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21.10.26

Carmen Martín Gaite. De su ventana a la mía

Nueva York, 21 de enero de 1982

Anoche soñé que le estaba escribiendo una carta muy larga a mi madre para contarle cosas de Nueva York, pero era una forma muy peculiar de escritura. Estaba sentada en esta misma habitación, desde cuyos ventanales se ve el East River, y lo que hacía no era propiamente escribir, sino mover los dedos con gestos muy precisos para que la luz incidiera de forma determinada en un espejito como de juguete que tenía en la mano y cuyos reflejos ella recogía desde una ventana que había enfrente, al otro lado del río. Se trataba de una especie de código secreto, de un juego que ella había estado mucho tiempo tratándome de enseñar. (Como cuando me quería enseñar a coser y me decía que era cuestión de paciencia. 
«Ves como si te pones te sale bien? Mira, el secreto está en no tener prisa y en atender a cada puntada como si esa fuera la cosa más importante de tu vida»).
Y la felicidad que me invadía en el sueño no radicaba solo en poderle contar cosas de Nueva York a mi madre y en tener la certeza de que ella, aun después de muerta, me oía, sino también el la complacencia que me proporcionaba mi destreza, es decir, en haber aprendido a mandarle el mensaje de aquella forma tan divertida y tan rara, que además era un juego secretamente enseñado por ella y que nadie más que nosotras dos podía compartir. 


Principio de "De su ventana a la mía"
En "De hija a madre, de madre a hija"
   

22.7.23

Carmen Martín Gaite. Hay frases espantosas...

Hay frases espantosas que segregan una rara anestesia al pronunciarlas, como si alejaran de nuestra carne viva el mismo acontecimiento que enuncian: un suceso que, imaginado unas horas antes, nos hubiera puesto los pelos de punta y que, entendido mejor con el pasar de los días, se vuelve insoportable.


De "La Reina de las Nieves"
     

8.12.20

Carmen Martín Gaite. Flores amarillas

Mi prado estaba lleno
de flores amarillas
y yo las arranqué.
Ya nada tengo.
Por el tallo cortado
sube una áspera savia
hasta mi corazón.
Se hace inmensa la tarde
y todo sabe a lo que pudo ser.




De "Poemas"

8.12.19

Carmen Martín Gaite. Hay frases...

Hay frases -y eso pasa igual en el cine- que se quedan sobresaliendo como montañitas coronadas de luna. Y cuando vuelves la cabeza, intentando recuperar la ruta de un viaje que fue complicado, son las primeras que vienen a tu encuentro, breves pero totales. Y tirando de ellas sale todo lo otro: lo que vino antes y lo que faltaba por venir. Se ordena, lo entiendes.


De "Los parentescos"

30.8.19

Carta de Carmen Martín Gaite a Esther Tusquets sobre "El mismo mar de todos los veranos"

Pero hay una carta que sí guardé, y es la que me escribió el 27 de mayo de 1978 Carmen Martín Gaite. Dice así:

Querida amiga, tu novela El mismo mar de todos los veranos, que acabo de terminar, me ha deslumbrado. Sumida todavía en el sortilegio reciente de su lectura, y antes de que dé paso a la tentación de una crítica reflexiva y razonable, te quiero dar las gracias por la tarde tan larga, tan diferente a todas, que me has proporcionado.
Cuando se produzca esta tentación, que se producirá, escribiré un comentario para Diario 16, donde colaboro a veces. Pero lo que siento ahora, mirando desde mi terraza cómo se consume esta tarde donde aletean pájaros moribundos, es algo muy distinto e inexpresable. Jamás entenderías la fuerza del fluido que, en estos momentos, me une a ti, por el puente prodigioso de palabras que has tendido en tu novela y que se derrumbarán, después de haber pasado yo sobre él, al menor soplido, tan frágil era, tan inverosímil, tan oportuno y mágico, tan sabio.
Cómo has conseguido ponerlo en pie para que yo pasara? Gracias.


En "Confesiones de una editora poco mentirosa"
    

22.7.19

Carmen Martín Gaite. Repasando los Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, de Manuel Serrano Sanz...

Repasando los Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, de Manuel Serrano Sanz, que abarca de 1404 a 1833, llaman la atención dos particularidades comunes a la gran mayoría de estas mujeres, que podrían ayudar como punto de partida para el examen de su labor.
En primer lugar se constata que, casi sin excepción, todas fueron autodidactas, y la satisfacción de leer tuvieron que procurársela a hurtadillas, como un lujo casi pecaminoso. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que hasta llegar al padre Feijoo, primer paladín bienintencionado en defensa del sexo femenino, son incontables los tratados y sermonarios donde se tenía por peligroso y nocivo cualquier tipo de instrucción que las mujeres no recibieran a través de los libros de devoción o de las enseñanzas de carácter doméstico recibidas por vía materna.
 
 
De "Mirando a través de la ventana"
uno de los ensayos de "Desde la ventana"
     

24.2.19

Carmen Martín Gaite cita dos poemas de Rosalía de Castro

Y, reviviendo, allí clavada, mis propios sueños juveniles de provinciana ventanera, los asociaba con la visión de un camino entrevisto por la ventana y que debe llevar a la aventura, aunque no se sabe adónde va; así literalmente lo expresó ella:

   Dend eiquí vexo un camiño
   que non sei adonde vai;
   po lo mismo que nos sei
   quixiera o poder andar.

Y también me acordé de aquellos versos suyos:

   Yo desde mi ventana
   que azotan los airados elementos
   regocijada y prematura escucho
   el discorde concierto
   simpático de mi alma.
   Oh, mi amigo el invierno!


De "Desde la ventana"
    

12.11.18

Carmen Martín Gaite. Dos citas de María de Zayas y Sotomayor

Precisamente en la literatura escrita por mujeres se encuentran a veces protestas más o menos veladas contra las dificultades que los hombres ponían a su instrucción. En el siglo XVII, María de Zayas y Sotomayor dejó escrito:
Por tenernos sujetas desde que nacimos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con temores de honra y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas.
Y en otro lugar de sus Novelas amorosas y ejemplares, se quejaba en los siguiente términos:
La verdadera causa de no ser las mujeres doctas no es defecto de caudal sino falta de aplicación, porque si en nuestra crianza, como nos ponen el cambray en las almohadillas y los dibujos en el bastidor, nos dieran libros y preceptores, fuéramos tan aptas para los puestos como los hombres.


De "Desde la ventana"
     

22.7.18

Carmen Martín Gaite. Su voz, que conozco tan bien...

Su voz, que conozco tan bien, tiene dos maneras de decir «tesoro», palabra que me encantaba ya mucho antes de hablar ni de saber lo que significaba. Y pronto empecé a distinguir también que unas veces me llegaba rodeada de rayos de sol como en el dibujo y otras entre nubes de impaciencia y desgana. Luego he pensado que la magia de ciertos sonidos depende del hueco del alma de donde salgan.


De "Los parentescos"

17.4.18

Carmen Martín Gaite cita un poema de sor Juana Inés de la Cruz

La monja mexicana sor Juana Inés de la Cruz, en las Redondillas contra las injusticias de los hombres al hablar de las mujeres se expresa así:

   Hombres necios, que acusaís
   a la mujer sin razón,
   sin ver que sois la ocasión
   de lo mismo que culpáis;
   si con ansia sin igual
   solicitáis su desdén,
   cómo queréis que obren bien
   si las incitáis mal?
   Combatís su resistencia
   y luego con gravedad
   decís que fue liviandad
   lo que hizo la diligencia.
   Dan vuestras amantes penas
   a sus libertades alas
   y después de hacerlas malas
   las queréis hallar muy buenas.
   Pues para qué os espantáis
   de la culpa que tenéis?
   Queredlas cual las hacéis
   o hacedlas cual las buscáis.

Las dos últimas estrofas de este poema ponen el dedo sobre la llaga principal de la cuestión. Las mujeres no existían como tales, las fabricaban los hombres, eran el reflejo de lo que la literatura registraba, bien superficialmente, por cierto. Pero en su verdadera condición, en la naturaleza de sus ansias, contradicciones y sufrimientos no profundizaba nadie.


De "Desde la ventana"
    

23.3.18

Carmen Martín Gaite cita un poema de Gertrudis Gómez de Avellaneda

El siglo XIX es la época por excelencia de la novela pasional leída por mujeres más conscientes que nunca de la banalidad de su existencia. Y que, deseosas de identificarse con aquellas heroínas pálidas, enamoradas y audaces de la ficción, aborrecían las cuatro paredes de su casa, se sentían incomprendidas, colmadas de vagos anhelos sin cauce, y empezaban a ser víctimas inconscientes de lo que años más tarde Betty Friedan diagnosticó como "el indefinible malestar".
Pero este malestar, por mucho que constituyera el tema principal de las lucubraciones masculinas, nunca lo he visto descrito de una forma tan sincera y precisa como en un texto de mujer que lo había padecido. Se trata del poema de Gertrudis Gómez de Avellaneda que se titula "Mi mal" y dice así:

   En vano ansiosa tu amistad procura
   adivinar el mal que me atormenta.
   En vano, amigo, conmovida intenta
   revelarlo mi voz a tu ternura.
   Puede explicarse el ansia, la locura
   con que el amor sus fuegos alimenta,
   puede el dolor la saña más violenta
   exhalar por el labio su amargura.
   Más de decir mi voz, mi pensamiento, medio,
   al indagar su origen me confundo.
   Pero es un mal terrible, sin remedio,
   que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
   que seca el corazón; en fin, es tedio!


De "Desde la ventana"
    

28.2.18

Carmen Martín Gaite. Sobre Andrea, la protagonista de "Nada" de Carmen Laforet

En una palabra, Andrea es una chica "rara", infrecuente.
Este paradigma de mujer, que de una manera o de otra pone en cuestión la "normalidad" de la conducta amorosa y doméstica que la sociedad mandaba acatar, va a verse repetido con algunas variantes en otros textos de mujeres como Ana María Matute, Dolores Medio y yo misma. Y por ser Andrea el precedente literario de la "chica rara", en abierta ruptura con el comportamiento femenino habitual en otras novelas anteriores escritas por mujeres, es por lo que interesa analizar los componentes de su rareza, relacionándolos con la época en que este tipo de mujer empieza a tomar cuerpo.
En una España como la de la primera posguerra, anclada en la tradición y agresivamente suspicaz frente a cualquier "novedad" ideológica que llegara del extranjero, el escepticismo de Andrea y las peculiaridades insólitas de su conducta la convierten en audaz pionera de las corrientes existencialistas tan temidas y amordazadas por la censura española, que en general aborrecía de las excepciones.


De "La chica rara"
De "Desde la ventana"

15.1.18

Carmen Martín Gaite cita a Carolina Coronado

Siendo aún casi una niña, Carolina Coronado traducía así su bloqueo frente a la letra escrita:

   Yo me siento violenta y comprimida,
   como el niño que hablar quiere y no sabe;
   una cosa en mi alma está escondida,
   vivo abrumada por su peso grave.
   Un concierto suave
   escucho en mis sentidos,
   cual si dentro de mí hubiera sonidos.

Cómo poner concierto a esa algarabía confusa de sonidos, sofocados en el mismo momento en que intentan encontrar la puerta de la jaula que los aprisiona? Lo que estaba preguntando la poetisa romántica era: A qué reglas dialécticas tengo que atenerme? Porque no lo sabía.


De "Desde la ventana"

20.10.17

Carmen Martín Gaite. Desde la ventana

   La cuestión de si las mujeres tienen un modo particular de escribir, que pueda dar lugar a un tratamiento crítico también particular de su obra literaria, nunca me había preocupado ni a la hora de enfrentarme con un papel en blanco ni a la de embeberme en la lectura de una novela o un poema rubricados por firma femenina.
   Recuerdo muy bien que el primer texto que despertó mi curiosidad con relación a este asunto y me hizo reflexionar sobre él, fue un ensayo de Virginia Woolf, A room of one's own (Una habitación propia), que leí durante mi primera estancia en Nueva York, en el otoño de 1980.
   Es bien sabido que la relación apasionada del lector con determinados libros, esos que dejan huella especial en él y remueven su pensamiento y su fantasía disparándolos hacia derroteros inesperados, esta condicionada por las circunstancias personales que rodean al encuentro. De hecho, conocemos a muchos lectores que, antes de recomendar un libro que les ha impresionado, nos cuentan con deleite la historia de cómo se toparon con él, historia ya ligada de forma inseparable a los comentarios provocados por su lectura. Generalmente, como ocurre en la recapitulación de una aventura amorosa, lo que ponen de relieve estos narradores es el acontecimiento como estímulo. Notan que les ha pasado algo diferente, que han descubierto la voz de un amigo nuevo y al mismo tiempo de toda la vida. Pero, más que nada, que les habla directamente, que les ha llovido de no se sabe dónde para sacudir la apatía y quebrar la soledad de unas horas desaprovechadas, átonas, sin horizonte. El deslumbramiento del lector ante ese texto que cae en sus manos milagrosa y casualmente, en el momento más oportuno para recibirlo, proviene de eso: de que le ha hecho sentirse destinatario y cómplice de un mensaje que se diría dedicado en exclusiva a él, que se adapta como un guante a su piel de ese día.


De la Introducción a "Desde la ventana"
    

18.6.16

Djuna Barnes citada por Carmen Martín Gaite

"Suéltate del infierno, y tu caída quedará interceptada por el tejado del cielo."


De "El bosque de la noche"


(Citada por Carmen Martín Gaite 
en el principio de su novela "La reina de las Nieves")
    

9.2.16

Carmen Martín Gaite. El problema de la felicidad

Todo el mundo anda a vueltas con el problema de la felicidad. Se habla de dar mayor felicidad a los pueblos, de mujeres que han fracasado en la búsqueda de la felicidad, de medicinas, espectáculos y viajes para que la gente se rejuvenezca y sea más feliz. Se concibe la felicidad como algo compacto y estable, como una tierra firme donde se sueña con acampar para toda la vida.


De "Ritmo lento"

23.7.15

Carmen Martín Gaite. Los parentescos

Cuando mis padres se casaron, yo tenía ocho años para nueve. Ya pensaba mucho, pero hablar casi nada, porque me llevaba demasiado tiempo estar atento a entender. Me había especializado en espiar la cara de la gente según habla, porque si no, no pillas nada, aunque hay que hacerlo sin que se note. La asignatura más difícil eran los parentescos.


Principio de "Los parentescos"

18.3.15

Carmen Martín Gaite. Luna llena

Fuera del mundo, ausente,
mellada contra andamios,
has nacido otra noche
con tus venas azules,
igual que un globo inflado,
luna llena.
Globo inflado te llamo,
otros rostro de muerta,
nave, farol, pandero,
o blanca rebanada
o novia o meretriz
te llamaron por turno.
A tu luz se acogieron deslumbrados,
tristes y balbucientes
los poetas,
frioleros y turbios,
estremecidos, los enamorados.
Te invocaron sin tregua
a lo largo de un río subterráneo
de palabras marchitas
que viene desde Safo y Rosalía
a morir en mi boca.
Jugamos a invocarte,
levantamos antorchas de mentira
que sólo manosean tu vestido de tul.
Y tú, intacta y desnuda,
te escapas, luna llena,
subiendo apenas perceptiblemente,
navegando la noche con oblicuo reflejo,
como si nos oyeras, como si nos miraras.
Nadie te alcanzará,
ni por tu hueco abierto a incógnitos paisajes
ha atravesado nadie.
Tú rozas con tu luz la otra ladera.




De "Poemas"

28.5.14

Carmen Martín Gaite. Cita de Ibsen

El libro lleva una entradilla: "Lo que tienta y atrae, lo que arrastra hacia el enigma, ésa es la fuerza del mar. Nunca, Wangel, podrás aprisionar mi alma ni mis deseos, orientados hacia el misterio, en búsqueda perpetua de lo ignoto. Para lo ignoto nací" (Henrik Ibsen, La dama del mar).


De "La Reina de las Nieves"

22.5.14

Carmen Martín Gaite. La Reina de las Nieves

Casi todas las tardes, a la caída del sol, la señora de la Quinta Blanca salía a dar un paseo hasta el faro. Nunca la acompañaba nadie. Caminaba erguida, con paso lento y armonioso, como abstraída en sus cavilaciones, y solamente al cruzar por la pequeña aldea que queda a mitad de camino entre la Quinta y el faro, apartaba de vez en cuando los ojos de aquel punto remoto se las nubes donde parecían tener su norte, dirigirlos brevemente hacia alguna de las personas que clavaban en ella la mirada y para responder a su saludo con una sonrisa fugaz y distante.


Principio de "La Reina de las Nieves"