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23.7.23

Esther Tusquets. Sobre la lectura sistemática de una larga lista de títulos, casi todos de ensayo, que los asistentes a la tertulia consideran imprescindibles...

siempre con la secreta sospecha de que, aun siéndole muy útil, casi imprescindible la lectura de esos libros, no es ése, sin embargo, para ella el mejor camino de acceso al conocimiento, de que ha aprendido más acerca de la humana condición en un relato, una obra de teatro, un poema, que en un largo encadenamiento de conceptos abstractos y a veces enojosos: mejor El extranjero o Calígula que El ser y la nada.


De "Con la miel en los labios"
   

3.11.20

Esther Tusquets. Confesiones de una vieja dama indigna

Las viejas damas indignas no se confiesan

Tal vez sería más exacto decir que las viejas damas indignas no debieran confesarse, ni explicarse, ni justificarse, ni dar testimonio ni dejar memoria de nada. Sin embargo, aquí estoy yo, empezando mi tercer libro de memorias. Seguramente no he alcanzado todavía el grado de insumisión suficiente para sentirme liberada de un tipo de compromisos contraídos mediante tramposas coacciones, ni para ingresar, como a veces me gustaría, e  la cofradía de viejas damas indignas. 


Principio de "Confesiones de una vieja dama indigna"
    

27.8.20

Esther Tusquets. Nota de la autora

Recojo aquí recuerdos de la primera parte de mi vida, desde los tres años, que eran los que tenía cuando las tropas franquistas ocuparon Barcelona, hasta los veinte, en que, sin que pueda hablar de haber alcanzado la madurez, sí creo había llegado, tras un largo y tortuoso recorrido, a unas conclusiones y a una actitud que iban a ser casi definitivas.
Sobre esta etapa, la más dura de la posguerra, se ha escrito mucho desde el punto de vista de quienes la perdieron, en libros de memorias y en literatura de ficción, pero me pareció que disponíamos de menos material procedente de los vencedores. Cómo era la burguesía franquista en la Barcelona de los años cuarenta y cincuenta, a los ojos infantiles y luego adolescentes de uno de sus hijos? Creí que mi experiencia personal podía aportar algo.
Me baso en recuerdos personales, han pasado muchos años y no pretendo ser una expectadora neutral. He intentado ser fiel a la verdad, pero mi verdad no tiene por qué ser la verdad de todos, y menos aún han de coincidir mis puntos de vista con los ajenos. Puede además fallarme la memoria: ni siquiera los recuerdos de mi hermanos coinciden con los míos cuando rememoramos un pasado por ambos compartido...


Nota de autora al principio de "Habíamos ganado la guerra"
     

23.7.20

Esther Tusquets. Por qué no mantener nuestra relación tal como la hemos llevado hasta ahora?...

"Por qué no mantener nuestra relación tal como la hemos llevado hasta ahora?" Y Andrea: "Porque no puedo, no puedo conformarme con lo que tenemos, no puedo mantener esta situación ambigua toda la vida."


De "Con la miel en los labios"
   

19.3.20

Esther Tusquets. Con la miel en los labios

Aunque algunos de ellos habían concluido ya la carrera y acudían sólo a la universidad para estudiar en la biblioteca, trabajar en los seminarios, terminar los cursillos de doctorado o impartir alguna asignatura de los primeros cursos, y otros, como era el caso de Xavier y Arturo, no habían pasado siquiera por ella, se seguían reuniendo a últimas horas de la mañana, finalizadas las clases y antes d regresar a casa para el almuerzo, en el bar de la Facultad. Para hablar, y llevaban años haciéndolo, de todo -o de casi todo, porque los temas tildados de frívolos y el chismorreo quedaban en teoría, que no en la práctica, excluidos-, pero en especial de filosofía, de literatura y de política.


Principio de "Con la miel en los labios"
   

30.8.19

Carta de Carmen Martín Gaite a Esther Tusquets sobre "El mismo mar de todos los veranos"

Pero hay una carta que sí guardé, y es la que me escribió el 27 de mayo de 1978 Carmen Martín Gaite. Dice así:

Querida amiga, tu novela El mismo mar de todos los veranos, que acabo de terminar, me ha deslumbrado. Sumida todavía en el sortilegio reciente de su lectura, y antes de que dé paso a la tentación de una crítica reflexiva y razonable, te quiero dar las gracias por la tarde tan larga, tan diferente a todas, que me has proporcionado.
Cuando se produzca esta tentación, que se producirá, escribiré un comentario para Diario 16, donde colaboro a veces. Pero lo que siento ahora, mirando desde mi terraza cómo se consume esta tarde donde aletean pájaros moribundos, es algo muy distinto e inexpresable. Jamás entenderías la fuerza del fluido que, en estos momentos, me une a ti, por el puente prodigioso de palabras que has tendido en tu novela y que se derrumbarán, después de haber pasado yo sobre él, al menor soplido, tan frágil era, tan inverosímil, tan oportuno y mágico, tan sabio.
Cómo has conseguido ponerlo en pie para que yo pasara? Gracias.


En "Confesiones de una editora poco mentirosa"
    

26.9.18

Esther Tusquets. Confesiones de una editora poco mentirosa

A veces un libro empieza por el título

No estoy segura de quién es el responsable de que yo esté ahora aquí escribiendo las primeras líneas de algo que puede convertirse en un libro que siempre creí que no iba a escribir. en primer lugar porque temía que no tuviera suficiente interés, y en segundo lugar, y era la razón definitiva, porque no me apetecía. "Por que tuve ganas", es la respuesta que dio en repetidas entrevistas Umberto Eco, aburrido de que le preguntaran por milésima vez el motivo de que se hubiera decidido a escribir una novela, y creo que ahí hubiera debido quedar zanjada la cuestión, aunque seguro que no fue así y le siguieron incordiando con la misma pregunta. En fin, el hecho es que, a pesar de mi fama de mujer dura que hace siempre lo que quiere -ya me gustaría que fuera a medias cierto!-. aquí me veo, tecleando las primeras líneas de lo que corre el riesgo de convertirse en un libro que siempre me dije que no iba a escribir, un libro sobre mis experiencias de editora.


Principio de "Confesiones de una editora poco mentirosa"
     

23.7.18

Esther Tusquets. La verdad

La verdad goza de un gran prestigio, es enormemente valorada entre nosotros, parece justificarlo todo. «La verdad ni hiere ni ofende», reza un dicho castellano. Qué disparate! Todos sabemos que nada hiere ni ofende tanto como la verdad. La verdad tiene un enorme poder de fascinación, pero es, al mismo tiempo, enormemente peligrosa. Hay que dosificarla, hay que administrarla con pinzas o con cuentagotas, y es aconsejable tener a mano un buen antídoto por si se produce una emergencia.


De "Pequeños delitos abominables"
     

30.8.17

Esther Tusquets. Debo escribir...

(...) y se repetía «debo escribir, he podido siempre, estaré perdida si ahora no consigo escribir», pero sabe muy bien que nada de lo que haya padecido en el pasado tiene nada que ver con lo que ocurre ahora


De "Varada tras el último naufragio"
    

23.7.17

Esther Tusquets. Que seas feliz...

Que seas feliz (con lo mucho que cuesta conseguirlo y con lo poco que suele durar!), que las cosas te vayan bien, incluso el modesto logro de que lleves una existencia agradable o de que te diviertas, es vivido por otros -en ocasiones por tus propios amigos, por personas que te quieren- como un agravio.


De "Pequeños delitos abominables"

4.3.17

Esther Tusquets. Ocurre a menudo...

Ocurre a menudo que alguien (casi siempre otra mujer) te suelta con desparpajo, teñido de sorna y extrañeza: «Porque tú eres muy feminista, verdad?» Y una (por ejemplo, yo) piensa o dice: «Supongo que sí, claro. Todas somos de algún modo feministas. Utilices o no esta palabra, qué otra cosa puedes ser?» Pues para declararse no feminista, para considerar anacrónicas o ridículas o frustradas a las que no negamos serlo, tienen que darse forzosamente dos factores, ambos difíciles de asumir. Primer factor: una debe estar convencida de que la situación de las mujeres es en la actualidad justa, equitativa y aceptable. Dado que ni la mas estúpida de nuestras féminas puede fantasear tamaño disparate de las tres cuartas partes del mundo donde la vida de las mujeres es un infierno, hay que suponer que descartan esas zonas y que, cuando hablan de mujeres, se refieren únicamente a las privilegiadas ciudadanas de parte de la Europa occidental y de Estados Unidos. Las otras quedan tan lejos, son tan raras... A las otras que las zurzan. El segundo factor sería, en consecuencia, apoyar el sistema, dar por bueno y suficiente lo que hemos avanzado, obstinarse en no querer ver, no querer entender, tomarse a broma una cuestión que nos afecta demasiado de cerca para banalizarla con un gozoso y engañoso: «Somos diferentes? Pues viva la diferencia!»


De "Pequeños delitos abominables"

30.8.16

Esther Tusquets. El Síndrome de Pickwick

El Síndrome de Pickwick: «Afecta a las personas que manifiestan una gran euforia cuando se habla de ellas, pero que, cuando se cambia de conversación, se hunden en un sopor profundo.»


De "Pequeños delitos abominables"

26.10.15

Esther Tusquets. Pequeños delitos abominables


Pequeños y abominables?

El título de este libro contiene una aparente contradicción (adoro lo contradictorio), pues si un delito es «pequeño», cómo puede aplicársele un adjetivo tan duro como «abominable»? Tienen que tratarse, sin duda, de delitos o infamias que no revisten gravedad y que en su mayor parte no son siquiera penados por la ley, o que lo son, como mucho, con una multa, y que, sin embargo, nos provocan un profundo desagrado. Ese punto de partida supone que el presente catálogo tiene que ser personal, pues aquello que a un individuo le resulta abominable a otros puede no molestarles en absoluto.


Principio de "Pequeños delitos abominables"

23.2.15

Esther Tusquets. Y se pregunta Eva...

Y se pregunta Eva si en efecto no sabría vivir de otra manera, y concluye que ella no busca nada ni provoca nada, que no ha creído nunca demasiado en su papel de mujer fuerte (papel que otros inventaron para ella y en el que la encerraron como en una coraza, como en una mortaja), sólo que en algún día de hace ya mucho tiempo la situaron ahí, en mitad del puente levadizo, en lo alto de las almenas, y hay a su alrededor mil cosas que hacer -que no hace nadie-, mil problemas que resolver -que no resuelve nadie-, mil personas de las que ocuparse - y de las que no se quiere ocupar nadie-, mil palabras por decir -y no se anima a decirlas nadie (...)- y entonces Eva asume resignada, eficaz, algo que acaso nunca quiso asumir, pero que parece le ha sido asignado de modo inevitable desde siempre.


De "Varada tras el último naufragio"

30.8.14

Esther Tusquets. La luna se tiene o no se tiene

(...) hay envites en los que no se concibe el regateo hay apuestas que no admiten tope ni rebaja y la luna se tiene o no se tiene y si alguien ha ido a buscarla para ti a lo alto del cielo o al último círculo de los infiernos y te la ha puesto entera entre los brazos hermosa luna pálida del más radiante plenilunio y luego viene y te la quita no podemos negociar déjame por favor un pedazo hay que abrir los brazos y dejar que la luna escape resbaladiza rauda vertiginosa de nuevo hasta lo más alto del cielo


De "Varada tras el último naufragio"

23.7.14

Esther Tusquets. Varada tras el último naufragio

Apoya la cabeza de lado sobre la toalla, y el sol le llega tamizado a través de su cabello oscuro, como filtrado por los tallos sombríos de una selva en miniatura, la tupida enramada de una jungla minúscula, tan oscuros ahora -un castaño denso, con mechones canos- los tallos y el ramaje, en los que pone el sol leves motitas de oro, y antes fueron sus cabellos de un caoba cálido con reflejos de miel, y antes de un rubio evanescente, líquido, y antes aún, todavía en el túnel del tiempo, de un amarillo que se ponía en verano con el sol casi albino, tan claro que era inevitable el comentario de quienes la veían por primera vez -a quién habrá salido esta niña?, parece alemana, inglesa o sueca-, porque ya entonces no parecía de ninguna parte


Principio de "Varada tras el último naufragio"

3.12.13

Esther Tusquets. Bajo los siete colchones de pluma fina...

Bajo los siete colchones de pluma fina, la princesa, si es una auténtica princesa, si es la más princesa de todas las princesas, tendrá que detectar el engaño y levantar en alto, entre sus dedos afilados, un guisante incordiante y diminuto.


De "El mismo mar de todos los veranos"

9.9.12

Esther Tusquets. Como si así pudiera posponer...

y me quedo acurrucada muy quieta entre las sábanas, muy muy quieta, en un esfuerzo desesperado por no pensar en nada, por no sentir nada, por no imaginar sobre todo nada, muy muy quieta, como si así pudiera posponer al menos unos instantes la llegada del dolor, porque todavía no duele, todavía no noto casi nada -unas nauseas muy leves, cierto aturdimiento- y me dan todavía mas miedo estos dolores que no aparecen instantáneos y totales, de una vez, con la intensidad precisa y en el momento que corresponde, estos dolores que se hacen esperar y te permiten alentar la ilusión -tan falaz- de que, si estás lo suficientemente quieta, lo bastante ajena y vacía de pensamientos, tal vez pasen de largo por tu lado sin tocarle, sin advertirte, tal vez no comiencen en realidad jamás, y uno se está muy quieto, pues, para evitar que lleguen, para conseguir que no le vean y le olviden, y al mismo tiempo está deseando ferozmente que lleguen ya de una maldita vez, de una puñetera jodida maldita vez, para salir de esta tremenda incertidumbre todavía peor y más cruel que el dolor mismo, para tener por fin ante ti, dentro de ti, el sufrimiento, y conocerlo y saber su calidad y de qué materiales ha sido confeccionado, saber como va a ser el dolor que esta vez vas a sufrir.
  
De "El mismo mar de todos los veranos"

6.9.12

Esther Tusquets. Mi tristeza de niña

y me voy vistiendo lentamente mi tristeza de niña, y descubro que es eso en definitiva lo que he vuelto a encontrar en este mayo sofocante y polvoriento, en esta primavera sin primavera de mi ciudad torpona que poco sabe de matices y gradaciones: en esta primavera de exámenes y flores a María y brotar secreto de las primeras hojas, me había sido devuelta integra -me había sido devuelta intacta- una tristeza vieja que creía para siempre perdida -que había tal vez incluso ya olvidado- y que no hacía otra cosa que aguardar paciente su momento, a salvo de todo deterioro en el baúl de los disfraces.



De "El mismo mar de todos los veranos"