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19.11.22

Sharon Olds. Lo que bien amas

Y luego, por la noche, me despierto, y no soy
capaz de recordar cómo conocí a mi ex,
y pienso: dejé entrar a un desconocido
a mi vida. Luego recuerdo que nos conocimos
en una fiesta, era el amigo de un amigo de un amigo: todos
estudiantes de medicina que, a mis ojos, daban la impresión,
aquellos días, de estar garantizados y asegurados.
Pero no lo conocía a él. De repente entiendo
que mis padres fueron para mí dos desconocidos:
como una pareja de la calle, los dejé entrar,
en una oleada de alquimia, a las células
de mi cuerpo y mi cerebro, les di una existencia nueva,
no sabía quiénes eran, no me lo creí,
no quería conocerlos, quería que fueran desconocidos, 
no quería verlos: y a mi pareja elegida,
no podía, o no quería, conocerla, y
no podemos amar lo que no conocemos, o no
podemos amarlo suficientemente bien. "Lo que
bien amas permanece, el resto es escoria
Lo que bien amas no te será arrebatado
Lo que bien amas es tu verdadera herencia".


De "Arias"
    

5.4.22

Sharon Olds. Sagrado

2.

A nadie salvo a él le resultaría posible
afrontar ese momento. No sé 
mucho sobre amor, sobre decencia. Si hubiera
estado cerca -qué hacemos cuando
no hay nada que hacer-
podía haberme quedado,
al otro lado de la puerta,
como el niño John Keats, Junkets, a los 6 años,
al otro lado de la puerta de su madre
agonizante, con su espada de madera
desenvainada. Quizás otras personas
sepan lo que es conveniente imaginar:
personas decentes. Y sin embargo la soledad de 
quien sufre es tan terrible
que desearíamos poder hacerles compañía,
incluso a pesar de saber que es imposible.
Despertar, junto a la propia vida, al propio
co-creador, y mirarlos y ver su perfección,
por fin en casa. El fin del mundo.
No entiendo la personalidad,
o la dignidad, o la individualidad,
o el alma, o la decencia. Quiero
acompañar el sufrimiento de mi amigo,
beberme una parte en su lugar aunque
no pueda hacerlo, zambullirme en la sal
y atravesar la sal nadando hacia ellos y hacer la
maniobra de salvamento, y dar patadas de tijera y
sacarlos a flote. Esta noche
veo lo que es querer pasar una vida
en silencio, honrar lo inefable.
El amante vivo que ha despertado junto
al cuerpo del amado es sagrado. Todo el mundo
sabe guardar silencio en su presencia. Pero en
en la misa fúnebre, la mujer con rojos
aquí y allá en su kimono blanco y
negro se movió, trajo caricias 
y descaricias, presencia y ausencia,
calor y frío que salían de su cuerpo
hacia el aire
que nosotros respirábamos, 
deseando que fuera ella
quien pudiera respirarlo,
muchos allí esa noche se habrían cambiado
por ella, para que pudiera entrar caminando, una vez más.


De "Arias"