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16.12.22

Jeanette Winterson. Gracias a Dios que su apellido era Austen...

La biblioteca contenía todos los clásicos de la literatura inglesa, y algunas sorpresas como Gertrude Stein. No tenía ni idea de qué leer ni en qué orden, así que simplemente comencé por orden alfabético. Gracias a Dios que su apellido era Austen...


De "Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?"
    

27.8.22

Jeanette Winterson cita un poema de Thomas Hardy

Yo repetía un poema de Thomas Hardy en mi mente:

Nunca decir adiós
ni susurrarme una suave llamada,
ni murmurar un deseo por una palabra, mientras yo
veía la mañana endurecerse sobre la pared,
impasible, ignorando
que tu gran partida
tenía lugar en ese momento, alterándolo todo.


De "Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?"
    

9.11.21

Jeanette Winterson cita un poema de Anne Sexton

Recito en mi cabeza el poema de Anne Sexton, el último de su colección The Awful Rowing toward God (1975). Es el que se titula "Se acabó el remar". Ella se sienta con Dios y...
"Adelante!", dice Él, así que
nos sentamos en las rocas junto al mar
y jugamos -puede ser cierto-
una partida de póquer.
Va con su apuesta.
Gano yo porque tengo una escalera real.
Gana Él porque tiene cinco ases.
Se anunció que había un comodín
pero no lo oí 
debido a lo intimidada que estaba
mientras Él barajaba y repartía.
Cuando Él pone sobre la mesa sus cinco ases
y yo sonrío por mi escalera real,
Él empieza a reír,
la risa sale como una espiral de Su boca
hasta la mía,
una risa tal que Él se dobla sobre mí 
riéndose con un coro de alegría por nuestros dos triunfos.
Entonces me río, el muelle de pescadores se ríe,
el mar se ríe. La Isla se ríe.
El Absurdo se ríe.

Querido crupier,
yo, con mi escalera real,
te amo por tu comodín,
esa carcajada indomable, eterna, salida de las entrañas,
y dichoso amor.

Y dichoso amor. Sí. Siempre.


De "Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?"
    

28.10.21

Jeanette Winterson. Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

Cuando mi madre se enfadaba conmigo, algo que sucedía con frecuencia, decía: "El Demonio nos llevó a la cuna equivocada".
La imagen de Satanás aparcando por un rato la Guerra Fría y el macartismo para visitar Manchester en 1960 -propósito de la visita: engañar a la señora Winterson- es de una comicidad extravagante. Mi madre era una depresiva extravagante; una mujer que guardaba un revólver en el cajón de los trapos, y las balas en una lata de abrillantador. Una mujer que permanecía toda la noche en vela preparando tartas para no tener que dormir en la misma cama que mi padre. Una mujer con prolapso, problemas de tiroides, insuficiencias cardiacas, una pierna ulcerada que nunca sanaba y dos juegos de dentaduras postizas: una mate para ponerse a diario y otra perlada para las "ocasiones".
Desconozco por qué no quiso/no pudo tener hijos. Sólo sé que me adoptó porque quería una amiga (no tenía ninguna), y porque fui para ella como una bengala lanzada al mundo -un modo de decir que ella estaba ahí-, una especia de X en el mapa.


Principio de "Por qué ser feliz cuando puedes ser normal"