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13.8.15

Margaret Atwood. A medianoche

A medianoche me despierta la lluvia, un aguacero,
el viento azota las hojas, las orejas
enormes, plumas enormes,
como un animal perseguido, un perro
gigantesco o un cerdo salvaje. Truenos y ventanas
que se estremecen; del tejado metálico
cae una tromba de agua.

Estoy tumbada bajo el mosquitero,
enredada en una tela húmeda, el pelo lleno de sal.
Cuando escampe habrá luciérnagas
y estrellas, más brillantes que en cualquier lugar;
podría contemplarlas en momentos
de pánico. Están a años luz, si lo piensas.

A la porra la poesía, es a ti a quien deseo:
tu sabor, la lluvia
en tu cuerpo, mi boca en tu piel.




De "Historias reales"

3.1.15

Margaret Atwood. Pequeños poemas para el solsticio de invierno

1

Una pagina en blanco: lo que
brilla en ti no es la nada,
aunque es igual de limpio, igual de azul

y he vivido lo bastante para saber
que debo renunciar al deseo
de tocar ese brillo.

Qué es lo que brilla?
Estrellas, cristal roto y agua,
y tú, vestido con la serena camisa azul,

de pie, al lado de una ventana
mientras llueve, sin que suceda
casi nada, intocable.

Pones la mano
en la luz, y se revela no sólo
la mano, también la luz;
es en el brillo donde se tocan ambas.

Otras cosas hechas de luz:
las alucinaciones y los ángeles.
Si extendiera mis manos
hacia ti, desaparecerías?




De "Historias reales"

25.11.14

Margaret Atwood. Un asunto de mujeres

La mujer del aparato con púas,
agujereado como un colador, que le aprisiona
la cintura y el espacio entre las piernas
es la Prueba A.

La mujer de negro que mira a través
de una celosía y tiene una estaca
de madera de diez centímetros metida
entre las piernas para que no la puedan violar,
es la Prueba B.

La Prueba C es la muchacha
que las matronas arrastran al monte
y obligan a cantar mientras sajan la carne
de entre sus piernas, luego atan sus muslos,
hasta que le salen costras y la creen curada.
Ahora puede casarse.
Para cada nacimiento la abrirán
en canal, luego la coserán.
A los hombres les gustan las mujeres bien apretadas.
Las que mueren son enterradas con cuidado.

La siguiente prueba yace sobre su espalda,
mientras ochenta hombres cada noche
se mueven a través de ella, diez, cada hora.
Mira al techo, escucha
cómo la puerta se abre y se cierra.
Un timbre sigue sonando.
Nadie sabe cómo llegó hasta aquí.


Verás que lo que tienen en común
está entre las piernas. Por esto
se lucha en las guerras?
Territorio enemigo, tierra de
nadie, que se penetra furtivamente,
cercada, poseída, pero nunca con certeza;
escenario de estas incursiones desesperadas
a medianoche, capturas
y crímenes viscosos, guantes de médicos
grasientos de sangre, carne inerte, fuente
del inquietante poder que posees.

Este lugar no es un museo.
Quién inventó la palabra amor?




De "Historias reales"

7.11.14

Margaret Atwood. Historias reales

I

No preguntes por la historia real:
para qué la necesitas?

No estaba en mi equipaje,
ni es lo que llevo ahora.

Salgo a navegar,
con un cuchillo, un fuego azulado,

suerte, palabras amables
que aún sirven, y la marea.


II

La historia real se ha perdido
de camino a la playa; es algo

que nunca tuve: esa maraña negra
de ramas en medio de una luz mudable,

mis huellas borrosas
cubiertas por el agua

salada, este puñado
de huesos pequeños, la presa de un búho;

una luna, papeles arrugados, una moneda,
la imagen fugaz de una vieja merienda,

los agujeros hechos por amantes
en la arena hace cien

años: no queda rastro.


III

La historia real es una mentira
dada entre las otras

un caos de colores, un revoltijo de ropa
arrojada a la basura,

como corazones en mármol, como sílabas, como
despojos de los carniceros.

La historia real es perversa
y múltiple, y es falsa

siempre. Para qué
la necesitas? Nunca

preguntes por la historia real.




De "Historias reales"