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13.8.19

Sharon Olds. Lo peor de todo

A un lado de la autopista, las colinas sin agua.
Al otro, en la distancia, los desechos de la marea,
rías, bahía, gargarnta
del océano. Aún no había expresado
en palabras lo peor de todo,
pero pensé que podría decirlo, si lo decía
palabra por palabra. Mi amigo conducía,
al nivel del mar, colinas costeras, valles,
laderas, montañas -la cuesta, para ambos,
de nuestros primeros años. Yo había estado diciendo
que ahora ya casi no me importaba el dolor,
lo que me preocupaba era: digamos que hay
un dios -el del amor- y que le había dado -que quise
darle- mi vida y que
había fracasado, pues, bien, podía perfectamente sufrir por eso,
pero y si yo
había herido al amor? Aullé al decirlo,
y en mis gafas se acumuló el agua salada, entonces casi
dulce para mí, porque había sido nombrado,
lo peor de todo -y una vez nombrado,
supe que no había ningún dios del amor, que sólo
había personas. Y mi amigo se acercó
hacia donde mis puños se agarraban el uno al otro,
y la parte trasera de su mano los acarició, un segundo,
con torpeza, con la cortesía
que ningún eros podría tener, la amabilidad doméstica.


De "El salto del ciervo"
     

4.7.18

Sharon Olds. Saberse abandonada

Si paso por delante de un espejo, me vuelvo,
no quiero verla a ella,
y ella no quiere que la vean. A veces
no veo exactamente cómo seguir con esto.
Con frecuencia, cuando me siento así,
a los pocos minutos estoy llorando, recordando
su cuerpo, o una parte de él,
a menudo la trasera, una parte suya
en la que pensar ahora mismo, atractiva, sin demasiado
detalle, y su espalda vuelta hacia mí,
Después de las lágrimas, el pecho duele menos,
como si, en nuestro interior, alguna diosa de lo humano
nos hubiese acariciado con un derrame de ternura.
Supongo que es así como la gente sigue adelante, sin
saber cómo. Estoy tan avergonzada
ante mis amigos -saberse abandonada
por quien, supuestamente, mejor me conocía,
cada hora es un lugar para la vergüenza, y yo estoy
nadando, nadando, manteniendo mi cabeza alta,
sonriendo, bromeando, avergonzada, avergonzada,
es como estar desnuda entre gente vestida, o ser
una niña y tener que comportarte
mientras odias las condiciones de tu vida. Ahora en mí
hay un ser que es puro odio, como un ángel
de odio. En la pista de bádminton, ella tuvo
su oportunidad, pura como una flecha,
mientras a través de los ojales de mi blusa los mosquitos
mordían carne que ahora nadie parece
tener ganas de tocar. En el espejo, el torso
se ve como una mártir de póster con urticaria,
o una jarra de nata manchada con ortigas o patas de gatito,
lleno de la leche de la ternura humana
y de crueldad, y nadie hace cola para beber.
Pero mirad! Estoy empezando a dejarlo de lado!
Creo que no va a volver. Al creerlo,
algo ha muerto de una vieja bruja en una de dos camas idénticas
mientras una criatura nace en la otra. Ten fe,
viejo corazón. De todos modos, qué es vivir
sino morir,


De "El salto del ciervo"