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7.8.25

Ana Luísa Amaral. Arde la palabra y otros incendios

A modo de prólogo. Los tiempos se cruzan

Qué haré cuando todo arde?
Sá de Miranda

Al escribir estas líneas, especie de breve y suelto prefacio a los textos que siguen, me he acordado de una frase (algo arrogante) de Carlos Drummond de Andrade que dice lo siguiente: "La lectura es una fuente inagotable de placer, pero, por increíble que parezca, la práctica totalidad de la gente no siente esa sed". Sabemos, está claro, que ese no sentir es´ta ligado sobre todo a razones de tipo sociocultural, a hábitos enseñados y luego integrados. Pero al leer la frase de Drummond me ha venido a la memoria el poema de Emily Dickinson, de un tono (solo aparentemente) más humilde, que comienza diciendo "No hay Fragata como Libro / Para llevarnos por esos Mundos!"; y también me vino a la memoria la frase de Fernando Pessoa "leer es soñar de la mano de otro".


Principio del prólogo "Arde la palabra y otros incendios"

30.3.25

Ana Luísa Amaral. Entre mitos: o parábola

No sabían, 
los que vivían felices a orillas del Nilo,
de la llegada de aquellos que habrían de reducirlos casi a escombros,
ni de los que más tarde les habrían de robar tierras e ideas
y saquear la belleza de las piedras en perfecto equilibrio, y noche y luz perfecta,
en busca de las joyas y del oro y de un conocimiento 
que no les pertenecía. 
   
No sabían,
porque vivían en el centro de su tiempo,
y el centro del tiempo nunca sabe cómo será su transcurso,
como la corriente de un río no conoce su desembocadura,
solo las orillas por las que pasa y le dan luz, o sombra.
   
Y aunque a orillas del Nilo
habitaban no solo los poseedores de mucho,
sino también aquellos que escaso sustento y techo tenían,
a todos les unía esa creencia en una paz futura,
en atravesar otras orillas y encontrar paz.
   
No sabían lo que vendría, 
ni en qué acabaría su historia, como nada saben
los humanos que habitan este antiguo sol azul.
   
Pero debieron presentir ese final,
y la alegría de los ciclos y de los aluviones 
debió ir acompañada de angustia por la llegada de los ejércitos
que les prometían más bienestar y más paz,
diciéndoles que la paz y el bienestar requerían 
alianzas y el abandono de sus creencias y una historia nueva
y en apariencia más útil.
   
Mucho después,
de ellos quedaría el recuerdo en libros y mitos,
y el rumor del desierto,
y las perfectas construcciones de piedra resistente,
y su escritura, bella y útil, que llevó años descifrar.
   
Y mucho de esto no permaneció en su tierra, a orillas del Nilo,
sino que fue robado, y viajó en navíos, por mares diferentes,
hasta museos y plazas de otros colores
donde ganaría otros olores y otros sentidos.
Parece que siempre ha sido así 
con el tiempo y la historia.
Parece que siempre es así.
   
A no ser que una esfinge se rebele
y levante el vuelo, como la esfinge de otro pueblo,
no a orillas del Nilo, sino de un mar
poblado de mitos y pequeñas islas.
   
Tampoco conoce, esa esfinge resguardada en Delfos,
cómo será el futuro de las cosas y del tiempo,
pero sabe de la llegada de los que, en nombre de un nuevo equilibrio,
dicen poder salvar los tiempos.
   
Tal vez le ayuden el cuerpo de león
y, desplegadas, las alas.
   
Y el enigma,
que poco importa a los dueños del equilibrio,
pero que dicen ser la fuente de la poesía.
Y es la fuente de la que la carne despierta,
a orillas de lo humano.


De "Oscuro"
   

21.8.24

Ana Luísa Amaral. Plegaria en el Mediterráneo

En vez de peces, Señor,
danos la paz,
un mar que sea de olas inocentes
y, llegados a la arena,
gente que vea con corazón de ver,
voces que nos acepten
   
Es tan duro el viaje 
y hasta la espuma hiere y hierve,
y, de tan alta, ciega
durante la travesía 
   
Haz, Señor, que no haya
muertos esta vez,
que las rocas estén lejos,
que el viento se aquiete 
y que tu paz por fin
se multiplique 
  
Pero después de la balsa,
de la guerra, del cansancio,
después de los brazos abiertos y sonoros,
que sepa bien, Señor,
   
un pan tierno,
y un pez, a poder ser,
de este mar
  
que también es nuestro


De "Ágora"
    

5.4.24

Lauren Mendinueta cita a Ana Luísa Amaral

Música, música, música llenándole el cuerpo 
y el cabello trenzado con flores y serpientes,
y una fuente de espanto polifónico
escurriéndole de los dedos.
Ana Luísa Amaral 



En "Vivir tan adentro"

   

20.10.23

Ana Luísa Amaral. El vellocino de oro (de la otra historia)

El vellocino de oro, ese!
exclamó él 

Y para poseerlo 
sacrificó ejércitos de esclavos
sin altura ni nombre
(comparados con el dragón mayor
que protegía la caverna
de los misterios)
   
Eran esclavos-soldados
casi niños, muchos,
y las madres dentro del mito
nada dijeron,
porque nada pudieron decir
   
Y el vellocino finalmente conquistado
era del color de la sangre
y del sacrificio,
y la sangre era tan espesa,
hizo un río tan largo, y tan brutal,
que corrió durante siglos
   
Y el vellocino se hizo vela,
territorio, nación, 
y otro en su sueño (o pesadilla)
repitió: Ese!
   
Gritando, lo reclamó 
   
Y la masacre se elevó 
y se cumplió, 
y protegido por el dócil vello, él sonrió, 
mientras tantos morían, 
   
dócilmente-


De "Ágora"
    

22.8.23

Ana Luísa Amaral. What's in a Name

Pregunto: qué hay en un nombre?
   
De qué espesura está hecho si se atiende,
en qué guerras se ampara,
paralelas?
   
Linajes, suelos serviles,
razas domadas por algunas sílabas,
pilares de la historia sobre leyes
que en fuego y llamarada se forjaron?
   
Extirpado el nombre, quedará el amor,
quedaremos tú y yo, aun en la muerte
aun sólo en el mito
   
Y aun el mito (escucha!),
nuestra fugaz historia
que unos leerán como materia inerte,
quedará para el siempre del humano
   
Y otros 
habrán de recogerlo siempre
cuando su siglo ya carezca de él
   
Y entonces, amor mío, mi mayor fuerza,
seremos para ellos cual la rosa
   
O no, cual su perfume:
ingobernado     libre



De "What's in a Name"
    

24.7.22

Ana Luísa Amaral. Titulares

No vas a llegar, sólo porque en el poema
te pedía que vinieras,
ni vienes, yo lo sé, aun siendo domingo
y no podrás traer el domingo contigo
   
La que llegó fue la gata,
tanto tiempo a mis pies y sobre el edredón,
pero luego pidió, con garras recogidas,
que le alzara las sábanas,
le obedecí, y entró
   
Si esto fuera un poema de Donne, sería posible decir otras cosas,
y la gata y todo el acto de las sábanas serían metafóricos,
pero no fue eso lo que aquí pasó
ni estoy pensando hoy en tiempos metafísicos,
sino en los tiempos que nos rodean
y un poco en ti
   
Por eso, no tuve otro remedio
que el de amoldarme a lo que no tiene remedio:
la barbarie liberada, el domingo que nada tiene de feriado
sino que es un día igual que los demás,
la gata que cayó dormida, absorta, debajo de las sábanas
y no me hace ni el más mínimo caso,
ni siquiera a mis pies
se resguardó
 

De "What's in a Name"
   

7.7.22

Ana Luísa Amaral. Identidad

1.

a nuestra espalda
mástiles
   
ante nosotros
monstruos
   
y en la pared
los astros
   
   
2.
   
en qué pared
los astros
   
si a nuestra espalda
mástiles
   
y ante nosotros
monstruos?


De "Mundo"
    

24.2.22

Ana Luísa Amaral. Lugares comunes

Entré en Londres
en un café cutre (no sólo entre nosotros
hay cafés cutres, entre los ingleses también
e incluso tuvieron más cosas, ahora
sólo Escocia y un poco de Irlanda y aquellas
islitas, más adelante)
   
Entré en Londres
en un café cutre, peor aún que un bar nuestro
de playa (esto es sólo para quien no sepa
hacerse una pequeña idea de lo que tienen por allá), era
incluso muy cutre,
no es que lo fuese a propósito, era cutre
en nuestro argot, muy lleno de tabiques y de cocina
sucia. Muy vulgar.
   
Claro que mis prejuicios todos
de mujer se me vinieron encima, porque el café
sólo tenía hombres comiendo beicon y huevos y tomate
(si fuese Portugal serían sándwiches de queso),
mas pensé: Estoy en Londres, estoy
sola, quiero saber de sus hombres, los ingleses
ni siquiera se insinúan como los nuestros,
y por ahi seguido...
   
Y allá que entré en el café cutre, de árbol
de plástico en el ángulo.
Sólo después de entrar es cuando vi una mujer
sentada leyendo cualquier cosa. Y me sentí 
más fuerte, no se por qué pero me sentí más fuerte.
Era una tribu de veintitrés hombres y ella sola y
después yo
   
Así que pedí el café, que no era nada malo
para un café cutre como aquél y el hombre
que me atendió dijo: There you are, love.
me dieron ganas de responder: I'm not your bloody love o
Got to hell o cualquier cosa así, pero después
pensé: la cosa es que lo tienen tan entrañado
en su cultura y la intención no era mala y también
marcho con la misma de aquí, tengo un vuelo
y a mí qué más me da?
   
Y pagué el café que no era nada malo,
y estuve un ratito echando un vistazo en torno
viendo a la tribu toda comiendo huevos con jamón
y después miré la hora y pensé que el taxi
estaba a punto de llegar y yo debía marchar
y cuando me iba a levantar, la mujer sonrió 
como diciendo: That's it
   
Y miró a su vez en derredor para el jamón 
y los huevos y los hombres todos comiendo
y me sentí más fuerte, no sé por qué, 
pero me sentí más fuerte
y pensé que en conclusión no interesa Londres o nosotros,
que en todos los sitios
son las mismas cosas


En "Sombras de porcelana brava.
Diecisiete poetas portuguesas"
    

17.1.22

Ana Luísa Amaral. Bifronte condición

Lujo de tener vista, de ver por la ventana,
elegante y atento, a aquel gato matizado
en blanco y en canela, lujo de un plato dulce
y confortante, lujo del tiempo que se des-
pliega, y de sentir calor cerca de enero,
y en cada movimiento
   
Al otro lado, detrás de la ventana,
un hombre que examina atentamente la basura
en el frío, y todo dentro de las cosas se hace sentir frío,
los movimientos crispados y grisáceos,
de cómo es corto el tiempo o de cómo
acortan las palabras
el decir
    
El lujo de estar bien abrigado:
un lujo absurdo, pero un lujo verdadero
cerca de enero, que es el mes bifronte,
hecho, como nosotros, de dos caras,
desatentos, fingidos, incultos habitantes
de este planeta que
   
visto desde otro lado, si es que lo hay,
por otros ojos, si es que éstos existen,
habrá de parecer así: bifronte:
   
por un lado, la suavidad de amar y proteger,
en la otra cara, la otra condición: mirar sin ver,
por eso no hay indulto, ni cósmica razón
que nos redima


De "What's in a Name"
    

2.9.05

Ana Luísa Amaral

Ana Luísa Amaral, cuyo nombre completo es Ana Luísa Ribeiro Barata do Amaral, (Lisboa, 5 de abril de 1956 - 5 de agosto de 2022) fue una poetisa, traductora y profesora portuguesa.


Obras citadas en este blog: