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30.7.25

Josefina Romo Arregui. Estela funebre en Castilla a Julia de Burgos

Torrente, río, lluvia,
crecido mar en pleamares,
tú llevabas el húmedo reflejo
de todos los rocíos de la tierra.
Corona tuya, el hielo transparente
de la nostalgia y tu precioso manto
el río de tus hombros desprendido 
para anegar tu verso.
   
De mi tierra sin mar, soñadora de verdes
océanos en los adustos pinos
que vigilan campanas y rebaños,
vengo para decirte: pequeño ser de nube
sobre la ancha pupila del viento azul
que empuja islas, he oído el aleteo
en mis chopos tranquilos, de aquella golondrina
extrañamente blanca que tú eras.
Colgada del paisaje visitabas los huertos
que humedecen su pie frutal en las orillas
del mar antigua que tú una vez nombraste. 
Que mi tierra sin mar, la que navega
el cerámico azul del firmamento,
tiene un camino el agua misteriosa
que al Lacio puso nombre;
un nombre posesivo, porque entonces 
aún no sabía que todo mar es tuyo;
profundo mar que comenzara en ti
y que contigo fuera
por siempre el lento corazón del llanto,
el llanto subterráneo que llevaba
a la cumbre del don y de la muerte.
Criatura del agua! tu mejilla
-nenúfar con raíz de permanencia 
y cárdeno color de sueño y llaga-
sobre el duro cemento desprendida 
en la isla sin tierra que no sabe
hendirse al ruego de semilla pura
ni florecer espigas de retorno.
Si la montaña acoge el gran cansancio 
de tus huesos errantes y dolidos,
tu levísima sombra, sombra de agua,
transitada de agrestes gaviotas,
duerme sobre las verdes algas húmedas.
Por tu voz, que espesa soledad traspasa,
se oye eterna en el río poseído;
torrente, arroyo y lluvia nos la crean;
eres presencia permanente, eres
en el gesto de todo lo que amaste.
Y en el tapial de soledades mías,
en mi tierra sin mar, tu voz de agua
vive en el gozo breve de la tarde,
vive en el lirio denso de la noche...
   
Mi corazón, isla con voz, te ofrece
la miel, el vino fúnebre, el canto,
y una estela de mármol silencioso
coronada de azul innumerable.


En "Mujeres del 27. Antología poética"
    

13.1.25

Josefina Romo Arregui. El pájaro ciego

Calladamente a ti, calladamente
-ojos en dulce bruma acongojada-
te diría mi voz apasionada:
«Dame el pájaro ciego de tu frente».
   
Yo le oigo aletear con la doliente 
angustia de su noche desolada,
con la impotencia de su voz quebrada
en el trino más suave y más caliente.
   
Dame el pájaro ciego de tu llanto
y la impotente fuerza de su canto,
yo abrigaré su noche con mi aliento
   
y arrancando a sus alas las espinas
con mis penas, hermanas golondrinas,
al alba volará sin desaliento.


De "Cántico de María Sola"
    

2.8.24

Josefina Romo Arregui. Elegía del poeta de esta hora

Poetas de esta hora, pájaros momentáneos,
canto de ruiseñor único,
porque la voz disuelta en los espacios
no ha de saber de eternidad,
de la gloriosa eternidad de aquellos que se fueron
dejando sus acentos moldeados en barro
-suspiro cuneiforme de milenios-.
No brillarán vuestras palabras en los muros
-encendida actividad de los símbolos-
flor profunda de jeroglíficos sutiles.
Ni el esmalte deslumbrador
cantará en sus colores vuestro paso,
ni la serena, equilibrada piedra
clamará vuestros nombres incisos.
Sois los poetas del seguro silencio,
los poetas de inevitable olvido.
Cantad, cantad indiferentes 
los únicos, los geniales, los sinceros.
Sabemos sin orilla nuestro río,
y nuestra voz la despedida postrera,
que ya no habrá arrollado papiro que encontrar 
ni códice miniado para saber de trovas. 
Oh infinito destino del átomo, 
mi canto y las palabras de mi canto
nunca han de ser letras, palabras, ni canciones,
nunca llegarán a unos ojos
ni vivirán en futuras voces...
Gritemos nuestro adiós alegre y descuidado
por los perdidos sueños de eternidad humana,
que nuestros átomos saltarán de una estrella
a la escama de un pez desconocido.
Y así será en la Tierra,
así será en nuestra pequeña podrida manzana.
Cantad, cantad poetas nuestro olvido
nuestro descanso eterno, nuestro destino tácito. 
Cantad poetas porque hay algo seguro,
algo desconocido que el átomo conoce.


De "Isla sin tierra"
En "Las Sinsombrero y un nuevo 27"
    

9.5.18

Josefina Romo Arregui. Ser fea

Hoy he sentido todo el amargo pesar
de saber que es mi rostro casi feo, vulgar;
tal vez tú no comprendas lo hondo de la herida
no sabiendo que adoro el amor y la vida,

la belleza hecha carne de plástica asombrosa,
de suavidad de bruma y de aroma de rosa.
Por eso me he sentido encogida de pena
cuando él me decía, la mirada serena:

no eres bella, más luce sobre tu frente
la magnitud de tu alma escogida y consciente.
Ay! La amargura toda se ha agolpado en mi pecho
y el castillo de naipes ha quedado deshecho.

He golpeado mi cuerpo con sañuda fiereza
hasta quedar rendida de dolor y tristeza.
Por ser hermosa, hermosa, de atractivos sin cuento
diera todo este espíritu que tan solo es tormento

que me retiene en hondas meditaciones graves,
mientras las flores mecen sus contornos suaves.
Oh! En la Armonía Eterna de ser un triste designio
y en la bella Natura no encontrarse a sí mismo.

Por eso hoy he sentido tan amargo pesar
al saber que es mi rostro casi feo, vulgar,
y llevaré en mi alma el rastro de la herida,
en mi alma enamorada del amor y la vida.


En "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"