Mostrando entradas con la etiqueta Alice Munro.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alice Munro.... Mostrar todas las entradas

3.6.24

Alice Munro. Los Chaddeley y los Fleming

La prima Iris de Filadelfia era enfermera, la prima Isabel de Des Moines tenía una floristeria, la prima Flora de Winnipeg era profesora, la prima Winifred de Edminton, contable. Señoras solteras se las llamaba. Solteronas era un término demasiado genérico, no las describiría. Sus pechos eran grandes e intimidantes -un solo bulto blindado-, y sus estómagos y traseros, rebosantes y encorsetados como los de cualquier mujer casada. En aquellos tiempos al parecer la cuestión era que el cuerpo de la mujer (si realmente una le sacaba partido a la vida) engordara y madurara hasta llegar a una buena talla cuarenta y seis, si en la vida no tenían más remedio; luego, dependiendo de la clase y de las aspiraciones, o bien se ponían flojas y sueltas, temblorosas como flanes bajo vestidos de estampados pálidos y húmedos delantales, o bien ceñidas en unos contornos cuyas firmes curvas y orgullosas pendientes no tenían nada que ver con el sexo, y todo con derechos y poder.
Mi madre y sus primas pertenecían a este segundo tipo de mujeres.


Principio de "Los Chaddeley y los Fleming"
De "Las lunas de Júpiter"
    

15.9.23

Alice Munro. Las niñas se quedan


Este dolor agudo. Se hará crónico. Crónico significa que perdurará aunque tal vez no sea constante. También puede significar que no morirás de ello. No te librarás pero no te matará. No lo sentirás a cada minuto pero no permanecerás mucho tiempo sin que te haga una visita. Y aprenderás algunos trucos para mitigarlo o ahuyentarlo, tratando de no destruir aquello que tanto dolor te ha costado.


De "Las niñas se quedan"
uno de los relatos de "El amor de una mujer generosa"

29.6.23

Alice Munro. Teóricamente, yo estaba haciendo la tesis sobre las últimas novelas de Mary Shelley

Teóricamente, yo estaba haciendo la tesis sobre las últimas novelas de Mary Shelley, de las que nadie sabe nada: Lodore, Perkin Warbeck, El último hombre. Pero en realidad me interesaba mucho más la vida de Mary antes de que aprendiera una triste lección y se doblegara a la tarea de criar a su hijo para ser barón. Me encantaba leer cosas sobre otras mujeres que la habían envidiado u odiado o que habían intervenido en su vida: Harriet, la primera mujer de Shelley, y Fanny Imlay, hermanastra de Mary, que pudo haber estado enamorada de Shelley, y su otra hermanastra, Mary Jane Clairmont, que tenía el mismo nombre que yo -Claire- y se fue con Mary y Shelley en su luna de miel, sin haberse casado, para poder seguir persiguiendo a Byron. Con Donald había hablado muchas veces sobre la impetuosa Mary y sobre Shelley, casado ya, y sobre sus citas junto a la tumba de la madre de Mary, sobre el suicidio de Harriet y Fanny y la insistencia de Claire, que tuvo un hijo de Byron. Pero nunca hablé del tema con Nelson, en parte porque teníamos poco tiempo para hablar y en parte porque no quería que pensara que obtenía consuelo o inspiración de aquel batiburrillo de amor, desesperación, traición y autocompasión. Tampoco yo quería pensarlo. Y Nelson no era precisamente muy aficionado a los románticos del siglo XIX. Eso decía. 


De "La virgen albanesa"
En "Secretos a voces"
   

17.2.23

Alice Munro cita a Isak Dinesen


Yo estaba pasando la aspiradora por el salón, y poco antes había recogido un libro parcialmente oculto bajo el sofá. Se llamaba Siete cuentos góticos. El título me incitó a abrirlo, e incluso mientras oía la conversación de los Montjoy, seguí leyendo, sosteniendo el libro abierto con una mano y dirigiendo la aspiradora con la otra. Desde la terraza no me veían.
-No hablo con el corazón en la mano -dijo Mira-, hace tiempo que intento entender a Dios. Ahora me he hecho amiga de él. Para amarlo sinceramente hay que amar el cambio, hay que amar las bromas, siendo éstas las genuinas inclinaciones de su propio corazón. 


De "Ayuda doméstica" 
En "La vista desde Castle Rock" 
    

10.7.22

Alice Munro. Silencio


De modo que eso es el dolor... Siente como si le hubieran echado encima un saco de cemento que hubiera fraguado rápidamente. Apenas puede moverse.


De "Silencio"

7.6.22

Alice Munro. Soy escritora

Pero aquí viene la revelación que no me resulta fácil: soy escritora. Eso no me suena bien. Demasiado pretencioso; impostado, o poco convincente, por lo menos. Prueba otra vez. Escribo. Así está mejor? Intento escribir. Eso lo empeora. Falsa modestia. Entonces qué?
No importa. Comoquiera que lo diga, las palabras crean su espacio de silencio, el delicado instante de la visibilidad.



De "El despacho"
Uno de los relatos de "Danza de las sombras"
    

29.7.21

Alice Munro. Yo tampoco entiendo como funciona...

En una ocasión una amiga mía -mujer, no falla- me dijo que, puesto que el dolor solo era posible si mirabas hacia el pasado o hacia el futuro, había eliminado el problema de raíz viviendo cada momento plenamente; cada momento, decía, estaba lleno de un silencio absoluto. Lo he probado, probaría cualquier cosa, pero no entiendo cómo funciona.


De "Dime sí o no"
en el libro "Algo que quería contarte"
   

28.5.21

Alice Munro. Pisaba suelo firme

Pisaba suelo firme en todo momento, nunca me abandonaste. Como si este agujero en el que caigo, que es tu ausencia permanente, no fuese nada más que un sueño en el que me asusto sola, o, en el peor de los casos, un lugar desde donde basta con gritar fuerte y convencida pidiendo ayuda, y la ayuda vendrá. 


De "Dime sí o no"
en el libro "Algo que quería contarte"
   

10.7.20

Alice Munro. Siempre había pensado que ocurriría así...

Siempre había pensado que ocurriría así, que alguien la miraría y la amaría absoluta y desesperadamente. Al mismo tiempo había pensado que no, que nadie la querría jamás, y hasta ahora nadie se había interesado en ella. No puedes hacer nada para que te quieran, es algo que se da, y cómo sabes si va a darse? Se miraba en el espejo y pensaba: "Esposa", "Cariño", esas palabras suaves, bonitas. Cómo iban a referirse a ella? Era un milagro; era un error. Era lo que siempre había soñado; no era lo que quería.


De "Quién te crees que eres?"
    

10.7.19

Alice Munro. Pensó que el amor te despoja del mundo...

Pensó que el amor te despoja del mundo, y tan infaliblemente cuando va bien como cuando va mal. Eso no debería haber sido una sorpresa para Rose, ni lo fue; la sorpresa fue comprender que si ella quería, si exigía tanto que todo estuviera a su alcance, sólido y rotundo como aquellos platos, tal vez no fuesen el desencanto, las pérdidas, la disolución de lo que había estado huyendo, sino del revés de esas cosas: la celebración y el impacto del amor, el deslumbramiento. Aunque eso fuese una certeza, no podía aceptarla. De las dos maneras te arrebatan algo: un resorte del equilibrio íntimo, unas migajas secas de integridad. O así pensaba ella.


De "Quién te crees que eres?"
    

3.5.19

Alice Munro. Quién te crees que eres?

Una soberana paliza. Esa era la promesa de Flo. "Vas a llevarte una soberana paliza "
La palabra "soberana" se arrellanaba en su lengua, revestida de boato. Rose tenía la necesidad de hacerse una imagen de las cosas, de detectar absurdos, que era más fuerte que la necesidad de no meterse en líos, y en lugar de tomarse la amenaza a pecho, meditaba: cómo es soberana una paliza? Recreó una avenida arbolada, una multitud de espectadores ceremoniosos, varios caballos blancos y esclavos negros. Alguien arrodillado, y la sangre saltando a borbotones, como estandartes. Una ocasión a la vez salvaje y espléndida. En la vida real no adquirían tanta dignidad, y era solo Flo quien intentaba dotar al suceso de cierto aire de fuerza mayor y penitencia. Rose y su padre pronto traspasaron los límites del decoro.


Principio de "Quién te crees que eres?"
    

10.7.18

Alice Munro. En cierto tipo de relatos...


De modo que se había quedado mirando la espuma de la estela del barco, y se le había ocurrido que en cierto tipo de relatos -esos que ahora ya nadie escribía- lo que le habría tocado hacer a ella era arrojarse al agua. Tal como estaba, repleta de felicidad, recompensada como seguramente no volvería a estar nunca, con cada célula del cuerpo henchida de autoestima. Un acto romántico que -desde un punto de vista prohibido- habría podido considerarse soberanamente racional.



De "Lo que se recuerda"

10.7.17

Alice Munro. La isla de Cortés

Nos parecía que el único afán de los mayores era de casas, de propiedad, de máquinas cortadoras de césped y congeladores y muros de contención; y, por supuesto, en lo referente a las mujeres, de bebés, todas esas cosas, pensamos, las elegiríamos o no elegiríamos en el futuro. Nunca creímos que nada de eso nos llegaría inexorablemente, como la edad o el tiempo.



De "La isla de Cortés"

Uno de los cuentos de "El amor de una mujer generosa"
     

2.12.16

Alice Munro. Sobre Ana Karenina

De Ana Karenina decía por ejemplo: "No sé cuantas veces lo he leído, pero sé que al principio me identificaba con Kitty y después con Ana... Ay, con Ana fue tremendo! Y ahora sabes? Simpatizo siempre con Dolly. Con Dolly cuando se va al campo con el montón de niños, tiene que encontrar la manera de lavar tanta ropa y hay inconvenientes con las bañeras..., supongo que así cambian las simpatías conforme te vas haciendo mayor. De cualquier modo no me hagas caso. No me lo haces verdad?


De "Pasión"
En "Escapada"

10.7.16

Alice Munro. La luna en la pista de hielo de Orange Street

En realidad y, como parece ser el caso, tales momentos significan que tenemos una vida de felicidad con la que sólo nos cruzamos ocasional y conscientemente? Acaso arrojan esta luz antes y después de que podamos desechar cuanto nos ha ocurrido en la vida, o lo que hemos hecho para que ocurriera?


De "La luna en la pista de hielo de Orange Street"

23.1.16

Alice Munro. Espacios para respirar

Qué son esas ocasiones que destacan, fragmentos claros de la vida, qué relación guardan con ella? No son exactamente promesas. Espacios para respirar. Nada más?


De "El círculo de la oración"

14.9.15

Alice Munro. Poste y viga

Al enterarse de que era profesor de matemáticas también se había enamorado de lo que tenía en la cabeza.


De "Poste y viga"
En "Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio"

4.6.15

Alice Munro. La isla de Cortés


Otra cosa que hacía tras la cortina era leer. Leía libros que cogía de la biblioteca de Kitsilano, que se encontraba a unas manzanas de casa. Y cuando estaba allí tendida boca arriba en aquel estado de asombro que me podía producir un libro, un vértigo generado por las riquezas de lo que digería, lo que veía en aquellas franjas. Y no sólo los personajes y la trama, sino también el clima creado por el libro impregnaba las flores artificiales y fluía a lo largo del vino tinto y del verde lóbrego.


De "La isla de Cortés"
uno de los relatos de "El amor de una mujer generosa"

18.2.15

Alice Munro. Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio

-«No debes preguntar; se nos prohíbe saber...» -Hizo una pausa, mordió el lápiz y con un escalofrío de satisfacción concluyó-; «...qué nos reserva el destino a mí o a ti».


De "Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio"

4.8.14

Alice Munro. Desencuentro

Con seguridad estaban en otro mundo. Como cualquier mundo tramado en el escenario. Su endeble acuerdo, la ceremonia de los besos, la insensata fe que los envolvió y les hizo pensar que las cosas se realizarían sobre ruedas como las habían planeado. En tales casos un palmo de desvío en una u otra dirección y todo se va al traste.



De "Desencuentro"