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6.6.23

Maxine Kumin. Reaprendiendo el idioma de abril

Donde este hombre recorre sus campos,
los sauces hacen pliés con verdes cordones,
vuelan pestañas de los blancos ciruelos,
los escuálidos olmos comienzan a abrir sus armazones.

Cuando él pasa, liviano con la mañana,
los terriers, enterrados hasta el rabo en una cueva de marmotas
estallan para seguirlo,
las ardillas chirrían como cardenales.

Cinco ponis de orejas alertas
se levantan de su serio masticar.
Las condenadas vacas, mostrando
sonrisas inteligentes, se dan la vuelta.

Por millas a la redonda, los campos arados
sueltan una dulce rancidez
tibia como la esperma.

Me tiro en la gorda falda del mediodía
oyendo las quejas de las palomas.
A lo lejos, un tartamudeo de gansos tocan alarmas.

Una vez más, cuerpo. Vieja Pintada,
cómo pudiste engañarme así
en los despreocupados brazos de la primavera?




En "De la nieve, los pájaros"
     

20.12.20

Denise Levertov. Consciente

Cuando encontré la puerta
encontré las hojas de parra
hablando entre sí con lujo
de murmullo.
Mi presencia hizo
callar su verde aliento,
avergonzadas, igual que
los seres humanos, parándose para abrocharse el saco
actuando como si, igual, ya se iban, como
si ya hubieran terminado la conversación
antes de que llegases.
Me gustó,
sin embargo, la visión que llevé
de sus oscuros
gestos. Me gustó el sonido
de voces tan privadas. La próxima vez
me traslado con la cautela de un rayo de sol, abro
la puerta de a poco, disimulada escucho
pacíficamente.


En "De la nieve, los pájaros"
   

20.12.19

Denise Levertov. Para los ciegos

Escuchen: El viento en las hojas nuevas
susurran más suaves que las yemas de los dedos,
que la seda que suaviza las yemas.

Cuando los videntes
hablamos de blanco tal vez queramos decir
silencio de un frío melancólico, que el invierno
-no importa cúan cálidos los cuartos-
nos espera en la puerta.
(Aunque hay otra blancura,
más como la ingravidez de un copo de nieve,
de un pétalo, paja de pino...)

Cuando decimos negro tal vez queramos decir la persistencia
del viento frío sin esperanza y con furia
arrasando y arrasando las ramas peladas.
(Aunque existe otra negrura,
redonda y llena como notas de cello y tambor...)

Pero esto:
esta agitación, vivaz y delicada
que se susurra sola
                   acariciando nuestra carne
            cuando las hojas son pequeñas y húmedas
                   y el viento nos mira
es verde. Verde claro, no ingrávido,
Leve.



En "De la nieve, los pájaros"
    

17.11.19

Audre Lorde. Carbón

Yo
es el negro total, hablado
desde dentro de la tierra.
Hay muchas clases de abierto
como un diamante se hace nudo de llamas
como el sonido se hace palabra, teñida
por quien pague lo que sea por hablar.
   
Algunas palabras son abiertas como diamantes
en ventanas de vidrio
cantando con el golpe pasajero del sol
Además hay palabras como apuestas abrochadas
en un talonario -compre y firme y arranque-
y pase lo que pase casi seguro que
queda el talón
como un diente mal sacado con un borde desparejo.
Algunas palabras viven en mi garganta
criándose como víboras. Otras saben como buscar
el sol como gitanos sobre mi lengua
para luego explotar a través de mis labios
como jóvenes gorriones que salen del cascarón
Algunas palabras
me endiablan.
Amor es una palabra de otra clase de abierto.
Como el diamante se hace nudo de llamas;
yo soy negra porque vengo desde dentro de la tierra
ahora tomen mi palabra como joya en la luz abierta.




En "De la nieve los pájaros"
     

29.10.19

Denise Levertov. Los mudos

Esos gruñidos que los hombres usan
al cruzarse con una mujer en la calle
o en la escalera del subte
 
para decirle que es hembra
y que su carne lo reconoce,
 
son una especie de melodía,
un canto algo feo, cantado
por un pájaro de lengua partida
 
pero lanzados en pos de música?
 
o son rugidos asfixiados
de un sordomudo atrapado en un edificio
que lentamente se llena de humo?
 
Ambos, tal vez.
 
Esos hombres por lo general
no parecen ser capaces de hacer más que gemir,
sin embargo, una mujer, a pesar de sí misma,
 
sabe que le rinden homenaje:
si careciera de toda gracia
pasarían en silencio:
 
entonces no es sólo para decir que ella es
un cálido agujero. Es una palabra
 
en lengua-pena, nada que ver con lo
primitivo o una lengua-prima;
una lengua magullada, contagiada, precipitada
 
hacia la decrepitud. Ella quisiera
deshacerse del homenaje, dis-
gustada, y no puede,
 
sigue zumbando en sus oídos,
cambia el ritmo de su andar,
los afiches rotos en un pasillo vacío
 
le hacen eco,
rechinan con el estertor del tren que arriba.
Su pulso reticente
 
se acelera,
pero bajan de velocidad los vagones
y se sacuden al detenerse mientras su comprensión
 
sigue traduciendo:
"vida tras vida tras otra vida pasa
 
sin poesía,
sin decoro,
sin amor."


En "De la nieve, los pájaros"

28.6.19

Lucille Clifton. Huesos nuevos

usaremos
huesos nuevos otra vez.
dejaremos atrás
estos días lluviosos,
nos escaparemos por
otra boca
hacia momentos de sol y miel.
zumban sobre nosotros mundos como abejas,
con huesos nuevos estaríamos espléndidos.
otra gente cree que sabe
cuán larga es la vida
cuán fuerte es la vida.
nosotros sabemos.

   
   

En "De la nieve, los pájaros"
       

24.10.18

Denise Levertov. Perder la cuenta

Mucho después de que hayas vuelto
dejándome
pienso que aún estás conmigo;

te acercás a la orilla
con la marea
empujándome hacia el día

como un bote sin amarras al muelle
Seré yo el muelle
mitad dentro mitad fuera?

y en el placer de esa comunión
pierdo la cuenta,
la luna que veo bajar, la

marea te vuelve hacia fuera antes de
saberme
sola de vuelta desde hace años,

marisma que chupa mi madera
gris y negra
verdes algas de sueños que se secan.


En "De la nieve, los pájaros"
     

9.10.18

Carolyn Kizer. Cautiverio

El cuarto tiene pocos muebles:
una silla, una mesa, y un padre.

Se sienta en la silla junto a la ventana
libros sobre la mesa.
El momento es siempre justo después del almuerzo.

Pasás en puntas de pie mientras come su manzana
y lee. Levanta la mirada, enojado.
Ha escuchado tu respirar asmático.

Leerá durante años sin alzar la vista
hasta que tu niñez haya terminado:

olores, desorden y preguntas aburridas;
sangre, desde las primeras rodillas raspadas

hasta los primeros muslos manchados.
Estúpidas lágrimas de amor adolescente.

Un día levanta la mirada, complacido
por el producto final.
¡ahora está listo para amarte!

Entonces te induce con voz reservada
a leer a Keats. Vos lo aceptás todo.

Disciplinada en el silencio y el deber,
no le darás causa de reproche.
Se jactará de vos ante extraños.

Cuando la tarde envejece
caen sombras en un cuarto más pequeño
sobre la cama, los libros, el padre.

Le leés en vos alta
"La Belle Dame sans Merci."
Le das su medicina.
Le decís que lo amás.

Esperás a que sus ojos se cierren definitivamente,
entonces podés escribir este poema.


En "De la nieve, los pájaros"
    

27.6.18

Lucille Clifton. El humor de Dios

estas hijas son de hueso,
se rompen.
él quería chicas de piedra
y chicos con ramas por brazos
para que levantaran Su vida
y para ser elevado.
estos hijos son de hueso.

él está cansado de los años que siguen haciéndose edad
y la carne que sigue engrosándose.
está cansado de esperar que sus dientes
lo muerdan y se alejen.

él está cansado de los huesos,
se rompen.
está cansado de los caprichos de eva y
de las quejas de adán.




En "De la nieve, los pájaros"
     

20.12.17

Denise Levertov. Celebración

Brillante este día -un día de joven virtuoso.
Las sombras de la mañana cortadas por tijeras filosas,
manos diestras, y cada prodigio de verde-
helechos, líquenes o agujas
o las puntas de yemas impacientes de arbustitos escuálidos-
más verde que nunca. Y la manera en que las coníferas
ofrecen las nuevas piñas a la bendición de la luz,
un derecho festivo, y cantan el canto oceánico que el viento
transcribe para ellos!
Un día que resplandece en el frío
como una banda ganadora de desfile
marcha en baile por la calle de un pueblo vestido de carbón,
totalmente en contra de la estadística
de una lógica desolación.


En "De la nieve, los pájaros"
     

27.6.17

Lucille Clifton. En Salem

        Para Jeanette

Extraña hermana
las brujas negras saben que
el terror no está en la luna
coreografiando danzas de lobizonas
y que el terror no está en la escoba
balanceándose al murmullo de música gatuna
ni en la cara salvaje del reloj que sonríe desde la pared,
el terror está en el rosado ordinario
en la ventana
y en los cercos, morales como el fuego
y en la cara ordinaria de la mujer blanca que nos mira
mientras amasa a golpes el pan de cada día.




En "De la nieve, los pájaros"
   

15.6.17

Amy Clampitt. Un sol barroco

rompiendo una cúpula tal
como podría esperar un Michelangelo,
quejoso de haber encontrado sólo alisos y percebes
y gaviotas disputando los arenques de siempre,
regala a las volutas plateadas de la ensenada
los tonos indiferentes de la piel de un ángel
de Crivelli: una región,
un clima y un punto de vista
aún sin sentarse, salvo el faro
como un campanario, de cuyo reflejo
de ángelus nocturno podrías suponer
que la costa de Maine tuviera a Europa
en mente o en un hueso, como si fuera
una especie de enfermedad.




En "De la nieve, los pájaros"
   

6.6.17

Maxine Kumin. Cambiando a los chicos

La ira lo hace.
Deseando el furioso deseo
convierte al hijo en un cuervo,
a la hija, en puercoespín.

Bastante pronto, no importa cómo,
queremos que sean felices
nuestros pequeños queridos, no
importa cuánto los empujemos
hacia nuestro sol que quizás
brille sobre ellos, lloran para
quedarse en la mercería.
La furia arrasa.
La furia se encapricha.

Ahora el hijo negro-barniz en un árbol,
cuervo regañon, denuncia la raza
de padres, y la hija dorada
toda arqueada con cerdas encrespadas
deja garabatos sobre la corteza del árbol
escribe cómo el Sin Nombre
la acosó en la oscuridad.

Cómo poner fin a ese hechizo cruel?
Bajar al hijo del árbol con un rifle.
Meter gusanos entre sus plumas
que lo devoren hasta la esencia ósea de niño.

En primavera, cuando el puercoespín llega
todo furtivo y contoneante para alimentarse de los sauces
sorprenderla con un mazazo
la niña atrapada saldrá volando
gritando Papá! o Pablo!
o, tal vez, Precioso?

Y viviremos en la gloria
durante un año y un día hasta
que la rabia legítima de padres
esta vez despache al muchacho
en el uniforme de un sapo
que vomita verrugas contagiosas
mientras que la niña se reduce a una araña
obligada a hilar desde sus costuras
la saliva del falso arrepentimiento.

Eventualmente los recuperamos.
Ahora son adultos.
Son muy parecidos a nosotros.
Se despiertan por la mañana sin remedio.
No hay virgen entre ellos.
Somos corteses el uno con el otro.
Nos paramos en la cocina
cortando el pan, secando las cucharas
y sintonizamos el pronóstico meteorológico.



En "De la nieve, los pájaros"
    

9.5.17

Jorie Graham. La mente

La lenta obertura de la lluvia
cada gota que se rompe
sin romperse en
la que viene después, es una descripción
de la mente inquieta
y sincopada. No muy diferente
de los colibríes,
que imaginan que sus alas
son sus corazones, o de las golondrinas,
que creen que el horizonte
es una línea que levantan
y dejan caer. Qué
es lo que andan buscando? Los álamos,
en avance o en retirada,
pierden su estatura
igualmente, y sin embargo permanecen
firmes, haciendo planes
para volverse más
imaginarios todavía. La ciudad
dibuja la mente en sus calles,
y las calles la toman a la fuerza
desde sus intersecciones
donde un poco
no pertenece a nadie. Es lo que
va recorriendo
todas las porciones estacionarias
del mundo, el papel
de la gravedad en los objetos. Las hojas,
apretadas contra la ventana
húmeda del suelo
de noviembre, siguen sin ser bienvenidas
hasta que se transforman, piezas
de un rompecabezas que no se puede
resolver hasta que los bordes
ceden un poco y se ablandan. Miren
cómo el dibujo entonces se vuelve claro,
la mente que entra en la tierra
más fácilmente de a pedazos,
volviéndose más rica por eso.




En "De la nieve, los pájaros"
    

26.2.17

Emily Dickinson. 135

El Agua por la sed que enseña.
La Tierra -por los mares navegados.
El Rapto -por la angustia-
La Paz -por las batallas cantadas-
El Amor, por el molde del recuerdo-
Los Pajaros, por la Nieve.




En el prólogo de la antología "De la nieve, los pájaros"
   

31.10.16

Adrienne Rich. Anotaciones finales

esto no será simple, esto no será largo
esto llevará poco tiempo, esto llevará todo tu pensamiento
esto llevará todo tu corazón, esto llevará todo tu aliento
esto será corto, esto no será simple

esto atravesará tus costillas, esto llevará todo tu corazón
esto no será largo, esto ocupará tu pensamiento
como se ocupa una ciudad, como se ocupa una cama
esto llevará toda tu carne, esto no será simple

Vos estás llegando hasta nosotros que no podemos sostenerte
Vos estás llegando hasta nosotros que nunca quisimos sostenerte
Vos estás llevando partes de nosotros hasta lugares nunca planeados
Vos estás yendo muy lejos con pedazos de nuestras vidas

Esto será corto, esto llevará toda tu respiración
esto no será simple, esto será tu voluntad




En "De la nieve, los pájaros"

27.10.16

Sylvia Plath. Canción de la mañana

el amor te pone en marcha como a un gordo reloj de oro.
la partera golpeó la planta de tus pies y tu desnudo llanto
ocupó su lugar entre los elementos.
nuestras voces resuenan, magnifican tu llegada, nueva estatua.
en un gélido museo, tu desnudez
turba nuestra seguridad, permanecemos mudos como paredes.

no soy tu madre más
de lo que una nube lo es del espejo que destila para reflejar cómo
se borra lentamente a manos del viento.

toda la noche, tu respirar de polilla
oscila entre planas caracolas rosadas, despierto para escuchar;
un lejano y ondulante mar en mi oído.

un sollozo, y salto de la cama, vaca pesada y floral
en mi camisón victoriano.
tu boca se abre límpida como la de un gato, el cuadro de la 
ventana
se aclara y traga sus opacas estrellas, y ahora ensayas
tu puñado de notas;
las límpidas vocales se elevan como globos.




En "De la nieve, los pájaros"
    

24.10.16

Carolyn Forché. El recuerdo de Elena

Pasamos nuestra mañana
en los puestos de flores contando
las lenguas oscuras de las campanas
que cuelgan de las sogas esperando
el silencio de una hora.
Encontramos mesa, pedimos paella,
sopa fría y vino, una luz
calma tiembla desde el pasado.

En Buenos Aires sólo hace
tres años, por última vez su mano
se deslizó bajo el vestido de ella, ella con perlas
frescas alrededor del cuello y campanas como
éstas, cincelando la noche.

Mientras ella habla, el trote hueco
de un caballo, el sonido
de huesos entrechocándose.
Llega la paella, un fondo de arroz
y camarones, dedos y conchillas,
los labios de aquellos cuyos labios
fueron arrancados, mejillones
del suave azul de una fractura expuesta.

Esto no es paella, esto es lo que
ha quedado de aquellos que permanecieron
en Buenos Aires. Éste es el sonido
del disparo de un rifle en las rocas,
ella con la mano tapándose la boca,
su marido desplomándose sobre ella.

Estas son las flores que compramos
por la mañana, las dalias arrojadas
sobre su tumba y las campanas
esperando con las lenguas cortadas
este silencio singular.




En "De la nieve, los pájaros"
     

15.10.16

Maxine Kumin. Haciendo dulce sin vos

      Para Judy

Anciana hija, pequeña de plumas
bajo los aleros en un pueblo de postal
con torretas y torres,
voy poniendo un sueño en tu cabeza.

Escuchá! Acá es de tarde.
La lluvia cae como balas.
Estoy en la cocina
ese harén de buenos aromas
donde hemos chocado caderas y
resquebrajado las alacenas con nuestras charlas
mientras la cocina bailaba con las ollas
y no estaba claro quién actuaba
de madre. Ahora estoy
pisando zarzamoras
para hacer el dulce de todos los años
en un blanco capullo de vapor.

Tomalo, mi durmiente. Traducilo
a cualquiera de tus tres
idiomas y diecinueve años.
Cambiá la geografía.
Que haya una montaña,
las gordas vacas con sus cencerros repicando
como las campanas de una catedral.
Que haya alguien a tu lado
mientras encontrás las ruinas
de un schloss, todo cubierto
con un glorioso matorral,
sus enredaderas suaves como la lana.
Dejalo traer los baldes
cargados en sus brazos de ángel
y que las bayas, más vastas
que cualquier búsqueda por
las suaves colinas de Nueva Hampshire,
caigan en tu cubeta grandes como ciruelas,
pesadas como los ojos
de cualquier perro honesto
y puedan cargarlas
juntos a casa hasta una rústica
cocina cuadrada y blanca
no tan distinta de ésta.

Ahora que sus dos cabezas
se toquen por sobre la olla,
sobre la sangre de las bayas
que maman azúcar y sol
sobre aquel hervor espeso como el alquitrán
que el amor no puede menguar.
Más claro que
los adornos de las repisas,
llenándose con los frascos de dulces,
más seguro que
la luz que los traspasa
banales como rubíes, lo veo a él
a tu lado, tan pálido como parafina.
A vos, cortando
pan recién horneado para untarlo
con el brillante y majestuoso abrigo.

A esa altura
levanto la solapa de tu sueño
y me escurro más delgada que una astilla de hielo
mientras sus dos bocas se abren
para la dulce mancha púrpura.




En "De la nieve, los pájaros"

10.10.16

Anne Sexton. El riesgo

Cuando una hija intenta suicidarse
y la chimenea se cae como un borracho
y el perro se come la cola
y la cocina revienta su pava reluciente
y la aspiradora se traga la bolsa
y el inodoro se lava con lágrimas 
y la balanza del baño pesa el fantasma
de la abuela y las ventanas
esos pedazos de cielo, salen como botes
y el césped va rodando por la trotadora
y la madre se recuesta en su cama matrimonial
y se come el corazón con dos huevos duros.




En "De la nieve, los pájaros"