Mostrando entradas con la etiqueta *El poema del fin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *El poema del fin. Mostrar todas las entradas

26.9.22

Marina Tsvietáieva. 2

2.


Hermandad de los nómadas
-a esto nos llevas.
Una tormenta,
sobre la cabeza, la espalda:

horror en las palabras
que esperamos.
Como una casa en ruinas,
son las palabras a casa.

Las grita el niño con desgarro:
¡vamos a casa!
Casi un bebé ya había dicho:
¡Dame! ¡Es mío!

Hermanos mío en los excesos,
fiebre mía, escalofrío.
Mientras todos piden salir,
tú dices sólo: ¡a casa!

Caballo que da tirones al ronzal.
-¡Arriba!- la soga hecha pedazos.
-No hay casa para nosotros.
-Sí, aquí mismo, a diez pasos.

La casa de la montaña. -¿O más
alta tal vez? ¿La casa en la cumbre?
La ventana justo bajo el tejado. –No sólo
por el fuego de la aurora, encendida, ¿verdad?

De nuevo: la vida –o sea,
la exactitud de los poemas.
Casa, es decir: ahí
afuera, en la noche.

(Oh, ¿a quién confiar
El tormento, la pena?
¿Mi angustia, más verde que el hielo?)
-No pienses tanto en ello.
Sopesando respondo: -Sí.


De "El poema del fin"
    

31.8.21

Marina Tsvietáieva. El poema del fin

1.


Contra el herrumbroso cielo de hojalata,
como un poste, como un dedo.
Donde siempre, él.
Como el destino.

-Menos cuarto. Puntual ¿eh?
La muerte no espera.
Ligero, su sombrero
se alza.

Entre pestañas, el reto.
Los labios, prietos,
Un saludo –inclinación
de cabeza-, grave.

-Menos cuarto. ¿Puntual?
Miente la voz.
¿Qué ocurre? –se ahoga el corazón.
¡Alerta! – advierte la cabeza.

El cielo de la malaventura,
hojalata oxidada,
Él, donde siempre.
Las seis en punto.

El beso de corcho en los labios,
mudo,
como quien besa la mano
a una dama anciana o a un muerto.

Un transeúnte apresurado
me clava el codo en la cintura.
Estridente, cercaba,
una bocina.

Ulula, brama,
aúlla como un perro con rabia.
(La vida se te agolpa
cuando mueres.)

Ayer –a media máquina,
hoy –hasta las estrellas.
(Este es el momento de exceso:
o todo o nada.)

Por dentro: ¡amor, amor!
-¿Qué hora es? –las siete ya.
-¿Vamos al cine o…?
Un estallido: -¡Vamos a casa!


De "El poema del fin"