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25.12.21

Sor Ana de Jesús. Invitación de Navidad, 1585

Sal acá fuera, querido.
Darémoste el corazón
y tú tomarás posesión.
 
Sal acá fuera, querido,
ya del vientre de tu madre,
abajo de las alturas,
que allí tienes a tu padre.
 
Que no te entretenga nadie;
hasta verte, el corazón
y tú tomarás posesión.
 
   
En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

14.11.21

Ana Caro Mallen. A un posible lector

Noble lector piadoso, cuando leas
este bosquejo de mi inculta pluma,
y en cada letra mil defectos veas,
pensando ver una perfecta suma,
que deseé acertar es bien que creas,
mas la materia es mar, mi ingenio espuma:
halle mi hierro en tu intención desculpa
si amor la suele ser de toda culpa.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"

7.11.21

Sor María de San José. Esto es ser carmelita reformada

Pobre el vestido, limpio sin cuidado,
un rostro afable, grave, alegre, honesto,
un trato honroso, sincero y modesto,
a la verdad el corazón ligado;
 
un valeroso pecho al bien atado,
sin que temor o amor le mude el puesto,
conforme a Dios, en todo al hombre opuesto,
por sí mismo temblando sosegado;
 
buscar a Dios, por solo ser Dios bueno,
abrazar con el alma la pobreza,
tener por libertad el ser mandada;
 
el corazón vacío, de Dios lleno,
conocer la soberbia en su bajeza:
esto es ser carmelita reformada.
 
 
En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

31.10.21

Sor Hipólita de Jesús Rocaberti. Himno en desprecio del mundo

Pues a cuanto el mundo alaba
pone fin la sepultura,
no quiero bien que no dura,
ni temo mal que se acaba.
 
Llore yo el tiempo pasado
y menosprecie el presente,
meditando atentamente
el tiempo que no ha llegado.
 
Pues el tiempo está pasando
y se me acerca la muerte,
quiero vivir de tal suerte,
que en el bien me halle velando.
 
La cruz quiero por cayado,
séanme clavos y lanza
asilos de mi esperanza
en mi corazón fijados.
 
Aunque vivo en este mundo,
trátole como traidor,
aborrezco su favor,
vístome de su descuido.
 
A mi alma, cual carbón,
muerta, negra, fría y fea,
con la sangre la hermosea
que por mí en su Pasión dio.
 
La muerte venir afecta;
yo deseo que no tarde
cuando mi corazón arde
en la caridad perfecta.
 
Si el mundo llama al perdido,
llama Jesús sus electos;
quiero ser de los perfectos
y a Jesús prestar oído.
 
Este es cordero y pastor
y yo su pequeña oveja,
y así mi amor se apareja
a oír la voz del Señor.
 
Oh!, si en esta tierra ajena
viviera yo de tal suerte
que cuando llegue la muerte
venga muy en hora buena.
 
 
De la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

29.10.21

Dolores Catarineu. Permanencia del pensamiento en el paisaje

Cada rama demuestra
un alto pensamiento.
Cada raíz responde
a un goce permanente.

Cada nube es un sueño
que se deshace en rosa.
Cada soplo de viento
es un latido breve.

Cada charco de lluvia
espera una mirada.
Cada hoja olvidada
una palabra muerta.

Cada señal de vida,
una vida que pasa.
Y cada pensamiento
un anhelo en la nada!


En "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

24.10.21

María Nicolasa de Helguero y Alvarado. Octavas a la memoria de su hermano don Pedro de Helguero

Desgajado el ciprés, rota la lira,
mal concertado el susto con el canto,
empiece el triste numen que me inspira
a dar tímida voz envuelta en llanto;
que mal entre congojas se respira,
que poco explica quien padece tanto;
pero si he de cantar, sea el tormento
el que sirva esta vez por instrumento.
Amaba yo a Petronio generoso
ufana de que fuese hermano mío,
miraba que a su genio belicoso
las Gracias asistían sin desvío,
no desdeñando al joven animoso
docta, canora, sonorosa Clío;
gracias y Musas se unen a elevarle
y las Furias y Parca a derribarle.
Heredó de Cantabria el ardimiento,
imitó del Gran Noja las acciones,
advertido ilustró su entendimiento
tomando de Minerva las lecciones;
supo dar a su empleo cumplimiento,
supo también robar las aficiones
cuando en el regio Nápoles florido
brilló gallardo y se explicó entendido.
Del Betis caudaloso en la ribera
festivo divirtió los cortos años
logrando en la fortuna lisonjera
los aplausos de propios y extraños;
corrió veloz, y al fon de la carrera
enseñó a los mortales desengaños,
dejando entre cenizas sepultado
el valor adquirido y heredado.
Cuando el sabio Pastor americano
surcaba el golfo por gozar su esposa,
el furor atrevido de Vulcano
arrojó al vaso llama pavorosa;
diestro Petronio, con activa mano
cortó el incendio y dio quietud dichosa
a los que ya entre sustos desmayaban
en vista de la muerte que esperaban.
No experimentó el Tolón el triste estrago
cuando en nave fatal dio providencia
de un sitio a otro discurriendo vago,
armado de valor y de prudencia.
El mismo fuego le sirvió de halago;
no naufragó, que la alta Providencia
a más glorioso fin le reservaba
en morir por la fe que profesaba.
Del mar funesto el agua porcelosa
anegaba sangrienta el roto pino,
riesgos surca la gente lastimosa
sin rumbo, sin aliento, sin destino;
mas avistando (bien que temerosa)
a la excelsa colonia de Barquino,
en su noble piedad hallaron puerto,
Petronio triste y Olivares muerto.
Cercábame el dolor un triste día
en que más su peligro imaginaba,
a su seguridad la persuadía
mi voz, que en los afectos se animaba;
desatendió la justa pena mía
porque de los temores se burlaba,
y en la causa infeliz de mis enojos
líquido el corazón corrió a los ojos.
Volvió Petronio al mar y bramó el viento
enmudecen tritones y sirenas
ronco sonó el bélico instrumento,
infausto anuncio de futuras penas;
solo Petronio, instado de su aliento
pisó ardiente las húmedas arenas
por acercarse al término preciso
de que el mismo nacer le dio el aviso.
Adónde vas, Petronio valeroso?
Huye del golfo, que Neptuno airado
oculta en su domino proceloso
agareno furor de fuego armado;
pero en vano es el ruego cariñoso
que el corazón te envidia lastimado;
magnánimo, constante, fiel y fuerte,
mi voz no escuchas por buscar tu muerte,
mi voz no escuchas por buscar tu muerte.
Descúbrense las naves enemigas;
da la española al viento la bandera,
corta veloz las olas cristalinas,
apresa a la otomana más velera;
Petronio, con hazañas peregrinas
mayor victoria conseguir espera;
a seguir a la que huye se previene,
cuando su misma muerte le detiene.
Bárbara mano, cómo así trevida,
con el fuego y el plomo has conspirado
contra el cántabro bello, cuya vida
en su perfecta edad has marchitado?
De su valor el África ofendida
envidiosa, tirana se ha mostrado
y el infiel Ismael el tiro ha hecho
en el rosado blanco de su pecho.
Admirable divina providencia
independiente en tus operaciones,
cómo al inmenso abismo de tu ciencia
pondrán sondear humanas comprenhensiones?
Yo imagino, Señor, que fue clemencia
al alma libertar de sus prisiones;
tu juicio adoro, y víctima te ofrezco
con el dolor intenso que padezco.
Murió Petronio, y el ingrato olvido
también cruel su nombre ha sepultado;
no hubo laurel, que desdeñoso ha huido
de un mérito, aunque heroico, desgraciado;
solo la bella tropa en quien ha sido
por sus amables prendas estimado,
de su heroicidad imprime historia
en el terso papel de la memoria.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

18.10.21

Beatriz Jiménez Cerdán. Soneto a la muerte de doña Isabel de Borbón

De Francia marchitó la flor más bella,
del rigor más común el golpe fiero;
desdicha grande, si funesto agüero,
que a España le dejó tanta querella.

Si alfombras de cristal triunfante huella
túmulo de dolor grave y austero
renueva sus memorias tan severo
que anocheció la más lucida estrella,

hoy atenta celebra las memorias
del sol, a quien debió luces tan claras,
llorando que le falten sus reflejos.

Perdió su luz mi sol, perdí mis glorias;
aquí, vida veloz, tu curso paras;
quiebren a un mismo tiempo dos espejos.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

11.10.21

Sor Jerónima de la Asunción. Soliloquio

Vuestra soy, para vos nací;
qué mandáis hacer de mí?
Inaccesible grandeza,
eterna Sabiduría
y bondad del alma mía,
Dios, un ser, poder y alteza,
mirad la suma pobreza
de esta que se ofrece aquí.
Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y mi alma,
mis entrañas, mi afición;
luz, esposo y Redención,
pues por vuestra me ofrecí,
qué mandáis hacer de mí?

Dadme muerte o dadme vida,
salud o enfermedad
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz cumplida,
que, medrosa o atrevida,
a todo diré que sí.
Qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,
dadme gusto o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo;
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me vendí.
Qué mandáis hacer de mí?

Si queréis que me esté holgado
por amor, quiérome holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando;
decí dónde, cómo y cuándo,
decí, dulce amor, decí,
qué mandáis hacer de mí?

Si queréis, dadme oración;
si no, dadme sequedad;
si abundancia o devoción,
o si no esterilidad.
Soberana Majestad,
solo hallo paz aquí.
Qué mandáis hacer de mí?

Dadme, pues, sabiduría,
o por amor ignorancia,
dadme años de abundancia
o de hambre y carestía,
tinieblas o claro día,
revolvedme aquí o allí;
qué mandáis hacer de mí?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra lodosa
sea Job en el dolor
o Juan que al pecho reposa,
sea viña fructuosa
o estéril, si cumple así;
qué mandáis hacer de mí?

Sea Joseph en cadenas
o de Egipto Adelantado;
sea David sufriendo penas
o el mesmo ya coronado;
sea Jonás anegado
o libertado de allí;
qué mandáis hacer de mí?

Esté callado o hablando,
haga fruto o no le haga,
la ley me esté preguntando,
la gracia sane mi llaga;
crezca o se mengüe mi paga,
solo vos vivid en mí.
Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací;
qué mandáis hacer de mí?


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
          

3.10.21

Silvia Monteser. Soneto a la muerte de Felipe III

No pases, huésped, no, para y admira
la pompa de este túmulo arrogante
y esa inscripción te informará elegante
que es lengua muda de esta excelsa pira.

Penetra el mármol y en centro mira
triste cadáver el cristiano atlante,
contra el hereje rayo fulminante,
que ya su imperio y majestad expira.

Aquí verás los triunfos por despojos
colgajos en el templo de la muerte,
donde huella la púrpura y cayado.

Mas si no son dos ríos tus dos ojos
no pares, huésped, no, para y advierte
que aquí vives y mueres retratado.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"

26.9.21

Sor Dorotea Félix de Ayala. Décimas a la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán

Que amor uno pueda hacer
de dos amantes ingenios,
y más siendo unos genios,
nadie le duda el poder.
Pues si esto así puede ser
cuando uno al otro así quiere,
sin duda alguna se infiere
que por más que uno se prive
al morir, todo no vive
al punto que el otro muere.

Montalbán, pues esto es cierto,
quién es aquel que no vio
lo mucho que en ti murió
cuando al gran Lope vio muerto?
Así con razón advierto
al mundo que, cuanto a mí,
morir dos veces os vi,
quién tanto visto no hubiera!:
en Lope, tú, la primera,
la segunda, Lope en ti.

En tanto extremo notamos
cuanto sentir os hicistes;
pues si dos veces moristes,
nosotros cuatro os lloramos;
a la fortuna culpamos
de sernos tan importuna,
y responde la fortuna
que era injusto que se viese
que dos veces no muriese
quien ha de vivir más de una.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"

21.9.21

Cristina de Arteaga. Por la estepa dolorosa...

Por la estepa dolorosa
los caminos polvorientos
van trazando su elegía
de soledad y silencios...
Por las almas siempre solas
como los campos desiertos,
por las almas relegadas
a los olvidos del tiempo;
solo transitan las sombras,
las sombras de los recuerdos!


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
     

10.9.21

María Teresa Roca de Togores. A un abanico

Abanico encantado, en tus tenues colores,
vibra el arte supremo del pincel de Watteau,
en ti mueren las frases de los viejos amores
y las rimas ingenuas que tu gracia inspiró.

Tú naciste en un siglo de placer y de orgía,
y en la Corte famosa de un famoso Rey Luis,
escuchaste las risas de la amada de un día
como el triste suspiro de una reina infeliz.

Eres frívolo y frágil, como el alma liviana
de la grácil marquesa que te supo agitar;
oh, cómplice temible de la fiel cortesana,
qué de intrigas contaras si pudieras hablar!

Tú robaste a la noche sus matices de plata
y sus pálidos oros a las rosas de té;
en ti duermen los ecos de la vieja sonata
y las rítmicas notas del gentil minué,

Tú recuerdas la pompa de la Corte francesa,
y revives la historia del augusto Borbón
que salpicara el trono de su invicta grandeza
con el cieno del vicio de una insana pasión.

Y viviste entre aromas, entre seda y brocados,
entre burlas y besos, y palabras de amor;
y bebiste el aliento de labios perfumados,
y evaporaste gemas que cuajara el dolor.

Hay escrito en tu vida un retazo de historia,
de la historia de un siglo de inagotable afán;
que lo mismo cantaba del guerrero la gloria,
que admiraba las rimas del abate galán.

Instrumento engañoso de la trama de encajes,
encubridor de risas, de llanto y de traición,
en ti vibran las almas de añejos personajes,
en ti vive el recuerdo que amó la tradición.

Eres frívolo y frágil, como el alma liviana
de la grácil marquesa que te supo agitar.
Oh, cómplice temible de la fiel cortesana,
qué de intrigas contaras si pudieras hablar!

Hoy yace ya olvidada la escena campesina
de los tenues colores que el tiempo acarició;
que encerrado en la cárcel de moderna vitrina
duerme el arte supremo del alma de Watteau.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
         

25.12.20

Santa Teresa de Jesús. Villancico

Oh, hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
 
Oh, nudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales!
No sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
 
Quien no tiene ser juntáis
con el ser que no se acaba;
sin acabar, acabáis,
sin tener que amar, amáis,
engrandecéis nuestra nada.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
       

2.5.20

Luisa Sigea. Canción de la señora Luisa Sigea de Velasco, declarando: "Habui menses vacuos et noctes laboriosas, et numeravi mihi"

Pasados tengo hasta ahora
muchos meses y largos
tras un deseo en vano sostenido
que tanto hoy día mejora
cuanto los más amargos
y más desesperados he tenido;
lo que en ellos sentido
no puedo yo contallo;
el alma allá lo cuente;
mas ella no lo siente
tan poco que no calle como callo;
oh grande sentimiento!
que a veces quita al alma el pensamiento,
y cuanto este acaece,
según veo las señales
ya creo que el remedio está cercano;
la vida se amortece,
no se sienten los males
tanto como si esté cuerpo más sano;
pero todo es en vano,
que al fin queda la vida
y torna el alma luego
en el acostumbrado fuego
a ser muy más que antes encendida;
así que en fantasías
se me pasan los meses y los días,
en fantasías y cuentos
la vida se me pasa;
los días se me van con lo primero,
las noches en tormentos,
que el alma se traspasa
echando cuenta a un cuento verdadero
cual es desde que espero
el fin de mi deseo;
cuántas habré pasadas
de noches trabajadas
sufriéndolas por ver lo que aun no veo!
estas muy bien se cuentan,
mas ay que las que quedan más me afrentan!
En esto un pensamiento
me acude a consolarme
de quantos males solo dél recibo
pensando en mi tormento
no oso de alegrarme
según que se me muestra tan esquivo;
con todo allí recibo
con tan nuevo consuelo,
y aunque parece sano
no oso echarle mano,
que a quien vive en dolor todo es recelo,
y al fin helo por bueno
y huelgo de acogerle acá en el seno.
Esta es una esperanza
que viene acompañada
de razón, que por mi parte no ha faltado,
que habrá de hacer mudanza
en la fortuna airada
que ha tantos años contra mí durado,
y aunque fuera hado
o destino invencible
de cruda estrella,
muriera el poder de ella
con el de la razón que es más terrible,
y con ser perfecto
traerán de mi deseo buen afecto;
mas ay! no sean estas
consolaciones vanas
que así como se sienten no esperadas
ansí se van tan presto
que dejan menos sanas
las almas donde fueren gasajadas;
las noches trabajadas
ajenas de alegría,
los días, meses y años
llenos de graves daños
habré de pensar siempre noche y día;
si en esto el remedio se halle
no sentiré el trabajo de esperadle;
porque no seas de las gentes creída
canción conmigo queda,
que yo te encubriré mientras que pueda.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

26.1.20

Florencia del Pinar. Canción de unas perdices que le enviaron vivas

Destas aves su nación
es cantar con alegría,
y de vellas en prisión
siento yo grave pasión,
sin sentir nadie la mía.
 
Ellas lloran que se vieron
sin temor de ser cativas,
y a quien eran más esquivas
esos mismos las prendieron.
 
Sus nombres mi vida son
que va perdiendo alegría,
y de vellas en prisión
siento yo grave pasión,
sin sentir nadie la mía.
 
 
En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
    

25.12.19

Isabel de la Vega. Glosa a este villancico

Nunca más vean mis ojos
cosas que les den placer
hasta tornaros a ver.

Si pudiese con la vida
recobrarse el bien perdido,
yo la doy por bien perdida,
que el morir no es a medida
del dolor que he padecido;
y pues veros apartar
fue causa de mis enojos,
pues no queda que mirar
ni lágrimas que llorar,
nunca más vean mis ojos.

Qué puedo ya ver, señora,
habiéndote visto en mí?
Que el que te vido y te adora
no puede vivir una hora
más que cuando vive en ti;
mas pues que mis gemidos
no puedo ya detener,
no se acabe el padecer,
ni suenen a mis oídos
cosas que les den placer.

Cuando me atormenta amor
con temor, ausencia y muerte,
tengo yo por buena suerte
vivir con tanto dolor
a trueque de esperar verte;
pero porque de sufrir
no se canse el padecer,
finge mi mal un placer
qu'es imposible sentir
hasta tornaros a ver.



En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"

24.11.19

Carolina Valencia. Mi tumba

Cuando mis breves días acabados,
salga el alma del cuerpo que mantuvo,
y los calcáreos huesos separados
del hálito vital que los sostuvo

bajen al seno de la tierra fría
para dormir el sueño de la muerte
hasta que el alba del postrero día
la trompeta del ángel me despierte.

Quiero una tumba humilde y escondida
en región ignorada y silenciosa,
sin recuerdos del mundo y de la vida,
sin nombre ni inscripción sobre la losa.

Quiérola junto a un bosque colocada
y al lindel solitario de un camino
donde canten las aves la alborada
y al pasar me bendiga el peregrino.

Y a otro lado se extienda con la alfombra
de sus menudos céspedes brillantes
ancho valle al que presten fresca sombra
las copas de los álamos gigantes.

Y con paso tranquilo y perezoso,
retratando en su linfa el bosque umbrío,
sereno, transparente y armonioso,
corra a mis plantas murmurante río

que al ir a visitar tierras ignotas
en la encantada soledad campestre,
arrulle mi pereza con sus notas
de no estudiada música silvestre.

Y en sus ondas de plata rumorosas
se miren las pintadas florecillas,
que se alcen en sus márgenes hermosas
rojas, blancas, moradas y amarillas.

Crezcan allí los lirios perfumados,
la humilde y odorante violeta,
los gentiles narcisos columpiados
al leve soplo de la brisa inquieta;

el pensamiento de hojas afelpadas,
la azucena cuajada de rocío,
el vulgo de amapolas encarnadas
y los blancos nenúfares del río;

y la fragante y encendida rosa,
y los nevados toldos de jazmines
donde suspire el aura bulliciosa
y alten los alegres colorines...

Y cuando el cano invierno con sus lutos
al mundo asome la marchita frente
y el campo no dé ya flores ni frutos
ni tenga luz ni aromas el ambiente,

cuando el bosque de nieve se corone
y con sus hojas se tapice el suelo
y del río las aguas aprisione
maciza cárcel de apretado hielo,

en vez de sus cristales transparentes
me dará gigantescas armonías
la poderosa voz de los torrentes
que arrastren a la mar sus ondas frías.

Y en lugar de los céfiros ligeros
que suspiran de amor en los mimbrales,
arrullarán mis sueños más severos
con su ronco silbar los vendavales.

Cuando mudos los pájaros canoros
se oculten de las peñas en los huecos
a cambio de sus cánticos sonoros
hará pujantes resonar los ecos.

Con su salvaje y áspero graznido
la reina de las aves soberana,
que en altísima roca a mí cercana
junto al disco del sol tenga su nido.

Y que cobije mi sepulcro quiero
una luz pobremente trabajada
que pida una oración al viajero
deteniéndole un punto en su jornada.

Y él, levantando la mirada al cielo,
eleve una plegaria fervorosa
por quien descansa en el florido suelo
sin nombre ni inscripción sobre la losa.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
     

16.9.19

Cristobalina Fernández de Alarcón. Soneto a la batalla de Lepanto

De la pólvora el humo sube al cielo,
busca el cielo su esfera, y entre tanto
mira Neptuno con terror y espanto
teñido en sangre su cerúleo velo.

Al centro profundísimo del suelo
bajan mil almas con eterno llanto
a contar la batalla de Lepanto,
y otras vuelan al reino del consuelo;

cuando de Carlos el valiente hijo
español Escipión, César triunfante,
levantando en sus hechos su memoria:

"Virgen Señora del Rosario", dijo,
"Venced nuestro enemigo!", y al instante
se oyó por los cristianos la victoria.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"

4.8.19

Sor Marcela de San Félix. Al buen empleo del tiempo

Oh, cuánto pierde quien pierde
el preciosísimo tiempo!
Oh, cuánto gana quien gana
sus instantes y momentos!
 
Toda la plata y el oro
y diamantes de más precio
no valen lo que un instante
que se gasta para el cielo.
 
Oh, tiempo, riqueza suma
a quien te estima! Yo creo
que ni un solo respirar
no le exhale sin provecho.
 
Oh, infelicísima vida
la que he gastado sin miedo
de la cuenta que he de dar
del instante más pequeño!
 
Las coronas y las mitras,
y aun las tiaras, es cierto
que son la misma desgracia
si desperdician el tiempo.
 
Oh, si licencia les dieran
a los que gastaron, necios,
el tiempo, sin granjear
que volviesen a sus cuerpos!
 
Con provechosa codicia,
divinamente avarientos,
guardarían los instantes
como antes los dineros.
 
Para adquirir y ganar
vivimos este destierro,
y nuestros censos y juros
son los espacios del tiempo.
 
Depende una eternidad
de solo un instante incierto:
pues cómo se pasa instante
sin dar pasos a lo eterno?
 
Oh, si me diesen a mí
tiempo en que llorar el tiempo
que tan sin cuenta he gastado
todo lo mejor del tiempo!
 
De mi tiempo mal gastado,
Dios mío, aquel tiempo apelo
que dispuso tu piedad
el que yo llegase a tiempo.
 
A sus vanas alegrías
llama el malo pasatiempos,
y tiempos que así se pasan
traerán tristeza a su tiempo.
 
Oh, si todos entendiesen
el que no es ahora tiempo
de gozar! Que al parecer
sea dedicado este tiempo.
 
 
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 De la generación del 27 al siglo XV"
      

21.5.19

Josefina de la Torre. Yo no sé qué tengo...

Yo no sé qué tengo.
Si son vuelos ciegos de tormenta oscura,
o es reposo lento de inmóviles aguas.
Pero todo gira cerca de mi sombra
y conmueve el aire de mi pensamiento.
Es el mar y el sol y la arena misma
y es la vela blanca por la orilla abierta
y es todo que vibra dentro de mi sangre
y cubre mis brazos de áspero reflejo...
No sé qué me pasa.
Siento que me espera una hora de luces,
un inesperado vaivén del misterio.
Y en mis sienes vivas, sabias compañeras,
ya siento la huella del primer latido.
Ahm sonrisas libres de todos los niños,
voces olvidadas de todos los viejos,
rodeadme ahora,
pedidme consejos!


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"