Mostrando entradas con la etiqueta Hiromi Kawakami.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hiromi Kawakami.... Mostrar todas las entradas

28.11.25

Hiromi Kawakami. Algo que brilla como el mar

-Cómo te ha ido el día?-me pregunta mi madre todos los días.
-Bien, normal-le respondo yo.
«Bien» y «normal», siempre las dos mismas palabras. Las ocasiones en las que le doy una respuesta diferente se pueden contar con los dedos de una mano. Cuando tengo que responderle otra cosa, como «fatal» o «muy bien», intento no tenerla delante.
Es muy fácil no tener a mi madre delante, porque siempre está ocupada.


Principio de "Algo que brilla como el mar"
   

26.8.25

Hiromi Kawakami. El tercer amor

«Hace tiempo». Pronunciar esas palabras me hace sentir rara.
Hace tiempo...
Qué significa eso en realidad?
Ya no soy tan joven ni tampoco tan mayor.
Hace tiempo. En este momento preciso de mi vida podría referirse a unos pocos años antes, a mi nacimiento hace cuarenta o incluso a una época todavía más remota.
Eso es. Hace tiempo me enamoré de un cierto hombre.


Principio de "El tercer amor"
    

1.4.24

Hiromi Kawakami. Todo perdió interés

-Dime, qué sentiste al comprender que mamá ya no estaba aquí?
Se lo pregunté dejándome llevar por un impulso irrefrenable.
-Bueno... -dijo mientras se tomaba un tiempo para meditar la respuesta-. Todo perdió interés.


De "De pronto oigo la voz del agua"
    

28.7.23

Hiromi Kawakami. El señor Nakano y las mujeres

"Pues eso" era el tic lingüístico del señor Nakano.
-Pues eso, pásame la salsa de soja -acababa de decirme. Yo no salía de mi asombro.
Ese día habíamos salido a almorzar los tres juntos. El señor Nakano había escogido cerdo frito con jengibre, Takeo había pedido pescado hervido y yo, arroz al curry. Enseguida trajeron el cerdo frito y el pescado. El señor Nakano y Takeo cogieron los palillos de usar y tirar que estaban en una cajita encima de la mesa, los separaron y empezaron a comer. Takeo me pidió disculpas en voz baja por no esperar a que trajeran mi plato, pero el señor Nakano se abalanzón sobre el suyo sin decir palabra.


Principio de "El señor Nakano y las mujeres"
    

1.4.22

Hiromi Kawakami. La primavera...

La primavera es una estación dolorosa.


De "De pronto oigo la voz del agua"
    

26.8.21

Hiromi Kawakami. La imposibilidad

De hecho, la tristeza me había dominado por completo. No entristece tanto la muerte de un ser querido como su desaparición, la imposibilidad física de volver a verlo, de hablar con él. 


De "De pronto oigo la voz del agua"
     

20.1.18

Hiromi Kawakami. El cuerpo y la mente son inseparables...

El cuerpo y la mente son inseparables, una misma cosa.
Lo aprendí cuando Uchida y yo empezamos a acostarnos juntos. Al principio estaba convencida de que nuestra relación sólo estaba basada en lo físico. Fue entonces cuando dejé escapar un "te quiero" como un caramelo que salió rodando de mi boca. Se me había escapado sin querer, justo antes de alcanzar el orgasmo. Aunque no estaba del todo segura del significado de las palabras "te quiero", me salieron con naturalidad. Dentro de mi cabeza, mi otro yo se sorprendía de haberlas dicho. Sin embargo, mi boca ya las había pronunciado.


De "El insecto dios"
En el libro "Abandonarse a la pasión"
    

1.4.16

Hiromi Kawakami. No soy cabezota...

-No soy cabezota, lo que pasa es que estoy enamorada de usted.
Tan pronto lo hube dicho, me invadió una oleada de turbación. Había metido la pata. Un adulto debe evitar palabras que puedan desconcertar a los demás, y nunca debe decir nada de lo que pueda avergonzarse a la mañana siguiente.

De "El cielo es azul, la tierra blanca"

1.4.13

Hiromi Kawakami. Un poema de Seihaku Hirako

He recorrido un largo camino,
el frío penetra en mi ropa gastada.
Esta tarde el cielo está despejado,
cómo me duele el corazón!
Es un poema de Seihaku Hirako que el maestro me enseñó un día. Sola en mi habitación, leo en voz alta poemas que recitaba el maestro y también otros que no llegó a enseñarme. "Desde que usted murió he estado estudiando", susurro.


De "El cielo es azul, la tierra blanca"
     

21.3.13

Hiromi Kawakami. El cielo es azul, la tierra blanca

Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba "maestro". Ni "profesor", ni "señor". Simplemente, maestro. Me había dado clase de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor mi me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto a verlo desde que me gradué.
Empezamos a tratarnos a menudo cuando coincidimos, hace unos cuantos años, en una taberna frente a la estación.
Principio de "El cielo es azul, la tierra blanca"