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10.3.24

Anne Sexton. Una maldición en contra de las elegías

Ay, amor, por qué discutimos así?
Estoy cansada de tu charlatanería piadosa.
También lo estoy de todos los muertos.
Se niegan a escuchar,
así que déjalos tranquilos.
Sal del cementerio,
están muy ocupados estando muertos.
   
La culpa la tuvieron siempre los demás:
el último quinto de alcohol vacío, 
los clavos oxidados y las plumas de pollo
que se quedaban pegadas en el barro de la puerta trasera,
los gusanos que vivían bajo la oreja del gato
y el predicador de labios finos
que se negaba a llamar,
menos un día plagado de pulgas
cuando llegó arrastrándose por el patio
en busca de un chivo expiatorio.
Me escondí dentro de la cocina, en la bolsa para retazos.
   
Me niego a recordar a los muertos.
Y los muertos están cansados de toda esta pantomima.
Pero tú... tú sigue,
venga, vuelve a bajar
al cementerio,
túmbate donde creas que están sus caras;
vuelve a hablar con tus pesadillas de siempre.


En "Antología de las poetas estadounidenses"
   


6.10.22

Joyce Carol Oates cita a Anne Sexton

Y me acuerdo de una frase de Anne Sexton que la poetisa obsesionada por el suicidio había adoptado como una especie de lema: "Vive o muere pero no les estropees el mundo a los demás".


De "Diario de una viuda"
    

10.1.22

Anne Sexton. La doncella sin manos

Es posible
que se casara con una tullida
por admiración?
Deseaba poseer la mutilación
para que ningún carnicero
se acercará hasta él con palancas
o pequeñas pinzas de precisión?
Dama, trae tu pierna de madera
y así podré ponerme de pie sobre mis
rosadas patas de cerdo.
Si alguien quema tu ojo
tomaré tu cuenca 
y la usaré de cenicero.
Si ellos cortan tu útero
te daré una corona de laurel
para ponerla en su lugar.
Si te has cortado la oreja
te daré un cuervo
que escuchará igual de bien.
Mi manzana no tiene gusano!
Mi manzana está entera!
   
Había una vez
un padre cruel
que cortó las manos de su hija
para escapar de un brujo.
La doncella alzó sus muñones
inútiles como las patas de un perro
y esto hizo que el brujo
la deseara. Quería lamerla
como a la mermelada de fresa.
Ella lloró sobre sus muñones
tan dulce como agua de loto,
tan fuerte como petróleo,
tan infalible como aceite de ricino.
Sus lágrimas se extendieron a su alrededor como un foso.
Sus lágrimas la purificaron tanto
que el brujo no pudo acercarse.
   
Ella abandonó la casa de su padre
para deambular por los bosques prohibidos,
los bosques del bueno y compasivo rey.
Estiró su cuello como un elástico, 
arriba, arriba, para dar un mordisco a una pera
que colgaba del árbol del rey.
Imaginadla allí por un momento,
una perfecta vida tranquila.
Después de todo,
no podía alimentarse a sí misma
ni bajarse los pantalones 
ni cepillarse los dientes.
   
Ella estaba, diría yo, 
sin recursos.
El rey la espiaba en el momento
en el que se estaba estirando arriba, arriba
y pensó:
Pito, Pito, Gorgorito...
por la gracia de...
como esposa la tomaré. 
   
Y así se casaron
y vivieron juntos en un terrón de azúcar. 
El rey mandó hacer unas manos de plata para ella.
Les sacaban brillo a diario y las ponían en su sitio,
pequeñas manoplas de hojalata.
La corte hacía una reverencia cuando las veían a lo lejos.
Los tranquilos transeúntes se detenían y se santiguaban.
Vaya esposo, decían del rey,
y fruncían los labios como para dar un beso.
Pero esa no fue la última palabra
pues el rey fue llamado a la guerra.
Por supuesto la reina estaba embarazada
así que el rey la dejó al cuidado de su madre.
Cómprale un cochecito, le dijo,
y envíame un mensaje cuando nazca mi hijo.
No quiero oír insultos
ni ver un colchón ardiendo.
Era muy supersticioso.
Podéis imaginar su punto de vista.
   
Cuando su hijo nació 
la madre le envió un mensaje
pero el brujo lo interceptó 
diciendo, en su lugar, que le habían cambiado al niño por otro.
Al rey no le importó. 
Estaba acostumbrado a ese tipo de cosas.
Dijo: Cuidadlo bien,
pero el brujo interceptó el mensaje,
diciendo: Matadlos a los dos;
después sacadle a ella los ojos y enviádmelos,
cortadle también a él la lengua y enviádmela;
quiero tener pruebas.
   
La madre,
ahora abuela
-extraña vocación la de ser madre-,
les dijo que huyesen a los bosques.
La madre nombró a su hijo
portador del dolor
y huyeron a una cabaña segura en los bosques.
Ella y el niño estaban tan bien en los bosques
que sus manos volvieron a crecer.
Los diez dedos brotando como espárragos,
las palmas como tortitas enteras,
tan suaves y rosadas como maquillaje.
   
El rey regresó al castillo 
y escuchó las noticias de su madre 
y partió a los bosques durante siete años 
sin comer ni siquiera una vez, 
o eso decía él, 
haciéndolo mucho mejor que Mahatma Gandhi.
Era bueno y compasivo, como ya he dicho, 
así que encontró a su amada. 
Ella le entregó sus manos de plata. 
Ella le entregó a su hijo,
y él se dio cuenta de que era suyo,
aunque desafortunadamente ahora los dos estaban enteros. 
Ahora los carniceros vendrán a por mí 
-pensó-, pues he perdido mi suerte. 
Esto le hizo tener un miedo insidioso 
como un depresor comprimiendo fuertemente
detrás de la garganta. 
Pero era bueno y compasivo 
así que sacó lo mejor de la situación 
como un bateador ambidiestro. 
   
Regresaron al castillo 
y celebraron un segundo banquete de boda.
Esta vez él puso un anillo en su dedo 
y bailaron con elegancia. 
Conservaron las manos de plata durante toda su vida, 
sacándoles brillo a diario,
una especie de corazón morado,
un talismán, 
una estrella amarilla. 


De "Transformaciones"
    

18.11.21

Anne Sexton. El pájaro de la ambición

Entonces a esto hemos llegado,
insomnio a las 3:15 a.m.,
el reloj replica su motor
   
como una rana siguiendo 
un reloj de sol incluso teniendo un
espasmo eléctrico en el cuarto de hora.
   
El negocio de las palabras me mantiene despierta.
Estoy tomando chocolatada,
esa mamá marrón y tibia.
   
Me gustaría una vida simple,
pero durante toda la noche voy poniendo
lejos poemas en una caja larga.
   
Es mi caja de la inmortalidad,
mi plan para después,
mi ataúd.
   
Toda la noche alas negras
se sacuden en mi corazón.
Cada una un pájaro de la ambición.
   
El pájaro quiere que lo tiren
desde un lugar alto como el Puente Tallahatchie.
   
Él quiere prender un fósforo de la cocina
e inmolarse,

Él quiere volar hacia la mano de Miguel Ángel 
y aparecer pintado en un cielo raso.
   
Él quiere perforar el nido del avispón 
y salir con una deidad prolongada.
   
Él quiere comer pan y vino
y sacar a la luz a un hombre que flota felizmente en el Caribe.
   
Él quiere ser presionado como una llave
así puede liberar a los Reyes Magos.
   
Él quiere despedirse entre extraños
repartiendo pedacitos de su corazón como hors d'oeuvres.
   
Él quiere morir cambiándose sus ropas
y salir corriendo al sol como un diamante.
   
Él quiere, yo quiero.
Querido Dios, no sería
bastante bueno solo beber chocolatada?
   
Me tengo que conseguir un pájaro nuevo
y una caja de la inmortalidad nueva.
Hay bastante locura dentro de esta.


De "El libro de la locura"
    

9.11.21

Jeanette Winterson cita un poema de Anne Sexton

Recito en mi cabeza el poema de Anne Sexton, el último de su colección The Awful Rowing toward God (1975). Es el que se titula "Se acabó el remar". Ella se sienta con Dios y...
"Adelante!", dice Él, así que
nos sentamos en las rocas junto al mar
y jugamos -puede ser cierto-
una partida de póquer.
Va con su apuesta.
Gano yo porque tengo una escalera real.
Gana Él porque tiene cinco ases.
Se anunció que había un comodín
pero no lo oí 
debido a lo intimidada que estaba
mientras Él barajaba y repartía.
Cuando Él pone sobre la mesa sus cinco ases
y yo sonrío por mi escalera real,
Él empieza a reír,
la risa sale como una espiral de Su boca
hasta la mía,
una risa tal que Él se dobla sobre mí 
riéndose con un coro de alegría por nuestros dos triunfos.
Entonces me río, el muelle de pescadores se ríe,
el mar se ríe. La Isla se ríe.
El Absurdo se ríe.

Querido crupier,
yo, con mi escalera real,
te amo por tu comodín,
esa carcajada indomable, eterna, salida de las entrañas,
y dichoso amor.

Y dichoso amor. Sí. Siempre.


De "Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?"
    

9.11.20

Alix Kates Shulman cita a Anne Sexton

Anne Sexton lo explicaba así en una de sus poesías:

      Una mujer
      que ama a otra mujer
      es para siempre joven.
      La mentira 
      y su estudiante
      se alimentan una a otra.


De "Cuestiones candentes"
    

24.6.20

Anne Sexton. El beso

Mi boca florece como un corte.
Me han agraviado todo el año, tediosas
noches, solo brutos codazos en ellas
y cajas delicadas de pañuelos gritando Llorona,
llorona, estúpida!
   
Hasta ayer mi cuerpo era inútil.
Ahora se está rompiendo por sus picos y esquinas.
Está rompiendo las prendas de la vieja Mary, nudo a nudo
y mira - ahora está todo invadido por esos rayos eléctricos.
Zumba! Una resurrección!
   
Érase una vez una barca, toda de madera
y sin tarea, ni agua salada debajo
y necesitada de alguna pintura. No era más 
que un montón de tablas. Pero tú la izaste, la aparejaste.
Ella fue elegida.
   
Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio
tocan sin cesar los tambores, las cuerdas. Tú lo hiciste. 
La obra de un puro genio. Cariño, el compositor ha penetrado
en el fuego.


En "Mi boca florece como un corte"
    

9.11.18

Anne Sexton. Cuando el cristal de mi cuerpo se rompió

Oh, madre del sexo,
señora del sorprendente abrazo,
de dónde vienen esas manos?
Un hombre, el Moby Dick de un hombre,
un nadador yendo arriba y abajo en su cerebro,
la dulzura del vino en la yemas de sus dedos,
de dónde vienen esas manos?
Nací como una niña de cristal y nadie me cogió
salvo para quitarme el polvo,
Él me ha cogido y me ha lamido viva.

Manos
creciendo como hiedra sobre mí,
manos saliendo de mí como pelo,
y aún convirtiéndose en hierba ardiendo,
plantando un lirio en mi boca,
hilado y azul,
los pezones convirtiéndose en alas,
los labios convirtiéndose en días que no darán a luz,
días que no nos sostendrían en su casa,
días que no nos envolverían en su regazo secreto,
y todavía manos, manos saliendo de cuadros,
manos escurriéndose por las paredes,
manos que excitan la inconsciencia,
como un viento,
un viento extraño
desde algún trópico
haciendo una tormenta entre mis piernas ciegas,
dejándome quitar la máscara de niño de mi cara,
mientras que todos los juguetes del pueblo caen
y me hundo suavemente en
en país del corazón.




De "Calle de la Misericordia 45"
     

9.11.17

Anne Sexton. La tierra se precipita

Si yo pudiera echarle la culpa de todo a la atmósfera,
la nieve como una mesa de disección,
los árboles que se tornaron agujas de hacer punto,
el suelo, duro como un bacalao helado,
el estanque con su bigote de helada.
Si yo pudiera decir, esto es lo culpable,
si yo pudiera culpar a los corazones de los extranjeros
que enfundados recorren a zancadas las calles,
o los perros de cualquier color,
que se olisquean
y se mean en el umbral...
Si yo pudiera culpar a la guerra de la guerra
donde su fuego me estropajea el cabello...
Si yo pudiera culpar a los ejecutivos
y presidentes por
sus imperdonables cantos...
Si yo pudiera culpar a todos,
madres y padres del mundo,
ellos con sus lecciones, sus bolas de poder,
ellos con el corazón que te envuelve como masa...
Culpar quizás incluso a Dios?
Él, comienzo de todo,
que nos empujó a nuestros primeros errores?
No, culparé al Hombre
pues el Hombre es Dios
y el hombre está consumiendo la tierra
como una barra de caramelo
y a ninguno se le puede dejar solo con el océano,
pues ya sabemos que lo vacía hasta el fondo.
Las estrellas (posiblemente) están a salvo.
Al menos de momento.
Las estrellas son peras
que nadie puede alcanzar,
ni partes una boda.

Tal vez para una muerte.



De "El horrible remar hacia Dios"
    

4.10.17

Anne Sexton. Los bombardeos

Nosotros somos América.
Somos los que rellenan ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores.

La bomba se abre igual que una caja de zapatos.
Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado
y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.

Dónde están tus méritos,
América?

   
    

12.2.17

Anne Sexton. Los zapatos rojos

Estoy en la circular
en la ciudad muerta
y me ato los zapatos rojos.
Todo lo que estaba en calma
es mío: el reloj con una hormiga de manecilla,
los dedos del pie, alineados como perros,
la cocina mucho antes de que cociera tortugas.
La sala de estar, blanca en invierno, mucho antes que las moscas,
la gama echada en el musgo, mucho antes que la bala.
Yo me ato los zapatos rojos.

No son míos.
Son de mi madre.
Antes eran de su madre.
Pasados de una a otra como una reliquia
pero escondidos como cartas vergonzantes.
La casa y la calle a la que pertenecen,
están escondidas y todas las mujeres, también,
están escondidas.

Todas las muchachas
que llevan zapatos rojos,
cada una subió a un tren que nadie podía parar.
Estaciones pasaban volando como pretendientes
y no podían pararlos. Todas bailaban como truchas
en el anzuelo. Jugaron con ellas.
Se arrancaron las orejas como imperdibles.
Sus brazos cayeron y se hicieron sombreros.
Sus cabezas rodaron y cantaron calle abajo.
Y sus pies -Dios mío, sus pies en la plaza del mercado-,
sus pies, dos escarabajos, corrieron a la esquina
y siguieron bailando como si estuvieran orgullosos.
Seguro, así gritaba la gente,
seguro que son mecánicos. Si no...

Pero los pies continuaron.
Los pies no podían parar.
Se alzaron como una cobra que te mira.
Eran elásticos separándose en dos.
Eran islas en un terremoto.
Eran barcos colisionando y hundiéndose.
Tú y yo no somos aquí importantes.
Ellos obedecen.
No pueden detenerse.
Lo que hacían era la danza de la muerte.

Lo que ellos hicieron los reventó.



De "El libro de la locura"
En "Poesía completa"
   

23.12.16

Anne Sexton. La menstruación a los cuarenta

Yo estaba pensando en un hijo.
El útero no es un reloj
ni una campana que suena,
pero en el undécimo mes de su vida
siento el noviembre
del cuerpo tan bien como el del calendario.
Dentro de dos días será mi cumpleaños
y como siempre la tierra ha terminado su cosecha.
Esta vez quiero cazar a la muerte,
la noche a la que me inclino,
la noche que quiero.
Pues bien -
habla de eso!
Estaba extendido en el útero.

Yo estaba pensando en un hijo...
Tú! El nunca adquirido,
nunca germinado ni desabrochado,
tú el de los genitales que temía,
el tallo y el aliento de cachorro.
Te daré mis ojos o los suyos?
Serás David o Susan?
(Esos dos nombres que elegí escuchando.)
Puedes ser el hombre que sin tus padres -
los músculos de las piernas de Miguel Ángel,
las manos de Yugoslavia,
el campesino eslavo y decidido,
el superviviente, repleto de vida? -
y podría ser todavía posible
todo esto con los ojos de Susan?

Todo esto sin ti -
dos días perdidos en sangre.
Yo misma moriré sin bautizar,
la tercera hija ignorada.
Mi muerte vendrá el día de mi santo.
Qué tiene de malo el día del santo?
Es sólo un ángel del sol.
Mujer,
tejiendo una red sobre ti,
un veneno fino y enmarañado.
Escorpión,
araña mala -
muere!

Desde las muñecas mi muerte,
dos etiquetas con nombre,
sangre llevada como un adorno floral
para que brote
en la izquierda y en la derecha -
Es una habitación cálida
el lugar de la sangre.
Dejad la puerta abierta de par en par!

Dos días para tu muerte
y dos días hasta la mía.

Amor! Esa enfermedad roja -
año tras año, David, me volverías loca!
David! Susan! David! David!
plena y desgreñada, silbando en la noche,
nunca envejeciendo,
esperándote siempre en el porche...
año tras año,
mi zanahoria, mi col,
te habría poseído antes que todas las mujeres,
llamándote por tu nombre,
llamándote mío.


7 de noviembre de 1963




De "Vive o muere"
   

10.10.16

Anne Sexton. El riesgo

Cuando una hija intenta suicidarse
y la chimenea se cae como un borracho
y el perro se come la cola
y la cocina revienta su pava reluciente
y la aspiradora se traga la bolsa
y el inodoro se lava con lágrimas 
y la balanza del baño pesa el fantasma
de la abuela y las ventanas
esos pedazos de cielo, salen como botes
y el césped va rodando por la trotadora
y la madre se recuesta en su cama matrimonial
y se come el corazón con dos huevos duros.




En "De la nieve, los pájaros"
    

19.6.16

Anne Sexton. Ama de casa

Algunas mujeres se casan con sus casas.
Es otro tipo de piel, tiene un corazón,
una boca, un hígado y movimientos de vientre.
Las paredes son permanentes y color rosa.
Mira cómo se sienta sobre sus rodillas todo el día,
lavándose religiosamente.
Los hombres entran a la fuerza, se retiran como Jonás
dentro de sus madres carnosas.
Una mujer es la madre.
Eso es lo más importante.




En "Lengua de madera
(antología de poesía breve en inglés)"

31.12.15

Anne Sexton. Desesperación

Quién es?
Una vía de ferrocarril hacia el inferno?
Rompiéndose como una astilla de mueble?
La esperanza que de repente rebosa el pozo ciego?
El amor que se escurre por el desagüe como un escupitajo?
El amor que dijo para siempre, para siempre
y después huye de ti como un vagón?
Eres una plegaria que flota en un anuncio de la radio?
Desesperación,
no me gustas mucho.
No pegas con mi ropa ni con mis cigarrillos.
Por qué te sitúas aquí
tan grande como un tanque,
apuntando a una mitad de la vida?
No podrías haber flotado hacia un árbol
en lugar de colocarte aquí en mis raíces,
empujándome fuera de la vida que he llevado
cuando ha sido mi barriga por tanto tiempo?

De acuerdo!
Te llevaré en mi viaje
donde por muchos años
mis brazos han estado enmudecidos.





De "Calle de la Misericordia 45"

4.10.15

Anne Sexton. La mentira perdida

Hay óxido en mi boca,
la mancha de un viejo beso.
Y mis ojos se están volviendo morados,
mi boca es pegamento
y mis manos dos piedras
y el corazón,
sigue allí,
en aquel lugar donde habitó el amor,
pero sigue clavado en su sitio.
Todavía no siento ninguna compasión por estas rarezas,
de hecho el sentimiento es uno de odio.
Porque es sólo la niña en mí estallando
y sigo planeando cómo matarla.

Una vez hubo una mujer,
llena como un teatro de luna
y el amor concibió al amor
y cuando asomó la niña,
no se volvió a odiar.
Divertido, divertido, amar lo que haces.
Pero hoy deambulo por una casa muerta,
una cocina helada, una habitación
como una cámara de gas.
La cama es una mesa de operaciones
donde mis sueños me rebanan en pedazos.

Oh amor,
el terror,
la peluca asustada,
que era tu querida cabeza rizada
era, era, era, era.

De "Calle de la Misericordia 45"

12.9.15

Anne Sexton. Pongo algunas margaritas en un cuenco...

Pongo algunas margaritas en un cuenco
con un hierbajo que parece la respiración de un niño.
Las pongo en ese cuenco para mostrarle
a mi marido que estoy aquí. Que me preocupo.
Son constantes en su sueño.
Las margaritas en agua son las flores
mas duraderas que puedes darle a alguien.
Hecho.
Compra margaritas.
Rosas no.
Margaritas sí.
Compralas para todo el mundo, enfermo o sano.
Compralas para la gente sana especialmente.

Llama a tu niña Margarita
o llama a tu heroína Margarita
y mira su corazón solar con sus impulsos internos
y sus pétalos de tiza pegados, tiesos
como los pulgares de una muñeca.
Pero déjala inclinar su cabeza tristemente
ahora y luego porque alguna vez en su palma
se leerá Él no me quiere.

Pero no siempre.


14 de junio de 1964


De "Palabras para el Dr. Y."

30.4.15

Anne Sexton. El inventario del adiós

Tengo un paquete de cartas.
Tengo un paquete de recuerdos.
Podría arrancarles los ojos.
Podría usarlos como un delantal hecho con retazos.
Podría meterlos en la lavadora, en la secadora.
Tal vez así un poco de dolor fuese a la deriva como si de suciedad se tratara?
Quizá pudiese triturar la pérdida debajo del sumidero.
Además -vaya negocio- sin necesidad de costosas llamadas.
Sin necesidad de largos viajes en avión en medio de la niebla.
Sin necesidad de risa maníaca ni bendiciones de un cura del montón.
Ese cura probablemente siga flotando en una almohada de niebla.
Bendiciéndonos. Bendiciéndonos.

Es para bendecir tu pérdida
que estoy sentada aquí con mi alma torpe?
El tiempo del activismo ha pasado.
Tomo asiento aquí en la punta de la verdad.
Nadie a quien odiar excepto el delgado pez de la memoria
que se desliza dentro y fuera de mi cerebro.
Nadie a quien odiar excepto el áspero contacto de mi camisón
que roza mi cuerpo igual que una luz que se ha apagado.
Recuerda el beso que inventamos, lenguas como poemas,
reuniéndose, regresando, invitando, provocando una fiebre de necesidad.
Risa, mapas, casetes, el tacto cantando su senda;
todo para ser roto y guardado en una caja fuerte hermética.
Los monótonos muertos me embozan y sólo hay
negro sobre negro que mana de la caja fuerte.
Puedo destriparla y luego poner el corazón, las piernas,
y dos que fueron uno sobre una gran pila de leña
y pegarles fuego, como una vez pegaron fuego, y dejar que formen remolinos
en las llamas hasta alcanzar el cielo
volviéndolo peligrosamente rojo.




De "Antología Poética"

29.3.15

Anne Sexton. Advertencia para una persona especial

Ten cuidado con el poder,
porque su avalancha puede enterrarte,
nieve, nieve, nieve, ahogando tu montaña.

Ten cuidado con el odio,
puede abrir su boca y echarte fuera
para comerse tu pierna, leproso instantáneo.

Ten cuidado con tus amigos,
porque cuando los traiciones,
como lo harás,
enterrarán sus cabezas en el váter
y tirarán de la cisterna.

Ten cuidado con tu intelecto,
porque sabe muy bien que no sabe nada
y te deja colgando del revés
vocalizando el conocimiento mientras que tu corazón
se sale por tu boca.

Ten cuidado con los juegos, la parte del actor,
el discurso planeado, sabido, dado,
porque te traicionarán
y te quedarás como un bebé desnudo,
meándote en tu propia camita.

Ten cuidado con el amor
(a no ser que sea verdadero,
y cada parte de ti diga sí incluyendo los dedos de los pies),
porque te envolverá como una manta,
y tu grito no será oído
y ninguno de tus movimientos funcionará.

Amor? Sea hombre. Sea mujer.
Debe ser una ola por la que quieres deslizarte,
darle tu cuerpo, darle tu risa,
dar, cuando la áspera arena te coja,
tus lágrimas en la tierra. Amar a alguien es
como una oración y no puede ser planeado, simplemente caes
en sus brazos porque tus creencias desarman tu incredulidad.

Persona especial,
si yo fuera tú, no prestaría atención
a las advertencias venidas de mí,
hechas en cierto modo de tus palabras
y en cierto modo de las mías.
Una colaboración.
No me creo una palabra de lo que he dicho,
excepto alguna, excepto que creo que eres como un árbol joven
con hojas pegadas y sé que te enraizarás
y la cosa verde real vendrá.

Deja que sea. Deja que sea.
Oh persona especial,
hojas posibles,
a esta máquina de escribir le gustas en el camino hacia ellas,
pero quiere romper vasos de cristal
en celebración
por ti,
cuando la oscura corteza se tira
y flotas alrededor
como un globo repentino.


[24 de marzo de 1974]




De "Últimos poemas"

17.1.15

Anne Sexton. Calle de la Misericordia 45

En mi sueño,
perforando en la médula
de mi hueso intacto
mi verdadero sueño,
caminando arriba y abajo en Beacon Hill
en busca del nombre de una calle-
llamada Mercy Street.
No está.

Lo intento en el Back Bay.
No está.
No está.
Y sin embargo, sé el número.
El 45 de la calle Misericordia.
Conozco la vidriera de la ventana
del vestíbulo,
los tres pisos de la casa
con su suelo de parqué.
Conozco los muebles y
a la madre, a la abuela, a la bisabuela,
a los criados.
Conozco el armario de Spode,
la barca de hielo, de plata maciza,
donde la mantequilla se presenta en pulcros cuadrados
como extraños dientes de gigante
en la gran mesa de caoba.
Lo conozco todo muy bien.
No está.

A dónde fuiste?
calle de la Misericordia 45,
con una bisabuela
arrodillada con su corsé de ballenas
y rezando con suavidad, pero con fiereza,
al lavabo,
a las 5 A.M.
al mediodía
dormitando en su pomposa mecedora,
el abuelo durmiendo una siesta en la antecocina,
la abuela tocando la campana para la criada de abajo,
y Nana acunando a Madre con una flor enorme
en su frente para cubrir el rizo
de cuando era buena y cuando estaba...
Y donde ella fue engendrada
y en una generación,
la tercera que engendrará,
a mí,
con la semilla del extraño floreciendo
en la flor llamada Horrible.

Camino con un vestido amarillo
y con un bolsito blanco relleno de cigarrillos,
las píldoras suficientes, mi cartera, mis llaves,
y con veintiocho años, o son cuarenta y cinco?
Camino. Camino.
Sostengo cerillas en los nombres de las calles
porque es tarde,
está tan oscuro como la muerte curtida
y he perdido mi Ford verde,
mi casa en las afueras,
dos niños pequeños
succionados como el polen por la abeja que hay en mí
y un marido
que borró sus ojos
para no acompañar a mi interior
y estoy caminando y observando
y esto no es un sueño
sólo mi vida empalagosa
donde los demás sin coartadas
y la calle es imposible de encontrar durante
una vida entera.

Cierra las persianas-
Ya no me importa!
Echa el cerrojo, misericordia,
borra el número,
echa abajo el nombre de mi calle,
que puede importar,
qué puede importar a ese mezquino
que quiere poseer el pasado
que se fue en un barco de muertos
y me dejó sólo con papel?

No está.

Abro mi bolso,
como lo hacen las mujeres,
y los peces nadan de aquí para allá
entre los dolares y la barra de labios.
Los saco,
uno por uno
y los lanzo contra los nombres de las calles,
y lanzo mi bolso
al río Charles.
Después me deshago del sueño
y me precipito contra la pared de cemento
del tosco calendario
en el que vivo,
mi vida,
y sus cuadernos
rindiendo cuentas.


De "Calle de la Misericordia 45"