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10.1.21

Gabriela Mistral. Despedida

Ahora son los dioses
que por un golpe de viento
se allegan o parten;
así son todas las dichas.
Si Dios quiere vuelvo un día
de nuevo la cara,
y no regreso si los rostros
que busco me faltan.
   
Así somos como son
cimbreando las palmas:
apenas las junta el gozo
y ya se separan.
Gracias del pan, de la sal
y de la pitahaya,
del lecho que olía a mentas
y la noche "hablada".
La garganta más no dice
por acuchillada;
no ven la puerta los ojos
cegados de lágrimas.


En la antología "Las renegadas"
    

22.9.20

Gabriela Mistral. La otra

Una en mí maté:
yo no la amaba.
   
Era la flor llameando 
del cactus de montaña;
era aridez y fuego;
nunca se refrescaba. 
   
Piedra y cielo tenía 
a pies y a espaldas
y no bajaba nunca
a buscar "ojos de agua".
   
Donde hacía su siesta,
las hierbas se menoscaban
de aliento de su boca
y brasa de su cara.
   
En rápidas resinas
se endurecía su habla,
por no caer en linda
presa soltada.
   
Doblarse no sabía 
la planta de montaña,
y al costado de ella,
yo me doblaba.
   
La dejé que muriese,
robándole mi entraña.
Se acabó como el águila
que no es alimentada.
   
Sosegó el aletazo,
se dobló, lacia, 
y me cayó a la mano
se pasea acabada.
   
Por ella todavía
me gimen sus hermanas,
y las gredas de fuego
al pasar me desgarran.
   
Cruzando yo les digo:
-Buscad por las quebradas
y haced con las arcillas
otra águila abrasada. 
   
Si no podéis, entonces
ay! olvidadla.
Yo la maté. Vosotras
también matadla!


En la antología "Las renegadas"
    

8.2.20

Gabriela Mistral. Nosotras

De montañas descendimos
o salimos de unas islas,
con olor de pastos bravos 
o profundas y salinas,
y pasamos las ciudades
hijas de una marejada
o del viento o las encinas.
En el Cristo bautizadas
o en Mahoma de la Libia
pero en vano maceradas
por copal y por la mirra.
   
La que en pastos de pastores
se llamaba Rosalía 
y la nuestra del gran río
que mentábamos Delmira
y las otras que vendrán
por las aguas de la vida.
   
El olor de los lagares
en las sienes nos destila
o la carne en los pinares
desvaría en las resinas,
y nacimos y morimos
pánicas e irredimidas.
   
Nacemos en tierra varia,
en el sol o la neblina,
tú en ternuras de Galicia
y en el trópico Altamira 
y como cien lanzaderas
que en el mismo telar pican,
a veces no nos hallamos
aunque seamos las mismas.
   
Somos viejas, somos mozas
y hablamos hablas latinas
o tártaras o espartanas 
con frenesí o con agonía 
y los dioses nos hicieron
dispersas y reunidas.
   
La canción de silbo agudo
calofría la campiña
o parece ritmo seco
de hierros en roca viva,
pero es siempre la mixtura
de Medea o de Canidia
y Eva tiene muerto a Abel
y a Caín en las pupilas.
   
En los cielos sanguinarios
de praderas o avenidas
una veces todas vamos
a país de maravilla
o venimos como Níobes
y con la vieja cara mísera. 
   
Las más fuertes son amargas
y las más dulces transidas,
las más duras son Déboras
y las más tiernas Rosalías 
y así erguidas o cegadas 
todas una sangre misma
se nos rasga el secreto 
de las sin razón venidas.


De la antología "Las renegadas"
    

25.2.07

Gabriela Mistral

Gabriela Mistral, Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, (Vicuña, 7 de abril de 1889 – Nueva York, 10 de enero de 1957), fue una destacada poetisa, diplomática y pedagoga chilena. 



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