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26.3.21

Erica Jong. La cornucopia

Antes,
había siempre reserva:

no muestres demasiado tu amor
o le perderás.

Da las palabras como regalitos
y nunca digas

"te quiero"
demasiado pronto.

Y siempre era
demasiado pronto.

Pero a ti te colmé de amor
y volvías siempre.

Hablé, hablé y hablé
y siempre me respondías.

Acumulé mi amor sobre ti
y tú seguías acumulando el tuyo.

Qué creíais ganar
con tanta reserva?

Por qué creíamos prudente
administrar el amor?

La cornucopia revierte
sobre sí misma.

Los frutos caen.
Nos los comemos y crecen.



De "Los poemas de amor"
Al final del libro "Isadora emprende el vuelo
o cómo salvar su propia vida"

4.10.18

Erica Jong sobre la muerte de Jeannie Morton (que en realidad es Anne Sexton)

Nueva York, a principios de octubre. Estoy en un taxi (que me lleva, como no, a la consulta de mi analista), cuando de pronto oigo por la radio que Jeannie Morton, "la poetisa casera" como la llama el locutor, ha muerto. Un garaje cerrado con llave. Un automóvil abandonado. Un vaso de vodka en la mano. La sangre llena de litio, o de Valium, o de algún otro fármaco moderno de los que sirven para combatir el miedo, el hastío, la angustia. El locutor dice unas cuantas estupideces acerca de su "muerte prematura" (tenía cuarenta y cinco años) y después pasa a citar a algún malévolo y envidioso gurú literario y habla de su "arte limitado, introvertido", "a medio camino entre el sanatorio mental y la consulta ginecológica". El gurú en cuestión se pasa la vida a medio camino entre los Alcohólicos Anónimos y los congresos universitarios en los que tiene ocasión de tirarse a inocentes muchachas de diecinueve años. Pero no importa. Es él quien está juzgando a Jeannie, y no al revés. Además, Jeannie no acostumbraba a juzgar a nadie que no fuese ella misma. Era la generosidad personificada con todo el mundo excepto con Jeannie.
Pero no tenía talento para la felicidad. Se habría podido decir que tenía un talento especial para la desdicha, aunque yo preferiría considerar ésta como la ausencia de felicidad más que como una situación deliberadamente buscada. Pero esto es discutible. Algunos poetas cultivan la infelicidad del mismo modo que los virtuosos del banjo cultivan sus largas uñas. Pero Jeannie no era de estos. Su desdicha era honesta, honestamente conseguida. La muerte era su compañera de cuarto, su amante ocasional, su madre, su amiga.
No nos habíamos tratado mucho, pero nuestra amistad era de esas que florecen instantáneamente. Nos enamoramos mutuamente desde el primer momento. Desde el principio me llamó "Queridísima Isadora" en sus cartas y terminó éstas con "Un abrazo". Nada de "Afectuosamente" ni de "Querida mía". Jeannie no era judía, pero era withmaniana. Y maníacodepresiva. Siempre estuvo claro que algún día se mataría. Sus poemas eran simples paliativos. De haber escapado al suicidio, habría sido por un accidente. Con todo, la noticia me sorprendió. Y me hizo sentir culpable. Le debía carta desde hacía tres meses.


De "Isadora emprende el vuelo
o cómo salvar su propia vida"
     

19.2.18

Erica Jong cita a Carson McCullers

-«El amor -cita Jeffrey- es una experiencia conjunta de dos personas, pero el hecho de que sea una experiencia conjunta no implica que sea similar para las dos personas en cuestión. La persona que ama y la que es amada proceden de dos países diferentes. A menudo, la persona amada es sólo un estímulo...»
-Carson McCullers?



De "Isadora emprende el vuelo
o cómo salvar su propia vida"
     

26.11.17

Erica Jong. Vuela, y vive para contarlo!...

Libros así había más que suficientes. En todas las grandes novelas modernas aparecían mujeres que caían en manos de viles seductores y morían a consecuencia de ello. Morían en el mar, atropelladas por trenes, de parto. Alguien tenía que romper la maldición; alguien tenía que despertar a la Bella Durmiente sin enviarla después a la destrucción; alguien tenía que decirle de una vez por todas: "Vuela, y vive para contarlo!"


De "Isadora emprende el vuelo
o cómo salvar su propia vida"

16.5.16

Erica Jong. Duermo con

Duermo con dos almohadas desde que tú te fuiste.
Es una de ellas para ti o eres tú?
En mi lecho se amontonan libros de poesía.
Me duermo leyendo amarillos libros de leyes.

Oh, las orgías en las papelería!
El amor de la tinta y de los gustos cuadernos nuevos!
Una poetisa ha de enamorarse para escribir.
En su lecho se amontonan los papeles, o los hombres.

Tengo los libros encima de tu almohada.
Dejan una marca parecida a la de tu cabeza.
Si no puedo tenerte aquí, tendré frías letras de imprenta
y palabras: las cosas más cálidas que existen
aparte de ti.




De "Los poemas de amor"
Al final del libro "Isadora emprende el vuelo
o cómo salvar su propia vida"

1.10.15

Erica Jong. El largo túnel del desearte

Este es el largo túnel del desearte.
Sus muros están llenos de besos recordados,
besos húmedos y rojos como el interior de tu boca,
plenos y jugosos como tu lengua inquieta,
cálidos como tu vientre contra el mío,
profundos como tu ombligo acogedor,
suaves como tu polla dormida cuando despierta,
apretados como tus piernas en torno a las mías
cuando te tiendes y penetras con tu dureza
en el largo túnel de mi deseo,
sembrándolo de sueños y de irresistible esperanza,
evocando recuerdos del futuro,
ordenando mi confuso pasado,
enseñándome a vivir en tiempo presente
con el pretérito perfecto y el futuro incierto
seguros de pronto, seguros,
en el largo túnel de mi antiguo deseo
que antes tenía siempre un final
pero que ahora empieza una y otra vez
contigo, contigo, contigo.




De "Los poemas de amor"
Al final del libro "Isadora emprende el vuelo
o cómo salvar su propia vida"