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23.5.26

Jane Kenyon. Abrigos

Le vi salir del hospital
con un abrigo de mujer sobre el brazo.
Evidentemente ella no lo iba ya a necesitar.
Las gafas de sol que llevaba no podían
ocultar su cara húmeda y su desconcierto.

Como una burla el día era brillante
y suave el aire para ser diciembre. Aun así
se subió la cremallera de su abrigo y se ató
la capucha bajo la barbilla, preparándose
para un frío irremediable.   




De "Constancia"
En "De otra manera"

10.8.24

Jane Kenyon. Que venga la noche

Que la luz del atardecer 
brille por las grietas del establo, que ascienda
por los fardos de heno a medida que el sol baja.
   
Que el grillo comience su rasgueo 
igual que una mujer sus labores de aguja
y estambre. Que venga la noche.
   
Que el rocío se acumule en la azada abandonada
en la hierba crecida. Que aparezcan las estrellas
y la luna descubra su cuerno de plata.
   
Que el zorro retorne a su guarida arenosa.
Que amaine el viento. Que oscurezca 
dentro del cobertizo. Que venga la noche.
   
A la botella en la zanja, a la pala
en la avena, al aire en el pulmón,
que venga la noche.
   
Que venga, como sea, y no
temas. Dios no nos deja
sin consuelo, que venga la noche.


De "Que venga la noche"
En "De otra manera"
    

13.3.24

Jane Kenyon. El dedal

Encontré un dedal de plata
en el suelo húmedo de la leñera, 
ni grande ni pequeño, el lado abierto
deformado en un óvalo por el peso de la leña
o porque la mujer que lo usaba
lo moldeó así para ajustarlo a su dedo.
   
Su borde decorativo de hojas, graciosas
y uniformes, como la cenefa de acantos
en el techo de lata de la iglesia...
se repite sobre nuestras cabezas
mientras decimos al unísono 
palabras que la dueña del dedal debió haber dicho.


De "De habitación en habitación"
En "De otra manera"
   

23.5.21

Jane Kenyon. Yo creo que escribir esos poemas...

Yo creo que escribir esos poemas fue mi esfuerzo para comprender y controlar lo que me estaba ocurriendo. Para mí la poesía es siempre un lugar seguro, un refugio y lo ha sido desde que la estudié en la escuela primaria, así pues era natural para mí escribir sobre estas cosas que ocurrían en mi propia alma.

   
En el prólogo de "De otra manera"

23.5.20

Jane Kenyon. Sola durante una semana

Hice una colada
y la puse a secar.
Luego subí al pueblo
y estuve ocupada todo el día.
La manga de tu mejor camisa
se levantaba ceremoniosa
cuando regresé; nuestras
ropas de dormir se enroscaban y desenroscaban
en una breve ráfaga de viento.

Para mí se iba haciendo tarde;
para ti, donde estabas, no.
Había luna llena
pero unas nubes escasas hacían que su luz
no fuera por completo de fiar.
El lado de tu cama parecía
tan ancho y llano como Kansas;
tu almohada esponjada, fresca,
y alegórica...




De "La barca de las horas tranquilas"
En "De otra manera"

4.11.19

Jane Kenyon. La pera

Hay un momento en la madurez
en que te aburres, encolerizado
por tu mente mediocre,
aterrorizado.

Ese día el sol
deslumbrante te quema
y te hace sentir más desolado.

Pasa sutilmente como cuando una pera
se pudre de dentro afuera
y tú tal vez no lo adviertes
hasta que es demasiado tarde.

   
    
De "Que venga la noche"
En "De otra manera"
     

19.7.19

Jane Kenyon. Solsticio de verano

Calor de mediodía. Y después, todavía más calor...
El hijo del vecino sube y baja por el campo
removiendo el heno, removiéndolo con esmero.
   
El tractor se sumerge en el llano de tréboles
hasta donde baja el deshielo de la montaña
en primavera, donde crece
el altramuz silvestre. Sólo se ve la cabeza rubia
del muchacho: pero después se acerca otra vez
con elegancia y rodea hábilmente
el peral que hay cerca del establo. Bravo...
   
bravísimo. La alta hierba en el suelo, segada,
removida, rastrillada y seca. Después el padre
baja por el camino con la empacadora. Toda la tarde
oigo el continuo sonido sordo.
   
Hace calor, mucho calor, hoy... Me quedaré
   en nuestra habitación
con las persianas bajadas, esperando a que llegues
con los ojos cansados, y subas tus dedos
suavemente, suavemente por mis muslos.




De "Eagle Pond"

23.5.19

Jane Kenyon. Lo que sentí

Saqué la última
pieza de loza polvorienta
del barril.
Era tu salsera
con una gota de salsa
dura y marrón
aún en el borde de la porcelana.
Entonces tuve pena por ti
como nunca antes.




De "La barca de las horas tranquilas"
En "De otra manera"
    

20.4.19

Jane Kenyon. Luz cambiante

Las nubes se mueven sobre la montaña,
metódicas como viejos
sabios.
      El sol sale
en los altos pastos donde
las vacas sienten el calor
entre sus omoplatos.



En "Lengua de madera
(antología de poesía breve en inglés)"
     

25.12.18

Jane Kenyon. Planchando el mantel de la abuela

Como una novia su vestido, lo alisabas
igualando los bordes, cuadrando los ángulos.
Años y años con el mismo trozo
de tela, igual que el abuelo yendo al trabajo.

Esta mañana paso la plancha por el paño de damasco,
hacia delante, hacia atrás, arriba y abajo.
   Tienes noventa y cuatro años.
Todos los días te vistes, y después te vas a la cama
a escuchar sermones en la radio, a mirar al techo.

Cuando voy a verte me cuentas tus problemas:
que mi padre dejó pomelos envenenados
   en el porche trasero
el día de Navidad, que alguien viene por la noche
a arrojar piedras a la casa.

Las calles de tu cerebro se hacen pequeñas,
las casas viejas se derrumban. Te resulta difícil
hablar conmigo, mantener la conversación,
saber de quién soy, si tengo hijos.




De "Eagle Pond"
    

23.5.18

Jane Kenyon. Aquí

Tú siempre has pertenecido a este lugar.
Eras uno de los suyos, firme como una roca.
Yo soy la que se preocupa
de si me adapto o no a los muebles
y al paisaje.

                    Pero "sigo demasiado
los ardides y deseos de mi propio corazón."

Los recovecos del camino
me son ya familiares, y la montaña
envuelta en cualquier tipo de luz,
tratando a todo el mundo igual.
Y cuando subo a la colina
veo la casa, con sus generosas
y firmes proporciones, el humo
subiendo alegremente por la chimenea.

Siento que mi vida comienza de nuevo,
como cuando a un esqueje le crece
dentro de un vaso de agua
la primera raíz pálida, indecisa.




De "De habitación en habitación"
En "De otra manera"
     

5.3.18

Jane Kenyon. Versos para Ajmátova

El tren nocturno de Moscú, atenuó la velocidad
y se acercó a tu ciudad, que dormía.
Un sonido de campanillas en el aire frío... Después
apareció el mozo cargado con vasos de té.
"Despierten, señoras! Estamos en Leningrado."

Los estrechos canales brillan oscuros todavía
bajo la luz de las farolas y, en los parques,
hay hojas doradas por los caminos de arena
y en los bancos de madera. Con la luz del día,
viejas vestidas de negro las barren
con escobas de ramas de abedul.

Tu trabajo, tu vida apasionada, tus estudios,
todo tuvo lugar aquí, donde el Partido
te silenció durante veinticinco años
por escribir de amor, una labor de burguesía.

Marido e hijo, amantes, compañeros queridos
fueron encarcelados o asesinados, emigraron
   o murieron.
Te volviste más retraída,
infranqueable como una puerta de los leones, y viviste
obstinadamente, aprendiéndote a Dante de memoria.

Al final sobreviviste al georgiano
genocida de bigote ancho como una serpiente.
Y, reconocida, ya vieja, escribiste:
No puedo decir si el día está por terminar, o el mundo,
o si el secreto de los secretos está dentro de mí otra vez.




De "Eagle Pond"
    

31.1.18

Jane Kenyon. Luna llena en invierno

Las ramas desnudas se mueven
arriba y abajo por encima de nosotros.
La puerta del establo golpea
con insistencia, como el remordimiento
tras la ira y los gritos.

Los perros ladran más allá de la laguna.
La sombra de la casa
se dibuja sobre la nieve
como un fantasma,
y mi propia sombra

se echa a mis pies
bajo el frío, lunática,
como algo cansado
de vivir en un cuerpo
necesitado y lleno de deseo...




De "Eagle Pond"
   

15.12.17

Jane Kenyon. Los primeros ocho días de una barba

1. Una página de signos de admiración.
2. Una clase de cadetes atentos.
3. Un grupo de anguilas.
4. Viajeros suburbanos de pie.
5. Una cama de clavos para el fakir.
6. Astas de banderas de países desconocidos.
7. Ciempiés descansando en sus laureles.
8. Las uñas de la cara.



En "Lengua de madera
(antología de poesía breve en inglés)"
     

23.5.17

Jane Kenyon. El sol del atardecer

Por qué esta luz me devuelve
a mi infancia? Yo llevaba un traje de verano
amarillo, y la falda
formaba un círculo perfecto.

         No me podía resistir a dar vueltas
y más vueltas hasta que se abría
completamente... La hierba, los árboles,
mis brazos abiertos, y la falda
girando bajo la luz ocre
de una tarde temprana de junio.

            Y entonces supe
que tendría que vivir, y seguir
viviendo: qué doloroso era: y qué dolor
quema todavía,
aunque no acaba con mi corazón.




De "Eagle Pond"
    

11.4.17

Jane Kenyon. Entra brevemente, y brevemente habla

Entra brevemente, y brevemente habla
Soy la flor prensada en un libro
y hallada después de doscientos años...

Soy el fabricante, el amante y el guardián...

Cuando la joven hambrienta
se sienta a la mesa,
se sienta junto a mí...

Soy la comida en el plato del preso...

Soy agua que sale del manantial
y llena el cántaro hasta que rebosa...

Soy el jardinero paciente
del jardín seco y descuidado...

Soy el escalón de piedra,
el cerrojo, la bisagra...

Soy el corazón contraído por el gozo...
el pelo más largo, cano
antes que el resto...

Estoy ahí, en el canasto de fruta
que se ofrece a la viuda...

Soy la rosa de olor que se abre
desatendida, el helecho en la cumbre húmeda...
Soy aquella cuyo amor
te domina, ya contigo
cuando piensas en pronunciar mi nombre...




De "Eagle Pond"
     

12.3.17

Jane Kenyon. Luna llena de invierno

Ramas desnudas ascienden
y caen en lo alto.
La puerta abierta del establo golpetea
persistente como un remordimiento
después de la ira y los gritos.

Los perros ladran al otro lado del estanque.
La sombra de la casa
asoma sobre la nieve endurecida,
como la idea de una casa,
y mi propia sombra

yace en el frío,
a mis pies, lunática,
como alguien cansado
de vivir en un cuerpo,
necesitada y llena de deseo...

En "Lengua de madera
(antología de poesía breve en inglés)"

26.12.16

Jane Kenyon. Tormenta de hielo

Para los abetos y los árboles perennes de hoja ancha
un hermoso y precario modo de vivir...
Aquí en los suburbios de New Haven
la naturaleza, desenfrenada, poda las ramas más débiles
de arbustos y árboles con un sentido de la estética
que es práctico y siniestro...

Soy un huésped en esta casa.
Sobre la mesilla de noche Good Housekeeping y
A Nietzsche Reader... Los otros aún duermen.
El anhelo más doloroso me turba.
Un anhelo que no es del cuerpo...

Podría ser por la belleza-
quiero decir aquello por lo que Keats suspiraba,
por lo cual lo amo y lo honro;
podría ser por las promesas de Dios;
o por el olvido, nada; o alguna condición aún más
extrema que adivino pero no sé nombrar.




De "La barca de las horas tranquilas"
En "De otra manera"

5.11.16

Jane Kenyon. De otra manera

Me levanté de la cama
con dos piernas fuertes.
Podría haber sido
de otra manera. Comí
cereal, leche
dulce, un melocotón
maduro, perfecto. Podría
haber sido de otra manera.
Llevé al perro cuesta arriba
al bosque de abedules.
Toda la mañana hice
el trabajo que me gusta.

Al mediodía me acosté
con mi compañero. Podría
haber sido de otra manera.
Cenamos juntos
en una mesa con candelabros
de plata. Podría
haber sido de otra manera.
Dormí en una cama
en una alcoba con cuadros
en la pared
y planeé otro día
exactamente igual a éste.
Pero un día, lo sé,
será de otra manera.

De "Constancia"
En "De otra manera"

11.8.16

Jane Kenyon. Peonías al atardecer

Peonías blancas florecen a lo largo del porche
irradiando luz
mientras el resto del patio se oscurece.

Flores llamativas, grandes como cabezas
humanas. Tambaleándose
por su propia exuberancia, tuve
que apuntalarlas con estacas y bramante.

El aire húmedo intensifica su perfume
y la luna se mueve alrededor del establo
para saber de dónde viene ese olor.

En la tarde crepuscular de junio
me acerco un brote e inclinándome
la observo como una mujer observa
el rostro del amado.

De "Constancia"
En "De otra manera"