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6.6.21

Safo. Ha muerto, Citerea, el tierno Adonis...

-Ha muerto, Citerea, el tierno Adonis. Qué podríamos hacer?
-Golpead vuestros pechos, muchachas, desgarrad vuestras túnicas. 


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

28.4.21

Fabia Aconia Paulina. El brillo de mi estirpe nada me dio más alto...

El brillo de mi estirpe nada me dio más alto
que el parecer ya Antaño digna de tal marido.
Mas todo honor y luz está en Agorio, el nombre
de un varón que, engendrado de una excelsa simiente,
patria, senado y cónyuge iluminas
con tu honradez de espíritu, tu conducta y estudios
con que alcanzaste cúspide suprema de virtud.
Todas aquellas obras que en una u otra lengua ha producido
el celo de los sabios -se abre a ellos la puerta de los cielos-,
ya sean los cantos que los diestros crean,
ya lo compuesto en libre lenguaje de la prosa,
tú las mejoras, cuando las lees, al hacerlas tuyas.
Y esto son bagatelas. Pues lo que descubriste en los sagrados
misterios, como iniciado pío, lo conservas en lo hondo de tu mente
y el polimorfo espíritu de las deidades como experto veneras.
Añadiste benévolo a tu esposa cual socia a los rituales,
confidente de dioses y de hombres, leal para contigo.
Por qué habría de hablar de cargos y de honores
-placeres que apetecen los hombres en sus súplicas
que tú siempre creíste menores y caducos-
cuando excelso te muestras, divino sacerdote, con tus cintas?
Con el tesoro de tus enseñanzas, tú, marido,
limpia y pura librándome de un destino de muerte,
me conduces a templos y a los dioses consagras como sierva.
Siendo tú mi testigo, soy iniciada en todos los misterios:
como sacerdotisa de Dindimene y Atis
me honras en sacrificios taurinos, pío esposo;
como ministra de Hécate me instruye en su triple secreto;
me dispones a ser digna de los misterios de Ceres la de Grecia.
Gracias a ti me aclaman todos como feliz, como piadosa,
pues tú mismo de mí por todo el orbe
divulgas mi bondad: de ignota paso a ser reconocida
por todos. Siendo tú mi marido cómo podría no agradarles yo?
Me toman como ejemplo las madres de Roma la de Rómulo
y piensa que su prole es muy hermosa si semeja a la tuya.
Reconocen y anhelan, tanto los hombres como las mujeres,
todo lo extraordinario que tú como maestro en mí insuflaste. 
Perdido todo ya, como esposa doliente me consumo.
Sería yo feliz si acaso las deidades me hubieran concedido
que mi marido me sobreviviera. Mas feliz soy ahora
pues tuya soy, lo he sido y justo tras la muerte habré de serlo.


En la antología "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

26.4.21

Teosebia. Tres momentos de duelo conoció Acestoria...

Tres momentos de duelo conoció Acestoria: cortó su cabellera
primero por Hipócrates y después por Galeno.
Y ahora yace junto al túmulo de Ablabio que la hace gemir,
con pudor de mostrarse sin él entre las gentes.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

25.4.21

Terencia. Contemplé las pirámides sin ti, hermano queridísimo, y por ti...

Contemplé las pirámides sin ti, hermano queridísimo, y por ti
cuanto pude lo hice. Dolorosa he vertido allí mis lágrimas
y este lamento grabo, recordatorio nuestro.
Así el nombre de Décimo Genciano, pontífice, oh Trajano,
compañero en tus triunfos, que por seis lustros fuera
cónsul y censor, sobre la alta pirámide habrá de subsistir.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

22.4.21

Damó. Hijo de la Aurora, te saludo...

Hijo de la Aurora, te saludo: propicio me has hablado,
Memnón, por gracia de las Musas de Pieria que protegen a Damó,
a la amiga del canto. Mi bárbito que procura placer 
celebrará por siempre tu poder, oh Divino.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

20.4.21

Cecilia Trebula. Cuando escuché la voz sagrada de Memnón...

Cuando escuché la voz sagrada de Memnón,
sentí tu ausencia, madre, y deseé que tú también la oyeras.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
   

18.4.21

Julia Balbila. Yo, Balbila, he oído hablar desde la piedra...

Yo, Balbila, he oído hablar desde la piedra
a la voz divina de Memnón o Phamenoth.
He venido hasta aquí en compañía de la adorable reina Sabina,
cuando de la primera hora el sol cumplía el curso.
En el año decimoquinto del emperador Adriano
contaba el mes de Atir* ya veinticuatro días.


*Noviembre


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

15.4.21

Claudia Trofime. Epigrama

Claudia Trophime, la prytanis, compuso esta canción de alabanza a Hestia: 

La diosa procuró satisfacción a los dioses en sus fiestas
y atendió el floreciente fuego de nuestra región.
Dulcísima divinidad, flor del universo,
la llama eterna del fuego del cielo se tiende hacia tus altares.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
   

13.4.21

Sulpicia (la elegíaca). Al cumpleaños de Cerinto

Este día que a mí, oh Cerinto, te trajo, santo ha de ser
y por siempre será contado entre festivos.
Cuando estabas naciendo, las Parcas predijeron a las jóvenes 
un servicio de amor y te entregaron elevados dominios.
Me abraso más que otras. Y me agrada, Cerinto, el abrazarme,
si un fuego mutuo en ti por mí se prende.
Que el amor se presente recíproco; lo suplico por ti,
dulce prenda robada, lo ruego por tus ojos y tu Genio. 
-Buen Genio, acepta los inciensos benévolo y colma mis deseos
si es que siente calor cuando de mí se acuerda.
Más si es que ahora suspira por distintos amores
te ruego que tú, santo, el hogar abandones no fiable.
No seas injusta, Venus: que uno y otra vencidos te sirvamos
en plano de igualdad. O si no mis ataduras suelta.
Pero mejor nos ciña una cadena poderosa y recíproca,
que no pueda soltarse ni un día venidero.
Desea este muchacho lo que yo, pero él en secreto lo desea
porque siente pudor de decir con franqueza las palabras.
Y tú, dios Natalicio, tú que todo lo sabes, concédelo:
qué importa que desee a ocultas o a las claras?


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
   

11.4.21

Melino. Himno que Roma

Yo te saludo, Roma, hija de Ares,
soberana valiente de cinturón de oro
que habitas en la tierra un venerable Olimpo
por siempre inquebrantable.
   
Solo a ti, la más digna de respeto,
ha concedido Moira la fama soberana
de un mandi indestructible, a fin de que acaudilles con un regio poder.
   
Bajo tu collera de fuertes correas
el pecho de la tierra y el del grisáceo mar
están trabados. Y llevas tú el timón, inconmovible,
de ciudades y gentes.
   
Aunque todo lo abate el tiempo poderoso
y transforma una vida con distintas mudanzas,
solamente en tu honor la brisa del poder que hincha las velas
el tiempo no transtorna.
   
Pues de todos tú sola a los más vigorosos
y magnificos hombres de armas los engendras
como si de los campos hicieses brotar fruto de Deméter
de granadas espigas.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

9.4.21

Filina. Huye, dolor de cabeza...

Huye, dolor de cabeza, huye y acábate bajo una piedra.
Pues huyen los lobos, huyen los caballos de maciza pezuña
hostigados por los golpes de este mi eficaz ensalmo.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
   

6.4.21

Nosis [o Nóside]. De la madre y la hija

Hera venerable, que el Lacinio perfumado de incienso
al descender del cielo contemplas a menudo,
acepta este vestido de lino que ha tejido en tu honor -con la ayuda de Nosis,
su hija- la noble Teofílide, descendiente de Cléoca.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"

3.4.21

Ánite. A una estatua de Afrodita situada en la orilla mirando al mar

A Cipris pertenece este recinto, pues le es grato
siempre desde la tierra firme ver el radiante mar
para que amable sea la travesía a los marineros:
el mar se paraliza de miedo al contemplar la imagen reluciente.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

1.4.21

Hédile. Escila

... como regalos, o conchas del peñón de Eritrea 
o polluelos de alción todavía sin alas,
a la ninfa, a modo de juguetes, le llevó, 
aunque él nada esperaba.
Y del lloro de aquel llegó a compadecerse
una Sirena virgen, vecina del lugar,
porque a nado volvía por aquellas orillas escarpadas
y por los parajes próximos al Etna.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
     

30.3.21

Moiró [o Mero de Bizancio]. Un racimo para Afrodita

Te hallas bajo el pórtico dorado de Afrodita,
tú, racimo, saturado del licor de Dioniso.
Ya tu madre, abrazándote con gratos zarcillos,
no hará crecer en tu cabeza el pámpano de néctar.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

27.3.21

Erina. Los cabellos grises de dulce lenguaje...

Los cabellos grises de dulce lenguaje, flores de la vejez para los mortales...


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

23.3.21

Praxila. Canción Báquica

Si aprendiste la historia de Admeto, compañero,
a los buenos aprecia, de los viles aléjate:
sabes que hay, en los viles, escasa gratitud.


De "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

21.3.21

Corina. Orestes

Al dejar las corrientes del Océano 
fue arrancada del cielo la luz sagrada de la luna
las Horas de Zeus inmortal regresan en las flores
de primavera, y se alegra el coro
con esforzados pies
por toda la ciudad, la de las siete puertas.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

18.3.21

Cleobulina. Vi a un hombre disimulando y que obligado engañaba...

Vi a un hombre disimulando y que obligado engañaba 
y en hacerlo por la fuerza, en eso estaba lo justo.


En "Grecorromanas.
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"
    

17.3.21

Safo. Me parece que igual es a los dioses...

Me parece que igual es a los dioses
ese hombre, el que se sienta frente a ti
y muy cerca, cuando hablas dulcemente,
te escucha y cuando ríes 
   
adorable. Esto -no hay duda- me hace
volcar el corazón dentro del pecho.
Te miro un solo instante y de mi voz
no me acude ni un hilo.
   
La lengua queda rota y un sutil
fuego bajo la piel ya me ha reptado
y con mis ojos nada alcanzo a ver
y zumban mis oídos;
   
me desborda el sudor, toda me invade
el temblor y más pálida me vuelvo
que la hierba. Para estar muerta falta,
me parece, muy poco.


En "Grecorromanas. 
Lírica superviviente de la Antigüedad clásica"