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2.3.26

Anna Ajmátova. Ahora ya nadie querrá escuchar canciones

Ahora ya nadie querrá escuchar canciones. 
Los amargos días profetizados llegan desde la colina.
Te lo digo, canción, el mundo ya no tiene maravillas;
no destroces mi corazón, aprende a estarte quieta.
No hace mucho, libre como cualquier golondrina,
luchabas; felizmente contra las mañanas desafiando
sus peligros.
Ahora vagarás como un mendigo hambriento,
llamando desesperada a la puerta de los extraños.

(1917)


En "Poemas selectos"
    

5.3.23

Natascha Wodin cita a Anna Ajmátova

Cómo debió de ser el momento en que arrestaron a aquella joven de veintidós años, casi una niña todavía si la miro con mis ojos de hoy? Cuándo, aquel 5 de noviembre de 1933, acudirían sus verdugos? A su hora preferida, la noche o la madrugada, momento en que todos dormían y se llevaban a la víctima soñolienta y desprotegida? También mi madre, de trece años, se despertaría aquella noche por los inapelables toques en la puerta que millones de personas temían en aquel entonces? Se sabía, se sospechaba, que la detención de Lidia era inminente o llegó completamente por sorpresa? Presenció mi madre el registro de la casa, el instante en que esposaron a su hermana y se la llevaron? No pude menos que pensar en el Réquiem de Anna Ajmátova: "Te llevaron al alba / Yo fui tras de ti como en un entierro / En el ático oscuro lloraban los niños / Y ante la imagen sagrada se derretía la vela".

28.6.22

Anna Ajmátova. No beberemos del mismo vaso...

No beberemos del mismo vaso
ni agua ni dulce vino,
no nos besaremos temprano en la mañana,
y al caer la noche contemplaremos la ventana...
Tú respiras sol, yo luna,
aunque vivimos un mismo amor.
   
Siempre está conmigo mi fiel y tierno amigo,
tu alegre amiga siempre te acompaña,
pero entiendo el temor de tus ojos grises
eres el culpable del mal que me aqueja.
No hagamos más frecuentes nuestros breves encuentros,
sólo así preservaremos nuestra paz.
   
Pero tu voz canta en mis versos,
y en los tuyos mi aliento sopla.
Oh, hay ciertos fuegos que el olvido
y el miedo no logran aplacar!
Si supieras cuánto anhelo ahora
besar esos labios tuyos, rosados y secos.


En "Réquiem y otros escritos"
    

5.3.22

Anna Ajmátova. Dijo que para mí no había competidora...

Dijo que para mí no había competidora.
Que para él no era una mujer terrenal,
sino del sol invernal la luz consoladora
y el cantar silvestre de la tierra natal.
Que cuando muera no se pondrá a sufrir,
ni fuera de sí «Resucita» a gritar,
sino de repente verá que no puede vivir
sin sol el cuerpo y el alma sin cantar.
... Pero ahora qué?



6.12.21

Anna Ajmátova. En el sueño

Negra y honda separación 
yo junto contigo tengo.
Por qué lloras? Dame tu mano, mejor,
promete que volverás en el sueño.
Yo contigo como un monte y otro monte...
Tú y yo sin encuentro en este mundo.
Sólo tú en el momento de la medianoche
a través de una estrella me envías un saludo.


Poema a modo de despedida
 en el libro "La peor parte" de Fernando Savater
   

6.5.20

Marina Tsvietáieva cita a Anna Ajmátova

Pues en cuanto menos escribe uno, menos ganas tiene de escribir, entre uno y la mesa crece toda la imposibilidad (como entre uno y el amor, del que uno ha salido).
Está claro que existe la saturación.
Pero también existe la extenuación por falta de costumbre.
No abandone, no reniegue, recuerde a Ajmátova:
   
         Y si yo muero, quién entonces
         Os escribirá mis versos?
   
No a vosotros, ni incluso a todos, sino sencillamente: quién... mis versos...?
Nadie. Nunca. Es irrecuperable. Usted roba a la Lírica, la que todavía no tiene verbo, como todo existente antes de, no existente sin nosotros, los poetas.


De una carta a Vladislav Jodasevich
de mayo de 1934
En el libro "En el país del alma"
    

1.1.19

Anna Ajmátova. 4

Si te hubieran dicho, bromeadora,
la preferida de todos los amigos,
de Zarskoie-Selo alegre pecadora,
lo que sucedería en la vida contigo.-
Cómo la trescienta, con tus presentes,
ante "Las Cruces" en fila esperas
y cómo con tus lágrimas ardientes
del año nuevo el hielo derritieras.
Cómo de la prisión el álamo se mece
y no se oye nada -pero cuánta
vida inocente allí fenece...


Del "Réquiem"
    

24.11.18

Anna Ajmátova. Qué tenemos nosotros que ver...

Qué tenemos nosotros que ver
con que todo quede a polvo reducido,
sobre cuántos precipicios canté
y en cuántos espejos he vivido?

Aunque yo no sea ni sueño ni alegría
y aún menos gracia bienaventurada,
tal vez a ti más de lo que debería
la memoria te estará encomendada:

el rumor de los versos sedantes
y el ojo en su fondo celoso
de la herrumbrosa corona punzante
en el propio silencio angustioso.


En "He leído que no mueren las almas"
 

30.4.18

Anna Ajmátova. En la realidad

Y se fue el tiempo y el espacio se fue,
y de la noche blanca vi todo a través:
los narcisos en cristal en tu mesa,
y el humo azul del cigarrillo,
y aquel espejo, donde como en agua tersa,
ahora te reflejarías en su brillo.
Y se fue el tiempo y el espacio se fue...
Y que tú ya me ayudes tampoco puede ser.


De "He leído que no mueren las almas"
     

23.6.17

Anna Ajmátova. Garita

Naci el mismo año que Charlie Chaplin, La sonata Kreuzer de Tolstoi, La Torre Eiffel, y, o eso parece, Eliot. Aquel verano París celebraba el centenario de la toma de la Bastilla (1889). La noche de mi nacimiento fue celebrada y aún se celebra, la antigua noche de San Juan -veintitrés de junio, Midsummer Night. Me pusieron Anna en honor de mi abuela, Anna Yegorovna Motovilova. Su madre perteneció a la tribu de Gengis Khan, una princesa tártara, Ajmatova, cuyo nombre, sin tener la intención de convertirme en poeta rusa, convertí en mi nombre literario.


de "Garita"
de "Prosas"
    

5.3.17

Anna Ajmátova. Primer preaviso

Qué tenemos nosotros que ver
con que todo quede a polvo reducido,
sobre cuántos precipicios canté
y en cuántos espejos he vivido?

Aunque yo no sea ni sueño ni alegría
y aún menos gracia bienaventurada,
tal vez a ti más de lo que debería
la memoria te estará encomendada:

el rumor de los versos sedantes
y el ojo en su fondo celoso
de la herrumbrosa corona punzante
en el propio silencio angustioso.




9.12.16

Anna Ajmátova. 9 de diciembre de 1913

Los días más oscuros de este año
han de volverse claros.
No encuentro una palabra como
tus tiernos labios.

Levantar los ojos no quieras.
Que mi vida guarde.
Claros tal primeras violetas,
para mí mortales.

Comprendiste, palabras no quiero;
en ligeras ramas nieve ha caído...
ya la red tendió el pajarero
a la orilla del río.


1913

De "La bandada blanca"

10.8.16

Anna Ajmátova. El portón entornado...

El portón entornado,
los tilos sedantes...
En la mesa olvidados
una fusta, unos guantes.

El amarillo círculo encendido...
Susurros voy oyendo.
Por qué te has ido?
No lo comprendo...

Alba y día rosa
de mañana son.
Esta vida es hermosa,
sé sabio corazón.

Tú estás transido,
lates en sorda calma...
Sabes, yo he leído
que no mueren las almas.




   

5.3.16

Anna Ajmátova. Epílogo

Vi cómo los rostros se ajan fácilmente,
cómo bajo los párpados el miedo brilla,
cómo - escritura acuñada - duramente
el sufrimiento se inscribe en las mejillas,

cómo rizos negros y rubiocenizos 
de pronto de plata tienen su color,
la sonrisa se marchita en los labios sumisos
y en la risita seca se estremece el pavor.

Para mí misma sólo no reza mi voz,
sino por las que allí vieron mis ojos,
en el tórrido julio y en el frío feroz,
juntas conmigo bajo el ciego muro rojo.



De "Réquiem"

29.12.15

Anna Ajmátova. Hubo una voz en mí. Llamó consoladora...

Hubo una voz en mí. Llamó consoladora
y dijo: «Ven aquí, vente,
deja tu tierra apartada y pecadora,
deja Rusia para siempre.
La sangre de la mano yo te limpiaré,
del corazón arrancaré la negra vergüenza,
con nuevo nombre yo te cubriré
el dolor de la derrota y de la ofensa».

Pero tranquila, indiferente,
con las manos tapé mis oídos,
para que esta lengua indecente
no ensuciará el espíritu afligido.

   
   
   

8.8.15

Anna Ajmátova. Me inclinaré como sobre una fuente...

Para Ossip Mandelstam

Me inclinaré como sobre una fuente
sobre las incontables marcas sagradas -
son la nueva negra e inocente
de nuestra juventud ensangrentada.

Con igual aire, como él sobre el abismo,
otrora yo en la noche respiré,
aquella vacía y férrea, donde el mismo
llamar fue inútil y el grito vano fue.

Oh, de clavos el aliento del clavel
que en sueños vi una vez en el lugar -
donde las Eurídices se vuelven, en aquél
donde el toro a Europa en olas va a raptar.

Allí las sombras nuestras van voladas
sobre el Neva, sobre el Neva, sobre el Neva,
allí donde el Neva golpea sobre las gradas,
allí la entrada a la inmortalidad te lleva.

Sin las llavecitas de tu apartamento,
sobre el que ahora es mejor... ni pío...
Son de tu lira misteriosa el acento,
huésped en el ultraterreno praderío.

   
   

17.2.15

Anna Ajmátova. Nosotros cuatro

Sin embargo yo vi vuestro semblante y mirada
Boris Pasternak

Oh, musa del llanto
Marina Tsvietaieva

Es verdad que también a la ágil gitana
los tormentos del Dante serán destino?

Ossip Mandelstam

... Y aquí de todo me vine a renunciar,
de cualquier mundanal gozo.
Espíritu -protector de "este lar"
se volvió un cepo leñoso.

Todos estamos de visita en la vida,
vivir -es sólo acostumbrarse,
se oyeron por aérea avenida
dos voces entre sí llamarse.

Dos? Pero en el muro oriental todavía,
entre vigorosas frambuesas vecina,
una rama de saúco fresca y sombría...
Esto -es una carta de Marina.


[1961]


De "Bosquejos de Komarovo"

15.1.15

Anna Ajmátova. 4

Si te hubieran dicho, bromeadora,
la preferida de todos los amigos,
de Tsarkoie Selo alegre pecadora,
lo que sucedería en la vida contigo.
Cómo las trescientas, con tus presentes,
ante «Las Cruces» en fila esperaras
y cómo con tus lágrimas ardientes
del año nuevo el hielo derritieras.
Cómo de la prisión el álamo se mece
y no se oye nada - pero cuánta
vida inocente allí fenece...




De "Réquiem"

18.10.14

Anna Ajmátova. Veo la descolorida bandera ondear sobre la aduana...

Veo la descolorida bandera ondear sobre la aduana
y una nube amarilla sobre la ciudad.
Mi corazón tímido se encoge
y me duele respirar.

Volver a ser aquella niña junto al mar,
meter los pies desnudos en los zapatos,
hacerme una corona con mis trenzas,
y cantar con voz emocionada.

Mirar y mirar desde el portal
las oscuras cúpulas del templo en Jerson
y no saber aún que la felicidad y la gloria
acaban por marchitar los corazones.


22.8.14

Anna Ajmátova. El amor

Ya deja tal sierpe ovillada
su hechizo en el corazón tuyo,
ya tal paloma toda la jornada
en la blanca ventana su arrullo.

Ya en la escarcha brillante reluce,
viene con el perfume de alhelíes...
Perro fiel y misterioso te conduce
lejos de la alegría y de los síes.

Qué dulcemente sabe sollozar
en plegaria de violín entristecida,
y qué horrible se le puede adivinar
en la sonrisa todavía desconocida.

1911

De "La tarde"