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3.2.22

Luisa Sigea. Sintra (Fragmento)

Guardan un sitio las hesperias playas
do, en ebúrnea carroza conducido,
cuando vence la noche al claro día,
su radiante corona el sol estivo 
desciñe, y los corceles fatigados
baña el ponto en los cristales fríos.
Un valle, do murmuran frescas aguas,
cercan peñascos hasta el cielo erguidos,
el mar dominan y tocar parecen
la etérea cumbre tres enhiestos picos.
Y si no orlaran su cabeza nubes,
dijérase que en ellos sostenido,
como en pilares de diamante inmobles, 
del cielo estriba el eternal zafiro.
Moran allí los Faunos saltadores,
y el antro de las fieras escondido
penetra el cazador, de astucia armado,
que hiere con la madre al cachorrillo. 
Sus verdes hojas desplegando el roble
de la intrincada selva en el recinto,
sombra y morada placentera ofrece
a Silvanos y Sátiros lascivos.
El haya crece allí, crece la encina
y el álamo de Alcides escogido,
y el peral, el cerezo y el castaño
con las flexibles ramas del corylo. 
Y otros dones innúmeros, que al hombre
feliz para sustento ha concebido
la bondad de los dioses inmortales,
míranse a breve espacio reducidos.
Allí la rubia Ceres por su mano
enseña a cultivar el sueño opimo,
semillas lanza, y las alegres mieses 
hace luego brotar del surco hendido.
A la siniestra del florido valle
por do al Arctos el mundo está vecino
alegres bastos a la grey balante 
ofrece Pan en campos extendidos.
(...)


En la antología "El canto de la décima Musa.
Poesías del Renacimiento y el Barroco"
    

2.5.20

Luisa Sigea. Canción de la señora Luisa Sigea de Velasco, declarando: "Habui menses vacuos et noctes laboriosas, et numeravi mihi"

Pasados tengo hasta ahora
muchos meses y largos
tras un deseo en vano sostenido
que tanto hoy día mejora
cuanto los más amargos
y más desesperados he tenido;
lo que en ellos sentido
no puedo yo contallo;
el alma allá lo cuente;
mas ella no lo siente
tan poco que no calle como callo;
oh grande sentimiento!
que a veces quita al alma el pensamiento,
y cuanto este acaece,
según veo las señales
ya creo que el remedio está cercano;
la vida se amortece,
no se sienten los males
tanto como si esté cuerpo más sano;
pero todo es en vano,
que al fin queda la vida
y torna el alma luego
en el acostumbrado fuego
a ser muy más que antes encendida;
así que en fantasías
se me pasan los meses y los días,
en fantasías y cuentos
la vida se me pasa;
los días se me van con lo primero,
las noches en tormentos,
que el alma se traspasa
echando cuenta a un cuento verdadero
cual es desde que espero
el fin de mi deseo;
cuántas habré pasadas
de noches trabajadas
sufriéndolas por ver lo que aun no veo!
estas muy bien se cuentan,
mas ay que las que quedan más me afrentan!
En esto un pensamiento
me acude a consolarme
de quantos males solo dél recibo
pensando en mi tormento
no oso de alegrarme
según que se me muestra tan esquivo;
con todo allí recibo
con tan nuevo consuelo,
y aunque parece sano
no oso echarle mano,
que a quien vive en dolor todo es recelo,
y al fin helo por bueno
y huelgo de acogerle acá en el seno.
Esta es una esperanza
que viene acompañada
de razón, que por mi parte no ha faltado,
que habrá de hacer mudanza
en la fortuna airada
que ha tantos años contra mí durado,
y aunque fuera hado
o destino invencible
de cruda estrella,
muriera el poder de ella
con el de la razón que es más terrible,
y con ser perfecto
traerán de mi deseo buen afecto;
mas ay! no sean estas
consolaciones vanas
que así como se sienten no esperadas
ansí se van tan presto
que dejan menos sanas
las almas donde fueren gasajadas;
las noches trabajadas
ajenas de alegría,
los días, meses y años
llenos de graves daños
habré de pensar siempre noche y día;
si en esto el remedio se halle
no sentiré el trabajo de esperadle;
porque no seas de las gentes creída
canción conmigo queda,
que yo te encubriré mientras que pueda.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

14.1.12

Luisa Sigea. Un fin, una esperança, un como, un quando

Un fin, una esperança, un como, ó quando;
tras sí traen mi derecho verdadero;
los meses y los años voy pasando
en vano, y passo yo tras lo que espero;
estoy fuera de mí, y estoy mirando
si excede la natura lo que quiero;
y así las tristes noches velo y quento,
mas no puedo contar lo que más siento.
En vano se me passa qualquier punto,
mas no pierdo yo punto en el sentillo;
con mi sentido hablo y le pregunto
si puede aver razón para sufrillo:
repóndeme: sí puede, aunque difunto;
lo que entiendo de aquel no se dezillo,
pues no falta razón mi buena suerte,
pero falta en el mundo conocerse.
En esto no ay respuesta, ni se alcanza
razón para dexar de fatigarme,
y pues tan mal responde mi esperanza
justo es que yo responda con callarme;
fortuna contra mí enrristró la lanza
y el medio me fuyó para estorvarme
el poder llegar yo al fin que espero,
y así me hace seguir lo que no quiero.
Por sola esta ocasion atrás me quedo,
y estando tan propinquo el descontento,
las tristes noches quento, y nunca puedo,
hallar quento en el mal que en ella quento;
ya de mí propia en esto tengo miedo
por lo que me amenaza el pensamiento;
mas passe así la vida, y passe presto,
pues no puede aver fin mi presupuesto.


De la antología de poetisas españolas
Tomo I: hasta 1900
selección de Luzmaría Jiménez
   

11.3.07

Luisa Sigea

Luisa Sigea de Velasco (también conocida por Luísa Sigeia, Luísa Sigea Toledana o por la versión latinizada Aloysia Sygaea Toletana), (Tarancón, provincia de Cuenca, 1522 – Burgos, 13 de octubre de 1560), humanista y poetisa española del Renacimiento.

***

Luisa Sigea de Velasco también conocida por Luísa Sigeia, Luísa Sigea Toledana o por la versión latinizada Aloysia Sygaea Toletana, nació en Tarancón, provincia de Cuenca, en el año 1522.
Su padre, Diego Sigeo, fue un humanista francés que le dio una instrucción esmerada. Dicen que su padre tuvo que marchar a Portugal en 1522 tras la guerra contra Carlos I, y en 1530 fueron a reunirse con él, el resto de la familia, compuesta por su mujer y cuatro hijos, entre ellos Luisa.

Dicen que en el año 1540, cuando contaba 18 años de edad, a través de un amigo de su padre, envió una carta en latín al papa Paulo III, junto a lo que más tarde llamó quosdam ingenioli mei flosulos, guês, "Algunas flores de mi ingenio", que merecieron muchos elogios.

A comienzos de 1542 su padre fue invitado a llevar a sus hijas a la corte de la reina doña Catalina como moças de câmara. Así fue como Luisa y su hermana Ángela se unieron a las cultas damas que constituían el séquito de doña María, infanta de Portugal (hija de Manuel I el Afortunado y de Leonor de Austria).

Fue gracias a los medios y contactos que puso a su alcance esta corte, como pudo desarrollar su vocación por la escritura, gracias a una excelente biblioteca, a la relación con numerosos eruditos y personajes influyentes.

También fue gracias a esto que tuvo el tiempo y la motivación para escribir el poema Syntra (dedicado a la infanta), y para redactar su Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata, para lo cual disfrutó incluso de cierta rebaja en sus obligaciones de servicio cortesano. Por otro lado, su situación junto a una dama tan poderosa, rica y eminente, sirvió para proyectar su fama entre humanistas castellanos, portugueses y hasta italianos, que la mencionaron y alabaron casi constantemente.

Dicen que permaneció en ese cargo palaciego hasta 1552, año en que se casó e intentó reincorporarse a la vida cortesana en España.

Tuvo una hija, Juana de Cuevas Sigea, que nació en 1557,

En 1558 la familia se trasladó a Valladolid, donde entraron al servicio de María de Habsburgo, hija de Felipe I de Castilla y que fuera reina consorte de Hungría. Pero esto sólo duró dos años. Tras fallecer la reina de Hungría, dicen que escribió al rey Felipe II, solicitando empleo, y también pidió empleo a Isabel de Valois, pero no consiguió volver a la vida cortesana.


Dicen que hablaba francés, español e italiano, que dominaba el latín, el griego, el hebreo y el caldeo o siriaco, y que estaba muy versada en Filosofía, Poesía e Historia.

Dicen también que unía a su talento una espléndida hermosura, que fue celebrada en ambos aspectos por numerosos ingenios de su época.

Dicen que su mejor obra es el poema en latín Syntra (París, 1566).

Escribió además el opúsculo Dialogus de differentia vitae rusticae et urbanae y Colloquium havitum apud villam inter Flamminia Romanam et Blesillam Senensem.

Se conserva también de ella un epistolario y varios poemas, entre otras obras, aunque mucho se ha perdido.

Dicen que fue en Burgos donde falleció el 13 de octubre de 1560.