Sin embargo, como ya aprendiera en cierta ocasión, uno podía hacer lo que se propusiera (tal vez incluso matar) siempre que no tratase de dar explicaciones, y esta era una lección que no había olvidado.
Una mujer no deja nunca de pensar en el hombre al que ama. Piensa en él durante muchos años, de distintas formas y de manera inconsciente, lo hace a través de un sinfín de cosas: libros, cuadros, puestas de sol, una flor, una cinta... o un reloj sobre la repisa de la chimenea.