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11.5.18

Sureka Vih. Soledad

No te quedes a mi lado
no me tiendas las manos
déjame ir sola
por los caminos sinuosos
y mirar
los momentos cambiantes
sola, precisamente sola.

Déjame sopesar
la eficacia de mi alma
y el poder de la voluntad
para discernir entre ignorancia
y verdad,
para observar los diversos
matices de luz y sombra.

Déjame que me conozca a mí misma
no te quedes a mi lado
debo seguir sola.




En "La voz de las mujeres acalladas"
de Clara Janés

26.5.16

Forugh Farrojzad. Murallas fronterizas

Ahora una vez más en la noche apagada
como plantas crecen
murallas de clausura, murallas fronterizas
para custodiar los campos de mi amor

Ahora una vez más rumores de la ciudad
como turbios bancos de peces asustados
emigran de mi oscura orilla
Ahora una vez más las ventanas
se abren al gozoso contacto de los perfumes dispersos
ahora los árboles, dormidos en el jardín, se desnudan de su corteza
y la tierra, a través de mil poros
absorbe confusas partículas de luna

***

Ahora
acércate más
y escucha
los obsesivos latidos del amor
que se propagan
como el tam tam de los negros tambores
en el canto tribal de mi cuerpo

Yo siento
yo sé
cuál es el instante de la oración
ahora las estrellas todas
yacen juntas en el sueño

Yo, por el refugio de la noche
desde el final de toda brisa corro
en el refugio de la noche
enloquecida me derrumbo
con mis grávidos cabellos en tus manos
y te regalo flores tropicales de esta zona verde y cálida

Ven conmigo
ven conmigo a esa estrella
no a la estrella que está a mil años
de distancia del peso de la sierra y el engaño de sus formas
donde nadie
tiene miedo de la luz

Yo en las islas que flotan en el agua respiro
yo
en el inmenso cielo busco un fragmento
que esté libre de pensamientos vacíos

Vuelve conmigo
vuelve conmigo
al inicio de mi cuerpo
al perfumado centro del feto
al instante en que de ti fui creada
vuelve conmigo
de ti estoy incompleta

Ahora las palomas
sobre las cimas de mis pechos vuelan
ahora en los capullos de mis labios
las mariposas de los besos se han sumido prestas a huir
ahora el mihrab
de mi cuerpo
para la oración de amor esta dispuesto

Vuelve conmigo
soy incapaz de hablar
porque te amo
porque "te amo" es una palabra
que viene del mundo de lo vano
y de lo viejo reiterado
vuelve conmigo
soy incapaz de hablar

Deja que deposite la carga de la luna en el refugio de la noche
deja que me llene
de pequeñas gotas de lluvia
de tiernos corazones
de formas de niños no nacidos
deja que me llene
tal vez mi amor
sea la cuna para el nuevo Mesías por nacer




En "La voz de las mujeres acalladas"
de Clara Janés

21.3.16

Amrita Pritam. Encuentro

Años después
nos encontramos por casualidad
temblorosos
como un poema...

La noche estaba por llegar
algo se quedó en el poema
el resto en otra parte...

Al alba
volvimos a encontrarnos
como dos trozos de papel.
Tomé su mano con la mía,
él me cogió del brazo.
Nos reímos
y con brutal seguridad
censuramos el poema.




En "La voz de las mujeres acalladas"
de Clara Janés

15.3.16

Sujata Bhatt. El virólogo

    para mi padre

A los diecisiete años llegó a Benarés
para estudiar medicina Ayurvédica.
Lo primero que hizo fue bañarse en el Ganges
cumpliendo los deseos de su madre-
Después se sintió sucio
volvió a su habitación
y al punto se dio otro baño.
Aquella tarde escribió una carta
a su madre -decepcionado
de que meter el pie en el sagrado río
no le hubiera hecho sentir mas puro.
Tenía que haber algo más -no había duda.




En "la voz de las mujeres acalladas"
de Clara Janés

2.3.16

Fadwa Tuqan. Cuando para una brisa sobre cincuenta cuerdas...

[...] cuando para una brisa sobre cincuenta cuerdas.
Qué cincuenta sangrantes melodías!
Cómo pudo la alberca de sangre hacerse estrellas y árboles?
[...]
Ay, espiga en el pecho de los campos!
Tu canto dice aún:
Si supiera el secreto del árbol!
Si enterrara todas las palabras ya muertas!
Si tuviera la fuerza de la tumba silente!
-oh mano avergonzada que pulsa esas cincuenta cuerdas!-
Si escribiera mi historia
con la hoz,
y mi vida con el hacha...




En "La voz de las mujeres acalladas"
de Clara Janés

29.2.16

Savita Singh. Sin ancla ni atadura

El viento afinaba una idea
en la cabeza de un pájaro
que acababa de terminar el nido.
Había venido a decirme también
que yo soy sólo fruto del tiempo
y que no soy nadie para pensar en mi propia trascendencia.
La tristeza que sin cesar gotea en mi interior desde un grifo
oxidado e indetenible,
es también una apertura a la creación melancólica.

Al acabar la tarde,
el pájaro estaba bien instalado en su hogar,
dejándome para vagar
por el ancho mundo,
sin ancla ni atadura.




En "La voz de las mujeres acalladas"
de Clara Janés

26.2.16

Clara Janés. La voz de las mujeres acalladas


Muchas son todavía las voces acalladas, voces de mujer, voces vinculadas a la tierra y a su riqueza y, por tanto, a la posibilidad de dar fruto. Duermen esas voces o como la tierra en invierno esperan el despertar primaveral? O sencillamente alcanzar el estado de plena fecundidad? Imagino lugares donde no ha llegado la escritura, las tribus africanas o la selva amazónica... Acaso allí se oyen esas voces fundamentalmente en el grito, el canto de una nana o el desgarrarse ante el dolor, la enfermedad y la muerte, pero también en la oración, la maldición y el hechizo. No están dormidas esas voces, no, pero aún necesitan absorber materiales nutrientes para llegar a su eclosión. Hay, sin embargo, otros lugares donde permanecen silenciosas pero conviven con la posibilidad del fruto pues todo el espectro de la riqueza de su suelo está latente y en sazón. Son lugares donde la sociedad no ensombrece del todo a las mujeres, pero las mantiene apartadas, ocultas o, por lo menos, diferenciadas de sus compañeros masculinos. Y allí, mientras la mayoría de ellas parecen dormidas en el mutismo, algunas se atreven a despertar, cosa que sucede incluso en países donde directamente se les niega toda posibilidad de manifestarse.



[Conferencia pronunciada en Gran Canaria el día 1 de julio de 2006, con motivo del primer congreso del Pen Club español]


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