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10.2.26

Taina Tervonen. Los vigías

Domingo por la tarde. Estoy en mi casa, en París, y un barco navega por mi salón. «Dentro de un rato tendremos cincuenta y cinco muertos», reza el mensaje de WhatsApp. 
Son las 16:36 del 16 de enero de 2022. Hay un barco en peligro entre Marruecos y Canarias. Abro por primera vez la puerta de la simultaneidad, del tiempo que transcurre aquí y en el Atlántico. La embarcación zarpó de Tarfaya a medianoche con cincuenta y cinco pasajeros a bordo. La Marina marroquí recibió un aviso a las cuatro de la madrugada; han pasado más de doce horas desde entonces y acaban de salir al mar para proceder al rescate.
Nuevo mensaje: «La Marina marroquí no los localiza».
Luego otro, a las ocho de la noche: «10 supervivientes. 2 cadáveres. Los demás han desaparecido». Es el primer naufragio al que asisto en directo.


Principio de "Los vigías"
    

3.7.24

Taina Tervonen. Lo que le dice Abdourahmane Niang

Lo que estaba tratando de decir es que Dios habría sido monótono si hubiera querido crear un mundo en el que sólo hubiera franceses. Y Dios no es monotonía, Dios es diversidad. Creó a las criaturas humanas en esa diversidad para que vivieran juntas, no separadas unas de otras. Para que aprendieran a conocerse. Lo que es distinto de mí me hace aprender. Lo que es distinto de mí me enseña y me completa. Confrontar mi punto de vista con el del otro me reafirma en el mío o lo cambia. En ambos casos, aprendo. -Hace una pausa al final de cada frase y gesticula con la mano para enfatizar sus palabras-. Cualquier diferencia supone una riqueza -insiste-. De modo que relegar a algunos a la insignificancia no es justo. Negar la inteligencia del otro hasta el punto de degradarlo al rango de insignificante es escandaloso. Eso desemboca en el extremismo, como en el caso de la segregación racial en Estados Unidos, el apartheid en Sudáfrica o Hitler en Europa. El Planeta Tierra nos pertenece a todos, por tanto, debemos vivir en armonía. Es imposible compartir los mismos gustos, pero el otro también tiene derecho a existir. Nadie puede vivir aislado. Y la pandemia se ha encargado de recordárnoslo...


De "Los rehenes"
   

9.4.23

Taina Tervonen. Para mí la guerra empezó el 9 de abril

-Para mí la guerra empezó el 9 de abril, sabes? Lo recuerdo bien porque era la víspera de mi cumpleaños. Mis padres y los vecinos se reunieron en nuestro salón para hablar de lo que estaba pasando. A los niños nos mandaron a la cocina mientras los adultos discutían sobre qué hacer. Entre todos, decidieron poner a salvo a las mujeres y los niños. Fue así como nos marchamos a Croacia en autobús y, al llegar, dormimos en un polideportivo. Era el día de mi cumpleaños y allí estaban mis amigos del barrio. Yo no sabía quién era qué desde un punto de vista religioso. Habría sido incapaz de decirlo. No fue sino después cuando comprendí que había croatas, serbios, musulmanes, rumanos, judíos... Te das cuenta?
Reconozco en la voz de Senem la estupefacción que a menudo acompaña a los relatos del comienzo de la guerra, la incomprensión ante el orden nuevo al que de repente obedece el mundo.


De "Las sepultureras"
    

1.3.23

Taina Tervonen. Las sepultureras

"Ves?, éstas encajan", me dice Senem cogiendo unas vértebras. "Mira. Los huesos hablan por sí solos".
Arma el esqueleto como si fuera un puzle, con movimientos rápidos y precisos, gestos de experta: los grandes huesos de las piernas junto a la pelvis, las costillas con las vértebras, la mandíbula inferior al lado del cráneo. No había visto un muerto en mi vida. A los pies del cuerpo que Senem está reconstruyendo, hay un jersey de lana rojo chillón cuidadosamente doblado y, encima, unos zapatos con la piel acartonada por los años bajo tierra.


Principio de "Las sepultureras"
    

31.7.05

Taina Tervonen

Taina Tervonen (Espoo, Finlandia, 1973), es una escritora franco-finlandesa.


Obras citadas en este blog: