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11.4.22

Isak Dinesen cuenta un historia y cita unos versos de Safo

El loro

Un viejo armador danés recordaba los días de su juventud y cómo una vez, cuando tenía dieciséis años, se pasó una noche en un burdel de Singapur. Había ido con los marineros del barco de su padre y se sentó a charlar con una anciana china. Cuando ella oyó decir que era nativo de un país muy lejano trajo un viejo loro, que ers suyo. Contó que hacía mucho, mucho tiempo, se lo había regalado un noble inglés que había sido su amante en su juventud. El muchacho pensó que el loro podía tener hasta cien años. Podía decir frases en todos los idiomas del mundo, aprendidas en la atmósfera cosmopolita de la casa. Pero el amante de la mujer china le había enseñado una frase antes de regalárselo, que ella no entendía, ni ningún visitante le había podido decir qué significaba. Así que llevaba muchos años preguntándolo. Pero como el muchacho era de tan lejos quizás fuera en su idioma y pudiera traducirle la frase.
El muchacho quedó profunda, extrañamente conmovido por la sugerencia. Cuando miró al loro y pensó que podía oír danés de aquel terrible pico estuvo a punto de marcharse corriendo a casa. Sólo se quedó por ayudar a la anciana china. Pero cuando ella hizo que el loro dijera su frase, resultó ser en griego clásico. El pájaro dijo sus palabras muy lentamente y el muchacho sabía griego suficiente como para reconocerlas; era unos versos de Safo:
La luna y las Pléyades se han puesto
Y medianoche es pasada,
Y las horas huyen, huyen,
Y yo estoy echada, sola.
La anciana, cuando él le tradujo los versos, chascó los labios e hizo girar sus ojos rasgados. Le pidió que se los dijera otra vez y movió la cabeza.


De "Memorias de África"



15.3.17

Isak Dinesen. En la estación de Samburu...


En la estación de Samburu de la línea bajé del tren mientras echaban agua a la máquina y paseé con Farah por el andén.
Desde allí, al suroeste, vi las colinas de Ngong. La noble ondulación de la montaña se alzaba sobre la tierra llana, toda azulada como el aire. Pero estaba tan lejos que los cuatro picos parecían insignificantes, apenas distinguibles y muy diferentes a como se les veía desde la granja. La silueta de la montaña fue borrada y nivelada lentamente por la mano de la distancia.


Final de "Memorias de África"
    

28.2.17

Carson McCullers. Sobre Memorias de África de Isak Dinesen

Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas del Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías.
La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era mi excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía en las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan solo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza.*


Habíamos empezado el viaje a primera hora de la tarde y yo estaba tan deslumbrada por la poesía y la verdad de aquel gran libro que cuando cayó la tarde seguí leyendo Memorias de África con la luz de una linterna. No cesaba de pensar que tanta belleza y verdad no podían durar, pero página tras página me cautivaban más. Al final del libro supe de Isak Dinesen había escrito una hermosa elegía en honor del continente africano. Sentí la sublime seguridad que un grandísimo escritor consigue dar a un lector. Con su simplicidad e «inigualable nobleza» tomé conciencia de que aquel era uno de los libros mas esplendorosos que había leído en mi vida.


*Memorias de África de Isak Dinesen



De "Isak Dinesen: En alabanza del esplendor"
En "El Mudo y otros textos"
    

30.1.12

Isak Dinesen. Cuentos

     "A veces, para entretenerme, me contaban cuentos de hadas al estilo de las mil y una noches, la mayor parte de género cómico, que trataban del amor con mucha franqueza. Había un rasgo común en todos esos cuentos, y era que la heroina, casta o no, vencía a los personajes masculinos y terminaba el cuento triunfante."

Cita de "Memorias de África"

12.2.10

Isak Dinesen. Memorias de África (2)

     "La gente que sueña mientras duerme por la noche siente una clase especial de felicidad que no tiene el mundo diurno, un plácido éxtasis y una ligereza de corazón que saben como la miel."

Fragmento de "Memorias de África"


Isak Dinesen. Sobre libros

     "Mis libros los empaqueté en cajas y me sentaba o comía sobre ellos. Los libros en una colonia desempeñan un papel diferente en tu existencia que en europa; toda una parte de tu vida depende de ellos; y por eso, según su calidad, te sientes de lo mas agradecida o indignada, en una escala mucho mayor. (...)
Todos los personajes de Walter Scott se encontraban a gusto en el país y te topabas con ellos por todas partes; así mismo pasaba con Ulises y sus hombres, y curiosamente con muchos personajes de Racine.

Cita de "Memorias de África"

11.2.10

Isak Dinesen. Memorias de África

     "Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas del Ngong."

Principo de "Memorias de África"

4.3.07

Isak Dinesen

Karen Christence Blixen-Finecke, nacida Karen Christenze Dinesen, más conocida por su pseudónimo literario Isak Dinesen (Rungsted, Dinamarca, 17 de abril de 1885 – ibídem, 7 de septiembre de 1962), fue una escritora danesa.




Obras citadas en este blog: