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3.2.20

Rosamond Lehamnn. Ah, el mundo!...

Ah, el mundo!... Carecía de esperanza y de significado; sólo había perversidad, crueldades infligidas por gusto, labios que lamen víctimas indefensas. (...) Lo más que se podía esperar era una seguridad ínfima y falsa; te concedían eso para acrecentar el placer que les procuraría el golpe que ya preparaban; incluso quienes parecían amables.


De "Vana respuesta"
    

5.2.19

Rosamond Lehmann. Vana respuesta


Judith había cumplido ya los dieciocho cuando vio que la casa de al lado, desocupada desde hacía años, volvía a la vida. Los jardineros segaban y segaban, y aplanaban y aplanaban la pista de tenis; y plantaban tulipanes y nomeolvides en las urnas de piedra que bordeaban el césped de la margen del río. Los alargados dedos de la hiedra fueron arrancados de las ventanas, y la fachada de sólida piedra gris fue adecentada y embellecida. Cuando las contraventanas se abrieron y los conocidos espejos miraron de nuevo desde las ventanas de los dormitorios, parecía como si aquel largo abandono no hubiera existido y los niños estuvieran aún allí con su abuela, unos niños misteriosos y electrizantes que iban y venían, todos primos salvo dos, que eran hermanos, y todos chicos salvo una niña que saltaba la tapia y los melocotoneros para colarse en el jardín de Judith e invitarla a merendar y a jugar al escondite.


Principio de "Vana respuesta"

10.8.06

Rosamond Lehmann

Rosamond Lehmann, cuyo nombre completo era Rosamond Nina Lehmann, CBE (Bourne End, Buckinghamshire, Reino Unido, 3 de febrero de 1901 – Londres, 12 de marzo de 1990), fue una novelista británica.