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9.3.19

Erica Jong. Aura

Me siento en la silla de cuero negro
meditando
en la pluma de humo que se eleva
en el aire,
hojeando las páginas de mi vida
como si fuera un libro de poemas,
volando a través
del pasado y el futuro.

Si miro hacia atrás, atrás, atrás,
cabalgando la pluma de humo,
descubro que he muerto
en la infancia de otra vida,
he muerto por el fuego en la vida anterior
y dos o más veces por el agua.

Elijo días
y los revivo
como si me estuviera probando vestidos.

Cuando el futuro me llama
lo sigo,
cabalgando en otra pluma de humo,
sintiendo evaporarse
la barrera
entre la piel y el aire,
y mi cuerpo desaparece
cual mito que es.
Mis mejillas arden contra el aire,
quemándose allí donde dos elementos chocan
y se mezclan,
transformándose en uno.

Ay, explosión al filo del cuerpo!
Vivo al borde del tiempo
contemplando
el infinito.




De "Al filo del cuerpo"

16.8.17

Erica Jong. Al coger mi pluma otra vez

Soy demasiado vieja para la poesía,
esa inocente mamá florida,
esa mantequilla en el cañón de un revólver.
Apriete el gatillo. PUM!
Un ranúnculo contra el sol

Ningún poema borrará procesos
o destituirá senadores o hará honrados a los jueces.
Si tú y yo
y todos los poetas del mundo
escribimos poemas sin cesar

no detendremos ningún cáncer.
Ninguna bala deshará su camino
para herir a quien disparó,
y sin embargo sé
que el mundo no es culpa de Dios

sino nuestra.

Escribimos poemas
como las hojas dan oxígeno:
para poder respirar.




De "Al filo del cuerpo"

26.3.16

Erica Jong. Depresión a comienzos de la primavera

Manzanas, cuadernos de notas,
el cielo de la ciudad ardiendo pálidamente
y bombas espectrales
golpeando ese trozo de río
que veo desde mi ventana oriental.

Los poetas están muertos; la ciudad, moribunda.
Anne, Sylvia, Keats,
con sus pulmones apasionados,
Berryman saltando del puente y despidiéndose con la mano...
Todos los soñadores muertos
por sus propios sueños.

Por qué me he quedado, como Horacio?
Anne envía poemas desde la tumba;
Sylvia, cartas.
La tos fantasmal de John Keats
viene del otro lado del panel.
Qué estoy haciendo aquí?
Por qué luchar?

Soy un cadáver que mueve una pluma que escribe.
Soy una vasija para una voz que retumba.
Escribo una novela y aniquilo selvas enteras.
Modifico el cosmos en una pulgada.




De "Al filo del cuerpo"

16.8.15

Erica Jong. Explicaciones

Cómo explicar que escribiendo una larga novela
el alma cambia, el alma vaga
por el fondo de un río lodoso
y regresa más clara que antes?

Cómo explicar que los sueños nos dicen
por dónde caminamos en la vida pasada,
y por dónde caminaremos en la próxima
y lo que soñaremos en la siguiente?

Los contables no lo creen; los abogados toman notas
pero no recuerdan nada; los científicos miden
sólo lo que es mensurable
y dejan fuera, por lo tanto, el mundo entero.

Cómo explicar que un poema, un ensayo, una novela,
toda una vida de poemas o novelas,
es sólo la punta más diminuta
del iceberg del yo,

que el misterio permanece
frío, denso, impenetrable,
tachonado con trozos de canto rodado,
piedras preciosas, semipreciosas y vulgares,

hasta que esa brillante mas grisácea,
ese hipopótamo de hielo
que flota en ese océano cósmico
es disuelto por el calor de la pluma

impulsada por la pasión,
por la punta de la lengua moviéndose sobre el amante,
o la pestaña flotando sobre el soñador
que eres tú y por lo tanto soy yo?




De "Al filo del cuerpo"

5.7.15

Erica Jong. Al filo del cuerpo

Se dice
que al filo del cuerpo hay
un halo incandescente:
amarillo, rojo, azul
o blanco puro,
que extrae su color
del estado
anímico.

Los cínicos se mofan,
los científicos hacen gráficos
para refutarlo,
los editorialistas,
periodistas e incluso
ciertos poetas
aseguran que es sólo un espejismo,
refinamiento inventado,
embustes espirituales,
una trampa.

Pero en sueños
lo vemos,
y a veces hasta despiertos...
Si el espíritu es una novia
a punto de casarse con Dios,
éste es su velo.

Lo creo yo?
Entorno los ojos
y miro el perímetro
del cuerpo de mi amante,
en busca de algún indicio
de que su alma
esté a punto de incendiar
el cielo?

Lo veo casi
sin bizquear.
Una furiosa aura roja
que se vuelve blanca,
del color de la paz.

Contemplo el lugar
en que se confunde con el aire
y las llamas de su piel
hacen juego
con las llamas del cielo,
probando así
la existencia
de ambos.




De "Al filo del cuerpo"

8.3.15

Erica Jong. Lo bastante mujer

Como las horas de mi abuela
eran pasteles de manzanas cociéndose
y motas de polvo acumulándose
y ropa blanca amarilleando
y costuras y dobladillos
que se deshacían inevitablemente,
yo casi nunca llevo una casa...
aunque en realidad me gustan las casas
y querría tener una limpia.

Como los minutos de mi madre
eran absorbidos por el rugir
de la aspiradora,
porque bailaba el vals con la lavadora-secadora
y se arrancaba los cabellos esperando a los técnicos,
yo envío fuera mi ropa sucia
y vivo en una casa polvorienta,
aunque en realidad me gustan las casas limpias
tanto como a cualquiera.

Soy lo bastante mujer
como para amar el amasado del pan
tanto como la sensación
de las teclas de la máquina
bajo mis dedos:
ligeras, ligeras.
Y el olor de la ropa limpia
y la sopa hirviendo

me son casi tan queridos
como el olor del papel y la tinta.
Desearía que no hubiera elección;
desearía poder ser dos mujeres.
Desearía que los días fueran más largos.
Pero son cortos.
De modo que escribo mientras
el polvo se acumula.

Me siento frente a la máquina de escribir
recordando a mi abuela
y a todas mis madres,
y los minutos que perdieron
amando las casas más que a sí mismas...
y el hombre que amo limpia la cocina,
refunfuñando sólo un poco,
porque sabe
que después de todos estos siglos
a él le resulta más fácil
que a mí.




De "Al filo del cuerpo"

12.2.15

Erica Jong. Debo de haber hecho algo

Debo de haber hecho algo sorprendente
en mi vida anterior,
algo maravilloso,
algo que no recuerdo,
porque te mandaron a mí
en esta vida.

Tú, con tus ojos atigrados
y tu boca de fresa,
con tu graciosa barba
y tus abrazos cósmicos
y tu estómago alborotador
y tu plexo solar,
que brilla como un sol
contra el mío.

Debo de haber hecho algo pasmoso:
ganado una guerra santa,
construido una gran catedral,
esculpido una estatua de mármol del Papa
con una perfecta semejanza
(aduladora, pero real),
porque te mandaron a mí.

Debo de haber salvado a alguna especie de la extinción,
inventando la penicilina, el radar, el jabón
y hasta incluso las canicas,
el mousse de chocolate, el tónico de apio,
la pintura al látex lavable...
Debo de haber sido una santa.




De "Al filo del cuerpo"