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29.1.25

Louise Bogan sobre Sara Teasdale

La obra de Sara Teasdale (1884-1933) había empezado a liberarse, en esta década, casi de todo el resto del léxico y entonación románticos. Los poemas de Flame and Shadow (1920) poseen tal naturalidad que parecen hablados más que escritos -hablados bajo la urgencia directa de un impulso apasionado-. Además, la lírica de miss Teasdale acompañó a su experiencia paso a paso, y con ello se hizo cada vez más lúcida y trágica con el correr del tiempo. En ella se expresaban no sólo los hechos elementales de la emotividad femenina, sino también nuevos y sutiles matices del sentimiento, y en su último libro, Strange Victory, publicado póstumamente en 1933, revela cualidades clásicas de hondura y equilibrio.


Del ensayo "Poesía norteamericana 1900-1950"
    

15.11.20

Louise Bogan sobre Marianne Moore

Los rasgos distintivos de miss Moore le pertenecieron con exclusividad desde el principio de su carrera. Combinó, de un modo raro y notable, los atributos del naturalista con los del moralista filosófico. A menudo, su penetración se aproximó al mismo corazón de las cosas; fue capaz de delinear con la precisión de un miniaturista sus peculiares escenas, llenas de finura y curiosidad, y de levantarlas luego a un plano de superior fuerza poniéndolas en relación directa con la verdad abstracta. Su forma, basada en el verso silábico, con rimas ocultas y discretamente elusivas, era también exclusiva de ella. 


Del ensayo "Poesía norteamericana 1900-1950"
    

5.2.20

Marianne Moore. El nautilo

Para autoridades de afanes
moldeados por mercenarios?
Para escritores que entrampa
la fama de los salones
o las ventajas de un pase?
No para ellos el nautilo
su fina concha vítrea levanta.
 
Dispensando un perecedero
recuerdo de esperanza, blanco
mate por fuera y suavizados
los ángulos de la cara
interna brillante como el mar,
su artífice vigilante
la guarda día y noche; apenas come
 
hasta ver los huevos empollados.
Óctuplo-enterrada en sus ocho
brazos, porque en cierto modo
es un pez-diablo, su vítrea carga
acunada en vellón de morueco
yace oculta pero intacta.
Como Hércules, mordido por
 
un cangrejo fiel a la hidra,
no pudo acabar su empresa,
los huevos, solícitamente
velados, al dejar la concha
la sueltan al soltarse ellos,
dejando sus grietas de nido
de avispa, blanco sobre blanco,
 
y sus finos pliegues de jitón
(como el trazado de la crin
de un caballo del Partenón),
a cuyo alrededor los brazos
se arrollaron, porque el amor
es la única fortaleza
en la que confiar se puede.
 
[What Are Years, 1941]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

19.10.19

Louise Bogan sobre Edna St. Vincent Millay

Edna St. Vincent Millay (1892-1950) no tomó parte en la rebelión contra el estilo. Su lirismo se expresó en formas derivadas directamente de la escuela de Keats, y la combinación que en él aparece de abandono y desilusión estuvo casi siempre acompañada de la ornamentación clásica. En sus mejores momentos, fue capaz de hender el centro de una emoción compleja con filo cortante y decidido -poder que en parte derivó de su familiaridad con los poetas latinos-.


Del ensayo "Poesía norteamericana 1900-1950"
    

1.10.18

Hilda Doolittle. Huerto

Vi caer la primera
pera,
tras de la miel, listado de oro,
el amarillo enjambre
no fue más veloz que yo
(líbranos de lo bello)
y me hinqué de rodillas
gritando:
nos has desollado
con tus flores,
déjanos la hermosura
de los árboles

Tras de la miel, las abejas
no cesaron,
su canto al aire aturdía
y sólo yo de rodillas estaba.

Oh ruda talla
del dios del huerto,
te traigo una ofrenda;
tú, el único que no eres hermoso,
hijo del dios,
líbranos de lo bello;

estas avellanas caídas,
que ha poco ha soltado la vaina,
racimos rojopurpúreos,
con las uvas
ya chorreando vino,
granadas abiertas,
higos encogidos
y membrillos intactos
como ofrenda te traigo.

[Colleted Poems of H.D., 1925]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

13.9.18

Elizabeth Bishop. Cirque d`Hiver

Por el suelo aletea el juguete mecánico,
propio de un rey de hace varios siglos.
caballito de circo con real pelambre blanca.
Los ojos son de vidrio negro.
Lleva una danzarina en las ancas.

Ella se está sobre las puntas de los pies y gira, gira.
Lleva cosido un ramo de artificiales rosas
que le cruza la falda y el brillante corpiño.
Sobre la cabeza se posa
otro ramo de rosas artificiales.

Melena y cola vienen directamente de Chirico.
Su alma es formalista y melancólica.
Percibe el tembloteo de los rosados pies de ella en sus ancas
a lo largo de la pequeña pértiga
que a ella le traspasa cuerpo y alma

y atraviesa los suyos, y reaparece
por bajo la barriga, como un gran abrelatas.
Aventura tres pasos, luego hace una reverencia,
vuelve a trotar, dobla una pata,
trota, luego retiñe y se para, y se me queda mirando.

La danzarina, en tanto, me ha vuelto la espalda.
Él es como mucho el más inteligente.
Mirándonos el uno al otro con aire enfurecido
-su ojos parece una estrella-
nos observamos diciéndonos: "Bien, hasta aquí hemos llegado".

[North and South, 1946]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

2.8.18

Emily Dickinson. Apartamiento

El alma escoge su propia compañía
y cierra la puerta;
en su divina mayoría
no os entrometáis ya más.

Impasible, percibe el alto de la carretela
en su portal bajo;
impasible, un emperador se arrodilla
en su felpudo.

Bien sé que de entre una nación extensa
escogió a uno solo;
luego cerró los batientes de su atención
como una peña.


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

15.5.18

Louise Bogan. Sobre Emily Dickinson

Y es en este punto cuando debemos tratar de la primera aparición impresa de Emily Dickinson (1830-1886). Su primer volumen, Poems, fue publicado después de su muerte, en 1890 (y debemos añadir que con éxito considerable: llegaron a hacerse seis reimpresiones en seis semanas).
(...) El frescor y la sinceridad de la emoción, y la economía y espontaneidad de los medios, aparecieron, como se ve, ya desde un principio en la poesía escrita por mujeres algún tiempo antes de terminar el siglo. La posterior repulsa femenina de la pasividad moral, la dependencia económica y la servidumbre intelectual en favor de un interés activo y responsable por el mundo de su entorno -una repulsa que, en momentos cruciales del movimiento sufragista inglés, llegó a exteriorizarse en auténticos combates físicos- cambió la dirección y el tono de sus escritos. Esta transición no se cumplió sin que surgieran nuevas tensiones compensadoras ni tampoco sin que se conculcaran las normas básicas de la "respetabilidad". El que las mujeres no se vieran obligadas a malgastar demasiadas energías en la improvisación social y espiritual durante este período de transición se debe en gran medida al hecho de que otras mujeres, ya en época temprana, habían sido capaces de objetivar sus emociones por medio del arte; habían progresado hacia nuevas "libertades", en compañía de sus propias obras, en las que se encarnaba su pasión y su imaginación. Si empezaron su penetración con algunos de los ingenuos ademanes del aficionado, hubieron de acabarla con el conocimiento entero y vigorizador de todos los modos y recursos del artista.


Del ensayo "Poesía norteamericana 1900-1950"
    





10.5.18

Edna St. Vincent Millay. Tregua de un momento

Entre la Tierra y el Éter una tregua de un momento
alivia la sumisión del espíritu al desánimo:
esquivos conferencia agua, tierra, aire y fuego
con la quinta esencia.

En tanto dura, si no demanda el espíritu,
queda trabada en el declive la rueda del Tiempo;
al Espacio infinito, inmóvil, en su comba lo abarca
la palma de la mano.

Así, entre el día y el atardecer de otoño,
alta en el Oeste, solitaria y con vivo fulgor,
pende Venus, primera luz de barco anclado
en la calma del puerto.

[Huntsman What Quarry?, 1939]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

6.5.18

Sara Teasdale. Cuando esté muerta y sobre mí el claro abril...

Cuando esté muerta y sobre mí el claro abril
   agite su cabellera humedecida,
aunque te inclines sobre mi tumba apenado,
   no me importará.

Tendré la paz de que gozan los árboles frondosos
   cuando la lluvia dobla la rama,
y estaré más silenciosa y más fría
   que ahora tú.


[Rivers to the Sea, 1915]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

6.4.18

Lizette Woodworth Reese. En tiempo de pena

Obscuro, adelgazado, junto al muro de piedra,
el boj goteaba en el aire;
su olor se esparció por la casa, llegando hasta
aquí, a mi habitación.

Remota y con todo distinta, su fragancia,
a ninguna otra semejante,
diríase una palabra a medias pronunciada
que tras de sí dejara una punzada.

No sabía que la pena pudiese abandonarme,
ocultándose toda,
pero sé cuán acre puede ser el boj
después de un aguacero.


[A Quiet Road, 1896]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

1.4.18

Elinor Wylie. Felo de se

Delicia de mi corazón, debo por amor olvidarte;
debo quitarte de mi corazón, para serte más grato;
debo hacer que el poder del espíritu te ponga
donde el poder de la mente no alcance a asirte.

Corazón mío amantísimo, en este último homenaje,
debo rechazarte; debo desaprender a amarte;
debo hacer que mis ojos suelten tu adorable imagen,
y de la íntima cámara de mi alma debo apartarte.

Corazón de mi corazón, sólo el corazón se atreve
a cumplir tal renuncia; eres tú mismo que enmudeces
en todos mis latidos, y el enlace disuelves
de alma con alma, y en el fondo del corazón te matas.

[Angels and Earthly Creatures, 1929]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

18.1.18

Louise Bogan. El poeta debe perseverar

El poeta debe perseverar en el reconocimiento de las dificultades de su tarea, no menos que de sus recompensas. En una época de general pesimismo, no debe avergonzarse de su íntima alegría, ni debe tampoco dar fe a los edictos y manifiestos de negociantes, filósofos, historiadores o combatientes. Mucho mejor para él será que atienda a la voz animosa de Marcel Raymond, inteligente crítico moderno, cuando dice: "Sostener que la poesía no tiene apenas influencia en nuestro tiempo es cegarse a la evidencia de que, a partir del romanticismo, y en particular desde 1912 hasta 1927, el poeta ha ejercido a menudo un papel de vigía. Es cierto que su poesía tiene escasos lectores y que a veces ella misma los desanima; sin embargo, esta poesía registra las menores alteraciones de la atmósfera, hace el gesto que otros imitarán y desarrollarán (escritos que serán leídos y premiados) y es la primera en pronunciar la palabra esperada".


Del ensayo "Poesía norteamericana 1900-1950"
     

14.7.06

Louise Bogan

Louise Bogan, (Livermore Falls, Maine, Estados Unidos, 11 de agosto de 1897 -  Nueva York, Nueva York, Estados Unidos, 4 de febrero de 1970) fue una poetisa norteamericana.