(Siento un deseo de palabras, las palabras que siempre me parecieron insuficientes. Puedes hablarme todo lo que quieras. Lo que no desees, no lo oiré. Pero, dime algo, eso puede hacernos mucho bien.)
Todas las cosas que le conmovieron caían, como lluvia de arena, dejándole seco, intacto. Se sentía granítico, pesando vanamente sobre la tierra. Al otro lado de la ventana acechaba el otoño, y el verano yacía, incoloro, húmedo. Algún fuego invisible prendía las paredes de las casas, lejos de allí.