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25.1.24

Hilda Doolittle. Atardecer

La luz pasa
de cumbre en cumbre
de flor en flor-
las hepáticas, extendidas 
bajo la luz
languidecen-
sus pétalos se repliegan,
sus puntas azules se inclinan
hacia el corazón más azul
y sus flores se pierden.
  
Los brotes del cornejo aún son blancos,
pero las sombras se lanzan como dardo
desde sus raíces-
el negro se arrastra de raíz en raíz, 
y cada hoja
corta otra hoja en la hierba
la sombra busca sombra,
y cada hoja
y cada sombra de hoja se pierden.


En "Antología de las poetas estadounidenses"

30.5.21

Hilda Doolittle. 24

Cada hora, cada momento
posee su propio ángel de la guarda;
   
minuto a minuto, el tictac del reloj
completa la órbita prescrita;
   
mas esta curiosa perfección mecánica
no debiera separar, sino unir
   
nuestra vida, este eclipse momentáneo
con aquella otra...


De "Tributo a los ángeles"
En "Trilogía"
   

21.8.20

Adrienne Rich. Versos de Hilda Doolittle al principio del libro "El sueño de una lengua común"

Voy adonde amo y adonde soy amada,
hacia la nieve;
   
voy a las cosas que amo
sin pensamiento alguno de deber o de pena
   
   
H. D., La floración de la vara 



Versos al principio del libro "El sueño de una lengua común"
de Adrienne Rich
   

1.10.18

Hilda Doolittle. Huerto

Vi caer la primera
pera,
tras de la miel, listado de oro,
el amarillo enjambre
no fue más veloz que yo
(líbranos de lo bello)
y me hinqué de rodillas
gritando:
nos has desollado
con tus flores,
déjanos la hermosura
de los árboles

Tras de la miel, las abejas
no cesaron,
su canto al aire aturdía
y sólo yo de rodillas estaba.

Oh ruda talla
del dios del huerto,
te traigo una ofrenda;
tú, el único que no eres hermoso,
hijo del dios,
líbranos de lo bello;

estas avellanas caídas,
que ha poco ha soltado la vaina,
racimos rojopurpúreos,
con las uvas
ya chorreando vino,
granadas abiertas,
higos encogidos
y membrillos intactos
como ofrenda te traigo.

[Colleted Poems of H.D., 1925]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

27.9.17

Hilda Doolittle. Quizá tenía razón...

Quizá tenía razón
al llamarme Hécate y bruja;
no me preocupo por separar

poderío y esplendor,
no quiero saber de Agamenón
ni de las murallas de Troya,

no quiero recordar
escudo, cascos, espinilleras,
bien que él lo llevaba todo,

pues todo ello, si bien recuerdo,
era parte de su primera
inolvidable furia;

no quiero olvidar su furia,
no sólo porque trajo a Helena
a dormir en sus brazos,

sino porque él fue, en todo caso,
derrotado; si él la hubiera estrangulado
y arrojado a los buitres,

incluso así él habría perdido
y ellos habrían perdido-
los señores griegos de la guerra.




De "Helena en Egipto"

10.9.15

Hilda Doolittle. Aquiles espera, sí...

Aquiles espera, sí,
pasando de esfera en esfera,
sí, largo camino;

terminará su tarea,
los doce trabajos de Hércules,
en doce eones, en doce años,

en doce días,
sí, Hércules-Hades,
el largo camino;

para mí, la Rueda está inmóvil,
(haz que me mantenga aquí),
la Rueda es tan pequeña

como el broche dorado
que llevaba de niña;
la Rueda es una joya,

de plata; para mí
la Rueda es un sello...
la Rueda está inmóvil.




De "Helena en Egipto"

6.7.15

Hilda Doolittle. No, no desafiaré...

No, no desafiaré
el antiguo Misterio,
al Oráculo; caminaré

con paso mesurado
toda la longitud del Pórtico,
me volveré sobre mis pasos;

contaré los pasos de mis pies,
como un bailarín mide,
más deprisa o más despacio,

pero sin cambiar nunca el ritmo,
el compás; iré
de columna en columna,

de columna en estela;
y de nuevo de vuelta al río;
aquí, hay círculos de hierro

donde las barcas, en los tiempos antiguos,
atracaban, el Nilo
ha cambiado su curso;

sólo el lago-templo
contiene el agua sagrada;
es suficiente; fue hace mucho tiempo

que los barcos se mecían aquí, en el embarcadero;
es de piedra, sólido;
fue construido para durar eternamente.




De "Helena en Egipto"

6.1.15

Hilda Doolittle. No hay antes ni después...

(...)
no hay antes ni después,
no hay más que un momento
que ninguna alegría infinita puede dispersar

que ningún pensamiento de pasada felicidad
puede tentar ni disipar;
ahora conozco lo mejor y lo peor;

las estaciones giran en torno
a una pausa en el ritmo infinito
del corazón y del cielo.



De "Helena en Egipto"

24.10.14

Hilda Doolittle. Cuál fue el hechizo?...

Cuál fue el hechizo?
un toque -así una mano
roza las cuerdas de la lira;

un suspiro -un aliento
que invita a la rosa;
un toque de verano,

alas nocturnas o bermellón
de las mariposas diurnas;
se perdió Troya por un acorde sutil,

un ritmo nunca oído,
fue esa la trampa de Apolo?
estaba Apolo por allí?

había que construir una pira funeraria,
un holocausto de los griegos,
por causa de un velo al viento,

o porque Apolo permitió a un tañedor,
a un ritmo nunca oído,
desafiar el sonido de la trompeta?




De "Helena en Egipto"

9.9.13

Hilda Doolittle. Lilith nacida antes que Eva...

(...) Lilith nacida antes que Eva
y una nacida antes que Lilith
y Eva; a las tres se nos ha perdonado,
somos tres de los siete
demonios arrojados de ella.


Fragmento de un poema de "Trilogía"

10.9.12

Hilda Doolittle. 28


Oh Corazón, pequeña urna
de pórfido, cornalina o ágata,

cuán imperceptiblemente la semilla
cayó entre un latido de placer

y un latido de dolor;
no sé como sucedió

ni cuánto tiempo llevaba ahí,
tampoco sabría decir

como evitó la tempestad
de ira y resentimiento,

ni por qué no fue arrastrada
por la marea del dolor

ni se marchitó en aridez cruda
del amargo pensamiento.


De "Trilogía"

21.6.12

Hilda Doolittle. 10

No es descabellado afirmar
que caereis, grandes ciudades,

(ahora yacen en ruinas las ciudades);
no es tragedia o profecía

de una Sacerdotisa embalsamada,
una Pitonisa solitaria

que canta y recita
en hexameros quebrados

condena, condena a las puertas
de ciudades, reinos y gobernantes;

es un simple cálculo algebraico,
es la geometría en el ala,

sin esquema, una genciana
sobre un espejo de hielo,

es también, acaso, un lirio
doblado como una pirámide,

el cono de una flor,
no un monte de calaveras;

es acaso un lirio,
cada pétalo un reino, un eon,

y también la semilla de un lirio
que, habiendo florecido,

florecerá otra vez;
es ese minúsculo grano,

la más pequeña de todas las simientes
que da ramas

para el reposo de las aves;
es ese bálsamo en flor,

es la curación total,
eterna;

es la mayor de las hortalizas
Y se hace árbol.


De "Trilogía"
  

7.5.07

Hilda Doolittle

Hilda Doolittle (10 de septiembre de 1886, Bethlehem, Pennsylvania, Estados Unidos – 27 de septiembre de 1961, Zúrich, Suiza), más conocida por sus iniciales H.D., fue una poetisa, escritora y cronista estadounidense




Obras citadas en este blog: