde bailar. Los que quisieran comprarse un sombrero nuevo encontrarían, por lo menos mañana por la mañana cuando abrieran las tiendas, un lugar donde comprarlo. Pero en todo Copenhague no había un solo sitio en el que un ser humano pudiese llorar. Este hecho -cuando se percató de él- significaba la muerte para ella. Porque si no podía llorar, se moriría. 


De "La temporada en Copenhague"
uno de los "Últimos cuentos"
En "Cuentos reunidos"
   

17.7.25

Isak Dinesen cita a Shakespeare

Ahora Malli le miró a los ojos, con gran sosiego en la mirada y en la voz, y le habló de nuevo, tan dulce y mansamente, y con tanta franqueza, que a Herr Soerensen se le derritió el corazón en el pecho y le asomaron las lágrimas a los ojos:
Mi cuerpo yace a cinco brazas,
de coral se han hecho mis huesos,
esas perlas fueron mis ojos,
no hay nada en mí que se disuelva
sino que cambia, por transformación marina,
en algo rico y extraño.
Las nereidas, cada hora, tocan a muerto por mí.
Escuchad! Ahora oigo... el ding dong de sus tañidos.


De "Tempestades"
En "Anécdotas del destino"
    

27.9.24

Karen Blixen. Lo que opina Lady Colville...

La vieja señora prosiguió:
«Nosotras las mujeres, querida mía, somos con frecuencia muy simples. Pero el que una mujer pueda llegar a ser tan poco razonable como para ponerse a razonar con un hombre es algo que me supera! La que lo hace tiene perdida la batalla de antemano, querida, la tiene perdida antes de empezar. Si una mujer quiere imponer su voluntad a un hombre, lo que tiene que hacer es mirarle a los ojos y decirle algo que le resulte del todo incomprensible y a lo que no tenga la menor idea de cómo responder. Esa es una victoria segura.»
Mi amiga basaba su teoría en ejemplos sacados de la historia. Las mujeres inglesas, según ella, llevaban largo tiempo tratando de conseguir el derecho al voto, pero sus argumentos y sus razones no lograban impresionar a los diputados ingleses. Pero cuando, más o menos con el cambio de siglo, intervinieron las sufragettes con sus maniobras ilegales y, todo hay que decirlo, bastante irracionales -se subían a los tejados, cortaban las carreteras con una cuerda o se tiraban ante los caballos en las carreras hípicas del Derby-, sólo entonces esos buenos señores del Parlamento sintieron que el miedo los superaba, y sus viejas convicciones empezaron a chirriar.
Poco tiempo después obtuvieron las mujeres el derecho al voto.
«Y puedo asegurarte», añadió Lady Colville, «que las asociaciones y organizaciones de mujeres conseguirían mucho más, fíjate en lo que te digo, conseguirían más rápidamente sus objetivos, si, en lugar de formar comités, pronunciar discursos y escribir artículos, todo ello en dócil, simplona imitación de los hombres, hicieran correr la voz por todo el país de que se congregaban en los campos y los jardines públicos al caer la noche, bajo la luna menguante!»


De "Daguerrotipos"
En "Daguerrotipos y otros ensayos"
    

12.3.24

Isak Dinesen. Las perlas

-Si caigo -dijo-, será un consuelo para mí recordar que te he besado todas las veces que me has dejado -la volvió a besar ahora, y añadió-: Será un consuelo para ti?


De "Las perlas"
En "Cuentos de invierno"
    

17.4.23

Sigrid Nunez cita a Natalia Ginzburg y a Isak Dinesen

No puedes esperar consolarte de tu dolor escribiendo, advierte Natalia Ginzburg.
Recurramos entonces a Isak Dinesen, que creía que cualquier pena se podía hacer soportable metiéndola en un relato o contando una historia sobre ella.


De "El amigo"
    

20.2.23

Isak Dinesen. El café, según las mujeres de Dinamarca

El café, según las mujeres de Dinamarca, es para el cuerpo lo que la palabra de Dios para el alma.


De "La cena en Elsinor"
En "Siete cuentos góticos"
    

17.2.23

Alice Munro cita a Isak Dinesen


Yo estaba pasando la aspiradora por el salón, y poco antes había recogido un libro parcialmente oculto bajo el sofá. Se llamaba Siete cuentos góticos. El título me incitó a abrirlo, e incluso mientras oía la conversación de los Montjoy, seguí leyendo, sosteniendo el libro abierto con una mano y dirigiendo la aspiradora con la otra. Desde la terraza no me veían.
-No hablo con el corazón en la mano -dijo Mira-, hace tiempo que intento entender a Dios. Ahora me he hecho amiga de él. Para amarlo sinceramente hay que amar el cambio, hay que amar las bromas, siendo éstas las genuinas inclinaciones de su propio corazón. 


De "Ayuda doméstica" 
En "La vista desde Castle Rock" 
    

8.12.22

Isak Dinesen. Porque no hay que contar los sueños

He leído o me han dicho que el primer precepto de un manual de etiqueta del siglo XVII prohíbe contar a otros los sueños propios, ya que es imposible que les puedan interesar.
 
De "Sombras en la hierba"

11.4.22

Isak Dinesen cuenta un historia y cita unos versos de Safo

El loro

Un viejo armador danés recordaba los días de su juventud y cómo una vez, cuando tenía dieciséis años, se pasó una noche en un burdel de Singapur. Había ido con los marineros del barco de su padre y se sentó a charlar con una anciana china. Cuando ella oyó decir que era nativo de un país muy lejano trajo un viejo loro, que ers suyo. Contó que hacía mucho, mucho tiempo, se lo había regalado un noble inglés que había sido su amante en su juventud. El muchacho pensó que el loro podía tener hasta cien años. Podía decir frases en todos los idiomas del mundo, aprendidas en la atmósfera cosmopolita de la casa. Pero el amante de la mujer china le había enseñado una frase antes de regalárselo, que ella no entendía, ni ningún visitante le había podido decir qué significaba. Así que llevaba muchos años preguntándolo. Pero como el muchacho era de tan lejos quizás fuera en su idioma y pudiera traducirle la frase.
El muchacho quedó profunda, extrañamente conmovido por la sugerencia. Cuando miró al loro y pensó que podía oír danés de aquel terrible pico estuvo a punto de marcharse corriendo a casa. Sólo se quedó por ayudar a la anciana china. Pero cuando ella hizo que el loro dijera su frase, resultó ser en griego clásico. El pájaro dijo sus palabras muy lentamente y el muchacho sabía griego suficiente como para reconocerlas; era unos versos de Safo:
La luna y las Pléyades se han puesto
Y medianoche es pasada,
Y las horas huyen, huyen,
Y yo estoy echada, sola.
La anciana, cuando él le tradujo los versos, chascó los labios e hizo girar sus ojos rasgados. Le pidió que se los dijera otra vez y movió la cabeza.


De "Memorias de África"



31.12.20

Isak Dinesen. Ngong, 31-12-1922

Siempre se piensa que se ha vuelto uno tan viejo que la Navidad ha perdido su significado, su importancia, pero luego resulta que nos trae muchísimas cosas y que sigue ejerciendo gran poder. 


De una carta a Ingeborg Dinesen
en el libro "Cartas de África"
    

7.9.20

Rosario Castellanos cita a Isak Dinesen

"De donde ha sacado usted la peregrina idea, señor cardenal -preguntó miss Malin a su interlocutor, Hamilcar von Schestedt, mientras ambos afrontan, en el precario refugio de un granero, la catástrofe de The Deluge at Norderney-, la peregrina idea de que Dios quiere la verdad sobre nosotros? Para qué habría de quererla si ya la conoce y aun ha de parecerle ligeramente aburrida? La verdad es para los sastres y para los zapateros." Lo que agrada a la divinidad son las máscaras, el disfraz, las sorpresas que deparan las apariencias con sus metamorfosis incesantes. Sorpresas que no advertimos demasiado absortos respondiendo a los apremios de lo inmediato, entorpecidos por la rutina de lo cotidiano. La revelación que nos asombra no se produce más que por medio de la poesía, más que por el uso de la imaginación que "no debe temer el absurdo ni retroceder ante lo fantástico y que, puesta a elegir entre las alternativas de un dilema, ha de inclinarse hacia la solución más difícil por inaudita".
He aquí el credo artístico de la baronesa Karen Blixen quien, aunque de origen danés, escribió en la lengua de Shakespeare "por lealtad al idioma de su amante difunto" y que para ocultar su identidad (esa trampa en la que caemos al nacer, esa cárcel en la que nos dejamos encerrar, esa esclavitud contra la que no atinamos a sublevarnos) se escudó tras un seudónimo en el que se mezcla una figura bíblica con uno de sus apellidos de soltera: Isak Dinesen.
El nombre es masculino, y si esto es una pista, es una pista falsa, porque lo que se nos está proponiendo descifrar es el significado etimológico de la palabra. Isak es "el que ríe". 


De ""Por sus máscaras los conoceréis..." Karen Blixen - Isak Dinesen"
    En el libro "Mujer que sabe latín..."
   

17.5.20

Alix Kates Shulman cita a Isak Dinesen

Si todo falla, utilizaremos nuestra tragedia para hacer arte ("Todas las penas pueden soportarse si se meten en una historia", escribió Isak Dinesen). En el fondo, estamos preparados para esperar que pase lo peor y regrese lo bueno, lleve el tiempo que lleve.


De "La reinvención del amor"
    

7.9.19

Isak Dinesen. Las mujeres...

Las mujeres, cuando tienen suficiente edad para tratar cuestiones de mujeres con independencia, son las criaturas más poderosas del mundo.
   
   

De "El mono"

de "Siete cuentos góticos"
    

17.4.19

Isak Dinesen. Gnong, domingo, 14 de noviembre del 1926

Yo ya no soy la misma persona que se embarcó en Nápoles en el Admiral en 1914; y no solamente es que han dejado en mí su huella trece años, sino también que todas las oportunidades que se le presentan a una entre los veintisiete y los cuarenta y un años, y nunca más tarde, se me han juntado en mi vida aquí en Gnong...


De una carta a Ingeborg Dinesen
en el libro "Cartas de África"
     

7.9.18

Isak Dinesen. Sin historias...

Historias se vienen contando desde que existe el habla, y sin historias la raza humana habría perecido, como habría perecido sin agua.



De "El primer cuento del Cardenal"

En "Últimos cuentos"
    

10.4.18

Isak Dinesen. Ngong, 11-8-1917

Créeme, madrecita, me doy cuenta de que "una madre es una mártir", pero por eso precisamente se la ama por encima de lo humano. Nunca jamás olvidaré lo que era para mí poder dejar en tus manos toda la inquietud y todo el dolor que me acuciaban; y entonces, de pronto, desaparecían, como cuando una, de pequeña, había roto una taza. Es un milagro que nadie, lo que se dice nadie más que tú podía hacer, ninguna otra persona, aun cuando fuera la más prudente y la más sabia del mundo, puede iluminar su rostro mirándome y darme paz, sólo tú, y sé que cuando regrese a tus brazos volverá todo a ser igual de infinitamente feliz. Regresar a los brazos de una madre y ser recibida en ellos es el mismo milagro eterno y natural que cuando florece el bosque todos los años; la tierra, abierta y desolada, donde soplan todos los vientos contra una, se ahueca súbitamente en bóveda, a modo de refugio, como un cobijo, y todo, al mismo tiempo, libre y vivo y fresco, se inclina sobre mí como para bendecirme, y por ese camino marcha una bajo una bendición permanente...


De una carta a Ingeborg Dinesen
en el libro "Cartas de África"
        

7.9.17

Hannah Arendt cita a Isak Dinesen

"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas."

Isak Dinesen



Cita encontrada en "La condición humana"
de Hanna Arendt
   

15.3.17

Isak Dinesen. En la estación de Samburu...


En la estación de Samburu de la línea bajé del tren mientras echaban agua a la máquina y paseé con Farah por el andén.
Desde allí, al suroeste, vi las colinas de Ngong. La noble ondulación de la montaña se alzaba sobre la tierra llana, toda azulada como el aire. Pero estaba tan lejos que los cuatro picos parecían insignificantes, apenas distinguibles y muy diferentes a como se les veía desde la granja. La silueta de la montaña fue borrada y nivelada lentamente por la mano de la distancia.


Final de "Memorias de África"
    

28.2.17

Carson McCullers. Sobre Memorias de África de Isak Dinesen

Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas del Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías.
La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era mi excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía en las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan solo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza.*


Habíamos empezado el viaje a primera hora de la tarde y yo estaba tan deslumbrada por la poesía y la verdad de aquel gran libro que cuando cayó la tarde seguí leyendo Memorias de África con la luz de una linterna. No cesaba de pensar que tanta belleza y verdad no podían durar, pero página tras página me cautivaban más. Al final del libro supe de Isak Dinesen había escrito una hermosa elegía en honor del continente africano. Sentí la sublime seguridad que un grandísimo escritor consigue dar a un lector. Con su simplicidad e «inigualable nobleza» tomé conciencia de que aquel era uno de los libros mas esplendorosos que había leído en mi vida.


*Memorias de África de Isak Dinesen



De "Isak Dinesen: En alabanza del esplendor"
En "El Mudo y otros textos"
    

16.9.16

Isak Dinesen. Acerca de los pensamientos ocultos, y del cielo


-Estaba pensando en esos pequeños instrumentos que llamamos palabras, y de los que hemos de servirnos en esta vida nuestra. Pensaba como cambiando el tono de dos palabras en una frase de todos los días, cambiamos nuestro mundo. Porque mientras hablabas he pensado primero: «Es posible?»; y después, al cabo de un momento: «Es posible.»


De "Acerca de los pensamientos ocultos, y del cielo"
En "Últimos cuentos"