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25.11.20

Margaret Atwood. Cada uno de estos actos...

Había lugares por los que no querías caminar, precauciones que tomabas y que guardaban relación con las cerraduras de ventanas y puertas, con el hecho de echar las cortinas y dejar las luces encendidas. Cada uno de estos actos era una especie de plegaria; esperabas que te salvara. Y en gran medida lo hacían. O si no eran ellos debía de ser otra cosa; podías asegurarlo por el hecho de que aún estabas viva.


De "El cuento de la criada"
     

18.11.17

Margaret Atwood. En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas...

En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.
Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño, aunque diga que es un policía; en ese caso, pídele que pase su tarjeta de identificación por debajo de la puerta. No te pares en la carretera a ayudar a un motorista que parezca tener un problema; no frenes y sigue tu camino. Si alguien silba, no te vuelvas para mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.



De "El cuento de la criada"
     

13.5.17

Margaret Atwood. Haciendo caso omiso de todo...

  Así vivíamos entonces? Pero llevábamos una vida normal. Como casi todo el mundo, la mayor parte del tiempo. Todo lo que ocurre es normal. Incluso lo de ahora es normal.
  Vivíamos, como era normal, haciendo caso omiso de todo. Hacer caso omiso no es lo mismo que ignorar, hay que esforzarse para ello.
  Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas eran otros hombres. Nosotras no conocíamos a ninguno de ellos. Las noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.
  Éramos personas que no salían en los periódicos. Vivíamos en los espacios en blanco, en los márgenes de cada número. Eso nos daba más libertad.
  Vivíamos entre las líneas de las noticias.


De "El cuento de la criada"