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17.2.26

Maryse Condé. Tierra mezclada

Jamás terminaré de remontar este río, de nadar a contracorriente. A mi alrededor, las aguas centelleantes, tranquilas en apariencia, pero en realidad animadas por una fuerza invisible, sibilina, dispuesta a destruirlo todo. En la orilla, los niños y las niñas de la escuela. Han venido para admirar el barco y asistir a mi partida furtiva, sin honor. Me han querido muchísimo estas criaturas.


Principio de "Solo"
El primer relato de "Tierra mezclada"
    

23.1.25

Maryse Condé. Victoire. La madre de mi madre

Murió antes de mi nacimiento, pocos años después de que mis padres se casaran.
Lo único que recuerdo de ella es una fotografía de color sepia firmada por Cattan, el mejor retratista de la época, posada sobre el piano en el que aprendí a tocar. Mostraba a una joven con un vestido de cuello de encaje que le daba un aire de colegiala. Sus formas menudas reforzaban esta impresión.


Principio de "Victoire. La madre de mi madre"
    

19.2.24

Maryse Condé. Historia de la mujer caníbal

El Cabo dormía siempre del mismo modo, acostado cual perro guardián. Tras largas horas de silencio fúnebre, pesado como la pelliza de los antiguos dirigentes soviéticos, un sinfín de motores y máquinas empezaban a petardear y tronar por doquier. A lo lejos, similares a los graznidos de los cormoranes, las sirenas de los primeros ferris desgarraban los jirones de bruma que flotaban a ras de mar. Indicaban así su inminente partida desde la isla de Robben Island, que había pasado de albergar un campo de concentración a ser considerada una atracción de interés turístico internacional. No tardaban en sumarse los frenazos de los autobuses a rebosar, encargados de transportar la miseria desde los bajos fondos al esplendoroso centro de la ciudad. 


De "Historia de la mujer caníbal"
    

14.9.23

Maryse Condé. Travesía del manglar

El sereno

-No me saltó el corazón! No me saltó el corazón!
La señorita Léocadie Tomithée, maestra de primaria jubilada hacía 20 años, se quedó de pie, una mano en el pecho, la otra en puño a la altura de la boca, y examinó en cámara lenta las imágenes de sus sueños; se remontó hasta la noche de la semana anterior en que las dolencias de su cuerpo gastado -unidas a los ladridos de los perros de su vecino Léo y a los mugidos de las vacas amarradas a una estaca en la selva que colindaba con su propiedad- la habían mantenido despierta hasta las cuatro de la mañana, cuando el antedía, pálido y miedoso, ya se había deslizado con cautela entre las persianas. No. Ninguna señal emergía de las aguas opacas del sueño. Como siempre desde que se iba hundiendo en las profundidades de los años, había soñado con su hermana, que había muerto sin haber probado, ella tampoco, ni las aventuras del matrimonio ni las alegrías de la maternidad, y con su madre, que había probado unas y otras; ambas habían recobrado su buena salud tras la enfermedad y el dolor, en una juventud perenne, y la esperaban de pie en la puerta de entrada, abierta de par en par hacia la Vida Eterna.


Principio de "Travesía del manglar"
    

7.2.23

Maryse Condé. El testamento del Nuevo Mundo

Es un pedazo de tierra rodeado de agua por todas partes: una isla, como suele decirse. No tan grande como Australia, pero tampoco pequeña. Es mayormente llana, pero combada por espesos bosques y dos volcanes. A uno de ellos se lo conoce como Pistón de la Gran Caldera y estuvo haciendo de las suyas hasta 1820, cuando destruyó la coqueta ciudad que se desplegaba en sus faldas para después sumirse en una inactividad absoluta. Como el lugar goza de un "verano eterno", los turistas acuden en manada y disparan sin cesar sus mortíferos aparatos intentando capturar hasta el último destello de hermosura. Hay quienes llaman a esta tierra cariñosamente "Mi país", pero no es un país sino una "región ultramarina", un "departamento de ultramar", vaya.
La noche el que Él nació, Zabulón y Zapata luchaban en mitad del firmamento, arrojando haces de luz con cada gesto. Era un espectáculo fuera de lo común. 


Principio de "El tetamentos del Nuevo Mundo"
    

14.11.22

Maryse Condé sobre "Peregrinaciones de una paria" de Flora Tristán

Se había apasionado por esta tierra distante leyendo a Flora Tristán. A sus ojos, unas cuantas líneas de las Peregrinaciones de una paria trazaban el primer vínculo entre sexismo y racismo al tiempo que el libro entero constituía una potente condena de la esclavitud de los negros.


De "Célanire Cuellocortado"
    

21.8.21

Maryse Condé. Noche, noche, noche...

Noche, noche, noche más hermosa que el día! Noche proveedora de sueños! Noche, gran lugar de encuentro donde el presente da la mano al pasado, donde se mezclan los vivos con los muertos.


De "La bruja de Salem"
    

22.7.21

Maryse Condé. Célanire Cuellocortado

Esta historia se inspira en un suceso.
En Guadalupe, en 1995, encontraron un bebé
con el cuello abierto sobre un montón de basura.
Las fabulaciones se propagaron como la pólvora por todo el país.
La mía, como las otras.



Nota al principio de "Célanire Cuellocortado"
    

26.6.21

Maryse Condé. Los muertos sólo mueren...

Los muertos sólo mueren si mueren en nuestros corazones. Viven si los mimamos, si honramos su memoria, si colocamos sobre sus tumbas los manjares que preferían en vida, si a intervalos regulares nos recogemos para integrarnos en su recuerdo.


De "La bruja de Salem"
       

27.1.21

Maryse Condé. La Deseada

Ranélise le había descrito el espectáculo de su nacimiento tantas veces que ella terminó por creerse la actriz principal. Más que el papel de bebé aterrorizado y pasivo que madame Fleurette, la comadrona, arrancaba de entre los muslos ensangrentados de su madre, creía haber desempeñado el rol de lúcido testigo e, incluso, de auténtica protagonista del acontecimiento, por encima de la propia parturienta -Reynalda-, a quien se imaginaba recostada, mordiéndose los labios y apretando los puños, con una mueca de indecible dolor en el rostro. Años más tarde, frente a un cuadro de Frida Kahlo que representa la llegada de la artista a este mundo, sintió que aquella mujer desconocida lo había pintado para ella.


Principio de "La Deseada"
    

2.2.20

Maryse Condé. La vida sin maquillaje

Por qué toda tentativa de contarse a una misma ha de desembocar en un amasijo de medias verdades? Por qué las autobiografías o las memorias terminan, demasiado a menudo, reducidas a fantasías que difuminan el contorno de la pura verdad hasta hacerla desaparecer? Por qué alberga el ser humano ese inmenso afán por pintarse una existencia tan diferente de la vivida? Por ejemplo, en las reseñas para periodistas y libreros que redactan mis encargados de prensa siguiendo mis propias indicaciones, leo: "En 1958, Maryse Condé contrae matrimonio con Mamadou Condé, un actor guineano al que vio actuar en el Teatro del Odeón, en la obra Los negros de Jean Genet, con puesta en escena de Roger Blin; y se marcha con él a Guinea, el único país de África que votó "no" en el referéndum sobre la departamentalización propuesta por el general De Gaulle".
Esas frases crean una imagen de lo más seductora: la de un amor iluminado por la militancia. No obstante, encierran numerosos engaños. Nunca vi a Condé actuar en Los negros. En la temporada que pasamos juntos en París, solo trabajó en oscuros escenarios donde, como él solía decir burlonamente, se dedicaba a "hacer negrerías". No encarnó el personaje de Archibald en el Teatro del Odeón hasta 1959, cuando nuestro matrimonio ya distaba mucho de ser un éxito y vivíamos la primera de nuestras rupturas. En aquella época, yo impartía clases en Bingerville, en Costa de Marfil, donde habría de nacer Sylvie-Anne, nuestra primera hija.


Principio de "La vida sin maquillaje"
   

15.10.19

Maryse Condé. La colonia del nuevo mundo

La astilla aguzada del sol atravesó la membrana del párpado, giró sobre sí misma y se ensortijó en el fino fondo del globo haciendo surgir a su paso un haz de estrellas que iluminaron la negrura de los alrededores.
Abrió los ojos a la luz del pleno día. El cielo estaba de un azul vivo sin la blancura polvorosa de una sola nubecilla. Los rayos del mediodía, al caer en vertical, petrificaban el paisaje. Deslumbrada por todo aquel resplandor, durante un instante ya no supo quién era. Tanya Marie Fernande, bautizada dos meses después de la muerte de su padre con los nombres que él había elegido antes de entrar en el mundo invisible? O Tiyi, como lo había decidido Atón después de haberse rebautizado a sí mismo rechazando cual piel demasiado estrecha ese nombre de Bienvenu que su madre le había legado para desafiar al destino?


Principio de "La colonia del nuevo mundo"
    

9.5.19

Maryse Condé. La bruja de Salem

Abena, mi madre, fue violada por un marinero inglés en el puente del Christ the King un día de 16** cuando el velero navegaba hacia Barbuda. Yo nací a consecuencia de esta agresión. De este acto de odio y desprecio.

Cuando largas semanas después, llegamos al puerto de Bridgetown nadie se dio cuenta del estado de mi madre. No debía de tener más de dieciséis años y era tan hermosa, con su tez negra como el azabache y con el sutil dibujo de las cicatrices tribales sobre sus altos pómulos, que fue comprada a un precio muy elevado por un rico planeador llamado Darnell Davis. Éste la adquirió junto con dos hombres -también de la tribu de los ashantis-, víctimas de las guerras entre fantis y ashantis. Mi madre iba destinada al servicio de su mujer, que no lograba superar la nostalgia de Inglaterra y cuyo estado físico y mental requería constantes cuidados. Darnell creía que mi madre sabría cantar para distraerla, bailar eventualmente y practicar aquellos juegos mágicos que se consideraban patrimonio de los negros. Los dos hombres trabajarían en su plantación de caña de azúcar, que funcionaba bien, y en sus campos de tabaco.


Principio de "La bruja de Salem"
    

14.2.19

Maryse Condé. La primera carta de amor

Tras la declaración oficial y mi consentimiento, Gilbert me hizo llegar una carta a través del mismo mensajero. Nada que objetar, en apariencia. Venía escrita en un precioso papel azul. Sin manchurrones. Sin renglones torcidos. De estar en un cuadernillo escolar, incluso la maestra más dura del mundo habría sentenciado: "Caligrafía excelente". Me dispuse a leerla. El corazón amenazaba con salírseme del pecho. Las primeras líneas bastaron para echarle el freno: "Maryse de mi alma y de mi corazón, cuando miro tus hermosos ojos azules...".
Lo habría leído mal. Ojos azules? Yo? Fui corriendo al cuarto de baño y me miré en el espejo. No cabía duda: tenía los ojos de color castaño. Castaño oscuro. Casi negro. Volví a mi habitación y me senté en la cama. No sabía que pensar. Era como leer una carta dirigida a otra persona.



De "The bluest eye"
en el libro "Corazón que ríe, corazón que llora"