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23.8.24

Teresa Wilms Montt. XXVII

Frente a mis ojos, tu retrato, inclina la frente cargada de inspiración. Y yo lo miro, con el corazón rebosante de honda ternura.
Avecita mía: por qué te fuiste?
Si yo sabía amarte como no encontrarás quien te ame en el paraíso. 
Si yo me embriagaba de tu esencia, como no podría un ave embriagarse de las flores.
Para qué me diste a beber en tus labios el licor de vida, si habías de abandonarme todavía sedienta?
Como una lámpara sin aceite me consumo, sintiendo todas las agonías de la pena.
Las ajorcas que adornan mis brazos suenan como el badajo de una campana muerta, y se derrumba estrepitosamente la torre de marfil de mis ensueños por donde yo veía el cielo: por donde yo te veía.
Mis ojos, mi boca, mis brazos que se retuercen como leños acariciados por el fuego, están preñados de ternuras. Pero tú no vendrás; y como un árbol que se cansó de esperar la caricia de la luna, inclinaré mi frente dolorida.


De "En la quietud del mármol"
    

1.11.23

Teresa Wilms Montt. XII

Como de costumbre, hoy fui a verte; era tu día, el día de todos los dormidos eternos. Cubrí tu ataúd de rojos claveles, e imaginé que su fragancia atravesaría las maderas e iría a darte un escalofrío de dulzura.
Con la cabeza apoyada en el féretro pensé profundamente en ti.
Una olímpica serenidad revistió de alba túnica mi alma, apagando toda su amargura.
No hubo desesperación en mi dolor.
Comprendí, amor mío, que para mí la gran puerta al infinito estaba abierta de par en par, abierta por tus manos sublimizadas. 
Vi, también, que poseía alas capaces para emprender el regio vuelo del encuentro, y entonces me sentí consolada. Oculta en tu féretro está la llave de la gran puerta: tú la guardas en tu diestra. Cuando me agobie la lucha miserable iré a buscarla. Abriré tu mano con el beso de una madre que despierta a su hijo, y, enlazándola a la mía, marcharemos juntos hacia el sol, en busca de su bendición nupcial. Iremos, inmortales hijos de la luz, en pos de la irradiación de los astros para coronar nuestras cabezas transparentes. Marcharemos extáticos, serenos, gloriosos, como una sola llama azul del alma del Creador al son de acordes magistrales, que entonará nuestra reina Naturaleza.
Nos deslizaremos por los límpidos espacios, sublimes de bondad, cantando un resurrexit eterno.

..............................................

Al contacto de tu ataúd mi frente palidece y miran mis ojos en busca de la gran puerta.


De "En la quietud del mármol"
    

22.9.23

Teresa Wilms Montt. En la quietud del mármol

Introducción 

No quiero suprimir una sola de estas líneas pues sería matar su dolorosa espontaneidad, y ocultar el angustioso tormento que sufría el alma de quien las escribiera.


Indroducción al libro "En la quietud del mármol"
   

20.4.07

Teresa Wilms

Teresa Wilms Montt, cuyo nombre completo era María Teresa de las Mercedes Wilms Montt, (Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 - París, 24 de diciembre de 1921), fue una escritora chilena de principios del siglo XX.


Obras citadas en este blog: