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25.5.18

Rosario Castellanos. Yo sé, en algún lugar...

Yo sé, en algún lugar,
lo mismo
que en el desierto el cactus,
un constelado corazón de espinas
está aguardando un hombre como el cactus de la lluvia.

Pero yo no conozco más que ciertas palabras
en el idioma o lápida
bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.



De "El rescate del mundo"

25.5.17

Rosario Castellanos. Apelación al solitario

Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire de robo.

Cómo podrías estar sólo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan,
hasta el amanecer?


En "Poesía no eres tú"
    

25.5.16

Rosario Castellanos. La anunciación

III

Para que tú lo habites quisiera separarte
un mundo esclarecido de céfiros, laureles,
fosforescentes, algas, litorales sin término,
grutas de fino musgo y cielos de palomas. 



De "La vigilia estéril"

18.1.16

Rosario Castellanos. Elegías del amado fantasma

Segunda elegía

II

No es en el costado la herida, ni en las sienes.
Las manos palparían sin hallarla
y el que escuche las quejas atiende señas falsas
y confía en palabras inexactas.
No es siquiera una herida. Es el cimiento
roído de gusanos, la escalera
incompleta y las aguas estancadas.


De "La vigilia estéril"

12.10.15

Rosario Castellanos. Me quiero despedir de tanta pena...

"Me quiero despedir de tanta pena"
igual que tú, Miguel, pero soy mexicana
y en mi país tenemos ritos, costumbres, métodos.

Si la pena me dice que se va, me desvivo
por ser hospitalaria.
Se le ofrece un café? Una copita?
Que se quede otro rato.
Aún no es tarde y a fuera hace mal tiempo
y hay tanto de qué hablar todavía. Hablaremos.

Alguna vez se va a poner de pie,
a pesar de mis súplicas,
y llegaremos juntas a la puerta
y la abriremos y, a los cuatro vientos,
como aquí suele hacerse, seguiremos charlando.

Y temo que mi adiós -si es que hay adiós-
se confunda con una bienvenida:
lo que preparo ya para la muerte.


De "Diálogos con los hombres más honrados"

7.8.15

Rosario Castellanos. Silencio cerca de una piedra antigua

Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras
como con una cesta de fruta verde, intactas.

Los fragmentos
de mil dioses antiguos derribados
se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo
recomponer su estatua.
De las vidas destruidas
quiere subir hasta mi boca un canto,
un olor de resinas quemadas, algún gesto
de misteriosa roca trabajada.
Pero soy el olvido, la traición,
el caracol que no guardó el mar
ni el eco de la más pequeña ola.
Y no miro los templos sumergidos;
sólo miro los árboles que encima de las ruinas.
mueven su basta sombra, muerden con dientes ácidos
y el viento cuando pasa.
Y los signos se cierran bajo mis ojos como
la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.
Pero yo sé: detrás
de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,
y alrededor de mí muchas respiraciones
cruzan furtivamente
como los animales nocturnos en la selva.


17.5.15

Rosario Castellanos. La promesa

Te lo voy a decir todo cuando muramos.
Te lo voy a contar, palabra por palabra,
al oído, llorando.
No será mi destino el del viento que llega
solo y desmemoriado.


De "Materia memorable"

1.3.15

Rosario Castellanos. Al pie de la letra

Desde hace años, lectura,
tu lento arado se hunde en mis entrañas,
remueve la escondida fertilidad, penetra
hasta donde lo oscuro -esto es lo oscuro: roca-
rechaza los metales con un chispazo lívido.

Plantel de la palabra me volviste.
No sabe la semilla de qué mano ha caído.
Allá donde se pudre
nada recuerda y no presiente nada.

La humedad germinal se escribe, sin embargo,
en la celeste página de las constelaciones.
Pero el que nace ignora, pues nacer es difícil
y no es ciencia, es dolor, la vida a los vivientes.

Lo que soñó la tierra
es visible en el árbol.
La armazón bien trabada del tronco, la hermosura
sostenida en la rama
y el rumor del espíritu en libertad: la hoja.

He aquí la obra, el libro.

Duerma mi día último a su sombra.


De "Al pie de la letra"

29.1.15

Rosario Castellanos. Límite

Aquí, bajo esta rama, puedes hablar de amor.

Más allá es la ley, es la necesidad,
la pista de la fuerza, el coto del terror,
el feudo del castigo.

Más allá, no.



De "Lívida luz"

2.11.14

Rosario Castellanos. Himno

Después de todo, amigos,
esta vida no puede llamarse desdichada.
En lo que a mí concierne, por ejemplo,
recibí en proporción justa, en la hora exacta
y en el lugar preciso y por la mano
que debe dar, las dadivas.

Así tuve los muertos en la tumba,
el amor en la entraña,
el trabajo en las manos y lo demás, los otros,
a prudente distancia
para charlar con ellos, como vecina afable
acomodada en la barda.

Y recreos. Domingos enteros en la playa,
arboledas anónimas y amigas,
manantiales ocultos que cantaban,
libros que se me abrieron de par en par y bóvedas
maravillosamente despobladas.

Dioses a quienes venerar, demonios
tan hermosos que herían la mirada,
sueños para dormir asido al cuerpo ajeno
como hiedra de tactos y palabras
... y algún relámpago de medianoche
para alumbrar el orden de mi casa.



de "Materia memorable"

22.3.14

Emily Dickinson. Morir no hiere tanto...

Morir no hiere tanto.
Nos hiere más vivir.
Un modo diferente, una forma escondida
tras la puerta, es morir.

Los pájaros del sur tienen costumbre
-cuando la escarcha está a punto de caer-
de emigrar hacia climas más benévolos.
Nosotros no sabemos sino permanecer.

Temblorosos rondamos en torno de las granjas
buscando la migaja que alguno ha de arrojar.
Tal es el pacto. La piadosa nieve
persuade a nuestras plumas de volver a su hogar.


Versión de Rosario Castellanos

2.3.14

Rosario Castellanos. Amanecer

Qué se hace a la hora de morir? Se vuelve la cara a la pared?
Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

Cuál es el rito de esta ceremonia?
Quién vela la agonía? Quién estira la sábana?
Quién aparta el espejo sin empañar?

Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.

Ya no hay sollozo. Nada, más que un silencio atroz.

Todos son una faz atenta, incrédula
de hombre de la otra orilla.

Porque lo que sucede no es verdad.