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4.3.23

Jessa Crispin cita a Elizabeth Smart

Chicas enamoradas, sed zorras. Duele menos.

Elizabeth Smart 



Cita en el libro "El complot de las damas muertas"
    

27.12.20

Elizabeth Smart. Eres mi amiga, brigada conciencia...

Eres mi amiga, brigada conciencia, con tu estricta insistencia en mantenerte acorde con la verdad, la verdad, la verdad que una vez conociste, y no las posibilidades inventadas que oscilaban ante tu mente cuando el trueno lo iluminó todo?


De "Los pícaros y los canallas van al cielo"
    

27.12.18

Elizabeth Smart. El silencio mismo...

El silencio mismo, el mismo hecho de evitar cualquier intimidad entre él y yo -él, que cuando era sólo una palabra bastaba para causarme noches enteras de escalofríos e insomnio- lo hace aún más peligroso.


De "En Grand Central Station me senté y lloré"
    

4.3.16

Elizabeth Smart. Lo que tú tomas por sirenas...

Lo que tú tomas por sirenas que seductoras cantan para hacerte caer en tu destino como en una emboscada es sólo la voz de lo inevitable, que te da la bienvenida tras una espera tan larga. Yo fui hecha sólo para ti.



De "en Grand Central Station me senté y lloré"

27.12.15

Elizabeth Smart. De pie a trescientos metros por encima del mar...

De pie a trescientos metros por encima del mar, qué aspecto tiene mi idólatra reflejo, con los peces de la muerte nadándole en el pelo? Ascienden perlas y burbujas  desde el fondo del océano: qué hermoso nudo corredizo forman para mi muerte, último adorno del amor a mí misma: en torno a la espantosa visión bailan en corro.


De "En Grand Central Station me senté y lloré"
   

4.3.15

Elizabeth Smart. Algunas historias...

Algunas historias apartan los velos que cubren el dolor de otras personas.


De "Los pícaros y los canallas van al cielo"

27.12.14

Elizabeth Smart. Está escrito...

Está escrito. Nada puede escapar. Ni flotando con algas en el pelo, ni golpeada por las olas contra las inaccesibles rocas, podría deshacer el acontecimiento para el cual no hubo nunca alternativa alguna.



De "En Grand Central Station me senté y lloré"

1.12.14

Elizabeth Smart. Cuando cayó Jericó...

Cuando cayó Jericó, llorar estaba permitido, y en Babilonia estaba de moda proferir memorables lamentos por las aguas separadas. Pero aquí debes ir a tu oficina, llena de vida, con una chispa en los ojos, aunque sea sintética. Porque quién se atreve a ponerse en pie y decir: "Qué cansados estamos! Oh, Dios, qué cansados estamos!"

De "Los pícaros y los canallas van al cielo"

6.9.14

Elizabeth Smart. Sólo por culpa del amor...

A las brujas las quemaron en la hoguera, en toda Nueva Inglaterra, sólo por culpa del amor, sólo porque llevaban el aura del deseo satisfecho.


De "En Grand Central Station me senté y lloré"

26.5.14

Elizabeth Smart. En ocasiones...

   En ocasiones una ráfaga de dolor baja de un árbol sin razón en absoluto. Aguda, diagonal, brota repentinamente de un paisaje, encuentra el lugar vulnerable que perforar.
   La felicidad no es geométrica, sino que fluye desde cualquier lugar que mires.
   Si estás abrumada, también podrías relajarte en la vorágine. Da resultado. Todo lo que puedes aprender es el abandono extático.



De "Los pícaros y los canallas van al cielo"

19.5.14

Elizabeth Smart. Y cada hora aumentan las brujas en Kensington...


Y cada hora, sí, cada hora intemporal, redundante y obsoleta, aumentan las brujas en Kensington. Cada vez que una mujer se fatiga demasiado como para continuar; como para disipar la escarcha que tiene sobre los ojos. Se arrastran a sus madrigueras, donde ya no hay gas.
Y el invierno se acerca.



De "Los pícaros y los canallas van al cielo"

16.4.14

Elizabeth Smart. Los pícaros y los canallas van al cielo

Éste es el escenario

Las mezquinas caras enfadadas que vagan por los eriales de Kensington pasan como bolsas de papel abandonadas. Las pulcras ruinas de la guerra yacen como una aburrida cicatriz cuya historia es toda la del repetitivo futuro, y todo lo que la memoria puede retener.
El equinocio otoñal sacude las tablas de mi vieja falda de tweed. La luna se apresura tras la alta e interminable espesura de los jardines de Onslow. Todo lo que la valentía y el ardor de las plegarias de la gente para ser buena mantenían sujeto está ahora suelto, y eso hace que un fantasma lunático y malvado aceche las pisoteadas plazas.

No hay gas; no hay calefacción; apenas hay comida.


Principio de "Los pícaros y los canallas van al cielo"
   

28.12.13

Elizabeth Smart. Por qué?...

Por qué no me arrojo desde este acantilado en el que enferma de luna paso horas acostada?

   
De "En Grand Central Station me senté y lloré"

19.10.13

Elizabeth Smart. Luna, luna...

Luna, luna, álzate cielo arriba, recuérdame el consuelo, recuérdame que fui valiente alguna vez.
   
De "En Grand Central Station me senté y lloré"

12.10.13

Elizabeth Smart. Cuando mis ojos flotan por la habitación...

Cuando mis ojos flotan por la habitación como dos barcos perdidos en el mar, conozco las medidas exactas de mi cautiverio. Imposible escapar, por más cabezazos que me dé contra las paredes de esta caja: imposible llamar, para que me hagan compañía, a los fantasmas de ojos visionarios. Nunca se puede llorar en ningún sitio. Las paredes son siempre demasiado delgadas y el llanto tan ruidoso que su eco resuena por las calles y cruza bahías de agua salada.
       
 
De "En Grand Central Station me senté y lloré"

21.9.13

Elizabeth Smart. Dudas

Soy más vulnerable que la princesa a la que siete colchones no consiguieron disimular el guisante. El obstáculo que el amor no puede vencer no son las certezas, sino las dudas, las dudas terribles: un Vesubio en mi estómago, la duda aporta suficientes indicios para que yo misma descifre el acertijo, y el acertijo dice: estás perdida.
  
De "En Grand Central Station me senté y lloré"

18.9.13

Elizabeth Smart. En Grand Central Station me senté y lloré...

   Estoy en una esquina en Monterrey, de pie, esperando que llegue el autocar, con todos los músculos de mi voluntad reteniendo el terror de afrontar lo que más deseo en el mundo. La aprensión y la tarde de verano me resecan los labios, que humedezco cada diez minutos, a lo largo de las cinco horas de espera.
   
Principio de "En Grand Central Station me senté y lloré"

19.7.07